Un muro en memoria de Guillermo Perry

Guillermo Perry (1945-2019). Foto tomada de http://economia.uniandes.edu.co

 

El pasado 27 de septiembre falleció Guillermo Perry. Sus colegas de la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes lo describieron así en un texto titulado “Pasión por lo público” (completo acá):

 

Con gratitud recordaremos su enorme capacidad de contribuir, construir y aportar al bien común y al bienestar del grupo con acciones concretas, innovación relevante, consejos oportunos, amistad y camaradería, y su constante ejemplo de liderazgo. Nos deja la misión de aportar, desde nuestro quehacer diario, a la construcción de una Colombia más próspera. Perdemos a un sabio de la tribu y nos queda un legado y herencia de compromiso con la sociedad como norte a seguir. Lo extrañaremos.

 

Foco Económico recuerda a este extraordinario economista y ser humano compartiendo algunos testimonios de quienes tuvieron el privilegio de conocerlo. Hoy está presente entre ellos y entre tantos más a quien contagió con su cariño y su inteligencia. Deja un inmenso legado de construcción de país y políticas públicas, en Colombia y toda Latinoamérica.

Escriben: David Bardey, Raquel Bernal, François Bourguignon, Carlos Caballero Argáez, Ximena Cadena,  Juan Camilo Cárdenas, Mauricio Cárdenas, Tito Cordella, Juan Carlos Echeverry, Eduardo Engel, Cristina Fernández, Francisco H. G. Ferreira, Laura García, Santiago Herrera, Ana María Ibáñez, Roberto Junguito, Santiago Levy, Eduardo Lora, Astrid Martínez, Bill Maloney, Luis Fernando Mejía, Marcela Meléndez, Jaime Millán Ángel, Andy Neumeyer, José Antonio Ocampo, Mauricio Olivera, Mónica Pachón, José Juan Ruiz, Víctor Saavedra, Adriana Sabogal, Diego Sandoval, Leonardo Villar, Hernado Zuleta, María José Uribe.

 

Estudiantes de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes contestan “De Guillermo Perry aprendí que…”. Fotos: Mónica Vargas.

El primero de los economistas tributarios

Francisco Azuero

Mi primer contacto con Guillermo Perry se dio en 1975, cuando yo era coordinador de la carrera de economía de la Universidad Nacional y decidimos invitar al entonces Director de Impuestos Nacionales (el «chino Perry» como lo bautizo el columista Klim, de El Tiempo) a que dictara un seminario electivo sobre política tributaria. A pesar de las múltiples ocupaciones que se derivaban de su cargo, aceptó sin condiciones, y creo que dictó el curso durante dos semestres. Los comentarios que recibíamos de los estudiantes eran muy positivos: gracias a su curso, creo yo, muchos de ellos comenzaron a sentir las ganas de vincularse al sector público.

Años después, siendo yo jefe de la Unidad de Inversiones Públicas del Departamento Nacional de Planeación, y él Ministro de Minas, me invitó a formar parte de un equipo de trabajo que se debía encargar de buscar soluciones a la grave crisis financiera del sector eléctrico colombiano.

Ya elegido Ernesto Samper como presidente, y estando yo en el sector privado, como vicepresidente del Banco de Caldas, recibí una llamada de Guillermo, quien ya había sido designado como ministro de Hacienda, invitándome a reunirme con él en la sede de la campaña. Me invitó en esa reunión a ser su Viceministro General. Allí estuve durante 15 meses. En noviembre de 1995 me propuso que pasara a dirigir Fogafin. En los últimos años nos encontrábamos ocasionalmente en la Universidad o en seminarios académicos.

Guillermo fue el primero y el más calificado de los economistas tributarios colombianos. Hasta entonces, la tradición colombiana en estos temas se había centrado en los abogados especializados en derecho tributario. Como era de esperarse, muy poco se preocupaban por la incidencia económica de los impuestos. Con Guillermo empezaron a discutirse seriamente estos temas, lo que llevó a varios gobiernos a incluirlo en las misiones de expertos que se han nombrado para tratar de ambientar las reformas estructurales que se necesitan en Colombia. Estos esfuerzos han fracasado repetidamente en el Congreso. Como lo cuenta él en sus memorias, el senador Víctor Renán Barco, ponente obligado de los proyectos de todas las reformas tributarias que se estudiaron mientras fue parlamentario, nos confesó la verdadera razón cuando le propusimos retirar nuestro proyecto de reforma, ante la negativa de los congresistas a quitar muchas de las exenciones tributarias injustificadas que existían (y que lejos de desaparecer, han aumentado).  Dijo el senador “No exageremos, doctor Perry. Hay otras soluciones como subir las tasas de impuestos, lo que resulta políticamente difícil, porque afecta a muchos, que eliminar exenciones, que afecta mucho a pocos, pero que son muy vocales y tienen acá en el Congreso a sus amigos, como usted lo acaba de ver”.   En efecto, cada uno de los parlamentarios participantes en la comisión de estudio de la reforma había salido a defender intereses específicos de las empresas o gremios favorecidos con los privilegios tributarios existentes. Fue una lección práctica del famoso planteamiento de los problemas de acción colectiva identificados por los teóricos de la economía política, para explicar el predominio de los intereses especiales sobre las conveniencias de la sociedad.

No puedo decir que fui su amigo.  Pero siempre me trató con deferencia y cordialidad. Puedo dar testimonio de su caballerosidad, de su buen humor y, sobre todo de su rectitud.  El país ha perdido una de sus mentes más brillantes.

 

Todo lo contrario de los ideólogos

David Bardey

Como muchos académicos no me siento bien representado por ningún partido político en Colombia, quizás en mi caso aún más por haber sido “importado”, pero si me hubieran preguntado cuál es mi partido político, sin duda habría contestado “Guillermo Perry”. Por haber disfrutado de largas conversaciones sobre política y economía, acompañadas de una copa de buen vino frente a la laguna y las montañas que rodean Pacho, para mí lo que representa Guillermo, en la dimensión política, es una ideología progresista con un agnosticismo pintado de realismo al momento de pensar en la implementación de estas ideas. Mejor dicho, en un mundo que cambia rápidamente, Guillermo supo hacer evolucionar las recomendaciones de política asociadas a las ideas progresistas que quería impulsar, sin dejarse encerrar en soluciones del siglo pasado. En otras palabras, Guillermo era todo lo contrario de los ideólogos que se casan con las mismas soluciones de siempre, sin darse cuenta de que en un mundo cambiante pueden dar los resultados opuestos a sus promesas iniciales. Creo que esta manera de adaptarse se debe a la gran curiosidad intelectual de Guillermo y a su habilidad para salir de su zona de confort.

Hablando de habilidades, lo que daba envidia (de la buena) de Guillermo es que era un gran científico con habilidades literarias fuera del común. La combinación de estas dos habilidades explica seguramente la trayectoria excepcional de Guillermo para poder navegar exitosamente entre diferentes mundos, ya sea la academia, la política y los organismos multilaterales. Ponen las mismas recomendaciones de política económica en palabras de un economista X como yo, o en la boca de Guillermo, e inmediatamente tomaban otra dimensión por su habilidad a comunicar de manera casi poética.

Terminaré esta nota con algo más personal. Creo que no es un secreto para nadie que Guillermo era consentido y muy consentidor y estos fines de semana en Pacho eran la mejor ilustración de esto. Guillermo podía pasar de una conversación académica o de literatura, a juegos de mesa con Juana, Antonio y sus invitados y también podía nadar abrazados en la piscina con nuestro hijo Salomón. No quiero que lo de “consentido” sea interpretado como un reproche, todo lo contrario. De hecho, uno se da cuenta que quiere mucho a alguien cuando prefiere a la persona con sus “pequeños defectos” que sin ellos. ¡Guillermo, ya nos haces mucha falta!

Excelente ciudadano de cada comunidad con la que convivía

Raquel Bernal

Conocí personalmente a Guillermo Perry hace ocho años cuando se incorporó a la Facultad de Economía como profesor de planta. Hasta ese momento, era para mí un tecnócrata colombiano excepcional, parte del grupo de los caballeros notables de la economía colombiana. El ministro que promovió la revolución del gas natural, creó el fondo de estabilización petrolera, logró una reforma tributaria estructural y la modernización del sistema fiscal, fue constituyente y dedicó muchos años a la construcción de una institucionalidad sólida en el país. Esa institucionalidad promovida por la tecnocracia colombiana comprometida y generosa, que ha forjado los cimientos de un Estado moderno, aportado cordura y garantizado la sostenibilidad de este país.

A la llegada de Guillermo a la universidad, pude conocer de mi primera mano su inteligencia, sensatez y curiosidad intelectual como economista. Sin embargo, no creo que sea eso por lo que más lo recordaré. La grata sorpresa y privilegio que tuve fue conocer al ser humano.

Al leer esta mañana la nota de Ricardo Ávila en Portafolio en memoria de Guillermo, comprendí cada lágrima. Es Guillermo el “padre orgulloso” de sus hijos, de sus pupilos, de sus amigos, de sus colegas, de las personas que formó. Con una combinación de candidez y asertividad siempre compartía opiniones, consejos y nuevas ideas. Excelente ciudadano de cada comunidad con la que convivía. En el mensaje que compartía el Banco Mundial en memoria de Guillermo, resaltaban lo mismo: su equipo lo apreciaba mucho porque era un mentor más que un jefe. Aportaba incansablemente a cada espacio de la Facultad como profesor, como colega, como experto y como amigo. Esa vocación de contribuir y construir como miembro de un grupo no es común en el ámbito laboral. Lo encontré fascinante, hasta cierto punto envidiable, y definitivamente algo que aspiro emular.

Guillermo era empático. Se interesaba en los proyectos de los demás y encontraba la manera de resaltar las cualidades de aquellos que tenía alrededor. Su conversación era amena, cándida, interesante. Consejero irremplazable. Entendía todo, veía las diferentes perspectivas, podía aconsejar con imparcialidad y amabilidad. Hace poco me llamó con relación al evento de lanzamiento de su libro “Decidí contarlo” en la Universidad de los Andes que tendría lugar la próxima semana. Me contó un poco sobre el evento y me pidió mi opinión sobre algunos aspectos. Cerró la conversación agradeciéndome por mi “sabio consejo”, Guillermo Perry a . Así era él.

Como colega, pupila y amiga, me queda un compromiso ineludible de contribuir al bien común, un llamado a continuar construyendo la institucionalidad de este país y a aportar a la equidad social, económica y política de Colombia, desde mi quehacer diario (aunque no estoy segura de que Guillermo me dejaría salirme por este atajo). Te aprecio inmensamente Guillermo, agradezco cada palabra, cada consejo, cada sonrisa. Te voy a extrañar.

 

A superlative person

François Bourguignon

Guillermo was a superlative person, as an economist, of course, but also as a policy maker, a manager and, later, as a teacher. He was also a renaissance man, knowledgeable and curious of new ideas, new books, new films, never missing an opera or a ballet performance when visiting the great cities of the world. He was a great colleague when we both were at the World Bank.  He became a great friend when we both left.  I’ll long remember these long chats about the state of the world at the terrasse of «Le café de Flore» or other nice café of Saint-Germain when he was passing by Paris.  How sad these days are over. We’ll deeply miss you, Guillermo

 

Ahora nos toca seguir su ejemplo

Carlos Caballero Argáez

Conocí a Guillermo Perry en la primaria del Gimnasio Moderno en los años cincuenta. Vivíamos cerca y nos encontrábamos camino al colegio. Guillermo se graduó de bachiller en 1962 pero ha debido hacerlo en 1963: lo ‘subieron’ de curso porque era un estudiante brillante. Yo me gradué en 1964.

Después nos vimos en la Facultad de Ingeniería de Los Andes. Estudiaba para eléctrico, yo para civil. Fueron los años sesenta que cambiaron las costumbres bogotanas y nos abrieron horizontes diferentes. El desarrollo económico estaba en su apogeo. Imagino que por eso y por la vocación pública que nos había inculcado el Gimnasio Moderno, ambos terminamos inclinándonos a lo público. Aunque Guillermo lo hizo desde el principio estudiando para ser economista. Yo me demoré más y nunca estudié economía formalmente.

Hace exactamente cincuenta años trabajé con Guillermo en Planeación. Fue mi jefe en la Unidad de Coordinación Presupuestal. Se lo recordé hace unos días cuando tomándonos un café en la Facultad hablamos sobre su libro. Me pidió excusas por no haberme mencionado entre sus colaboradores de ese momento. Estuve un año allí, comencé a conocer la manera en que se formulaba la política económica en Colombia y me vinculé con la naciente tecnocracia, con la cual tengo una inmensa deuda de gratitud porque terminaron formándome como economista, sin serlo.

