¿Qué podemos esperar de la administración Trump?

La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha generado muchísimas especulaciones. En esta entrada intentaremos hacer un análisis de algunas de sus propuestas, de los efectos que pueden tener tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo y de la viabilidad política de las mismas.

Inmigración: Trump propone endurecer la política inmigratoria de los Estados Unidos. En particular, ha manifestado que pretende deportar 2 millones de inmigrantes ilegales, haciendo hincapié en quienes hayan cometido algún delito. Si bien esto puede verse como una política inmigratoria dura, vale la pena mirar los datos de deportaciones durante las administraciones recientes. La Tabla 1 muestra las deportaciones para cada año fiscal. Como puede verse, en las dos últimas presidencias se deportaron 1.548.823 y 1.329.848 indocumentados, respectivamente. También podemos ver que la deportación de inmigrantes indocumentados que han cometido algún delito ya es parte central de la actual política inmigratoria de Estados Unidos. Dado que Home Land Security ya cuenta con los recursos necesarios para deportar entre 400.000 y 500.000 personas por año, Trump podría cumplir su objetivo de 2 millones de deportaciones en sus 4 años de gobierno sin necesidad de solicitar recursos adicionales al Congreso. También existen otras dimensiones en las cuales la administración Trump puede endurecer la política migratoria. Por ejemplo, podría interrumpir el estatus legal temporario a los menores que ingresaron ilegalmente a los Estados Unidos (el programa DACA) o ponerse más duro con el otorgamiento de visas de trabajo o con la admisión de refugiados. Resumiendo, sin duda, podemos esperar un endurecimiento de la política inmigratoria, pero nuestra impresión es que buena parte del cambio se dará en el plano de la retórica (desde ya, esta retórica es en sí misma muy peligrosa). Como ya analizamos en este post (Economía política de las migraciones internacionales) la economía política de la cuestión migratoria es un tema bastante delicado ya que los trabajadores de los países ricos pueden tener fuertes incentivos a apoyar restricciones al ingreso de trabajadores extranjeros.

 

Tabla 1: Deportaciones de Estados Unidos

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Fuente: Datos de Migration Policy Institute reportados por Ben Casselman.

 

Política comercial: Trump también propone cambiar la política comercial. Si bien no es claro qué mecanismos planea utilizar, en varias oportunidades ha mencionado renegociar los acuerdos de libre comercio que Estados Unidos ha firmado con varios países. Más recientemente ha propuesto un arancel de 35% a la importación de productos chinos. Nosotros pensamos que dada la compleja cadena global de producción de la que participan las principales compañías americanas, es improbable que las propuestas proteccionistas de Trump encuentren terreno fértil entre los congresistas del partido Republicano, el cual tendrá mayoría en ambas cámaras. Un escenario más probable es que Estados Unidos frene la estrategia de firmar nuevos acuerdos comerciales y use algunas trabas comerciales para casos específicos (sobre esto último el presidente tiene cierto poder discrecional). Ahora bien, si Estados Unidos tiene una fuerte reversión hacia el proteccionismo, los costos para la economía mundial serían muy elevados. Finalmente, vale la pena recordar que, si bien los argumentos teóricos y la evidencia empírica sostienen que los países ganan con el libre comercio, no debemos olvidar que el comercio internacional suele generar perdedores. De hecho, es probable que muchos de los trabajadores que votaron a Trump en estados claves como Michigan y Pensilvania se cuenten entre estos perdedores. Y aquí se abre una pregunta muy interesante. ¿Cuál es el mejor mecanismo para compensarlos? Nosotros no creemos que el camino sea a través del proteccionismo. De hecho, es muy dudoso que aún un proteccionismo rabioso, pero de incierta duración, convenza a los empresarios de que vale la pena hundir capital en suelo americano en industrias que ya se han relocalizado en países con menores salarios.

Infraestructura: Durante la campaña electoral Trump ha puesto mucho énfasis en que la infraestructura de Estados Unidos requiere una mejora sustancial. A nadie se le escapa que muchas ciudades americanas ya no tienen infraestructura de frontera y en muchos casos sobreviven con infraestructuras de transporte claramente obsoletas. De hecho, es difícil encontrar un mega-proyecto de infraestructura en Estados Unidos entre los principales proyectos de inversión del mundo. Por ello, consideramos que la clave está en el criterio que se utilice para seleccionar los proyectos de inversión. Si la idea de Trump es impulsar obras públicas con elevada tasa de retorno social, como fue en su momento el sistema interestatal de autopistas, y con un plan fiscal consistente, nos parece un programa efectivo. Por el contrario, si el plan de Trump es usar la obra pública para estimular la economía en el corto plazo, independientemente del retorno social de los proyectos financiados, no parece una buena idea dado que la economía americana se encuentra en pleno empleo. Un tema más complejo es el efecto distributivo de la obra pública. Si la intención es subir el salario de los trabajadores no calificados que lo llevaron a la casa blanca, la obra pública puede tener un rol importante. Por un lado, el sector de infraestructura es intensivo en capital y trabajo no calificado. Por otro lado, los lugares donde los nuevos proyectos de infraestructura podrían generar mayores retornos no necesariamente son los mismos donde están localizados los trabajadores no calificados. Esto genera un trade-off delicado que deberá analizarse. Finalmente, es probable que Trump encuentre en muchos legisladores del partido Demócrata el apoyo político necesario para sus planes de infraestructura. Algunos legisladores del partido Republicano también podrían apoyarlo si consideran que estos proyectos ayudan a cementar el cambio político de varios estados pivotes en el medio oeste (algo que deberían considerar los legisladores demócratas), aunque imaginamos que muchos republicanos priorizarán reducir la presión impositiva en la economía.

