Dejemos que Ronald Coase nos lleve a casa

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La tecnología para disponer de autos totalmente automáticos (conocidos como FADCs, por su acrónimo en inglés) está ahora al alcance de nuestras manos. Los ingenieros están desarrollando prototipos y no llevará mucho tiempo arribar a una versión comercial. Sin embargo, aún existe una barrera institucional que puede amenazar la adopción de esta tecnología. Las compañías de seguros son reacias a proporcionarle un seguro a los FADCs. Si bien surgen algunas características peculiares al asegurar un FADC en comparación con un auto convencional ‒es decir uno conducido por personas‒, en esta entrada planteamos que el problema fundamental es la falta de una definición y asignación clara de los derechos de propiedad.

Aun no existe una norma de responsabilidad clara que establezca quién es responsable si un FADC está involucrado en un accidente de tránsito. Como consecuencia, la incertidumbre asociada con la provisión de seguros a un FADC es artificialmente alta, lo cual se refleja en las altas primas que las compañías de seguros exigen. Afortunadamente, Ronald Coase viene a nuestro rescate (ver Coase 1960, “The Problem of Social Cost”, The Journal of Law & Economics). Siguiendo su trabajo, sabemos que en estos casos los gobiernos sólo tienen que definir claramente y hacer cumplir dicha norma de responsabilidad. Entonces, los mercados van a actuar y las primas de seguros reflejarán adecuadamente el riesgo asociado al uso de un FADC. En principio no debería importar si los fabricantes de automóviles o los propietarios son responsables. El resultado sería eficiente en ambos casos. Sin embargo, en esta entrada, discutiremos brevemente algunas de las razones que podrían hacer una u otra alternativa potencialmente mejor.

Alternativa I: El fabricante es responsable de cualquier daño causado por un FADC involucrado en un accidente de tránsito. El fabricante va a comprar un seguro y, en caso de un accidente, la compañía de seguros pagará a las víctimas. El costo asociado con la póliza de seguro se trasladará a los consumidores finales, quienes pagarán un precio que incluye dichos costos.

Alternativa II: Cada propietario de un FADC es responsable de cualquier daño causado por su automóvil. Cada conductor deberá comprar una póliza de seguro, y en caso de un accidente, la compañía de seguros  pagará a las víctimas.

La solución de Coase (Coasian solution) no significa necesariamente que en equilibrio habrá FADCs. Es posible que la tecnología sea muy costosa, o que no haya demanda puesto que los consumidores prefieren conducir ellos mismos, o que sean demasiado propensos a ocasionar accidentes. En todos estos casos, los consumidores no comprarán FADCs. El punto clave es que cuando estén tomando esta decisión, enfrenten los precios correctos. Por ejemplo, si la tecnología es muy costosa, el costo de desarrollar un FADC completamente funcional será mucho más alto que el de un auto convencional. Como consecuencia, el precio que el consumidor final enfrentará será muy alto en comparación con el de un automóvil  normal, y pocos consumidores estarán dispuestos a comprar un FADC. La cuestión clave es que el precio de un FADC será alto debido a que es muy costoso producirlo y no porque la prima del seguro es muy alta como resultado de que no existen reglas claras de responsabilidad en caso de un accidente. Supongamos que a algunas personas les gusta conducir sus propios autos. Entones, cada consumidor va a comparar el cambio en el bienestar asociado a no ser el conductor del auto con la diferencia en el precio entre un FADC y un auto normal. En tal entorno, es posible que los consumidores “más tradicionales” no quieran comprar FADCs. Pero, de nuevo, el punto clave es que, con el fin de tomar la decisión correcta el consumidor debe enfrentarse a la diferencia de precios eficiente. En equilibrio, el consumidor marginal que se encuentra indiferente entre un FADC y un auto normal será el óptimo sólo si el precio de un FADC en relación al de un auto normal refleja la verdadera tasa marginal de transformación entre ambos, lo que requiere que los derechos de propiedad en el caso de un eventual accidente sean asignados correctamente a un auto normal y a un FADC.

Por último, supongamos que los FADCs son más propensos a sufrir accidentes que los autos convencionales. Aun en este caso, es posible que la asignación eficiente sea utilizar FADCs. La razón es que los FADCs pueden ser más convenientes, y que los beneficios más que compensen los costos de accidentes “extra”. El punto clave de nuevo es que los consumidores internalicen estos costos adicionales. Definiendo una regla de responsabilidad clara, las primas de seguros y, por tanto, los precios de FADCs y de autos convencionales, incorporarán completamente estas diferencias. Lo que implica, una vez más, que el consumidor va a tomar la decisión Pareto óptima entre FADCs y autos convencionales.

