Competir para Cooperar: ¿pueden ir de la mano?

Competir y cooperar, dos de las mas importantes estrategias biológicas y económicas a través de las cuales se puede producir bienestar social, aparecen con frecuencia de manera separada. Quienes defienden la competencia, y con ella el argumento de las “ganancias del intercambio” a través del libre mercado, en muy pocas ocasiones resaltan la importancia de la acción colectiva como otro mecanismo esencial para generar mayor valor de las interacciones sociales. De la misma manera, quienes defienden la acción colectiva como estrategia para la solución a dilemas sociales o a las externalidades entre los agentes económicos, poco o nada reconocen la posibilidad de que la competencia pueda generar bienestar social a través de las fuerzas disciplinantes del libre mercado.

Basado en una serie de estudios experimentales con humanos, inspirados en lecciones de otros sistemas biológicos, quisiera argumentar que un sistema de incentivos que permitan que la cooperación y la competencia trabajen de la mano, puede traer lo mejor de los mundos para la solución de varios posibles problemas sociales contemporáneos.

Es claro que la competencia incentiva a los agentes a innovar, mantener sus costos bajos y a reducir las posibilidades de concentrar poder y rentas en unos pocos, que usualmente van en detrimento de la mayoría. Las condiciones sobre las cuales se basa este argumento de las ganancias del intercambio son bastante exigentes, siendo una de las mas importantes, la ausencia de externalidades o problemas de bienes públicos en las transacciones. Por ello es que en el paradigma que defiende la competencia como estrategia de generación de bienestar, la búsqueda del interés individual en estas interacciones con externalidades no va a generar el mayor bienestar agregado posible. El ejemplo mas sencillo de texto es aquel que argumenta que agentes racionales no estarán interesados de manera unilateral en resolver el dilema de los prisioneros. Otras variaciones del mismo problema es el de la llamada “tragedia de los comunes” –que este año cumple su 50 aniversario,  o el problema de la provisión voluntaria de los bienes públicos. La evidencia experimental, etnográfica y de muchas otras especies biológicas sugiere que este dilema social se puede evitar a partir de procesos evolutivos autogestionados en que se logra evadir la tragedia y llegar a procesos estables de cooperación. Martin Nowak resumió muy bien estos cinco mecanismos en i) selección parental, ii) reciprocidad directa, iii) reciprocidad indirecta, iv) reciprocidad de redes y v) selección grupal.

Este último mecanismo fue sugerido por Darwin en “El Origen del Hombre” al argumentar que el desarrollo de una ventaja comparativa en un grupo podría mejorar sus posibilidades de reproducción y supervivencia. Sin embargo se le prestó importancia por mayor cantidad de tiempo al argumento de la selección individual y la supervivencia del individuo mas fuerte, cuando el mismo mecanismo, también denominado por algunos de “selección multi-nivel”, podría aplicarse a la evolución de los grupos, siendo para ello que se resolvieran los problemas de free-riding al interior de los mismos.

Un experimento de competencia inter-grupal y cooperación intra-grupal.

Para explorar estos mecanismos en humanos, junto a mis colegas Cesar Mantilla y Santiago Gomez, diseñamos dos experimentos que partían del canónico problema de provisión de bienes públicos y de los recursos de uso común y a los cuales les aplicamos una nueva institución de competencia grupal. A partir de dos estudios complementarios pusimos a prueba el problema de free-riding en las dos situaciones (contribuciones voluntarias a un fondo común y extracción de un fondo común) y exploramos si crear un ambiente de competencia entre los grupos podría reducir el oportunismo individual y aumentar el nivel de cooperación al interior de los grupos.

En el primer estudio creamos grupos de 3, 4 o 5 personas que enfrentaban un clásico problema de bienes públicos dado que cada individuo debía decidir si invertir en un fondo común, o guardar para sí mismo un número de unidades de un recurso valioso. Las unidades invertidas por el grupo podrían producir un bienestar socialmente mayor que si los individuos guardaran sus dotaciones iniciales, pero los incentivos a no invertir y recibir los beneficios del fondo común generaban un dilema social. Observamos, confirmando la vasta evidencia de laboratorio, que durante las primeras diez rondas estos grupos iniciaban contribuyendo cerca del 40% a 50% de sus dotaciones y gradualmente reducían sus contribuciones ante la frustración de observar el oportunismo de otros en el grupo.