Los jefes de Unidad de Planeación, Guillermo, Roberto Junguito y Antonio Barrera, pasaron en enero de 1971, después del conflicto con el gobierno de Misael Pastrana, a construir Fedesarrollo. Y, gracias a ellos, creo yo, aterricé en Fedesarrollo en noviembre de 1971 y fui el primer Secretario General de la nueva entidad. Perry se fue al Gobierno en 1974 para hacer parte del equipo económico en la administración López MIchelsen en donde fue gestor de la reforma tributaria de 1974. Pero en 1982, ocupando yo la Dirección volvió a Fedesarrollo y de nuevo trabajamos juntos hasta cuando en 1984 Roberto Junguito me llevó a la Junta Monetaria.

Aunque mantuvimos nuestra amistad a pesar de ubicarnos en polos opuestos de la tecnocracia liberal, volvimos a encontrarnos como colegas en la Facultad de Economía en los últimos tres años dictando, ambos, secciones del curso de Introducción a la Economía Colombiana. Escribimos también nuestras respectivas columnas de opinión en El TIEMPO, él todos los domingos, yo cada quince días los sábados. Y nos comentábamos mutuamente.

Después de una larga charla el miércoles 18 de septiembre en la cual le llamé la atención por algunas imprecisiones en los relatos de su libro, que le interesaban mucho porque estaba en proceso de hacer unas correcciones para la segunda edición, nos despedimos en el piso noveno del edificio de la Facultad e insistió en la importancia de inspirar en los estudiantes de economía la pasión por lo público. Quién iba a imaginar que menos de diez días después nos iban a dar la infausta noticia de su fallecimiento. Por fortuna el libro salió a tiempo y la memoria permanece. Ahora nos toca a todos en la Facultad de Economía de Los Andes seguir su ejemplo.

 

Activo y generoso en todos los escenarios

Ximena Cadena

Tuve el privilegio de conocer a Guillermo en 2011 cuando yo trabajaba en los Andes y él regresó a la Facultad de Economía como profesor distinguido. Por suerte le dieron la oficina que estaba justo al lado de la mía y gracias a su generosidad y amabilidad íbamos a tomar café regularmente. Lo que más me acuerdo de esas charlas era que siempre tenía un comentario que demostraba que, además de todos sus logros profesionales, se gozaba la vida con ganas. Paseos a su finca y fotos orgullosas de su casa junto al lago, velero, muchos viajes, el tenis. Me impresionaba la persona tan completa que era.

Por distintas razones durante las últimas semanas estuve en contacto constante con Guillermo. Estamos preparando un libro en conmemoración de los 50 años de Fedesarrollo, en el que cada exdirector contará sobre el rol de la institución en la política pública en un tema específico. Él lo estaba haciendo, muy entusiasmado, sobre los canales de influencia que ha tenido Fedesarrollo a lo largo de los años. Quería hacerlo así. Mirando el bosque, como me dijo. La semana pasada lo tuvimos en Consejo Directivo de Fedesarrollo donde participó tan activa y generosamente como en todo lo que lo he visto participar desde la universidad, en el gobierno, en cualquier escenario. Quería seguir impulsando una agenda para combatir la corrupción, una misión fuerte e independiente que pudiera dar recomendaciones de fondo y efectivas.

El lunes participó como como conferencista principal en el Summit de centros de pensamiento de Latinoamérica que organizamos en Fedesarrollo localmente en conjunto con la Fundación Ideas Para la Paz. Llegó tranquilo y sonriente a pesar de venir corriendo de Barranquilla para coger un avión y llegar a tiempo para cambiarse la guayabera. Me dijo riéndose que él no era un político, pues en el programa del evento aparecía como “economista y político colombiano, exministro, exdirector de Fedesarrollo”; es muy difícil resumir la trayectoria de Perry en una frase.  Su charla sobre las condiciones económicas y políticas de la región impactó a todo el mundo. A mi no dejaba de sorprenderme. La claridad de sus intervenciones y el nivel de detalle con que analizaba todos los países de la región (obvio, además de Colombia) en la mayoría de los casos con conocimiento de causa por tener relaciones personales con los protagonistas de las políticas y haber asesorado a la mayoría en algún u otro momento.

Esa noche tenía su libro “Decidí Contarlo” en mi cartera y durante la hora y media que lo tuve sentado a mi lado pensé en pedirle que me lo firmara. Me lo comencé a leer hace poco, después de aceptarle honrada su invitación a comentarlo en un evento en el que él presentaría el libro en la Universidad de los Andes. Me dijo “acéptame la invitación, lo único malo es que te toca leerte el libro” (¡y dice en el libro que había perdido la modestia!, aunque ayer vi una entrevista en la que dijo que después la había recuperado). He aprendido muchísimo de su lectura. Más o menos sospechaba, pero nunca en sus verdaderas dimensiones, el nivel de protagonista que fue de la historia económica de Colombia. Decidí esperar al día del evento para pedirle su dedicatoria pues pensé que sería más apropiado. Gran equivocación.

Estoy segura de que muchas personas sienten, como yo, que les quedaron varias conversaciones pendientes con Guillermo. Se fue inesperadamente y lo vamos a extrañar por siempre.

 

Un testimonio de compromiso por el bien común

Juan Camilo Cárdenas

A diferencia de muchos de mis colegas, yo no conocía personalmente a Guillermo antes del año 2011 cuando se vinculó de nuevo a la facultad como profesor. La figura política y tecnócrata era bien conocida para mí. Mi mayor admiración por Guillermo Perry hasta ese momento venía de su participación en la Asamblea Nacional Constituyente en 1991 donde sería uno de los protagonistas dentro de la creación la institucionalidad moderna del modelo económico de este país. La huella de Guillermo quedó allí claramente plasmada en decisiones sabias de construir una economía incluyente, estable, progresista y lo más blindada posible a riesgos macroeconómicos de otras economías equivalentes.

Sin embargo, fue en el Guillermo colega, educador, mentor, y líder donde mi admiración creció aún mas. Gracias a su serenidad, pero perseverancia y pensamiento ágil, crítico y joven, pude conocer a un intelectual siempre activo en nuestras discusiones al interior de la universidad, o en el planteamiento de opiniones críticas a través de su ya muy conocida columna semanal en el diario El Tiempo. Mientras tanto, los estudiantes se beneficiaban de su enseñanza en el aula de clase. Durante estos años en la decanatura siempre compartía con orgullo ante los aspirantes y estudiantes admitidos lo privilegiados que eran al tener en su primer año en el curso de Introducción a la Economía Colombiana a uno de los protagonistas y arquitectos del último medio siglo del funcionar económico de este país.

Durante estos años fue un maravilloso colega con el que todos contábamos para guiar discusiones sobre los temas de coyuntura o de largo plazo en la política social del país. Siempre estuvo atento a participar en esas discusiones e invitar a los estudiantes motivándolos para que pensaran y se apasionaran por lo público. Tuve también la fortuna de compartir con él asiento en el Comité Consultivo de la Regla Fiscal donde fui ante todo un alumno juicioso que recurría a Guillermo con frecuencia para prepararme previo a los debates que allí se daban. Aprendía enormemente de él antes de cada reunión y discutíamos ampliamente los resultados de esos debates. Aprendí mucho de él cuando discutíamos, desde posiciones con frecuencia contrastantes, acerca del papel del sector minero y energético en el futuro sostenible del país, y allí nuevamente no podría haber encontrado un mejor interlocutor para estos temas, sabiendo del profundo conocimiento de Guillermo por estos temas. Su calidad humana se vio presente siempre en esa forma de plantear sus críticas con vehemencia y respeto a la vez, en el rigor de las cifras y en el cuidado del así llamado “rule of law” lo cual aumentaba mi admiración por una persona que le hará mucha falta a este país y a nuestra facultad. Se va un maestro y nos queda un testimonio de vida de compromiso por el bien común.

 

Compromiso con lo público

Mauricio Cárdenas

Conocí a Guillermo Perry en 1983 cuando fui su alumno en el curso de Teoría y Política Fiscal en la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes. Desde ese momento mantuvimos una relación muy cercana, prácticamente cotidiana. Revisando el chat de la última semana encuentro sus mensajes estimulantes sobre mis columnas de opinión. En uno de ellos me sugiere que escriba sobre su reciente libro, no para ponderarlo, sino para plantear un debate acerca de las tesis que allí se ventilan. En particular quería que el país se interesara por entender mejor las causas de la corrupción, así como sus posibles remedios.

Fotos aportadas por Mauricio Cárdenas

Después de una conversación telefónica de más de una hora hace un par de semanas coincidimos que debíamos preguntarnos si la corrupción había disminuido de la mano del avance institucional del país, en sectores como energía y transporte, o si, por el contrario, como él pensaba, había aumentado. Tratar de responder este interrogante es la mejor manera de honrar la memoria de Guillermo.

También me pidió, en el último cruce de mensajes, que esculcara en mis archivos para encontrar un trabajo conjunto y olvidado, que alguna vez presentamos en una conferencia sobre construcción de capacidades institucionales organizada por George Soros en Hungría. Me dijo que estaba escribiendo de nuevo sobre ese tema. Afortunadamente lo encontré y se lo envié; ahora hay que encontrar lo que él estaba escribiendo.

Habrá tiempo para destacar y reflexionar sobre los mucho que aportó a la construcción de país, a nuestra profesión y, en lo personal, a mi propio desarrollo profesional.

Pero en esta nota quiero destacar un aspecto puntual y concreto, que tiene que ver con su valioso apoyo en estos últimos años que coincidieron con mi paso por el gobierno.

De los políticos colombianos muchas veces se dice que son estadistas entre semana en Bogotá y manzanillos durante los fines de semana en las regiones. La tecnocracia también tiene dos facetas, en apariencia contradictorias, que en la realidad se conjugan y complementan bien. Una es colaborar en comisiones, equipos de trabajo y juntas directivas que convocan los gobiernos. La otra es ejercer la crítica y el disenso, a través de diversos canales de comunicación. Lo curioso es que, como en el caso de los políticos, las primeras funciones se ejercen entre semana, y se deja la crítica para las columnas de opinión, generalmente los fines semana.

Guillermo era un maestro para combinar estas dos facetas: Fue el más constructivo de los colegas, pero también un crítico implacable.

Fue miembro de la Comisión de Infraestructura que entregó su informe en octubre de 2012 y dio origen a buena parte de la institucionalidad sobre la que se ha edificado el impresionante desarrollo del sector. También lo fue de la Comisión de Expertos para la Equidad y Competitividad Tributaria que presentó sus recomendaciones en diciembre de 2015 y que, como es bien sabido, fue un referente fundamental para la reforma tributaria de 2016. Fue miembro de la junta directiva de la Financiera de Desarrollo Nacional y contribuyó a darle un sello técnico e independiente. Como si esto fuera poco, fue miembro del Comité Consultivo de la Regla Fiscal que ha sido una fuente de credibilidad para el manejo de las finanzas públicas. No pudo haber sido más generoso con su tiempo sin ningún otro interés que aportar su conocimiento y experiencia a mejorar la calidad de las políticas públicas en nuestro país.

A estas funciones formales habría que sumarle las informales. Participaba activamente en las reuniones que organizábamos con Leonardo Villar en Fedesarrollo–los viernes al final de la tarde—para pasar revista a los problemas económicos del momento, plantear inquietudes y recibir la retroalimentación de los colegas. En mi ejercicio como ministro, esas reuniones fueron una gran fuente de ideas, pero también de estímulo frente a decisiones difíciles e impopulares, como las privatizaciones y los aumentos de impuestos.

En su faceta como crítico, Guillermo era formidable. Sus columnas dominicales eran el espacio preferido para disentir, mostrar contradicciones o, para cuestionar el accionar del gobierno. Nunca le pedí que moderara sus posiciones o que hablara a favor de una u otra iniciativa. Siempre pensé que la mejor forma de agradecerle su colaboración en tantos frentes era ser respetuoso con sus críticas, aunque no siempre estuviera de acuerdo con ellas. Sirve mucho más una buena crítica de un colega, que las adulaciones oportunistas, tan propias de la política.

En suma, Guillermo fue uno de los grandes exponentes de la tecnocracia colombiana. Una persona que no respondía a intereses económicos particulares, dispuesta a colaborar en los asuntos públicos sin sacrificar su capacidad para opinar libremente. Ese balance requiere, además de conocimientos y experiencia, que a Guillermo le sobraban, una dosis de empatía y calidez, que eran su sello personal.