¿Cuál alternativa es mejor? Este es un punto de segundo orden. En primer lugar, hay un problema de riesgo moral. Con los autos convencionales, la probabilidad de un accidente se ve afectada principalmente por las acciones de los conductores. Por el contrario, con FADCs, la probabilidad de un accidente se ve afectada principalmente por el programa informático desarrollado por el fabricante. Con el fin de reducir los problemas de riesgo moral, parece razonable hacer responsables a las personas con un control más directo sobre la probabilidad de un accidente. En segundo lugar, las compañías de seguros podrían tener algún poder de mercado puesto que se enfrentan a una gran cantidad de consumidores y sólo hay unas pocas compañías de seguros. Tal vez si tienen que negociar las primas de seguros con algunos pocos fabricantes, su poder de mercado se reduzca. En tercer lugar, podría haber un problema de economía política. Si los FADCs enfrentan mucho menos riesgo de accidentes que los autos convencionales, es posible que las compañías de seguros bloqueen estratégicamente los FADCs porque saben que, en el largo plazo, esta innovación va a acabar con su mercado. En el límite, si los FADCs implican que ningún accidente ocurra, el negocio del seguro automotor se volverá obsoleto. Si este es el caso, al principio deberíamos permitir que los fabricantes se aseguren ellos mismos.

Uno también podría considerar una mezcla entre autos convencionales y FADCs puesto que algunos consumidores no adoptarán la nueva tecnología. Supongamos que los FADCs y los autos convencionales tienen diferentes probabilidades de ocasionar un accidente. Esto no es un problema: ahora hay autos y conductores con diferentes probabilidades de tener un accidente y el mercado de seguros se ocupa adecuadamente de ello puesto que las primas se ajustan en consecuencia.

Finalmente, vale la pena considerar equilibrios múltiples. Supongamos que con FADCs la probabilidad de un accidente se elimina, pero sólo si todos los autos son FADCs. Por ejemplo, debido a que los FADCs necesitan una red para comunicarse y evitar un accidente. En otras palabras, no podemos mezclar FADCs y autos convencionales. Hay múltiples equilibrios. Si todos los consumidores usan autos convencionales, nadie puede introducir un FADC. Este es un problema que la solución de Coase no puede resolver totalmente. Sin embargo, la solución de Coase puede ayudar a alcanzar el nuevo equilibrio. Supongamos que hay dos tecnologías para FADCs: una cara que permite que el FADC funcione cuando hay autos convencionales en la calle; y una tecnología de red más barata que sólo funciona cuando todos los autos son FADCs. El mejor resultado es que todos usen  FADCs operados por una red. Sin embargo, partimos de una situación de “lock in” en la que todo el mundo utiliza autos convencionales. La asignación de derechos de propiedad puede inducir a las empresas a desarrollar la tecnología costosa e introducir gradualmente los FADCs. Una vez que una fracción importante de los consumidores haya cambiado de auto, podemos compensar al resto para adoptar la tecnología de red más barata. Por lo tanto, la solución Coasiana puede abrir la puerta a una transición desde un equilibrio malo a uno bueno.

Esta entrada también está disponible en: Inglés

3 Comments

  1. Gracias por el post. Para los viejos que por más de 50 años divulgamos los alcances jurídicos del teorema de Coase siempre es refrescante destacar su aplicación a nuevas situaciones. Pero debemos recordar también que en situaciones masivas–como es el caso tratado en el post–suponer que los gobiernos quieren y pueden definir claramente derechos de propiedad y protegerlos eficazmente es un supuesto falso porque ningún gobierno quiere y puede hacer eso. Cualquier argentino sabe muy bien de lo que estoy hablando, pero también ocurre en EEUU y el resto del mundo (sí, hay diferencias entre gobiernos pero son de grado). Hoy, por ejemplo, tenemos el caso del gobierno chileno–asesorado por economistas con doctorados en EEUU–que ha dado muestras claras de su intención de redefinir derechos de propiedad y de protegerlos sólo de acuerdo a sus intereses políticos, poniendo en duda la institucionalidad jurídica del país (Sebastián Edwards debería indignarse por esta situación).

  2. Interesante!

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