Impuestos: Trump propone eliminar los múltiples agujeros impositivos que permiten deducir impuestos por diversas razones y al mismo tiempo bajar las tasas impositivas marginales sobre los ingresos. Lo primero nos parece razonable desde el punto de vista de la eficiencia y equidad. Las incontables deducciones generan distorsiones en todas las direcciones. La complejidad de las reglas impositivas hace que las grandes corporaciones y los ciudadanos más ricos se beneficien de forma desproporcionada de las mismas. Sobre lo segundo, nosotros tenemos disidencias normativas pues creemos que un esquema de impuestos progresivo ayuda a generar una sociedad más justa. Adicionalmente, nos preocupa la consistencia fiscal de la propuesta. Es probable que la administración Trump termine aumentando el déficit fiscal significativamente para financiar su programa de infraestructura y reducción de impuestos, lo que puede afectar el financiamiento de los países en desarrollo.

Regulación de la economía: Todo hace prever que la administración Trump, en armonía con la posición mayoritaria en el Partido Republicano, buscará proveer un ambiente económico más desregulado, lo cual puede tener efectos positivos en algunos casos y conducir a una mayor concentración económica en otros. Habrá que evaluar las propuestas concretas.

Defensa y seguridad: Muchos de los principales aliados de Estados Unidos en el mundo mostraron su preocupación luego de la elección de Trump. Hasta el momento no es del todo claro cuáles son sus propuestas  en materia de defensa y seguridad. Durante la campaña electoral dio la sensación  que pretendía que Estados Unidos incrementara su poder mundial al mismo tiempo que bajara su contribución a la defensa global. Esto es claramente poco realista. Por ejemplo, Estados Unidos puede optar por contribuir menos a la OTAN y pedir a los países europeos que suban sus contribuciones, pero el costo de ello será diluir su poder de decisión en la alianza. Si Trump actúa con la premisa de que Estados Unidos tiene un almuerzo gratis en materia de seguridad nacional, muy probablemente termine alienando aliados y fortaleciendo enemigos.

Temas sociales: Más allá de las convicciones de Trump sobre temas sociales como aborto, matrimonio homosexual o cuestiones raciales, seguramente nominará a un juez bastante conservador para la Corte Suprema y tomará medidas sociales de corte conservador (de hecho, las nominaciones realizadas la semana pasada confirman esta hipótesis). Esta es la mejor moneda de cambio que tiene para negociar con los congresistas republicanos y consolidar su poder entre los votantes republicanos tradicionales. Las clases medias liberales en las principales ciudades lo aborrecerán. Las personas religiosas en las zonas rurales se lo agradecerán eternamente. Y a los votantes en estados pivotes poco les importará. Lamentablemente, una vuelta a políticas sociales conservadoras no solo afectará a las clases medias liberales sino también a las familias más pobres que reciben apoyo del gobierno a través de la red de programas de asistencia a las familias carenciadas (incluyendo los posibles cambios anunciados al Affordable Care Act). Desde un punto normativo, pero también político, esto nos preocupa sobremanera.

Instituciones: Un tema recurrente en muchos análisis durante la campaña ha sido la falta de apego a las reglas institucionales que ha mostrado Trump. Por ejemplo, en varias ocasiones,  ha manifestado su desprecio a los medios de comunicación poniendo en duda su respeto a la libertad de prensa e incluso llegó a afirmar que solo aceptaría el resultado electoral si resultaba ganador. ¿Es posible que la polarización política en Estados Unidos haya llegado a un punto tal que comienzan a aparecer problemas para sostener los frenos y contrapesos y otros límites institucionales a la discrecionalidad del presidente? De hecho, existe evidencia experimental que, a mayor polarización, mayores son las rentas para quienes implementan las políticas públicas (ver, por ejemplo, Sobre conflicto horizontal y vertical). Esperamos que finalmente la larga trayectoria institucional de Estados Unidos en materia de frenos y contrapesos prevalezca y la administración Trump deba reconciliar su proceder. Sin embargo, esta será una prueba muy importante para la democracia americana.

Para concluir, vale la pena hacer notar lo siguiente. Primero, quienes esperan una administración muy mala, creemos que implícitamente están pensando que los riesgos de malas decisiones en cada una de las dimensiones que discutimos están altamente correlacionados. Nosotros esperamos que las restricciones políticas e institucionales hagan que ese no sea el caso. Segundo, un asunto que dejó pendiente esta elección es un debate serio sobre cuál sería un conjunto de políticas óptimas para Estados Unidos. Creemos que la respuesta a esa pregunta no es sencilla, y por tanto, que debemos comenzar ese debate cuanto antes.

 

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