¿Qué podemos esperar de la administración Trump?

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La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha generado muchísimas especulaciones. En esta entrada intentaremos hacer un análisis de algunas de sus propuestas, de los efectos que pueden tener tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo y de la viabilidad política de las mismas.

Inmigración: Trump propone endurecer la política inmigratoria de los Estados Unidos. En particular, ha manifestado que pretende deportar 2 millones de inmigrantes ilegales, haciendo hincapié en quienes hayan cometido algún delito. Si bien esto puede verse como una política inmigratoria dura, vale la pena mirar los datos de deportaciones durante las administraciones recientes. La Tabla 1 muestra las deportaciones para cada año fiscal. Como puede verse, en las dos últimas presidencias se deportaron 1.548.823 y 1.329.848 indocumentados, respectivamente. También podemos ver que la deportación de inmigrantes indocumentados que han cometido algún delito ya es parte central de la actual política inmigratoria de Estados Unidos. Dado que Home Land Security ya cuenta con los recursos necesarios para deportar entre 400.000 y 500.000 personas por año, Trump podría cumplir su objetivo de 2 millones de deportaciones en sus 4 años de gobierno sin necesidad de solicitar recursos adicionales al Congreso. También existen otras dimensiones en las cuales la administración Trump puede endurecer la política migratoria. Por ejemplo, podría interrumpir el estatus legal temporario a los menores que ingresaron ilegalmente a los Estados Unidos (el programa DACA), ponerse más duro con el otorgamiento de visas de trabajo o con la admisión de refugiados. Resumiendo, sin duda, podemos esperar un endurecimiento de la política inmigratoria, pero nuestra impresión es que buena parte del cambio se dará en el plano de la retórica (desde ya,  esta retórica es en sí misma muy peligrosa). Como ya analizamos en este post (Economía política de las migraciones internacionales) la economía política de la cuestión migratoria es un tema bastante delicado ya que los trabajadores de los países ricos pueden tener fuertes incentivos a apoyar restricciones al ingreso de trabajadores extranjeros.

Tabla 1: Deportaciones de Estados Unidos

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Fuente: Datos de Migration Policy Institute reportados por Ben Casselman.

 

Política comercial: Trump también propone cambiar la política comercial. Si bien no es claro qué mecanismos piensa utilizar, en varias oportunidades ha mencionado renegociar los acuerdos de libre comercio que Estados Unidos ha firmado con varios países. Más recientemente ha propuesto un arancel de 35% a la importación de productos chinos. Nosotros pensamos que dada la compleja cadena global de producción de la que participan las principales compañías americanas, es improbable que las propuestas proteccionistas de Trump encuentren terreno fértil entre los congresistas del partido Republicano, el cual tendrá mayoría en ambas cámaras. Un escenario más probable es que Estados Unidos frene la estrategia de firmar nuevos acuerdos comerciales y use algunas trabas comerciales para casos específicos (sobre esto último el presidente tiene cierto poder discrecional). Ahora bien, si Estados Unidos tiene una fuerte reversión hacia el proteccionismo, los costos para la economía mundial serían muy elevados. Finalmente, vale la pena recordar que, si bien los argumentos teóricos y la evidencia empírica sostienen que los países ganan con el libre comercio, no debemos olvidar que el comercio internacional suele generar perdedores. De hecho, es probable que muchos de los trabajadores que votaron a Trump en estados claves como Michigan y Pensilvania se cuenten entre estos perdedores. Y aquí se abre una pregunta muy interesante. ¿Cuál es el mejor mecanismo para compensarlos? Nosotros no creemos que el camino sea a través del proteccionismo. De hecho, es muy dudoso que aún un proteccionismo rabioso, pero de incierta duración, convenza a los empresarios de que vale la pena hundir capital en suelo americano en industrias que ya se han relocalizado a países con menores salarios.