A curious mind and true gentleman

Tito Cordella

Guillermo was a curious mind, a talented economist, and a highly respected policymaker. These are qualities that rarely go together and that explain why he accomplished so much. Also, and perhaps more importantly, Guillermo was a true gentleman, somebody who knew how to live, and how to share precious moments with friends and colleagues. We will miss you a lot.

 

Siempre presente

Catalina Crane

¡La muerte es demasiado definitiva! Es muy difícil aceptar que esa persona no va a estar nuevamente, aunque sea un ratico para conversar, aunque sea para pedirle un consejo que sólo él puede dar, o que escriba aunque sea una columna más…

Conocí a Guillermo desde mis primeros años como economista, investigadora en Fedesarrollo. No me tocó nunca como profesor durante la carrera pero sí era uno de los maestros de los economistas jóvenes que empezábamos en Fedesarrollo. Recuerdo de ese tiempo su interés por la economía aplicada, por la economía política y por la política, que se desviaba un poco de los modelos de economistas teóricos que admirábamos, pero que nos fue generando ese interés por lo público. Guillermo entraba y salía de Fedesarollo, una vez para ocupar el Ministerio de Minas y después para convertirse en constituyente y mas adelante para ser Ministro de Hacienda. Se iba pero siempre volvía, con más temas y más intereses.

Tuve la oportunidad de trabajar con él en el Ministerio de Hacienda como asesora, en donde junto con Leonardo Villar coordinábamos el Pacto Social de Ingresos y Salarios, buscando acuerdos entre los empresarios y los sindicatos para darle un empujón hacia abajo a la persistente inflación. Era un instrumento heterodoxo en el que él creía porque lo había visto funcionar en otras partes. Esta etapa me permitió conocer el mundo de los sindicatos, con los que me volví a encontrar en varias ocasiones como funcionaria pública, pues son siempre interlocutores -difíciles, pero válidos- de los gobiernos y del sector privado. Aprendí la importancia de los espacios de diálogo y de la búsqueda de consensos.

Mas adelante nos volvíamos a encontrar en diversas situaciones. A instancias de él participé en la junta del Teatro Libre, en donde me abrió las puertas a otro mundo y otras personas increíbles, pero en donde la mayor parte del trabajo era buscar sacar al teatro de su crisis económica. Siempre me preguntaba yo, que me consideraba muy ocupada, a qué horas sacaba tiempo Perry para estas cosas, además de que no se perdía una sola de las presentaciones.

En mi mas reciente etapa laboral, Guillermo siempre estuvo siguiendo el proceso de acceso a la OCDE y en cada paso por Paris nos veíamos para comer y conversar con maravillosos amigos mutuos que encontramos allá. El iba por los conciertos, la comida y los amigos, pero siempre se las arreglaba para dar alguna conferencia y siempre tenía una aproximación interesante e informada.Mi último chat con él fue excusándome por no poder ir al lanzamiento de su libro y diciéndole que más adelante me lo firmaba….

 

La gente buena, sin agenda, se va

Juan Carlos Echeverry

En el segundo semestre de 1981, Hernando Gómez Buendía presentó ante los estudiantes de seminarios de investigación de Economía de Los Andes uno sobre sindicatos y macroeconomía. El formato consistía en reuniones semanales en Fedesarrollo, que quedaba en el Park Way, en La Soledad. Comprábamos sánduches en el Carulla del Park Way e íbamos a presentar las ideas de proyectos. Perry compartía el seminario con Gómez Buendía e iba a las reuniones semanales. Se limpiaba la barba y el bigote después de cada bocado de sánduche y luego encendía una pipa. Se lo veía muy “harvardiano”. Se notaba que venía de ingeniería por la comodidad con la que manejaba las matemáticas.

Foto: Manuel Pedraza, El Tiempo

Para el trabajo entrevistamos a los directivos y leímos todos los periódicos de la CTC y la CSTC. El de la CSTC era un tipo llamado Angelino Garzón, con pinta de Bulldog y fama de comunista, que nos trató con amabilidad y nos dio acceso a sus archivos. Perry y Gómez Buendía estaban complacidos por el avance. La conclusión era que la macroeconomía keynesiana le daba unas herramientas a los sindicalistas que estos desaprovechaban. Mucho les convendría conocerlas. El trabajo quedó bueno. Pero la UTC no nos dio acceso a sus archivos. Perry celebró el documento final y el manejo de la información, pero escribió: inexcusable no haber consultado la UTC: nota 4/5. En nuestra opinión daba para 4.5 o 5.

Allí empezó mi larga relación con el Dr. Perry, a quien solo empecé a llamar Guillermo hace unos meses, en 2019.

El epílogo de nuestra relación no pudo ser mejor: hace pocos años mi hijo entró al colegio Los Nogales y le asignaron de “big brother” al hijo de Perry, evento que cerró un gran ciclo e inició otro que ya no nos pertenece a él ni a mi.

Guillermo nos dejó muchas enseñanzas: persistencia, técnica, conocimiento de los problemas, involucramiento, no tener miedo a la política, pedagogía y usar los medios de comunicación en pos de las buenas causas.

Un amigo común lo sintetizó maravillosamente: La gente buena, sin agenda, se va y en cambio los impresentables son inmortales.

 

Quedaron conversaciones pendientes

Eduardo Engel

Conocí a Guillermo Perry en 1997, poco después de que asumiera como economista jefe para América Latina del Banco Mundial, cuando lideró un proyecto sobre riesgos fiscales derivados de las nuevas modalidades de participación privada en infraestructura que emergieron en aquel entonces. Fue un proyecto visionario, que alertó sobre los riesgos fiscales asociados a los pasivos contingentes de las concesiones de infraestructura, en particular, a que dichos pasivos no estaban siendo contabilizados. Las generosas garantías que estaban entregando los gobiernos para estos proyectos no solo debilitaban los incentivos para que los privados hicieran una buena gestión de riesgos, sino que podían terminar gatillando una nueva crisis de la deuda, como tituló un reportaje de un prestigioso diario (diría que fue el Financial Times) donde Guillermo describió las principales conclusiones del libro que resultó de esta iniciativa.

Junto a Ronald Fischer y Alexander Galetovic comenzábamos nuestras carreras académicas y nuestro trabajo en lo que hoy se conoce como asociaciones público-privadas (APPs). La invitación de Guillermo para contribuir un capítulo para el libro antes mencionado, y las conversaciones que tuvimos con el sobre el tema, fueron un impulso importante para seguir estudiando las finanzas públicas de las APPs, más allá de los pasivos contingentes que no se estaban contabilizando. Esta conversación fue el punto de partida para un resultado que publicamos muchos años después, en 2013, mostrando que el impacto fiscal intertemporal de las APPs y la provisión pública es idéntico, por lo cual las cuentas fiscales debieran tratar las dos modalidades de la misma forma. Esto no sucede en la actualidad y no es aventurado afirmar que el principal motivo porque los gobiernos optan por APPs es porque, a diferencia de la provisión pública, facilitan eludir los controles presupuestarios.

Hace solo un mes asistí, en Bogotá, a un taller donde se presentaban los primeros borradores de los capítulos de un libro que celebra los 50 años de la CAF. Guillermo estaba escribiendo el capítulo sobre infraestructura, yo el capítulo sobre corrupción. Grande fue mi sorpresa cuando Guillermo defendió el tratamiento contable que favorece las APPs sobre la provisión pública, notando que sabía que no me iba a gustar esa parte de su presentación. Le recordé, entre risas, que estaba desconociendo un resultado que tenía su origen en las preguntas que él nos hizo, y con el cual había estado de acuerdo en su momento. Luego agregué, ya en serio, que todos tenemos derecho a cambiar de opinión y que me encantaría conocer sus motivos. Los tiempos fueron muy apretados, los comentarios a su presentación muchos, y no hubo tiempo para que los respondiera. Guillermo debía retirarse antes de que concluyera el taller para hacer clases y minutos antes de salir se me acercó para que lo acompañara fuera de la sala y conversáramos sobre el tratamiento fiscal de las APPs. La conversación fue cordial, como siempre, pero rápido nos dimos cuenta de que el tema merecía una conversación más larga. Quedamos de tenerla apenas pudiéramos.

 

Gocetas

Marcela Eslava

Gocetas. Era la palabra que se me venía la cabeza cada vez que trataba de escribir esta nota. Me parecía un atrevimiento que yo, que te conocí y compartí contigo sobre todo en el mundo de los economistas, me refiriera simplemente con ese término al economista brillante, que tanto contribuyó al progreso económico y social del país y al pensamiento económico latinoamericano. Pero cuando ayer, en la hermosa celebración tu familia organizó para tí, tu hermano te definió como eso, un gocetas, me sentí autorizada.

Pareciera que todos mis recuerdos más vívidos y entrañables de ti tienen por escenario alguna ciudad diferente a Bogotá, cuando nos encontrábamos junto con otros amigos-colegas para alguna conferencia. Me acuerdo de cenas en restaurantes que sugerías con enorme tino, haciendo gala de tu conocimiento de medio planeta. Frente a varias copas de vino nos contabas anécdotas de episodios en los que participaste y que cambiaron el rumbo del país. Es una fortuna que nos hayas dejado tu último libro porque mi mala memoria ha borrado muchas de esas anécdotas de mi cabeza.

Te recuerdo también cantando, a todo pulmón, boleros y rancheras en algún restaurante de ciudad de México al que fuimos a parar con varios amigos al final de una reunión de Lacea. Me acuerdo de tu sorpresa ese día al descubrir que cantar música latinoamericana es una de mis pasiones, y de tus permanentes reclamos para que organizáramos alguna tertulia con guitarra. Esa nos la quedamos debiendo para siempre. En pocas semanas varios de tus amigos estaremos otra vez reunidos en México para otro encuentro de Lacea. Estaba esperando que tuviéramos otra buena cantata.

Recuerdo también con admiración la enorme generosidad con que compartías tu tiempo. A menos que te lo impidiera uno de tus periplos por el mundo, aceptaste cada invitación, bien fuera para un foro con los estudiantes o para comentar un libro o algún paper. Y siempre respondiste al encargo con la mayor de las pasiones, reflejada en llamadas a las siete de la mañana de un domingo para pedirme opinión sobre lo que estabas preparando.

Te extrañaré mucho. Pero le quedo muy agradecida a la vida por la oportunidad de conocer y aprender del gran economista y el gran gocetas que fuiste. Buen viaje.

 

Esta es la imagen

Cristina Fernández

Foto aportada por Cristina Fernández

Esta es la imagen que se me viene a mi cuando pienso en Guillermo Perry. Una de esas personas que después de hablar horas sobre la manera de aumentar el empleo en el país, se baja del carro, se pone una gorra de invierno y goza del paisaje y la aventura como nadie. Una persona que no pasaba inadvertida, que sabía de los más diversos temas, que siempre estaba dispuesto a participar en todo, que sabía oír, que estaba consciente de las situaciones personales de los demás, que nunca suavizó sus críticas o ideas para agradar a nadie y que marcó a muchos en lo intelectual y lo personal; como lo evidencian los testimonios que no han dejado de salir en los medios sociales. Me quedó pendiente el libro que habíamos planeado escribir sobre informalidad en Colombia y agradecerle por todo el apoyo que me dio durante mi vida laboral.

 

Guillermo Perry, Thinker and Doer

Francisco H. G. Ferreira

Like so many of his friends and students, I was shocked and saddened to hear of Guillermo’s passing on September 27th.  I first met him more than twenty years ago, when I was a young economist at the World Bank, two or three years out from my PhD. Guillermo – then the Bank’s Chief Economist for Latin America and the Caribbean – invited me to join a team he was assembling to write a “flagship” report on risk and risk management in Latin America. Characteristically, the canvas was broad: we were to look at risk writ large, from the macro to the micro, from Central Banks to peasant households… I remember being impressed by how Guillermo steered the discussion and guided the team. In a highly hierarchical institution, he led quietly, through the strength of his arguments, persuasion, and example. Yet, his authority was undisputed. It is not a coincidence, now that I look back, that of the seven co-authors Guillermo had in that book, four have since served as Regional or Sector Chief Economists at the World Bank (and a fifth turned down one such job more than once…) We were learning from the best!

I became closer to Guillermo about five years later when he invited me once again to work with him on another book, which we entitled “Inequality in Latin America: Breaking with History?”. Since he had been Minister of Finance (and, separately, of Mines and Energy) in his native Colombia, I naively thought of him as a macroeconomist, and assumed that he would take an arms-length role in leading that particular report.  I could not have been more wrong: Guillermo threw himself into the research and the writing with passion and wrote a full chapter by himself, despite his concurrent responsibilities as Regional Chief Economist.

