A tres dA�cadas de la victoria del A?NOA? en Chile: A?ImportA? la represiA?n?

Conmemoramos hoy, cinco de octubre, el trigA�simo aniversario del plebiscito que propulsA? el regreso de la democracia a Chile. Es difA�cil sobredimensionar la importancia histA?rica de este evento para el paA�s suramericano. Mientras que la llegada de Augusto Pinochet al poder en 1973 estuvo marcada por la tortura, desapariciA?n forzosa o ejecuciA?n sumaria de miles de personas, el trA?nsito a la democracia tuvo lugar de manera pacA�fica y sin derramamiento de sangre. El plebiscito de 1988, mediante el cual la poblaciA?n pudo decidir si apoyaba la continuidad de Pinochet en el poder por los siguientes ocho aA�os, fue la primera vez en quince aA�os que la ciudadanA�a chilena atendA�a libremente a las urnas con algo de certeza acerca de la legitimidad del proceso. La participaciA?n fue masiva y el nA?mero total de votos estuvo por encima de los siete millones, sin duda un hito histA?rico. Al final, la opciA?n del A?NOA? a Pinochet se impuso con 55% de los votos. Un aA�o despuA�s, en 1989, se llevA? a cabo la primera elecciA?n presidencial desde la victoria de Salvador Allende en 1970, llevA?ndose la victoria el candidato de la A?ConcertaciA?n por la DemocraciaA?, Patricio Aylwin. La dictadura habA�a llegado a su fin.

Claro estA? que este desenlace no era fA?cil de anticipar y estuvo en duda hasta las primeras horas del dA�a posterior a la votaciA?n del plebiscito, cuando el estamento militar por fin reconociA? la victoria del A?NOA?. Hubo tambiA�n otras fuentes de incertidumbre. Si bien Pinochet se perfilaba como el candidato oficial, su candidatura sA?lo se formalizA? a finales de agosto de 1988, poco mA?s de un mes antes del plebiscito. Durante el mes siguiente, las campaA�as del A?SA?A? y del A?NOA? tuvieron acceso a espacios diarios en la televisiA?n nacional para promover su posiciA?n. En un trabajo anterior, algunos de nosotros hemos estudiado el impacto de estas campaA�as televisivas sobre la votaciA?n. En particular, hemos documentado el impacto positivo de la penetraciA?n televisiva en el apoyo al A?NOA? en el plebiscito, complementando otros trabajos en la misma lA�nea.

Acaso la pregunta mA?s interesante en torno al plebiscito de 1988 es por quA� ocurriA?. A?Necesitaba Pinochet refrendar su gobierno? A?SobreestimA? el dictador su popularidad entre la ciudadanA�a? Para abordar estos interrogantes, es prudente comenzar recordando que el rA�gimen militar promulgA? una nueva ConstituciA?n en 1980, remplazando la que estaba en vigencia desde 1925. Como parte de una serie de disposiciones transitorias, la ConstituciA?n designA? a Augusto Pinochet como presidente por un periodo de ocho aA�os. La ConstituciA?n tambiA�n estipulA? que las fuerzas armadas y de carabineros pondrA�an a consideraciA?n de las personas registradas para votar un candidato para el siguiente periodo presidencial. En caso que los chilenos y chilenas rechazaran de manera mayoritaria el candidato propuesto, las disposiciones permanentes de la ConstituciA?n entrarA�an en vigencia y se deberA�a celebrar elecciones abiertas para el cargo de presidente. En este sentido, vale la pena subrayar que el germen de la transiciA?n democrA?tica chilena antecede al plebiscito de 1988 por varios aA�os.

La instalaciA?n de una nueva ConstituciA?n durante la dictadura abre nuevos interrogantes: A?Por quA� accediA? Pinochet a la inclusiA?n de una futura elecciA?n? A?Por quA� permitiA? que la elecciA?n se llevara a cabo? Pudo pasar que las cA?modas, aunque fraudulentas, victorias de Pinochet en plebiscitos anteriores en 1978 y 1980 llevaran a un exceso de confianza en su entorno. Es tambiA�n probable que el importante trabajo organizacional y polA�tico de las fuerzas opositoras a Pinochet durante los aA�os ochenta, reflejado en una serie de jornadas nacionales de protesta a partir de 1983, fuese difA�cil de anticipar y de contener. Otro factor importante fue, sin duda, la intervenciA?n estadounidense. De la misma manera que la ayuda encubierta de la administraciA?n de Richard Nixon facilitA? la llegada de Pinochet al poder, el enfriamiento de las relaciones bilaterales durante el gobierno de Ronald Reagan contribuyA? a desestabilizar el rA�gimen militar. Las actividades delictivas de las fuerzas de seguridad de Pinochet en territorio extranjero, incluyendo el atentado que acabA? con la vida de Orlando Letelier y Ronni Moffitt no muy lejos de la Casa Blanca en 1976, fueron un elemento importante en este cambio de postura.

Pudo ocurrir tambiA�n que la junta militar pensara que los aA�os de represiA?n contra los opositores del rA�gimen habA�an surtido efecto. Al respecto, las dos comisiones de la verdad constituidas por el gobierno chileno despuA�s del regreso a la democracia (Comisiones Rettig y Valech) han concluido que mA?s de 3,000 personas fueron asesinadas o desaparecidas durante la dictadura, y mA?s de 38,000 fueron detenidas y torturadas. Al igual que en otras dictaduras del cono sur, las vA�ctimas incluyen estudiantes, sindicalistas, miembros de partidos de izquierda y movimientos radicales, al igual que otros activistas. Es claro que en el corto plazo la represiA?n se emplea con el propA?sito de amedrentar y disuadir cualquier amago de oposiciA?n organizada. No obstante, no es para nada obvio si la represiA?n sigue siendo igual de efectiva en el mA?s largo plazo. Por una parte, puede que la violencia engendre miedo y sumisiA?n de manera mA?s o menos permanente y permita al rA�gimen afianzarse en el poder. Pero, por otra parte, puede que los actos de violencia contra la poblaciA?n civil generen repudio y lleven a los ciudadanos a organizarse y penalizar al gobierno que los perpetra.