Infraestructura: Durante la campaña electoral Trump ha puesto mucho énfasis en que la infraestructura de Estados Unidos requiere una mejora sustancial. A nadie se le escapa que muchas ciudades americanas ya no tienen infraestructura de frontera y en muchos casos sobreviven con infraestructuras de transporte claramente obsoletas. De hecho, es difícil encontrar un mega-proyecto de infraestructura en Estados Unidos entre los principales proyectos de inversión del mundo. Por ello, consideramos que la clave está en el criterio que se utilice para seleccionar los proyectos de inversión. Si la idea de Trump es impulsar obras públicas con elevada tasa de retorno social, como fue en su momento el sistema interestatal de autopistas, y con un plan fiscal consistente, nos parece un programa efectivo. Por el contrario, si el plan de Trump es usar la obra pública para estimular la economía en el corto plazo, independientemente del retorno social de los proyectos financiados, ello no parece una buena idea dado que la economía americana se encuentra en pleno empleo. Un tema más complejo es el efecto distributivo de la obra pública. Si la idea es subir el salario de los trabajadores no calificados que lo llevaron a la casa blanca, la obra pública puede tener un rol importante. Por un lado, el sector infraestructura es intensivo en capital y trabajo no calificado. Por otro lado, los lugares donde los nuevos proyectos de infraestructura podrían generar mayores retornos no necesariamente son los mismos donde están localizados los trabajadores no calificados. Esto genera un trade-off delicado que deberá analizarse. Finalmente, es probable que Trump encuentre en muchos legisladores del partido Demócrata el apoyo político necesario para sus planes de infraestructura. Algunos legisladores del partido Republicano también podrían apoyarlo si consideran que estos proyectos ayudan a cementar el cambio político de varios estados pivotes en el medio oeste (algo que deberían considerar los legisladores demócratas), aunque imaginamos que muchos republicanos priorizarán reducir la presión impositiva en la economía.

Impuestos: Trump propone eliminar los múltiples agujeros impositivos que permiten deducir impuestos por diversas razones y al mismo tiempo bajar las tasas impositivas marginales sobre los ingresos. Lo primero nos parece razonable desde el punto de vista de la eficiencia y equidad. Las incontables deducciones generan distorsiones en todas las direcciones. La complejidad de las reglas impositivas hace que las grandes corporaciones y los ciudadanos más ricos se beneficien de forma desproporcionada de las mismas. Sobre lo segundo, nosotros tenemos disidencias normativas pues creemos que un esquema de impuestos progresivo ayuda a generar una sociedad más justa. Adicionalmente, nos preocupa la consistencia fiscal de la propuesta. Es probable que la administración Trump termine aumentando el déficit fiscal significativamente para financiar su programa de infraestructura y reducción de impuestos, lo que puede afectar el financiamiento de los países en desarrollo.

Regulación de la economía: Todo hace prever que la administración Trump, en armonía con la posición mayoritaria en el Partido Republicano, buscará proveer un ambiente económico más desregulado, lo cual puede tener efectos positivos en algunos casos y conducir a una mayor concentración económica en otros. Habrá que evaluar las propuestas concretas.

Defensa y seguridad: Muchos de los principales aliados de Estados Unidos en el mundo mostraron su preocupación luego de la elección de Trump. Hasta el momento no es del todo claro cuáles son las propuestas de Trump en materia de defensa y seguridad. Durante la campaña electoral dio la sensación de que Trump pretendía que Estados Unidos incrementara su poder mundial al mismo tiempo que bajaba su contribución a la defensa global. Esto es claramente poco realista. Por ejemplo, Estados Unidos puede optar por contribuir menos a la OTAN y pedir a los países europeos que suban sus contribuciones, pero el costo de ello será diluir su poder de decisión en la alianza. Si Trump actúa con la premisa de que Estados Unidos tiene un almuerzo gratis en materia de seguridad nacional, muy probablemente termine alienando aliados y fortaleciendo enemigos.