In the years since that book was published, I was fortunate never to lose sight of Guillermo for long.  For a number of years, even after he had left the World Bank to return to Colombia and to his beloved Universidad de Los Andes, I saw him regularly at the annual conferences of LACEA, an Association which was built a little in his own image: as a forum where rigorous thinking and analysis met practical policy challenges and a determination to improve the lives of millions of Latin Americans through evidence-based action. Most recently, we sat together on the Board of the Global Development Network, another institution at the intersection between research and development policy, to which Guillermo was very loyal, and which benefited enormously from his wise advice.

Guillermo’s immediate successor as Chief Economist for LAC at the World Bank, Augusto de la Torre, used to use the term “hinge” to describe those rare economists able to build solid bridges between academia and practice; between research and operations. Guillermo Perry, who was highly successful both as a practitioner of economic policy and as an economic thinker, was perhaps the quintessential such thinker and doer.  He will be sorely missed.

 

Mostró cómo enriquecer el debate público

Laura García

Uno de mis primeros trabajos fue con Guillermo, como su asistente de investigación. Leer los testimonios sobre su vida y las reflexiones sobre lo importante que fue para nuestro país, me ha conmovido mucho y me ha hecho sentir muy afortunada de haberlo tenido como mentor en ese momento crucial de mi vida. Con su trayectoria nos mostró cómo podemos enriquecer el debate público desde la academia y así contribuir a la transformación de Colombia. Como fue de generoso con nuestro país, lo fue conmigo y le estaré siempre muy agradecida por tantas enseñanzas.

 

Caminante infatigable

Santiago Herrera

La partida de Guillermo no podía haber sido de otra manera: sorpresiva, mientras viajaba, y planeaba su siguiente aventura.  Sin estos elementos no habría sido consistente con el drama de su vida. Su caminar infatigable deja huellas en el país y en varias generaciones de economistas que ojalá podamos seguir. Tuve la suerte de trabajar con él en diferentes circunstancias y aprender lecciones de vida.  Primero, en el Ministerio de Hacienda, aprendí del valor de tener una mente amplia y de tener en cuenta que el equilibrio general es un concepto que trasciende el análisis económico.  Se extrapola también a la vida personal y a las relaciones humanas y sociales.  No siempre funciona perfectamente y hay que estar atento a los orígenes de los desequilibrios para corregirlos sin empeorar la situación. También aprendí en esa oportunidad cómo decir basta cuando se esta en desacuerdo. Después, en el Banco Mundial, aprendí de Guillermo el valor de escuchar, aun cuando se tiene una perspectiva muy diferente del interlocutor, y de ser consciente de los prejuicios que trae uno por formación académica o experiencias de vida. Y por sobre todo, aprendí a no temer abandonar posiciones equivocadas o revaluadas. Guillermo tenía el coraje de Churchill, de pararse a hablar cuando había que hacerlo, y de sentarse a escuchar cuando era necesario. En Guillermo se cristalizaba el equilibrio entre ambas facetas, al tiempo que era divertido, gallardo, y respetuoso de sus interlocutores. Ojalá podamos seguir sus huellas y viviremos una vida más tranquila y tendremos un país mejor.

 

Un alma joven que vivió cinco vidas

Ana María Ibáñez

Guillermo fue una presencia intermitente en mi vida. Lo conocí primero como amigo entrañable de mi padre. Después nos convertimos en colegas. En sus últimos años tuve el privilegio de compartir con Guillermo sus años de académico. Fuimos colegas. Fuimos amigos. Guillermo fue un consejero invaluable en todos estos años. Su sabiduría y generosidad fueron siempre mi refugio en las decisiones difíciles. Me empujó a a tomar riesgos, no sin cierta picardía en su mirada, que por mi personalidad cautelosa no habría tomado nunca.

Ser testigo de sus años en la Facultad fue un privilegio.  Guillermo era disciplinado, comprometido, entregado a sus estudiantes, sus colegas y a la Facultad. Gozaba preparando las clases. Gozaba a sus estudiantes. Hacía cambios constantes en sus clases para estar a tono con las innovaciones pedagógicas que se nos ocurrían. Usaba los últimos desarrollos econométricos. Estudiaba nuevos temas. Era un alma joven.

Con la Facultad de Economía y la Universidad de los Andes fue en extremo generoso. Le dedicaba tiempo de más a ayudar en las grandes iniciativas y en los pequeños detalles. Guiaba a la facultad en momentos difíciles como sabio de la tribu. Opinaba cuando discutíamos nuevas propuestas o reglas del juego. Se ajustaba y competía con las reglas de la Facultad. Era un alma joven.

Guillermo se fue joven. Todavía tenía tanto para dar, aprender, gozar y vivir. Su intensidad lo llevó, sin embargo, a vivir cinco vidas. Disfruto cada segundo con intensidad ya fuera en una reunión interminable del Comité de la Regla Fiscal, un seminario CEDE o un concierto de música clásica.  Nos quedan muchas enseñanzas. Tomaré como propia su ejemplo de vivir a profundidad cada segundo de vida.

Buen viaje Guillermo. Gracias por tanto.

 

Las capacidades del “chino Perry”

Roberto Junguito

Mi amistad y colaboración con Guillermo Perry se inició en la Universidad de los Andes cuando éramos estudiantes y fuimos delegados para organizar una semana cultural universitaria. Hacia 1969, hace ya cincuenta años, fuimos, por primera vez, compañeros de trabajo en el Departamento Nacional de Planeación DNP a finales de la Administración Lleras Restrepo. Guillermo estaba a cargo de la Unidad de Programación Presupuestal y yo de la Unidad de Estudios Industriales y Agrarios. A inicios de la Administración Pastrana, Perry y yo estábamos presentando documentos en un CONPES cuando vivimos el enfrentamiento verbal de nuestro Jefe Jorge Ruiz Lara con el Presidente de la República; el abandono repentino de nuestro Jefe del salón y su renuncia al cargo, en lo que desembocó  también en nuestra salida del DNP y nuestro traslado a FEDESARROLLO donde Guillermo y yo compartimos oficina y allí, bajo la Dirección de Rodrigo Botero y junto con otros compañeros, escribimos el primer número de la Revista Coyuntura Económica y preparamos los primeros informes de investigación.

Al inicio de la Administración López Michelsen, Perry, junto con Rodrigo Botero, quien había sido designado Ministro de Hacienda y otros investigadores de FEDESARROLLO, pasaron al Ministerio de Hacienda donde Guillermo tuvo a su cargo los asuntos de impuestos nacionales. En la realidad este fue el primer cargo público donde el país tuvo la oportunidad de apreciar las verdaderas capacidades del «chino Perry». Guillermo fue el encargado de preparar y poner en marcha la reforma tributaria estructural más importante que ha sido adelantada en Colombia. En el entretanto yo quedé a cargo de la dirección de FEDESARROLLO con la responsabilidad de opinar públicamente sobre la política económica desarrollada por los antiguos compañeros de trabajo.

Guillermo Perry fue Ministro de Minas y Energía durante la Administración Barco desde donde contribuyó a la institucionalización del sector. Pero lo más destacable es que Perry no se limitó a ser un economista académico y un funcionario público, como la mayoría de nosotros sus compañeros de generación. Se desempañó como congresista y como miembro de la Asamblea Nacional Constituyente donde contribuyó al orden económico establecido en esta. Fue Ministro de Hacienda durante la Administración Samper Pizano y se vanagloriaba con mucha razón de haber podido lograr la aprobación del Congreso de un aumento del IVA en el momento difícil de los debates públicos del proceso 8000. En esos años de su Ministerio de Hacienda yo desempeñaba el cargo de miembro de la Junta Directiva del Banco de la República y por lo tanto interactuábamos semanalmente.

Durante las administraciones en que no participó oficialmente, Guillermo fue siempre un gran analista de la coyuntura económica y contribuyó de manera positiva a la formulación de la política económica, ya fuese desde FEDESARROLLO donde fue investigador y Director; desde su catedra de economía en la Universidad de Los Andes; desde su posición por cerca de diez años como economista jefe  para América Latina del Banco Mundial, así como miembro de Comisiones Económicas del gobierno, como columnista habitual, profundo y perceptivo en el periódico El Tiempo o simplemente como asesor ad-honorem de sus compañeros quienes desempeñábamos altos cargos en otras administraciones. Durante todos esos años mantuvimos contacto permanente e intercambiábamos y confrontábamos ideas sobre el acontecer económico nacional. El lunes 23 de septiembre, unos tres días antes de su fallecimiento, tuvimos nuestro último encuentro. Me había invitado Adolfo Meisel, rector de la Universidad del Norte en Barranquilla a comentar con Guillermo y con Antonio (Toño) Hernández el libro de Perry titulado Decidí Contarlo. Al regresar con él desde Barranquilla nunca me imaginé que esa iba a ser nuestra despedida final. La despedida del amigo y del quizás más destacado compañero economista que he tenido.

 

Para Guillermo Perry, con agradecimiento y cariño

Santiago Levy

Se fue, demasiado pronto, un campeón del desarrollo de nuestra Región. Perdió su familia, perdió Colombia, y perdimos todos.

Yo tuve la fortuna de disfrutar de su amistad, y de aprender de él, por más de 30 años. Siempre ví en él al ejemplo del economista latinoamericano: analíticamente sólido, bien informado, con gran interés por la política pública, y siempre dispuesto a ayudar, participar, contribuir y debatir. Mi deuda con él es muy grande.

En los primeros meses de 1995, cuando México sufría la Crisis del Tequila, Guillermo era funcionario del Banco Mundial y yo del gobierno de México. Recuerdo entonces recibir una llamada de él, preguntándome en que podía ayudar. La situación era muy complicada, y sin duda necesitabamos ayuda. ¡Que grata llamada! Hablamos muchas veces, y su experiencia previa en el gobierno de Colombia, y su amplísimo conocimiento, me fueron muy útiles. Ahí nació la deuda.

Algunos años después, en 2003, empezaba el gobierno de Lula en Brasil y se debatían opciones de programas contra la pobreza. Otra vez una llamada de Guillermo: “Santiago, ¿estarías dispuesto a compartir la experiencia de Progresa con el nuevo gobierno de Brasil?” Nos encontramos en Brasilia, y la intervención de Guillermo fue clave para el tránsito de Bolsa Escola a Bolsa Familia. Yo, por supuesto, quede muy contento por la oportunidad. Ahí creció la deuda.

Poco después, mi deuda se acrecentó a raíz de un reporte sobre informalidad que Guillermo dirigió estando en el Banco Mundial (Informality: Exit and Exclusion). Lo leí cuando yo estaba en el gobierno y no tenía tiempo para ir a seminarios académicos. El reporte me ilustró sobre un tema que yo sabía poco pero me intrigaba mucho, y me abrió nuevas avenidas de investigación.

No pasaron muchos años para que mi deuda siguiera creciendo. En 2005 deje el gobierno de México y Guillermo me abrió las puertas del Banco Mundial. Por cosas de la vida, acabe en el BID. Para entonces Guillermo ya vivía en Bogotá, pero estaba en Washington con frecuencia para reuniones y seminarios con los multilaterales y los think tanks. Y en cada ocasión, además de encontrarme a un amigo, me encontraba a alguien del que seguía aprendiendo. Y la deuda seguía creciendo.

Guillermo escribía papers y reportes de gran calidad técnica, y participaba y aportaba en todos los foros relevantes. ¿Quién no leyó y aprendió de uno de sus papers, reportes o libros?  ¿Cuántas veces habrá participado en una reunión anual de Lacea?  ¿Cuántas veces habrá estado en Buenos Aires, en Lima, en Rio, en Caracas, en La Paz, en Sao Paulo, en Santiago o en la Ciudad de México?  ¿A cuántos presidentes y ministros habrá asesorado?

Nuestra deuda con Guillermo es inmensa. Y la mejor forma de pagarla, además de recordarlo siempre con cariño y afecto, es intentar ser como él, campeones del desarrollo de nuestra Región.

Un economista vital y generoso

Eduardo Levy Yeyati

A Guillermo lo conocí en 1996, como ministro, en mi primera misión con el FMI. Discutimos sobre sostenibilidad fiscal (eran los años de la descentralización) pero a pesar de eso pegamos onda: yo, economista verde e imberbe, porque apreciaba la calidad política e intelectual de Guillermo y de su equipo; él, porque era, antes todo, una persona abierta generosa.

