Igualdad y las Metas de los Bancos Centrales

A principios de este mes, un grupo de congresistas de los Estados Unidos presentaron una propuesta legislativa para modificar los objetivos de la política monetaria y financiera de la Reserva Federal, el banco central de los EEUU. A los objectivos tradicionales de la Fed (baja inflación, empleo pleno,y estabilidad financiera), la propuesta añadiría “la eliminación de desigualdades raciales y étnicas en empleo, ingreso, riqueza, y acceso al crédito”. [1]

Dada la composición actual del congreso estadounidense, la propuesta es mayormente simbólica y la probabilidad de su aprobación es virtualmente cero. Pero lo notable es que recoge y articula una presión creciente para ordenar a los bancos centrales que incluyan la disminución de desigualdades (de distintos tipos) como una meta más de política. Esta presión es evidente tanto en los Estados Unidos como en el resto del mundo, incluyendo América Latina.

También es importante notar que esta tendencia representa una reversión del proceso que, desde principios de la década de los noventa, ha llevado a muchos países, incluyendo Perú, a adoptar un esquema de metas de inflación. Como se sabe, bajo dicho esquema, un banco central tiene el deber primordial de usar sus instrumentos de política para mantener la tasa de inflación cerca a una meta explícita (entre uno y tres por ciento en el caso del Perú). Y, para que el banco central pueda implementar dicho mandato sin interferencias políticas, en muchos casos se le ha otorgado independencia con respecto a otras instancias del gobierno. Esto significa, por ejemplo, que el poder ejecutivo no puede forzar al banco central a financiar un deficit fiscal.

Los sistemas de metas de inflación han sido muy exitosos, en especial en asegurar tasas de inflación bajas y estables, lo cual a su vez ha contribuído significativamente a estabilidad macroeconómica y crecimiento real. De hecho, el Perú ha sido uno de los casos más claros: baste recordar que, habiendo recibido la década de los noventa con hiperinflación y el PBI cayendo más del diez por ciento anualmente, la Constitución de 1993 aunada a una nueva Ley Orgánica del Banco Central permitieron que el BCR estableciera un sistema de metas de inflación que ha significado una tasa de dos por ciento anual en promedio, y una tasa de crecimiento del PBI que, en el último cuarto de siglo, han sido la envidia del resto del mundo. [2]

Dado esto, debemos preguntarnos: ¿Sería una buena idea aumentar la lista de objetivos de los bancos centrales para añadir la eliminación de desigualdades? ¿O, más bien, sería contraproducente, llevando a un retroceso en lo logrado en términos de precios estables, estabilidad económica, y crecimiento? ¿Y, cómo es que, concretamente, un banco central podría usar la política monetaria y financiera para minimizar desigualdades?

Estas son preguntas importantes y difíciles, y me temo que no tengo respuestas suficientemente completas en estos momentos. Por otro lado, algunas consideraciones basadas en la teoría económica existente me llevan a ver las propuestas recientes con mucho escepticismo.

Una literatura relevante es la que examina el problema de la política monetaria óptima. Ella provee varias justificaciones para dar independencia al banco central y establecer esquemas de metas explícitas de inflación. En particular, dichas instituciones se pueden ver como respuestas a problemas de crediilidad imperfecta y de inconsistencia dinámica, esto es, como formas de asegurar que un banco central no pueda crear sorpresas inflacionarias para obtener objetivos que pueden ser atractivos ex post para el gobierno, pero ex ante dañinos para la sociedad.

Quizás en ese sentido, el argumento más pertinente se basa en las ideas de Ken Rogoff, que en 1985 se preguntó si, dadas las preferencias sociales acerca de inflación versus desempleo, cuál debería ser el mandato del banco central. Rogoff demostró que, en la presencia de problemas de credibilidad, era óptimo que la función objetivo del banco central diera más peso relativo a la inflación que la función de bienestar social. En ese sentido, Rogoff arguyó, es socialmente deseable que los banqueros centrales sean más conservadores que el resto de la sociedad.[3]

No es muy difícil adaptar el argumento de Rogoff a un modelo con desigualdades de ingreso o riqueza, y dicha adaptación indica que, si la sociedad puede incluir la reducción de la desigualdad como un objetivo del banco central, es óptimo que el banco central le dé menos, en vez de más, peso relativo a la desigualdad que la función de objetivo social.[4] Esto sucede porque, cuando existe credibilidad imperfecta, es beneficioso encontrar formas de comprometer al banco central a no crear inflación inesperadamente. Pero en un modelo con desigualdades, las sorpresas inflacionarias usualmente redistribuyen riqueza de los más ricos a los más pobres. Por tanto, enfatizar la reducción de la desigualdad en la función objetivo del banco central no reduciría sino aumentaría los incentivos de éste para crear inflación sorpresiva y agudizaría el problema de credibilidad.

En otras palabras, argumentos basados en la literatura existente fácilmente nos llevan a la conclusión de que incluir la reducción de desigualdades en la lista de objetivos de un banco central sería dañino para la sociedad. Vale la pena notar que esto sucedería aún si todos estuviésemos de acuerdo en que reducir la desigualdad es deseable.

Al apuntar esto no quiero decir que la conclusión es definitiva. Probablemente, otros modelos y otros análisis podrán justificar el tipo de propuestas con el que comienza este comentario. Pero, hasta donde he encontrado, dichos otros análisis todavía están por ser elaborados.

En términos prácticos, lo que debemos advertir es el peligro de caer en la tentación de cambiar instituciones que han tenido éxito en lo suyo para combatir incendios que no son lo suyo. Los bancos centrales en nuestros países no están malogrados. Más bien, su historia reciente (incluyendo la crisis actual de la pandemia) es una historia de éxito. La idea de incluir la reducción de la desigualdad en los mandatos de los bancos centrales no se basa en un análisis económico convincente. Al contrario.

 

[1] https://www.warren.senate.gov/imo/media/doc/Federal%20Reserve%20Racial%20and%20Economic%20Equity%20Act%20Bill%20Text%2008.05.20201.pdf

[2] Aunque, naturalmente quizás, este proceso ha sido muy complejo en la práctica. Ver, por ejemplo, https://www.researchgate.net/publication/4828052_Inflation_Targeting_Reserves_Accumulation_and_Exchange_Rate_Management_in_Latin_America

[3] https://www.jstor.org/stable/1885679?seq=1

[4] Esto es parte de trabajo mío, actualmente en preparación. Cuando esté listo aparecerá en mi website, https://sites.rutgers.edu/roberto-chang/