Temas sociales: Más allá de las convicciones de Trump sobre temas sociales como aborto, matrimonio homosexual o cuestiones raciales, seguramente nominará a un juez bastante conservador para la Corte Suprema y tomará medidas sociales de corte conservador (de hecho, las nominaciones realizadas la semana pasada confirman esta hipótesis). Esta es la mejor moneda de cambio que tiene para negociar con los congresistas republicanos y consolidar su poder entre los votantes republicanos tradicionales. Las clases medias liberales en las principales ciudades lo aborrecerán. Las personas religiosas en las zonas rurales se lo agradecerán eternamente. Y a los votantes en estados pivotes poco les importará. Lamentablemente, una vuelta a políticas sociales conservadoras no solo afectará a las clases medias liberales sino también a las familias más pobres que reciben apoyo del gobierno a través su red de programas de asistencia a las familias carenciadas (incluyendo los posibles cambios anunciados al Affordable Care Act). Desde un punto normativo, pero también político, esto nos preocupa sobremanera.

Instituciones: Un tema recurrente en muchos análisis durante la campaña ha sido la falta de apego a las reglas institucionales que ha mostrado Trump. Por ejemplo, en varias ocasiones, Trump ha manifestado su desprecio a los medios de comunicación poniendo en duda su respeto a la libertad de prensa e incluso llegó a afirmar que sólo aceptaría el resultado electoral si resultaba ganador. ¿Es posible que la polarización política en Estados Unidos haya llegado a un punto tal que comienzan a aparecer problemas para sostener los frenos y contrapesos y otros límites institucionales a la discrecionalidad del presidente? De hecho, existe evidencia experimental que, a mayor polarización, mayores son las rentas para quienes implementan las políticas públicas (ver, por ejemplo, Sobre conflicto horizontal y vertical). Esperamos que finalmente la larga trayectoria institucional de Estados Unidos en materia de frenos y contrapesos prevalezca y la administración Trump deba reconciliar su proceder. Sin embargo, esta será una prueba muy importante para la democracia americana.

Para concluir, vale la pena hacer notar lo siguiente. Primero, quienes esperan una administración muy mala, creemos que implícitamente están pensando que los riesgos de malas decisiones en cada una de las dimensiones que discutimos están altamente correlacionados. Nosotros esperamos que las restricciones políticas e institucionales hagan que ese no sea el caso. Segundo, un asunto que dejó pendiente esta elección es un debate serio sobre cuál sería un conjunto de políticas óptimas para Estados Unidos. Creemos que la respuesta a esa pregunta no es sencilla, y por tanto, creemos que debemos comenzar ese debate cuanto antes.

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26 Comments

  1. No espero que Trump promueva cambios significativos que yo apruebe por las mismas razones que en los últimos 50 años no he esperado tales cambios de las sucesivas administraciones, esto es, porque los presidentes están muy condicionados por cambios en las circunstancias. En ese largo período he tenido sorpresas agradables y desagradables —sí, hubo cambios— pero las segundas han sido muchos más numerosas que las primeras. Quizás los sucesos hasta el 20 de enero 2017 terminen condicionando lo que Trump haga: el montaje de una oposición callejera organizada y financiada puede generar escenarios hasta ahora nunca vistos en la política y el gobierno de EEUU. Pero dejando de lado esa posibilidad y otros shocks que podrían ocurrir en los próximos meses, lo que Trump pueda o no hacer estará condicionado por su relación con las distintas facciones del Partido Republicano representadas en el Congreso y también en los gobiernos estatales. Por el momento, Trump ha estado acercándose a todas esas facciones pero es temprano para afirmar si la relación será buena o mala. Suponiendo que es buena, el margen de maniobra de Trump es grande gracias al gran fracaso de Obama. Este fracaso es tan grande y grotesco que la tarea positiva de cualquier gobierno nuevo podría ser inmensa en todos los frentes, y lo mejor comenzando por Chicago donde un New Deal for Black America podría ser un gran éxito. Pero, como dije antes, yo no espero mucho de ningún gobierno y con suerte Trump sacará provecho sólo de unos pocos de los goles servidos que Obama le ha dejado.