Lo volví a cruzar al inicio de mi carrera académica, como economista jefe para América Latina del Banco Mundial, donde realizó la hazaña de convertir a una oficina funcional a las operaciones de préstamo en una usina de investigación que compitió y complementó al departamento de estudios del banco y le permitió incidir en la agenda del debate económico en la región –porque parte de su generosidad radicó en la manera en que Guillermo orientaba y hacía jugar a su equipo, a todos los que tuvimos la suerte de trabajar con él.

Ví a Guillermo por última vez el 27 de agosto, cuando presentó su capítulo para el libro de los 50 años de la CAF y, un poco antes, el 13 de agosto, en la última video conferencia del grupo de trabajo sobre red de seguridad financiera que convocó el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) y que Guillermo inició y lideró hasta el final. Hiperactivo hasta el final. Uno de los pocos consuelos de su partida temprana es pensar que tuvo una vida plena, que hizo de todo hasta el final y que dejó pocas cosas por hacer y, anticipándose al destino, menos por terminar –incluyendo sus memorias, que presentó en sociedad pocos días antes de su fallecimiento.

Durante los más de 20 años en que me honró con su amistad, nunca dejé de colaborar con él, siempre con la misma impresión: Guillermo era una persona vital, productiva y motivada, y esa vitalidad y motivación fue una externalidad enorme para todos los que lo conocimos y nos beneficiamos de las ideas que él derramaba –ideas que perduran en cada uno de los trabajos, libros e informes que escribió y ayudó a escribir.

Pero Guillermo no fue sólo un armador de juego; también fue un generalista con mirada política, de esos imprescindibles que tanto aportan –y tanto faltan– en el ámbito de las políticas públicas. (No lo conocí como político, pero de conocerlo como persona sólo puedo pensar en el inmenso privilegio que tuvo Colombia en contar con alguien de su calibre como ministro y legislador.)

Querido Guillermo, te vamos a extrañar, pero siempre estarás cerca.

Perry académico

Eduardo Lora 

Guillermo Perry no fue un académico aislado de la realidad, como es común en la profesión de economista en la actualidad. Nunca se dedicó a la teoría ni a a la especulación, sino a la solución de problemas, como se comprueba de principio a fin en su libro Decidí Contarlo. Pero la impresión que deja este libro es errada en un sentido muy importante: Guillermo hizo contribuciones académicas profundas, que no aparecen reflejadas en el libro. Eso no se debió a omisión suya, sino a que el manuscrito resultó muy largo, y por eso decidió que los capítulos “internacionales” fueran publicados después, quizás en otro libro.

Esos capítulos “internacionales” se ocupan de sus años en el Banco Mundial en Washington (1997-2007). Por deferencia de Isa López, su entrevistadora, han llegado a mis manos y he disfrutado su lectura tanto como disfruté todo lo anterior.

Guillermo dice que ese fue el período más productivo de su vida académica, y que eso fue “gracias a haber escogido como colaboradores a algunos de los más reconocidos investigadores del Banco, como Luis Servén, Bill Maloney, Chico Ferreira, Michael Klein, Danny Leipziger, Eliana Cardoso, Norman Loayza, Sergio Schmukler, Augusto de la Torre, Daniel Lederman, Emiliana Vega, e Indermit Gill”.

Haber reunido semejante equipo de investigadores fue el resultado de las habilidades negociadoras de Guillermo, quien para entrar al Banco logró poner como condición que le dieran recursos y libertad de armar un verdadero centro de investigación sobre los problemas de desarrollo de América Latina. Y haber conseguido que trabajaran en forma concertada en la producción anual de ambiciosos “informes” de investigación fue además el producto de su carisma y su capacidad aglutinadora (tan diferente del ambiente que suele respirarse en esas burocracias).

Uno de los primeros informes, o flagships, como se llamaban en la jerga del Banco Mundial (“publicación emblema”, diríamos) fue el dedicado a las instituciones. Dicho ahora parece un asunto casi trivial: ¿qué economista medianamente sensato puede desconocer la importancia de las instituciones para el desempeño económico y social de un país? Bueno, pues a mediados de la década de los noventa prácticamente todos los economistas influyentes en la academia o en la gestión de políticas de desarrollo ignoraban olímpicamente los asuntos institucionales. En esa época había una gran obsesión con las “reformas estructurales” del Consenso de Washington, que solo hacía mención a los derechos de propiedad como posible barrera institucional para el crecimiento económico. Fue por eso que Guillermo le puso como título al informe “Mas Allá del Consenso de Washington: Las Instituciones Importan”.

Esta publicación tuvo una gran influencia dentro y fuera del Banco Mundial, como casi todas las que dirigió Guillermo, pues otras de sus habilidades eran saber comunicar los resultados de las investigaciones en forma clara, amena y persuasiva (como es su libro) y convencer a la gente clave en posiciones directivas o en los gobiernos para que adoptaran sus recomendaciones. “Las ideas rara vez vuelan solas sin alguien que las encarne y las explique y logre convencer a los demás de que les ha llegado su hora”.

En alianza con Joe Stiglitz, quien había llegado al Banco Mundial como Economista Jefe (a nivel mundial, pues Guillermo lo era a nivel regional), convencieron al presidente del Banco de que la gobernabilidad y el control de la corrupción debían ser objetivos prioritarios de la labor del Banco en los países. Hasta entonces el Banco había tenido como prioridad la infraestructura física y  “se hacía el de la vista gorda con respecto a la corrupción en el uso de los recursos propios de los países y no contribuía a mejorar las instituciones locales”. Pero a partir de ahí, el Banco se convirtió en el líder mundial para mejorar los procesos de contratación y licitación y la transparencia en el uso de los recursos públicos de los países.

En la parte no publicada de Decidí Contarlo, Guillermo habla de la influencia que tuvieron otras publicaciones que él dirigió, como Desigualdad en América Latina: ¿Rompiendo con la Historia?  (2004) y De los Recursos Naturales a la Economía del Conocimiento (2002). No quiero abusar de la paciencia del lector hablando sobre estos libros pero sí quiero mencionar que para mí fueron muy importantes, ya que tratan sobre temas a los que les he dedicado mi propio trabajo y en los que aun sigo investigando en parte gracias a que Guillermo me inspiró con sus ideas.

Fui muy privilegiado en haber tenido su amistad y en haber podido intercambiar opiniones y debatir propuestas de política sobre muchos temas. Debo confesar que casi siempre era él quien tenía la razón. Me ha quedado todavía más claro al leer la parte no publicada de su libro, que ojalá vea la luz pública pronto.

 

Un imprescindible

Bill Maloney

Guillermo Perry was a force of nature.  That such forces are expected to persist explains something of the disorientation that many of us feel with his passing.  We can praise his technocratic skills, which were formidable, or his inspired teaching, or his mentoring- indeed I learned how to be a chief economist living Guillermo’s triumphs and failures.   But after several days of contemplation, I return to his singular quality- a persistence and, in fact,  bullheadedness in pursuit of his objectives-whether constructing a Chief Economist office that might nudge the IBRD more toward being a true knowledge bank,  or advancing Latin American development.  The man had trouble taking no for an answer.

Equally important, however, this intensity and persistence were accompanied by an absolute joy in life in its entirety. He could be excited about discussing Orhan Pamuk’s “Snow” on the train from London to Cambridge, as well as singing his own Vallenato “Pero Que Pasó?” with a full conjunto in Balsillas.  And he recognized and cultivated other’s curiosities and passions.  Most clearly I remember an afternoon in Pacho where we sat by his lake for hours while he entertained my backlog of questions about the history and political economy of Colombia, deep in details and with infinite patience.  As would frequently become the case as he moved from Patrón to eventually friend, over a decent bottle of Rioja he would share abundantly and passionately the accumulated insights of decades.

From my current vantage point, this combination seems essential as we grow to realize, in fact, how formidable and durable the obstacles to progress can be.  Those who keep pushing on to the end, but always with a good joke at the ready, preferably in Italian, are, indeed, the imprescindibles.  We will sorely miss Guillermo.

 

La construcción de una sociedad más justa y próspera

Astrid Martínez

Allá, en los años setenta, Perry fue profesor de tributaria en la Universidad Nacional. A veces, lo reemplazaba Jaime Vásquez, su subdirector de impuestos nacionales.  Acudía en su Renault 4, usaba calzonarias y fumaba puros. Para nosotros, los estudiantes de economía, sus clases nos abrían una ventana al mundo de la academia estadounidense y en alguna medida de la izquierda americana, al igual que lo hicieron Salomón Kalmanovitz, Clemente Forero y Luis Jorge Garay, la gente que venía de afuera, con inquietudes sobre el desarrollo, con perspectivas socialdemócratas, que se sumaban a las de algunos profesores egresados de la Nacional como César González Muñoz, Luis Bernardo Flórez y Jesús Antonio Bejarano.

Con ellos, y con algunos de sus discípulos de la Nacional, Perry se encontraría años más tarde en diferentes entidades del gobierno, en especial, en el gobierno de Samper. En el PEG de la Universidad de los Andes, José Antonio Ocampo y Manuel Ramírez Gómez contribuyeron a mi formación en un mundo de intersecciones ideológicas, donde prima el compromiso con lo público y la exigencia del rigor. A todos ellos, y a otros que me excuso por no nombrar -la lista es larga-, y a mi propia síntesis, alimentada además por la academia brasilera de la UNICAMP, les debo lo que soy como economista.

El ingrediente adicional, que distingue a Guillermo de otros economistas sobresalientes, fue su activismo político y por encima de todo, su participación en la Constituyente. Varios asuntos centrales de las reformas del gobierno de Gaviria en el campo de la política energética, de servicios públicos y de la banca central, hasta donde sé, se habían plasmado en la Constitución Política debido a su aporte y capacidad para convencer y orientar las reformas en el sentido en que se dieron: consagrar la figura del Estado Social de Derecho, que combina los objetivos de tener una economía de mercado, con la protección de los derechos económicos, sociales y culturales, en la línea en que se estaban dando reformas en la región latinoamericana y en otras naciones en desarrollo.

“Las personas sí hacen la diferencia”, afirmó Perry en la entrevista que le hizo Mauricio Reina, en días pasados. Es por ello, que la persona que fue Guillermo Perry Rubio merece nuestro homenaje y el llamado a las nuevas generaciones a participar en la construcción de una sociedad más justa y próspera, con el uso del conocimiento y los instrumentos de la profesión.

 

“Apuéstenle a lo público”

Luis Fernando Mejía

Se fue un gran economista, una extraordinaria persona, un intelectual de quilates que dedicó su vida a perseguir el bien común desde la política pública. Fueron numerosos sus cargos de altísima responsabilidad en Colombia y en el mundo, en donde siempre mezcló exitosamente su rigurosidad técnica, su cualidad para buscar consensos y su pragmatismo.

Uno de sus mensajes centrales durante sus últimos meses, incluido en su libro “Decidí contarlo”, se dirigía especialmente a los jóvenes. “Apuéstenle a lo público”, repetía frecuentemente. A pesar de la corrupción y la politiquería, Guillermo creía firmemente, creo con razón, que la historia de estabilidad macroeconómica del país se debe en gran parte a la fortaleza de nuestra tecnocracia, que consideraba importante continuar cultivando y atrayendo al servicio público.

A Guillermo lo conocí personalmente en el 2012, cuando yo era director macro en el Ministerio de Hacienda y secretario técnico del comité consultivo de regla fiscal. Cuando con el entonces ministro, Mauricio Cárdenas, discutimos la conformación del comité, el nombre de Guillermo fue naturalmente el primero en la lista. No había mayor experto en temas fiscales y tributarios en el país. Siempre fue la voz líder en el comité, repitiendo insistentemente la necesidad de ahorrar más ante una eventual destorcida de los precios de petróleo, que en efecto llegó apenas dos años después.

Nos volvimos a encontrar en noviembre de 2018 con mi llegada a la dirección de Fedesarrollo. De manera generosa, dedicó varias horas de su tiempo a aconsejarme, a darme su visión sobre los temas estratégicos en los que debería estar la institución. Me acompañó en reuniones con potenciales donantes. Me ayudó a ponerme en contacto con centros de pensamiento a nivel mundial. Una generosidad sin límites.

Guillermo, de nuevo con su característica generosidad, accedió a dar la charla de apertura de un evento de centros de pensamientos de la región organizado por Fedesarrollo. La charla fue el pasado lunes 23. Viajó desde Barranquilla, en donde estaba presentando su libro en compañía de algunos de sus buenos amigos. Cuando llegó a Bogotá, hablamos sobre el tema. Le sugerí que hiciera una pequeña gira en Colombia presentando su libro. No lo tenía en sus planes. “Pero de golpe sería útil”, me dijo, usando una de sus frases preferidas.