Una vez terminada esa primera etapa, creamos una nueva institución económica que enfrentaba a estos grupos a nuevos incentivos de competencia. El mecanismo era muy sencillo: una vez terminadas las decisiones de inversión de los individuos en sus respectivos fondos comunes, generábamos un ranking entre los grupos, basado en su desempeño grupal. Entre mas arriba fuera el resultado social del grupo, mayor era un multiplicador que aplicábamos a las ganancias de cada miembro de ese grupo. El grupo que quedara en el primer puesto vería duplicadas sus ganancias, mientras que el grupo que obtuviera el último puesto vería sus ganancias desaparecer. Con seis grupos en competencia, los multiplicadores de las ganancias serian desde abajo hacia arriba en el ranking, de 0.0, 0.4, 0.8, 1.2, 1.6 y 2.0 respectivamente. Sin embargo, al interior de un grupo, un individuo podría beneficiarse de la cooperación de los demás si su grupo subía en el ranking y mientras tanto reducía su contribución obteniendo los retornos del free-riding y los beneficios de un mejor puesto de su grupo en el ranking. Algo similar a ese jugador perezoso de un equipo que logra subir en el ranking de la liga por el buen desempeño de los demás en el grupo.

Los resultados en este primer estudio (ver gráfica) muestran claramente que esta institución de competencia inter-grupal dispara los niveles de cooperación y por tanto llevan la eficiencia social de cerca del 20% al final de la etapa sin competencia, a un 80% hacia el final de la segunda etapa bajo competencia inter-grupal.

Fuente: https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnbeh.2015.00033/full

Vale la pena anotar que no encontramos diferencias importantes para la competencia entre seis grupos de tres personas (N=18) o seis grupos de cuatro (N=24), o seis grupos de 5 (N=30). También es importante destacar que en ningún momento los individuos participando en el experimento sabían con quién estaban formando un grupo o quienes pertenecían a los demás grupos en competencia.

En nuestro segundo estudio replicamos varios elementos del primer estudio, introduciendo algunas variaciones importantes. En primer lugar, queríamos explorar si este fenómeno de aumento de la cooperación se podría replicar en un problema de apropiación y no de contribución a un fondo común. Nuestros grupos de participantes nuevamente enfrentaban un dilema social, esta vez de extracción de un fondo común. Cada individuo aumentaba sus ganancias personales de extraer mas unidades de ese fondo, pero menos unidades restantes en el fondo reducían la posibilidad de beneficiarse colectivamente de su conservación, en la misma línea de la tragedia de los comunes. En segundo lugar, sabíamos que la “escalera” de incentivos de nuestro multiplicador en el primer estudio era bastante empinada (0.0, 0.4, 0.8, 1.2, 1.6 y 2.0) lo cual nos llevaba a que la solución de cooperación universal fuese también un equilibrio de Nash con estrategia dominante de cooperar, es decir que una vez todos los grupos estuvieran en un nivel de máxima cooperación, no existían incentivos para desviarse. Por esta razón decidimos en este nuevo estudio crear una escalera con menor pendiente de manera que siempre tuviéramos incentivos individuales a reducir la cooperación via una mayor extracción del recurso común. De esta manera, en el ranking que usamos en este estudio asignamos un multiplicador entre 0.90 y 1.10 en lugar de ir desde 0.0 a 2.0. Para el caso de competencia entre 5 grupos, los multiplicadores respectivos fueron de 0.90, 0.95, 1.00, 1.05 y 1.10 respectivamente desde el grupo con peor desempeño y aquel con mayor desempeño.

Los resultados mostraron nuevamente (ver gráfica) un efecto neto positivo de eficiencia social gracias a esta competencia inter-grupal. Es necesario recordar que, en este nuevo juego de apropiación, “cooperar” significa reducir la extracción del recurso y por ello niveles mas bajos de extracción grupal generaría mayor eficiencia social para el grupo y para la sociedad.