  2. Ramón García says:

    Esta entrevista a Steve Bannon (estratega de Donald Trump)

    http://www.hollywoodreporter.com/news/steve-bannon-trump-tower-interview-trumps-strategist-plots-new-political-movement-948747

    “He absolutely — mockingly — rejects the idea that this is a racial line. “I’m not a white nationalist, I’m a nationalist. I’m an economic nationalist,” he tells me. “The globalists gutted the American working class and created a middle class in Asia. The issue now is about Americans looking to not get f—ed over. If we deliver” — by “we” he means the Trump White House — “we’ll get 60 percent of the white vote, and 40 percent of the black and Hispanic vote and we’ll govern for 50 years. That’s what the Democrats missed. They were talking to these people with companies with a $9 billion market cap employing nine people. It’s not reality. They lost sight of what the world is about.”

    El nacionalismo económico es un tema central, según ellos, para su éxito político.

  3. Sobre instituciones. Me parece muy equivocado lo que se dice sobre la falta de apego de Trump a las reglas institucionales. Primero ignora que Obama ha violado muchas reglas y eso le da a Trump un poder amplio para reírse de todos los que callaron cuando Obama las violó (sería bueno que escribieran sobre estas violaciones para que quede claro de qué estamos hablando). El único temor hoy es que Trump aproveche la corrupción de Obama para justificar la suya. En cuanto al Congreso no se puede ignorar que durante los dos gobiernos de Obama, el Partido Demócrata despreció las reglas tradicionales de su funcionamiento para pasar leyes y para proteger a miembros de la Administración, lo que plantea el mismo problema anterior, esto es, si ahora los republicanos aprovecharán la corrupción de los demócratas para justificar la suya.

    Segundo se cita como ejemplo a los medios de comunicación que NADA tienen que ver con las reglas institucionales. Los medios tradicionales han abusado su falso “cuarto poder” para ofender a quienes piensan distinto, para mentir sin vergüenza alguna, y para fingir lo que nunca les ha preocupado, es decir, informar seriamente. El grado de podredumbre del NYT llegó a tal nivel que su editor lo reconoció luego de la elección y prometió ser honesto pero su podredumbre no ha parado hasta hoy día. En cuanto a los medios nuevos luego de la elección los demócratas han estado queriendo justificar la derrota de Hillary, entre otras razones, por la reiteración de “fake news” en algunos de estos medios y promoviendo la idea de que los dueños de estos medios “filtren” las noticias para sacar a las “falsas”. Sí, eso es violación grotesca de la libertad de expresión para callar a los partidarios de Trump. Sencillamente grotesco y repudiable, pero no parece que moleste al NYT y a otros medios tradicionales serviles a los demócratas.

    Tercero, la caracterización de Trump como un monstruo fue iniciativa de Hillary y su campaña pero nunca hubiera sido posible sin la participación activa y vergonzosa de los medios masivos de comunicación. Esta caracterización se sigue promoviendo por Hillary, Obama, Soros y también por esos mismos medios. Aunque muchos han escrito que en nada ayudó a Hillary el volver al viejo cuento demócrata de que el candidato republicano se comerá a los chicos, después de perder la elección se sigue insistiendo para no discutir el legado grotesco de Obama que Hillary prometió continuar. En lugar de preocuparse por Trump, bien harían los “buenos” de preocuparse por la podredumbre de esos demócratas ya que no dudan en incitar al insulto y la violencia.

  4. Sobre otros temas. Dejando de lado la sorpresa de los autores en el párrafo final, donde manifiestan su deseo de que pronto empiece el debate sobre políticas óptimas (ignoran las miles de ideas propuestas en los últimos 50 años, siempre archivadas por sus limitaciones evidentes en cuanto a los intereses de los políticos que deben aprobarlas), el análisis de los otros temas referidos en el post es totalmente especulativo y centrado en cuestiones puntuales como si no fueran parte de algo más grande. El gran desafío de cualquier presidente de EEUU es atender simultáneamente a las urgencias de la globalización y las presiones internas. En la campaña 2008, Obama pudo plantear una solución fácil en términos de que EEUU controlaba y manipulaba esas urgencias y entonces podía darse el lujo de emprender cambios internos, pero su planteo se vino abajo cuando en septiembre 2008 se produjo la crisis financiera (si no hubiera sido por la crisis 45 días antes de la elección, lo más probable es que Obama hubiera perdido frente a un viejo que prometía el estatus quo en todo). En la campaña 2016, Trump planteó que buscaría nuevas respuestas a las urgencias de la globalización para hacer frente a las fuertes presiones internas de una parte importante del electorado (esa parte ignorada por los demócratas y muchos republicanos), es decir, su planteo ha sido dar prioridad a satisfacer estas presiones “corrigiendo” lo que haya que “corregir” en la relación con el resto del mundo pero también negando atención a las presiones del resto del electorado (en su “reinado” Obama usó las presiones de estos últimos para beneficio personal). Ahora las dos preguntas importantes son (1) cómo y cuánto Trump querrá y podrá “corregir” esa relación, y (2) cómo y cuánto Trump querrá y podrá ignorar al resto del electorado (no cuenta con el “carisma” de Obama ni la complicidad de los grandes medios de comunicación para tranquilizar a este resto).