Hizo una extraordinaria presentación. Dio una visión del desempeño económico y fiscal de los países de la región en lo corrido del siglo XXI. Propuso una agenda estructural, enfocada en productividad, diversificación productiva y capital humano. Su conocimiento de los pormenores económicos y políticos de cada país de la región sorprendió a quienes no lo conocían. Quienes ya lo conocíamos, también quedamos sorprendidos. Ese era el calibre del bagaje intelectual de Guillermo.

Con su partida, Guillermo deja un enorme vacío en su familia, amigos y estudiantes, en Fedesarrollo y en las instituciones a las que pertenecía, pero especialmente en el país, al que tanto tiempo de su vida le dedicó. Pero deja también un enorme legado de contribución al desarrollo económico, una formidable producción intelectual, y una gran alegría en quienes tuvimos la fortuna de aprender de él, con su mente privilegiada, generosidad y sencillez. Gracias por todo, querido y apreciado Guillermo. Nos harás mucha falta, pero tu huella perdurará por siempre.

 

En su tercera juventud

Marcela Meléndez

No me acuerdo cuándo hablé por primera vez con Guillermo Perry. Fue una persona tan presente en mi vida de economista que tengo cruzadas las líneas del tiempo. Fue también mi querido amigo.

Recuerdo largas conversaciones sobre momentos clave de la historia de Colombia en los que estuvo presente; sus reflexiones sobre la constituyente de 1991; su dolor por sentir el plan de gobierno que ayudó a delinear interrumpido y traicionado por Ernesto Samper Pizano. También recuerdo largas conversaciones sobre libros. Lo veo, incluso, leyéndome en voz alta en algún avión apartes del libro que en ese momento lo tenía apasionado. Recuerdo trabajar juntos. Recabar la historia de la política industrial en Colombia. Escribirla para repensarla. Volver una y otra vez sobre la industria de gas natural que él, como Ministro, había ayudado a posibilitar. Su afán por ayudar a redirigir el rumbo de esa industria. Nuestras discusiones sobre el tema regulatorio.

Una cosa que me impresionó siempre fue su claridad acerca de los campos de conocimiento en los que necesitaba de otros. No era un econometrista, pero sabía reconocer cuando la tesis de un alumno planteaba un reto econométrico y aconsejarlo para buscar el apoyo correcto. Por lo mismo, fue un gran conformador de equipos de trabajo. Me honra haber sido parte de varios de ellos. Aprendí montones en esa interlocución profesional.

Nuestros últimos intercambios fueron sobre el sector de infraestructura de transporte. Estaba muy preocupado con que el nuevo gobierno no entendiera la necesidad de construir sobre lo que dejaba el anterior. Siempre pensando en el país. Siempre tratando de aportar. En una nota más personal, recuerdo también su respaldo incondicional en varios momentos de mi vida.

Perry se fue demasiado joven. En la plenitud de una vida productiva, con ganas de seguir haciendo y disfrutando cosas. En su tercera juventud, como dijo en una de sus columnas recientes a la que le puso el título maravilloso de «Celebrar la vida«. La noticia inesperada de su fallecimiento ha sido devastadora para mi. Lo extrañaré siempre.

 

Convivencia entre ingeniería y economía

Jaime Millán Angel

En el verano de 1969 hacía cola para registrarme con José Manuel Mejía en un seminario sobre aplicación de programación matemática a los recursos hidráulicos en Colorado State University cuando alguien me tocó el hombro y me dijo:  Hola Jaime. Era Guillermo, quién había sido enviado por MIT, donde estudiaba, y allí mismo empezó una relación de toda la vida de la cual nunca terminé de beneficiarme. Guillermo se convirtió de inmediato en el líder del grupo de estudiantes que analizó el sistema del río Bogotá como un estudio de caso. Después del seminario Guillermo nos acompañó a mi esposa y a mí en el viaje de regreso hasta Arizona, donde yo estudiaba mi maestría atravesando las Montañas Rocosas y pasando por el Gran Cañón del Colorado, en donde estuvo horas extasiado contemplando aquella maravilla. Durante el viaje, que duró un par de días, Guillermo me dio las ideas para completar un trabajo de grado en el que me encontraba estancado. Cuatro años después, a mi regreso una vez terminado mi doctorado en Colorado State me encontraba trabajando en Medellín y Guillermo, quién para ese entonces era el director del CEDE en la Universidad de los Andes, me propuso me fuera a los Andes como profesor a la facultad de economía y liderara una investigación financiada por Resources for the Future sobre planificación de Recursos hidráulicos. Una vez allí, gestioné la vinculación de José Manuel Mejía a la Facultad de Ingeniería para participar en la investigación. Allí, empezó una colaboración que más tarde se concretaría en la firma Mejía Millán y Perry.

Guillermo fue mi carta de presentación al mundo académico, político y cultural capitalino de esa época. Me acogió en su casa mientras conseguía donde vivir, compartí sus inquietudes políticas, sus amigos – Alberto Brugman, Dionisio Ibañez, Antonio Barrera y Eduardo Aldana entre otros- y tuve la fortuna de tener su consejo para todo mi quehacer académico. Conocí los borradores de la tesis doctoral que preparaba bajo la dirección de Solow y fui testigo de las largas jornadas de trabajo con Jaime Vásquez e Iván Obregón preparando los análisis para el diseño de la reforma tributaria de 1974; hasta les pedalié algunas veces manejando una calculadora de mano. Fue una época de una gran intensidad intelectual en la que simultáneamente trabajaba en su tesis, preparábamos un texto de evaluación social de proyectos, escribíamos documentos para la campaña presidencial de Hernando Echeverry, el candidato de la oposición, asistíamos a cuanto evento cultural se presentaba, viajábamos al campo y rumbiábamos sin parar.

Tras su vinculación al gobierno de López, dediqué más tiempo a la consultoría en modelos de planificación energética y eventualmente fundé junto con José Manuel Mejía y mi hermano Álvaro la firma Mejía y Millán para trabajar en energía y recursos hídricos; con la que ocasionalmente Guillermo colaboraba. Recuerdo muy bien un sábado en la mañana en que Guillermo me invitó a un baño turco en el club los Lagartos y en medio del vapor me dijo: Jaime, no me encuentro muy a gusto trabajando en Fedesarrollo, y yo sin titubear le dije: Eres bienvenido en Mejía y Millán como socio. Allí nació Mejía Millán y Perry, una aventura intelectual en la que compartimos con un grupo de colaboradores de gran talento durante casi cuatro años en la ejecución de estudios pioneros con el empleo de técnicas sofisticadas como la evaluación del Programa de desarrollo Rural Integrado DRI, la expansión del sector fertilizantes, la evaluación de proyectos eléctricos y de adecuación de tierras y el primer Estudio Nacional de Energía que Guillermo describe en su libro Decidí Contarlo. Mejía Millán y Perry fue un sitio sui generis en donde se mezclaban las disciplinas de la Ingeniería y la economía lideradas por las dos personas más talentosas que he conocido: José Manuel Mejía y Guillermo, mientras yo me esforzaba por mantenerme a flote entre las dos[1]. Recuerdo con nostalgia las largas horas que pasábamos debatiendo las estrategias a seguir en un esfuerzo de creación colectiva con la participación de todo el equipo y la forma como Guillermo dictaba luego sin parar por horas los informes a nuestra secretaria Elizabeth Marroquín en una oficina apestada por el humo de los tabacos que fumaba. Aquella convivencia entre Ingeniería y Economía produjo unos frutos extraordinarios en la medida en que muchos ingenieros que trabajaban con nosotros se volvieron luego economistas destacados, como es el caso de Luis Fernando Alarcón, Jorge Ramírez, Sergio Ardila y Efraín Rueda.

La Consultoría en Colombia en esa época era una ocupación de alto riesgo por la tardanza en los pagos de las entidades oficiales así que a mediados de 1982 me escapé por un par de años para el BID en Washington, años que se fueron prolongando en forma indefinida. Con el retiro de Guillermo, una vez nombrado ministro de Minas, llevaron al cierre de la oficina unos años más tarde.  Con el transcurso de los años, ya en caminos diferentes, nos cruzamos durante su estadía en Washington y ocasionalmente en Colombia, pero siempre continué beneficiándome de su consejo, el cual nunca fue avaro en prodigar. Ese toque en el hombro en el verano de 1969 que definió mi carrera no fue el único que dio Guillermo como puede apreciarse del testimonio agradecido de tanta gente que tuvo la suerte de encontrarlo en su camino.

[1] Cuando era requerido realizábamos alianzas con otras firmas de excelencia como fue el caso con Econometría Ltda y Consultores Unidos en el Estudio Nacional de Energía

 

Una persona muy querida y muy querible

Andy Neumeyer

Siento una gran tristeza por el fallecimiento de Guillermo Perry. Una persona muy querida y muy querible. Conocí a Guillermo hace unos veinte años. Recuerdo su amor por el arte de la conversación. Horas de intercambios acerca de los problemas de Colombia, la región y el mundo. Conversaciones en las que, como buen intelectual y político, siempre tenía algo que aportar y se interesaba por escuchar y entender el punto de vista del otro.

Una de aquellas conversaciones que más recuerdo, tuvo lugar en Santa Cruz de la Sierra, y se centró sobre el debate de la extradición en la asamblea constituyente de 1991.  Ese día Guillermo compartió conmigo los riesgos que tomó al poner lo que el creía que era el interés público por encima de su interés personal. Una anécdota que registra su liderazgo, valentía, honestidad y convicciones.

Guillermo aportó mucho a la construcción institucional para el desarrollo de la enseñanza de la economía y de la investigación en la región desde el Banco Mundial, GDN y LACEA y su participación en innumerables actividades en la región. Los dejo con las contribuciones de Guillermo a este espacio de reflexión sobre la región.

Ley de Financiamiento y la Regla Fiscal, 28/2/2019

Un caso de éxito: El nuevo programa de concesiones de carreteras en Colombia y la financiera de desarrollo nacional, 8/5/2018

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Salud sin Barreras, 14/5/2013

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Historia de una Crisis Anunciada?, 4/10/2011

La Constitución de 1991 y el Desarrollo Económico Y Social, 21/6/2011

Retos macro-financieros en América Latina, 5/4/2011

 

Promotor y analista de políticas

José Antonio Ocampo

La temprana e inesperada partida de Guillermo Perry nos ha consternado a sus amigos y colegas. Casi como un presagio, hace pocas semanas lanzó su libro “Decidí contarlo” con sus memorias del último medio siglo durante el cual fue un actor importante en los debates económicos y políticos colombianos. Gracias, Guillermo, por dejarnos estos recuerdos y reflexiones por escrito.

Guillermo fue ante todo un gran promotor de mejores políticas económicas y un brillante analista de dichas políticas. Se destacó en particular en dos campos: la política fiscal, incluyendo la tributaria, y la de petróleo y gas. Fue, además, en esos campos donde ejerció los cargos de Ministro de Estado. En torno a sus análisis de políticas económica, dejó también un importante legado académico y en los últimos años un cúmulo de columnas de prensa con agudos análisis de las controversias contemporáneas.

En materia tributaria conviene resaltas las reformas de 1974 y 1995. La primera fue una de las pocas reformas verdaderamente estructurales del último medio siglo, y la segunda esencial para financiar el plan de desarrollo “El salto social” y hacer cumplir los mandatos sobre derechos sociales consagrados en la Constitución de 1991.

Nuestra colaboración más estrecha tuvo lugar durante la Administración Samper. Quiero recordar en particular tres normas que se derivaron de nuestro trabajo conjunto. La primera fue el Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera, que buscaba crear un mecanismo de manejo macroeconómico de las bonanzas petroleras similar al Fondo Nacional del Café. Este instrumento fue debilitado por las administraciones posteriores y por eso el país careció de un mecanismo de ahorro de las bonanzas petroleras que tuvieron lugar entre 2004 y 2014.

El segundo fue la creación de un mercado interno moderno de bonos de deuda pública, apoyado por los llamados creadores de mercado. Este instrumento se comenzó a diseñar durante su período como Ministro y lo lancé como su sucesor, en ambos casos con la colaboración de nuestro común director de crédito público, Clemente del Valle. El tercero fue la llamada “ley de semáforos”, que frenó el excesivo endeudamiento de los departamentos y municipios durante los años noventa, y que lancé como ministro.