Fuente: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0921800917316853

En este nuevo estudio agregamos una tercera etapa en la que regresábamos a los incentivos sin el multiplicador del ranking inter-grupal para verificar si se perdían los beneficios sociales de la competencia. Como se ve en la tercera etapa (rondas 16 a 20) algún vestigio queda de las ganancias de la cooperación por la competencia, pero no del tamaño de la etapa del tratamiento de competencia inter-grupal.

 

¿Qué hacemos con estos resultados?

La competencia inter-grupal puede explicar la evolución de la cooperación en muchas especies. En el caso de la bacteria Pseudomonas Fluorescens, por ejemplo, algunos individuos tienen un gen que les permite liberar un polímero para poder flotar, llegar a la superficie, y obtener oxígeno para su supervivencia. Una estrategia menos costosa es pegarse a otras bacterias que liberen ese polímero y flotar con ellas. Desde la perspectiva de la selección individual, aquellas bacterias sin ese gen deberían reproducirse al ahorrar recursos valiosos no liberando el polímero y aprovechándose de que aquellas bacterias mas “altruistas” que lo tienen. Sin embargo, experimentos controlados han demostrado que los grupos de estas bacterias en donde hay mas frecuencia de individuos con este gen “altruista” tienden a sobrevivir y reproducirse con mas frecuencia. Bowles (2006) también argumenta que esta competencia inter-grupal puede estar asociada a la evolución del altruismo entre los primeros grupos humanos.

En los tiempos actuales los humanos enfrentan diariamente instancias en que se someten a fuerzas del mercado donde la competencia es importante, por ejemplo en la producción o adquisición de bienes privados. Al mismo tiempo, estas personas se ven enfrentadas a múltiples instancias en que los retos de la acción colectiva imponen incentivos al oportunismo, pero abren posibilidades a las “ganancias de la cooperación” si la acción colectiva entre ellos emerge. Desde instancias en el uso de recursos naturales compartidos, hasta bienes públicos locales, diariamente aparecen estos dilemas sociales de la cooperación.

La pregunta siguiente es si este esquema de un multiplicador que premie a los grupos mas cooperantes y sancione a los grupos con mas oportunismo o free-riding, tiene aplicaciones en la vida contemporánea. Mi respuesta es que si, y que podemos aplicar la mayor cantidad posible de creatividad para pensar en su implementación. Déjenme delinear un primer ejemplo: las unidades territoriales locales (provincias, municipios) deben resolver problemas de acción colectiva a su interior, por ejemplo, en el caso de mejorar su generación propia de recursos tributarios (e.g. impuestos locales, actualización catastral, ampliación de la base tributaria). El nivel superior, nacional, podría generar incentivos a una competencia sana entre estas unidades territoriales a través de un multiplicador que premiara o castigara, de acuerdo al nivel de desempeño tributario autónomo, las transferencias del nivel nacional al nivel local.

La creatividad en el diseño institucional sigue siendo uno de los retos mas importantes de la política pública. Comprender los mecanismos y fundamentos del comportamiento humano es vital para este propósito. Aquellos que creen fielmente en la competencia tendrán que reconocer que los problemas de acción colectiva y de provisión de bienes públicos locales no serán resueltos por las fuerzas del libre mercado y la simple asignación de derechos individuales de propiedad. Sin embargo podemos explorar la posibilidad de que los mecanismos de la competencia se complementen con las ganancias sociales de la cooperación entre individuos.

 

Referencias.

Bowles, S. (2006). “Group Competition, Reproductive Leveling, and the Evolution of Human Altruism.” Science 314(5805): 1569-1572.

Cárdenas, Juan-Camilo, Santiago Gómez, and César Mantilla. “Between-group competition enhances cooperation in resource appropriation games.” Ecological Economics 157 (2019): 17-26.

Cárdenas, Juan Camilo, and César Mantilla. “Between-group competition, intra-group cooperation and relative performance.” Frontiers in behavioral neuroscience 9 (2015): 33.