    • Gustavo Torrens says:

      EB, muchísimas gracias por sus comentarios. Hay mucha tela para cortar. Tomo solamente algunos puntos.
      1) Sobre instituciones, intentamos aplicar la misma lógica a Obama y a cualquier otro presidente. Recuerdo que cuando Obama fue electo en 2008 muchas personas pensaban que iba a implementar políticas muy radicalizadas. Finalmente surgieron frenos que moderaron sus políticas. Creo que parte de la lógica de un sistema con frenos y contrapesos es que el presidente intenta empujar los límites y el Congreso y la Corte Suprema le marcan la cancha. Lo que intentamos decir en el post es que muy probablemente lo mismo sucederá con Trump. También coincido con usted que las circunstancias y los shocks que enfrente Trump pueden ser claves para determinar qué parte de su agenda pueda implementar.
      2) Estoy de acuerdo con la tensión que usted menciona entre globalización y equilibrio político interno. Es esto lo que tenemos en mente cuando analizamos las propuestas de Trump en materia de migraciones, comercio e infraestructura. Vivo en Indiana y mi esposa en Boston por lo que experimento en carne propia las dos Américas. Mi sensación es que nadie tiene muy claro cómo mejorar la situación de muchos trabajadores con ingresos estancados. Por ahora, como usted menciona, han sido ignorados por los dos partidos.
      3) Con respecto a la frase final sobre la falta de debate, nos referimos a lo que sucedió durante la campaña electoral, muy teñida de chicanas personales y con poco debate de ideas. No dudamos que en los círculos académicos se vienen discutiendo muchas propuestas, pero poco ha permeado a los debates presidenciales.
      4) Finalmente, también me crucé con el argumento de las noticias falsas antes de las elecciones como explicación del resultado electoral y me pareció completamente absurdo.

      • Gracias Gustavo por sus observaciones. Me permito, sin embargo, insistir en algunos puntos:

        1 — Respecto a lo que dice sobre Obama, discrepo profundamente por dos razones. Primero, como dije en uno de los comentarios la situación de Obama cambió radicalmente 45 días antes de la elección, lo que le permitió ganar una elección que tenía difícil, casi imposible, de ganar y además le cambió la agenda poniendo la prioridad en la ejecución del Bailout del 3/10/08 y la aprobación del Plan de Estímulo de febrero 2009, cosas que nunca se habían discutido hasta el 17 de septiembre de 2008 y que fueron promovidas por los republicanos más que por los demócratas. Segundo, lo único que concentró la atención de Obama en su propia agenda fue la aprobación de Obamacare que tomó buen tiempo (hasta junio 2010) y que sólo fue posible porque los demócratas tenían mayoría absoluta en ambas cámaras y estuvieron dispuestos a aprobar algo que muchos de ellos ni siquiera leyeron y jamás entendieron su constitucionalidad y mucho menos por qué tenía una probabilidad alta de fracaso. Más importante, y como ya lo han observado muchos analistas, el abuso de poder por Obama no se limitó a Obamacare, y el párrafo del post de ustedes no hace referencia a ese abuso y se limita a apuntar contra Trump ignorando lo que Trump hereda de un presidente grotesco (hoy alguien criticaba hasta la herencia que deja Michelle Obama a Melania Trump: una gran oficina de First Lady que no tiene papel institucional alguno pero convertida en púlpito para predicar los gustos de la First Lady y acosar a quienes la ignoran).