En una historia del Banco de la República que se está elaborando con base en las actas de la Junta, me enteré además de nuestra común interpretación de los objetivos del Banco bajo la Constitución de 1991, tema sobre el cual nunca hablamos en la época. Tanto él, obviamente como uno de los redactores de la norma correspondiente, como ambos, como presidentes de la Junta del Banco en calidad de Ministros de Hacienda, defendimos la visión según la cual, dentro del objetivo de la política monetaria de lograr metas adecuadas de inflación, el Banco no podía ignorar la evolución del empleo y la actividad económica. Es interesante que la Corte Constitucional nos dio a ambos la razón en una famosa sentencia dictada de 1999.

Durante su período como economista jefe del Banco Mundial para América Latina, que correspondió a la época en que yo dirigí la CEPAL y luego el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, también tuvimos oportunidad de intercambiar opiniones sobre la región. Quiero resaltar la manera como ayudó a cambiar la agenda del Banco Mundial más allá de las reformas de mercado, especialmente los análisis que se comenzaron a hacer sobre temas de la desigualdad en la distribución del ingreso en América Latina, con visiones que compartimos.

Cabe agregar que no siempre estuvimos de acuerdo. Sin embargo, aunque no se conoce públicamente, él fue clave en mi decisión de aceptar sucederlo en el Ministerio de Hacienda. Me llamó específicamente a pedírmelo, lo que para mí representó un cambio en el plan de irme dos años de profesor visitante a la Universidad de Oxford. En el lanzamiento de su libro “Decidí contarlo” fue también muy generoso con aquellas personas que decidimos continuar trabajando en la Administración Samper.

El país ha perdido un excelente economista y yo un gran amigo. Nos harás mucha falta, Guillermo.

(Este artículo fue preparado originalmente para la revista Dinero)

 

Trabajar con Guillermo era vivir la historia

Mauricio Olivera

Tuve el placer y el honor de trabajar con Guillermo Perry. En el año 2009 cuando él regresó de su trabajo como Economista Jefe para América Latina del Banco Mundial, yo era Investigador Asociado de Fedesarrollo. Recuerdo que el primer trabajo juntos lo logramos ganando una convocatoria de la Red de Centros de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo cuyo objetivo era investigar la economía política de las reformas fiscales en América Latina. Era una convocatoria novedosa por varias razones. Entre ellas, más que un estudio econométrico, era un estudio cualitativo sobre las características del proceso político y económico que permitía hacer reformas tributarias, de descentralización y del gasto.

Para mí lo novedoso era hacer esa investigación con Guillermo Perry, quien ya había implementado dos reformas tributarias, la reforma tributaria estructural de 1974, puesta en marcha por emergencia económica y ratificada luego por el Congreso, y la de 1996, que creó el IVA Social, aprobada en un contexto de muy baja gobernabilidad debido al proceso 8.000 de Ernesto Samper, y quien además había sido Constituyente en la reforma constitucional de 1991.

La hipótesis central de esta investigación era que la reforma constitucional de 1991, en la cual uno de los objetivos fue ampliar la participación política, tuvo algunas consecuencias imprevistas, como dificultar la implementación de las reformas, porque obligaba a discutir y coordinar con muchos más partidos y fracciones políticas. Por esto, la reforma tributaria estructural de 1974 fue mucho más fácil de implementar -eran dos partidos- mientras que desde la década de los 90 ha sido imposible implementar una reforma estructural.

Trabajar este tema con Guillermo era vivir las reformas. Hicimos un trabajo interdisciplinario con Mónica Pachón, en ese momento profesora en la facultad de Ciencia Política de la Universidad de Los Andes, y le hicimos entrevistas a todos los actores importantes de las diferentes reformas, desde el Presidente Cesar Gaviria hasta casi todos los Ministros de Hacienda y Directores de Planeación que habían vivido las reformas como Rudolf Hommes, Roberto Junguito, Juan Camilo Restrepo, y Juan Carlos Echeverry, dirigentes gremiales como María Mercedes Cuellar, Rafael Mejía y César Gónzalez, y senadores como Cecilia López y Rodrigo Lara. Las discusiones en estas entrevistas eran increíblemente profundas e ilustrativas del proceso de discusión y aprobación de las reformas.

Fue un año de intenso y gratificante trabajo con Guillermo. Luego, nos enfocamos en el tema del petróleo, y después de varias investigaciones, publicamos el libro “Petróleo y minería ¿bendición o maldición?”. El libro se lanzó en el 2012, unos años antes de la caída del precio del petróleo. Nuestras hipótesis de investigación en este libro plantean la terrible situación que actualmente está viviendo nuestro vecino país, Venezuela.

Recuerdo una tarde que dedicamos a trabajar la economía política de las reformas, y en el computador de Guillermo sonaba Norah Jones. Pasamos gran parte de la tarde hablando de Jazz, y durante algún tiempo Guillermo me hizo llegar boletas del festival de Jazz del Teatro Libre, donde él era miembro de la Junta Directiva. Trabajar con Guillermo Perry fue un placer. Un aprendizaje intenso, y una admiración profunda. Nos dejó un gran economista y un gran ser humano.

 

El cambio social es posible

Mónica Pachón

Conocí a Guillermo Perry en los noticieros nacionales. Dada mi fascinación por la política, el nombre de Guillermo aparecía una y otra vez. Y luego, casada con un economista, era una mención inevitable en muchas conversaciones en que, acompañados de amigos, discutíamos la realidad nacional.

En mis reiterados regresos a Colombia cuando estaba en el doctorado, visitaba Fedesarrollo por estar vinculada a varios proyectos que se lideraban desde allí. No recuerdo bien como fue el orden de las cosas, pero luego del trabajo de varios años con Mauricio Cárdenas en uno de nuestros proyectos, Guillermo me propuso trabajar en un capítulo de un libro liderado por Carlos Scartascini sobre las reformas fiscales en América Latina, en co-autoría con Mauricio Olivera. Tuvimos la oportunidad de entrevistar a los protagonistas de las reformas, discutir por muchísimas horas los argumentos del capítulo.[1] Después de conocer la figura pública, conocí a Guillermo Perry el académico, quien siempre me retaba intelectualmente al discutir mis argumentos de economía política. Editábamos, peleábamos por apartes del capítulo, y en medio de esto, forjamos una amistad.

Nuestro capítulo fue parte del libro titulado “Consecuencias Imprevistas de la Constitución de 1991”[2]. Vinieron otros proyectos con el Global Development Network, en el que Fabio Sánchez, profesor de economía de Uniandes y gran amigo, me invitó a trabajar en un proyecto liderado por Guillermo en donde explicamos como la competencia política a nivel nacional afecta la política local y la provisión de servicios públicos.[3] Presentamos los resultados de nuestra investigación en algunas conferencias, y con ello tuve la oportunidad de conocer otra de las facetas de Guillermo Perry. Su fascinación por el mundo y sus diferentes manifestaciones culturales, su conocimiento especializado de lugares icónicos en las ciudades que visitamos. Recuerdo que en muchos de esos momentos cuestioné mi ignorancia sobre el mundo, combinado con un anhelo futuro de emular su ejemplo.

El último proyecto en el que colaboramos fue el libro editado por Fedesarrollo, “Lucha integral contra la corrupción”[4], en el que yo escribí sobre las reformas electorales necesarias para mejorar la representación. Releí nuestro intercambio de correos, siempre divertido, en el que igualmente encontré mensajes en donde me compartió algunas de sus columnas con asuntos políticos para charlar sobre ellos.

Cuando me enteré de la muerte de Guillermo, todo este recorrido se vino a mi mente.  Parece increíble esta noticia unos pocos días luego del lanzamiento de su libro, “Decidí a contarlo”. Como a todos quien lo conocimos, me embarga una gran nostalgia.

Ahora que lo pienso, lo que más resalté siempre de Guillermo fue precisamente su determinación: un ser con un increíble poder de persuasión en sus argumentos y estrategias, batallando a diario gracias a su profunda convicción que el cambio social es algo posible; realizable. Sus columnas y su trabajo prolífico fueron parte de esta lucha. Fue un gran mentor para estudiantes y líderes políticos. Para mi Guillermo representó el cambio de mi mirada histórica, una amistad llena de cariño y admiración, y el privilegio de conocer la mente de alguien obsesionado por Colombia. Un abrazo y un agradecimiento eterno.

 

Compañero de ideales

Catherine Rodríguez

Hace ya una semana recibí la triste llamada de un amigo contándome que Guillermo ya no estaba más con nosotros. Eran las 10:22am del viernes, minutos antes de que yo comenzara a escribirle a Guillermo para tratar de coordinar su próximo viaje a finales de este mes a República Dominicana, donde había sido invitado a dar una conferencia.

Leo los numerosos testimonios de colegas en las redes y se me llenan los ojos de lágrimas y el corazón de tristeza por la pérdida de ese gran ser humano. Sin embargo, a la vez, siento alegría y doy gracias a Dios por el privilegio de tener por unos cuantos años a Guillermo como mentor, colega y amigo en mi vida.

Conocí a Guillermo una tarde mientras yo trataba de presentar los avances de lo que sería el capítulo de educación dentro de la Misión de Movilidad Social, proyecto coordinado por Marcela Meléndez y Armando Montenegro con quienes, dicho sea de paso, estaré siempre inmensamente agradecida por invitarme a participar en él. Ahí estaba yo, frente a estos grandes economistas, tratando de dejar lo más claro posible las ideas que con Felipe Barrera y Darío Maldonado teníamos en mente en esos momentos para buscar mejorar la educación en el país. Aunque claramente no era su tema, a Guillermo se le iluminaron los ojos y creo que desde ahí comenzó nuestra obsesión por la política docente y la amistad que siempre recordaré con el más inmenso cariño.

Terminado el capítulo de la Misión, Guillermo, con la inmensa habilidad que muchos de los que han escrito en esta página resalta, armó un equipo de “jóvenes” soñadores que durante dos años pensamos obsesivamente en los docentes de Colombia. El trabajo, financiado por el Doctor Pedro Gomez y su Fundación Compartir, finalizó con un estudio serio y con propuestas concretas que estamos convencidos se requieren implementar si de verdad queremos que Colombia logre dejar el subdesarrollo. Durante esos dos años Guillermo decía siempre que aprendía de nosotros. Eso era una mentira. Aprendimos juntos y él nos dejó muchas más enseñanzas de las que nosotros pudimos darle a él. Mas aún, ese equipo me ha dejado amigos a los que quiero y con los que comparto el ideal de mejorar el sector educativo en el país, incluido por supuesto Guillermo.

Gracias Guillermo por tu amistad, gracias por tus consejos, gracias por compartir conmigo la historia de Colombia a través de tus conversaciones, gracias por contarme tus anécdotas del club de lectura y recomendarme que libro comenzar a leer, gracias por compartir conmigo el ideal de mejorar la educación en el país, gracias por recordarnos a todos que debemos celebrar la vida cada día, gracias porque incluso ahora que no estas me dejaste la enseñanza que debemos actuar siempre desde el amor y no desde el miedo, dando siempre lo mejor de cada uno.

Te extrañaremos mucho….siempre me dolerá no haber alcanzado a organizar tu siguiente visita a esta isla.

 

Nos hizo conocer Colombia con sus vivencias

Adriana Sabogal

Guillermo fue mi profesor en la universidad. Tomé con él una clase maravillosa de desarrollo económico. Asistí a todas sus clases de manera asidua; devoré con devoción todas sus lecturas; y me hice preguntas esenciales sobre cómo las instituciones moldean nuestro entorno y generan resultados disímiles según los factores iniciales y el tipo de institución que se desarrolla en un país. Guillermo era un maestro formidable, siempre lleno de curiosidad intelectual y con la habilidad de sembrar esa semillita de curiosidad en cada uno de sus alumnos e interlocutores.

Posteriormente, tuve la buena fortuna de ser su asistente de investigación en Fedesarrollo. Allí tuve la oportunidad de trabajar hombro a hombro con ese gran jefe, siempre metódico, riguroso y analítico. Guillermo me enseñó a escribir, y a aguzar los sentidos para hacer análisis mucho más allá de lo evidente. Adoraba enseñar, era muy generoso con su conocimiento y su tiempo. Nunca recibí un solo regaño, todo el trabajo se hacía con rigurosidad, entre sonrisas, historias y una paciencia infinita para aportar a nuestra formación. Aprendí a través de su experiencia y me enseñó a ver la economía política detrás de las decisiones de política pública.

Luego, la vida nos hizo amigos. Siempre estuvo pendiente de mi desarrollo profesional y personal. Estuvo allí cuando nació Salomón (nuestro primer hijo), vino a visitarnos y lo quiso mucho (creo que si Guillermo hubiera tenido nietos se habría chiflado, le encantaban los niños). Tuve la fortuna de pasar varias veladas y tener largas discusiones con Guillermo, quien nos hizo conocer la historia de Colombia a través de sus vivencias y experiencias.