        2 — Nos guste o no vivimos en un mundo dividido en estados-nación, en cada uno de los cuales se ha promovido el nacionalismo (bien lo sabemos en toda América Latina donde el problema es grotesco gracias a la educación escolar pública — en Argentina, este problema se dio avanzado el siglo 20). En los países pequeños esta promoción ha sido más fácil, aunque quienes hemos vivido en China sabemos lo mucho que Mao hizo por ese nacionalismo. Hoy cualquiera de nosotros está enfrentado a un trade-off entre su nacionalismo y su globalismo (para quienes abandonamos nuestro país de origen ya maduros, el trade-off puede ser “fácil” de enfrentar, pero no para el resto de los adultos). Yo me puedo reír de las tonteras que dice Mario Vargas Llosa (la última versión en
        http://elpais.com/elpais/2016/11/17/opinion/1479401071_337582.html ) denunciando el nacionalismo, pero no puedo ignorar que ese nacionalismo sólo es denunciado cuando no nos gusta, algo tan habitual en intelectuales como Vargas Llosa y muchos otros liberales hipócritas. Fuimos tribu y todavía en alguna medida lo seguimos siendo, y damos gracias al nacionalismo porque nos permitió superar la tribu, pero superar el nacionalismo tomará mucho más que la hipocresía de denunciar a los políticos que no nos gustan —peor, la superación del nacionalismo deja de ser tal cuando quienes lo toman como bandera sólo pretenden crear gobiernos supranacionales que jamás podrán tener una base democrática (el ejemplo más claro es la Unión Europea que por suerte ha entrado en un proceso de decadencia que no tiene vuelta). Como economista yo puedo alegar los beneficios del comercio sin restricción alguna entre dos o más humanos sin preguntar sus nacionalidades, pero sería tonto ignorar nuestro lado oscuro, ese que me recuerda que en cada intercambio siempre hay por lo menos margen para un conflicto de intereses y que en todo conflicto las emociones juegan un papel importante. En todo caso, gracias al comercio algún día superaremos el nacionalismo: en la vida como en el fútbol, cuando somos visitantes nos sentimos “más globalistas” y cuando locales “más nacionalistas”. Antes y después de Adam Smith se ha reconocido la importancia del comercio para la paz, y por eso creo en la importancia del turismo masivo para la globalización.

        3 — En el post ustedes hablan de políticas OPTIMAS, algo muy distinto a discutir políticas alternativas a las vigentes. La discusión académica de políticas óptimas nunca trasciende al dominio de la política porque los políticos y los gobernantes están motivados por sus intereses personales y no por la búsqueda de algún paraíso terrenal o celestial. Mientras el análisis económico siga suponiendo versiones “románticas” de la política no debe extrañar que poco o nada aporte a la discusión de políticas públicas. Muchos economistas predican que las políticas públicas deben estar basadas en la evidencia y en particular en la evidencia “científica” pero lo primero que hacen es ignorar la evidencia sobre política y gobierno, quizás poco científica pero suficiente para rechazar todas las versiones “románticas”.

        4 — Mi punto sobre los medios viejos van mucho más allá del cuento absurdo de las “fake news”. Ya he señalado en comentarios el reconocimiento de la posición absurda del NYT primero por el editor y luego por un artículo de la editora-pública referido en otro comentario, pero el problema va mucho más lejos ya que los medios opositores a Trump quieren arrogarse el papel de líderes de la oposición no para jugar un papel de árbitros o jueces serios sino de acosadores y matones ordinarios. El escalamiento del conflicto entre Trump y esos medios en las últimas 48 horas causa risa porque los medios hace tiempo se ganaron primero la desconfianza y segundo el desprecio de quienes apoyan a Trump y su insistencia en escalar el conflicto sólo sirve para convencer a toda la población de su corrupción (pronto algún “periodista” de CNN se disfrazará de Che Guevara).

  5. Para aclarar cualquier duda, recomiendo leer

    http://www.nytimes.com/2016/11/20/public-editor/one-thing-voters-agree-on-better-campaign-coverage-was-needed.html

    Sí, la podredumbre del periodismo no es un problema de los medios nuevos sino del servilismo vil de los medios viejos. Como escribió alguien hoy temprano, el nuevo lema del NYT es ALL THE NEWS THAT’S FIT TO FAKE.

    • Sebastián, el artículo hace referencia a una investigación del Peterson Institute of International Economics y sólo he podido encontrar este artículo

      https://piie.com/commentary/op-eds/if-trump-starts-trade-war-california-could-lose-640000-jobs

      que es claramente un manifiesto electoral pro-Hillary (fue publicado en LAT en octubre), pero sin referencias específicas a investigaciones (parece que M. Noland es el especialista del PIIE en “trade wars” aunque sus artículos recientes son ataques a Trump). Aproveché para revisar documentos post-elección que sirven para aclarar algunos puntos (ver uno de Bergsten donde argumenta que China ha dejado de manipular su moneda y otro de Hendrix sobre proteccionismo en la elección), pero tomaría espacio y tiempo aclarar por qué están equivocados.

      Peor, el artículo del NYT es una colección de opiniones cortas y sueltas tomadas principalmente de E. Prasad quien recientemente publicó “Gaining Currency” sobre la posibilidad de que la moneda china fuera de curso internacional y fue entrevistado por el NYT (ver http://www.nytimes.com/2016/10/25/world/asia/china-currency-eswar-prasad.html ). Sus argumentos son los mismos que unos pocos discutíamos hace 20 años atrás en China y HK y poco ha cambiado. Su visión de lo que ha estado pasando en China está distorsionada por centrarse en un único tema y pretender explicar las reformas que efectivamente se hicieron a partir de ese tema. Si el RMB algún día tiene curso internacional será a consecuencia de las reformas que todavía no se hacen y no al revés, algo que Prasad termina reconociendo en el libro. Pocos extranjeros se han atrevido a analizar seriamente lo que ha pasado en China porque es un desafío tremendo, incluso para quienes vivimos allá años, en momentos de grandes decisiones. Nick Lardy, mencionado en el artículo y asociado al PIIE, es uno de esos pocos, pero no he encontrado que haya escrito algo reciente sobre comercio internacional (Nick sigue escribiendo sobre reformas en curso y pendientes de los bancos y empresas estatales, temas de mi interés profesional hace 20 años atrás).

      En todo caso, el artículo termina con algo gracioso. Prasad dice que el gobierno chino quiere imponer sus reglas –sin aclarar cuáles serían– y como corresponde a un periodista del NYT se concluye que Trump ayudaría a los chinos a imponerlas (en otros artículos se concluye que ayudaría a los rusos, en otros que atentaría contra todo lo bueno de la vida).

      • Sebastian Galiani says:

        Se complementa en tanto y en cuanto señala limites externos, y no solo internos, a las políticas comerciales que puede seguir la administración Trump.

  6. Más allá de las decisiones que Trump haga o evite, lo que más me preocupa es que Trump instaure el populismo y la antipolítica en Estados Unidos y el mundo.

    Estados Unidos ha sido imperialista hace décadas, pero siempre tuvo su cuota de diplomacia. A la interna, hay un bipartidismo recalcitrante, pero hubo ciertas reglas de juego.

    Trump se jacta de ignorar todo tipo de reglas sobre comportamiento de los políticos. Y como presidente de Estados Unidos, temo que sea un mal ejemplo.

  7. Respecto a la institucionalidad. Hoy hemos sabido que Hillary se unirá a la petición de Jill Stein para un recuento de votos en Wisconsin. No cabe duda que Jill Stein pudo hacer la petición gracias a las “donaciones” de los financistas de Hillary (el monto total es mayor que el total de las donaciones que recibió Stein para su campaña) y que sólo se trata de un intento de ensuciar el triunfo de Trump ya que la probabilidad de éxito es casi cero y aunque ganara no cambia nada (excepto que podría presionar para recuentos en otros estados). Obama, Hillary y el coro de cómplices hipócritas insistieron antes de la elección que Trump se comprometiera a reconocer el resultado pero ahora los perdedores nos recuerdan quiénes son los verdaderos farsantes.