Para este gran maestro, mentor, jefe y amigo solo tengo palabras de agradecimiento, admiración y un profundo cariño. Gran parte de lo que soy hoy en día se lo debo a él y a su generosidad sin límites. Dejó en mí, y en muchas otras generaciones, una huella indeleble: nos llenó de curiosidad intelectual, de buenos consejos y de ganas de vivir la vida como él lo hacía. ¡Guillermo era un gocetas! Ojalá dónde estés te estén haciendo una merecida fiesta.

PD: Guillermo ya nos haces falta… me siento triste de no haber alcanzado a terminar tu libro y aún más triste de no haber alcanzado a comentarlo contigo y David en Pacho este octubre. Nos quedan varias conversaciones inconclusas.

 

Gran latinoamericanista y culto colombiano

José Juan Ruiz

Todavía en shock tras recibir la noticia del fallecimiento de Guillermo. Un gran economista, un gran latinoamericanista y un culto colombiano. Le conocí hace muchos años cuando analizábamos los sistemas financieros de la región y sus recomendaciones fueron espectaculares. Le seguí viendo regularmente en el transcurso de los años y lo leí con gusto en Foco Económico. Su contribución a la creación del consejo editorial conjunto del Bid, Banco Mundial y Cepal fue una maravillosa iniciativa que refleja a la perfección su incansable pasión por conocer y enseñar lo aprendido. Lo echaremos de menos desde ya. Descanse en paz.

 

Riguroso, estético, ético

Víctor Saavedra Mercado

Hace doce años conocí a Guillermo Perry. Vi una clase que daba en los Andes sobre el desarrollo económico de América Latina. Me leí todas las lecturas dos veces. El semestre siguiente comencé a trabajar en Fedesarrollo con él durante dos años y medio. Fue mi mentor, mi amigo, y a veces su coautor (cosa que da vergüenza decir).

Guillermo era un mentor dedicado. Me enseñaba, me exigía sin hacerme daño, me retaba a pensar más agudo, más amplio y más pausado. Lo recordaré siempre como ese lago de Pacho que tanto amaba, beligerante por los contrastes de ángulos escarpados, de agua serena, con miles de lotos universales, sobre un velero que enseñaba a usar como si yo pudiera aprender.

Lo recordaré por sus conversaciones y conferencias en las que siempre me intimidaba por la curiosidad incansable de toda una vida. Pero no cualquier vida.

Era riguroso en cada afirmación que escribía, pero se preocupaba en que todo fuera cierto en el mundo de la política y que fuera estético y ético. En que construyera con independencia así molestara. Era activista y analítico. Era juicioso y vivía la vida como un hedonista conectado con el presente. Vivió una vida digna de ser admirada.

Siempre lo recordaré como un hombre que me enseñó a pensar, a sentir y a ser.

Desde ayer intento recordar la razón por la que no alcancé a ir al lanzamiento de su libro. No lo recuerdo. Sólo recuerdo que pensé que era algo tan importante que no pude haber ido. Lo llamé luego y fue una conversación con cariño en la que quedamos de ir a comer. No lo hice. Recuerdo que debo tener tiempo para la vida.

Ayer en Buenaventura viendo el paisaje tropical, cuando me di cuenta de su muerte, sentí que me decía: sigue trabajando por hacer de este un mejor mundo y de ésta una vida mejor vivida. Gracias Guillermo.

 

Un amigo de la vida

Diego Sandoval

Conocí a Guillermo cuando fui su alumno en la facultad de Economía de los Andes. El me invitó a escribir una tesis sobre el ciclo económico político y fue mi asesor. Desde ese momento nunca deje de admirarlo profundamente. Unos pocos años después, cuando fui a estudiar economía en la Universidad de Oxford me lo encontré nuevamente, Estaba de profesor visitante. Desde ese momento nunca dejamos de vernos y conocí el Guillermo humano, que se ofrecía a cuidar de nuestra pequeña hija de ocho meses, mientras asistíamos con mi esposa a las clases y seminarios. En esa época nos enseñó a jugar Aquire y Seven up, dos juegos maravillosos que combinan la estrategia y suerte con la diversión. También recorrimos Inglaterra en el frio invierno en un viejo microbús Volkswagen.

Guillermo era un viajero incansable y cosmopolita. Ya de regreso a Colombia y antes de ser ministro de Minas, formamos con él un grupo de amigos jugadores y caminantes, a quienes nos tenía absortos con sus historias de sus trabajos y viajes a China, India, Indonesia, Macedonia y Gambia. Sus relatos continuaron siempre, como cuando  hace un año o dos nos describió sus recientes expediciones al Ártico canadiense o a la frontera Sirio-Turca. Preparaba un viaje para recorrer a fondo Laos y Camboya.

Con Guillermo, su familia, con nuestros hijos y amigos viajamos mucho en Colombia y Ecuador. Largas caminatas en Villa de Leyva y Pacho eran comunes dos o tres veces por año. Subimos al Chimborazo, buceamos en varios lugares del Pacífico y del Caribe y recorrimos la costa del Chocó. La última gran caminata  y juego con Guillermo fue hace tres semanas en Villa de Leyva. Cómo nos vas a hacer de falta.

Guillermo, nunca dejó de mostrarnos su generosidad para compartir opiniones o discutir sobre todos los temas de su interés, ya sean económicos, de política, de cine, música, lugares del mundo o literatura. Era maravilloso conversar con él. Sus opiniones eran objetivas y sobre aspectos poco tenidos en cuenta.

A todos nosotros nos queda el recuerdo de alguien muy especial, un gran amigo, con quien siempre hubo un atractivo muy grande para compartir las cosas bellas de la amistad.

 

Guillermo Perry y el disfrute de la vida

Leonardo Villar

Foto tomada de El Tiempo.

 

El espacio en blanco en el lugar que ocupaba su columna en las páginas editoriales de El Tiempo es un significativo homenaje que hace a Guillermo Perry el principal diario colombiano. Cuánta falta hará leerlo cada domingo. Usualmente hablaba sobre temas económicos y sobre los dilemas de la política. Pero también incursionaba en asuntos diversos. En esa columna escribió a comienzos de este año una hermosa reflexión sobre la vida, las artes y la cultura.

“Sorpresas te da la vida”, citaba Guillermo a Rubén Blades sin saber lo que le sucedería unos meses más adelante. Una visita rutinaria al médico para hacerle seguimiento a un cáncer ya controlado fue el escenario de un infarto fulminante que nos impedirá seguir contando con sus análisis semanales. Habíamos hablado de reunirnos a almorzar al día siguiente en Baltimore y a Guillermo se le veía una salud desbordante que permitía pronosticarle muchos años más de vida. La tristeza fue enorme y la sorpresa tan grande que aún resulta difícil procesar que ya no está con nosotros.

Guillermo se gozó enormemente todas las facetas de la vida. “La celebración diaria de la vida” usando sus palabras en la columna ya citada, “nos ocurre cada vez con mayor frecuencia a quienes ya entramos en la tercera juventud, a medida que vamos adquiriendo mayor conciencia de que nos queda cada vez menos tiempo en este frágil pero maravilloso planeta que habitamos”. Pero en realidad ese disfrute de la vida diaria fue una característica de Guillermo desde mucho antes de su tercera juventud. Guillermo tuvo una buena vida, una vida equilibrada que gozó como pocos con su afición a la literatura, a la música, a los viajes, a las culturas diversas, a la política entendida en el buen sentido de la palabra y, por supuesto, a los temas económicos en los que su pasión era contagiosa.

La noche anterior a su fallecimiento terminé de leer su libro “Decidí Contarlo”. Un libro de muy fácil lectura a pesar de sus más de quinientas páginas en las que se hacen evidentes sus enormes contribuciones a la economía y al debate público a lo largo de más de cincuenta años de fecunda vida profesional. La coincidencia entre el fin de la lectura y la noticia de su muerte me hizo sentir que la buena vida de Guillermo fue también una vida redonda, que le alcanzó para contarla, con lo que completó el círculo de sus enseñanzas. En su libro consignó muchas de sus vivencias y percepciones de carácter personal, que complementan de manera perfecta los innumerables escritos de carácter técnico que nos dejó como legado a lo largo de muchos años.

Son bien conocidos los aportes de Guillermo en lo tributario, empezando por la gran reforma estructural que lideró en 1974 como director de Impuestos Nacionales, pasando por la importante reforma de 1995 como Ministro de Hacienda, sus consultorías internacionales en múltiples países a lo largo de varias décadas y, por supuesto, su liderazgo en la misión de expertos de 2015 que coordinamos desde Fedesarrollo. Igualmente conocidos son sus aportes al sector minero y energético colombiano, sector que lideró como Ministro durante el gobierno de Virgilio Barco y en el que también actuó como asesor y consultor en múltiples etapas de la vida. Su impronta quedó consignada asimismo en las grandes reformas que se hicieron en la última década en el sector de infraestructura tras una misión en la que participó en forma muy activa, tal como siempre lo hizo en todas las actividades que impulsaba Fedesarrollo, una entidad que siempre representó para él un centro de pensamiento clave para la tecnocracia colombiana. Más recientemente, el tema de la lucha contra la corrupción se había convertido en fuente de nuevas contribuciones. Estaba empeñado en impulsar una gran Misión de Expertos para abordar ese tema en una forma técnica e integral. Pero quizás el mayor orgullo de su vida pública en Colombia fue la participación en la Asamblea Nacional Constituyente. Más allá de Colombia, el reconocimiento internacional de Guillermo Perry lo llevó a ser el economista jefe para América Latina en el Banco Mundial, aparte de asesor y consultor de países ubicados en todos los continentes.

Una inteligencia deslumbrante y al mismo tiempo una persona que vivió intensamente y se gozó la vida en forma envidiable. Haber contado con su amistad y con su consejo durante muchos años será siempre uno de los orgullos más grandes de mi vida.

 

Tuvimos suerte

Hernando Zuleta

Tuvimos mucha suerte de tenerlo entre nosotros porque fue protagonista de muchos de los sucesos que estudiamos, porque tenía una forma reposada y profunda de abordar los problemas y porque era de una gran generosidad con colegas y alumnos.

Enseñar sin dar cátedra

María José Uribe

Conocí a Guillermo en 2007 cuando vi su clase de Desarrollo Económico en la Universidad. Ese mismo semestre tomábamos café antes o después de clase, lo cual seguimos haciendo ampliándolo a deliciosos almuerzos todos los siguientes años mientras estuvimos en Fedesarrollo, la Universidad de los Andes y mientras trabajé en el sector público. Estuvo siempre presente en todos los momentos importantes de mi vida y me compartió los suyos.

Es una enorme fortuna haber tenido la suerte de ser parte de sus amigos, haberlo oído directa o indirectamente todas las semanas en su columna nos permitía sentir que estábamos ampliando la perspectiva de la realidad.

Conversar con él era un placer porque era lleno de anécdotas, historias y memorias de su trabajo, sus viajes, su familia y amigos. Su visión de la vida era generosa, amplia en perspectivas, alegre y crítica. Nos enseñaba a ponernos sus lentes no solo en el salón de clase para quienes fuimos sus alumnos sino en todos los momentos compartidos.

Siempre estaba enseñando sin necesidad de dar catedra. Entregaba consejos sin que fueran instrucciones.  Tenía la palabra adecuada para cada cosa y lograba alegrar el día con tan solo una llamada.

Su generosidad fue infinita en entregar consejos, cariño y compartir sus conocimientos y aportes con todos quienes lo rodeábamos.

Su partida, como ya muchos lo han mencionado, es una enorme perdida para el país, pero sobre todo es un vacío en el corazón de cada uno de los que tanto lo queremos y nos encantaba compartir momentos, historias y reflexiones con él. Lo extrañaremos siempre.

 

 

[1] Olivera, Mauricio and Pachón, Mónica and Perry, Guillermo E., The Political Economy of Fiscal Reform: The Case of Colombia, 1986-2006 (May 2010). IDB Working Paper No. 57. Available at SSRN: https://ssrn.com/abstract=1817291 or http://dx.doi.org/10.2139/ssrn.1817291

[2] Scartascini, C. G., & Lora, E. (2010). Consecuencias imprevistas de la constitución de 1991: La influencia de la política en las políticas económicas. Bogotá: Alfaomega.

[3] In Perry, G., & In Angelescu, N. R. (2017). Improving Access and Quality of Public Services in Latin America: To Govern and To Serve.

[4] https://www.repository.fedesarrollo.org.co/handle/11445/3642.