    Como bien ha dicho Glenn Reynolds en su blog: A GESTURE THAT WILL EITHER BE FUTILE, OR MOVE THE NATION TOWARD CIVIL WAR.

  8. Is it a Brexit? Is it a Trump? No. It’s a Big Devaluation. Sí, gracias a nuestros ancestros italianos, el Euro pronto podría explotar con una devaluación fuerte en relación al dólar. En 2010-11, cuando se discutía la crisis griega y el futuro del euro, pensaba que la solución inmediata era un acuerdo con EEUU para fijar la paridad entre el euro y el dólar en uno a uno, lo que implicaba una fuerte devaluación del euro en relación al dólar. Desde entonces muchas cosas han cambiado pero la economía europea sigue mal en relación al resto del mundo y la única salida rápida es una devaluación fuerte del euro —yo diría hasta 80 centavos de euro por dólar. Por supuesto, para evitar guerras inútiles la devaluación debe ser acordada como en los viejos tiempos en que se pensaba que estos acuerdos eran útiles aunque sus efectos duraban poco. Siempre que hay una devaluación grande, unos pocos la aprovechan para hacer los ajustes serios que sus negocios requieren, mientras otros tratan de sacar provecho sin hacer ajuste alguno. La perspectiva de una devaluación del euro plantea la posibilidad de que el sistema del euro colapse, algo que depende más de los gobernantes de los países miembros que de la economía del euro (aunque como economista debo decir que el análisis económico dominante del euro sigue siendo tan grotesco como todo lo que se enseña en economía monetaria, tema para otra oportunidad). Más importante, las pocas luces de esos gobernantes hacen sospechar de que no habrá acuerdo y entonces en lugar de devaluación habrá una depreciación sostenida pero lenta con efectos de largo plazo, demasiado largo para los políticos y también para economistas ansiosos por vender humo.

    • Michelle, le recomiendo no prestar atención a las “noticias” que publican los medios sobre lo que Trump dijo o no dijo, haría o no haría. Todas esas “noticias” causan risa porque son intentos desesperados de quienes no aceptan a Trump para confundir a la opinión pública. Fíjese la poca atención que esos medios han prestado y prestan a las políticas y decisiones grotescas de Obama que todavía es el presidente. Aunque es legítimo especular sobre las políticas y las decisiones de Trump –de igual manera que especulamos sobre lo que otros hacen y nos podría afectar– uno debe tener claro que la política es juego sucio, es decir, no sujeto a reglas que podrían hacerse cumplir con medios eficaces. Yo no dudo en calificar como basura al 100% de las “noticias” publicadas por los medios anti-Trump, y que le quede claro que no comulgo con nada de lo que dice Trump como tampoco comulgo con el 99% de lo que dicen todos los políticos. Causa risa pero debería causar tristeza que en este blog y en tantos otros sobre temas económicos se “especule” sobre Trump simplemente porque hoy día muchos economistas son primero partidarios de facciones políticas, y segundo –cuando se juntan con sus pares– analistas serios. No me sorprende porque Jim Buchanan ya se lo temía 50 años atrás.

    • Michelle, lea este post

      http://economistsview.typepad.com/timduy/2016/12/desperately-searching-for-a-new-stretegy.html

      que se ha convertido en lectura obligatoria para economistas anti-Trump. Sí, mucha desesperación.

    • Michelle, ríase. Vea la ironía de lo que está pasando. Lea esta columna de Ken Rogoff (sí, el mismo que alcanzó fama con un libro “estadístico” sobre crisis financieras titulado “This Time is Different” para burlarse de aquellos que creyeron que el último boom era diferente):

      https://www.theguardian.com/business/2016/dec/07/trump-us-economic-boom-deregulation-tax-cuts-infrastructure?CMP=share_btn_tw

      y se dará cuenta que cuando hablan de política, muchos economistas académicos son peores que Jorge Bergoglio y Maradona.

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