En un trabajo de investigaciA?n reciente, hemos intentado responder esta pregunta para el caso chileno: A?CuA?l fue el impacto de la represiA?n durante la dictadura militar en los patrones de votaciA?n en el plebiscito de 1988? El punto de partida de esta investigaciA?n es el hecho que los actos de represiA?n durante la dictadura no estuvieron repartidos de manera homogA�nea, sino que se concentraron en algunas comunas mA?s que en otras. Usando informaciA?n del reporte Rettig, hemos calculado tasas de victimizaciA?n de civiles por comuna, dividiendo el nA?mero total de muertos o desaparecidos por la poblaciA?n reportada en el censo de 1970. Nuestro objetivo es indagar si existe una relaciA?n sistemA?tica entre la tasa de victimizaciA?n y los correspondientes patrones de registro y votaciA?n en el plebiscito.

Responder esta pregunta no es una tarea fA?cil. La comparaciA?n ingenua de los resultados del plebiscito en comunas con mayores y menores tasas de victimizaciA?n puede arrojar resultados sesgados. DespuA�s de todo, la represiA?n no se implementA? de manera aleatoria y es probable que las localidades donde estuvo mA?s concentrada se diferencien de manera sistemA?tica de las demA?s. Tal vez tenA�an un movimiento sindical mA?s fuerte o tal vez tenA�an preferencias polA�ticas un poco mA?s de izquierda. Tal vez eran comunidades mA?s integradas y menos dispuestas a colaborar con el rA�gimen, o tal vez eran comunidades menos integradas y de las cuales era mA?s fA?cil extraer informaciA?n. Si bien contamos con la informaciA?n necesaria para examinar algunas de estas hipA?tesis, no podemos afirmar de manera concluyente que las comunas que experimentaron mayores tasas de represiA?n son, en general, comparables a aquellas con menores tasas.

En consecuencia, hemos intentado identificar factores incidentales que pudieran haber afectado la intensidad de la represiA?n experimentada por una comuna, pero que no se relacionan con sus caracterA�sticas econA?micas y polA�ticas. La ubicaciA?n de bases e instalaciones militares al momento del golpe de estado en septiembre 11 de 1973 constituye un buen ejemplo de lo que tenemos en mente. Nuestro argumento se basa en la idea que la ubicaciA?n geogrA?fica de las unidades militares construidas antes de 1970 a�� es decir, incluso antes de la llegada de Allende al poder – obedeciA? a motivaciones de carA?cter estratA�gico y logA�stico, mA?s no a un interA�s por facilitar la supervisiA?n de la poblaciA?n civil y la persecuciA?n de algunos de sus miembros. No tenemos razones para pensar que las comunas en donde fueron ubicadas unidades militares en las dA�cadas anteriores a la dictadura diferA�an de manera sistemA?tica de las demA?s. En este sentido, la aceptaciA?n explA�cita de los resultados de la polarizada elecciA?n de 1970 por parte de RenA� Schneider, comandante en jefe de las fuerzas armadas en aquel momento, confirma el respeto de la cA?pula militar por el orden civil en la antesala del golpe. No obstante, una vez consumado el mismo, las poblaciones vecinas a las instalaciones militares se vieron expuestas de manera desproporcionada a patrullas, allanamientos y otras formas de intervenciA?n de las fuerzas de seguridad. Por ejemplo, 13 de las 16 comunas visitadas por la desafortunadamente cA�lebre a�?Caravana de la Muertea�? durante octubre de 1973 contaban con una base militar al momento del golpe. Esto facilitA? el movimiento helicoportado de Sergio Arellano Stark y sus hombres y la ejecuciA?n de casi un centenar de vA�ctimas.

Para explorar esta hipA?tesis, hemos hecho uso de fuentes histA?ricas y de archivo para reconstruir la red de instalaciones militares existentes antes de la llegada de Salvador Allende al poder. Los datos confirman que las comunas con presencia de bases militares tienen tasas de victimizaciA?n de civiles mucho mA?s elevadas que las que no contaban con una base. Encontramos ademA?s que estas comunas tienen un mayor nA?mero de centros de detenciA?n y tortura. De la misma manera, al restringir la comparaciA?n a las comunas desprovistas de unidades militares al momento del golpe, hallamos que aquellas situadas mA?s cerca de una base militar experimentaron mayores tasas de victimizaciA?n que aquellas mA?s alejadas.

Figura 1: ExposiciA?n geogrA?fica a bases militares y represiA?n durante la dictadura de Pinochet

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La pregunta que surge a continuaciA?n es si esta variaciA?n en la exposiciA?n a la violencia estatal durante la dictadura se correlaciona con la participaciA?n en el plebiscito o con el apoyo a Pinochet en el mismo. Al respecto, observamos que las comunas que experimentaron mayor represiA?n durante la dictadura debido a su proximidad a instalaciones militares tuvieron mayores tasas de registro para el plebiscito (como proporciA?n de la poblaciA?n de 1970). TambiA�n observamos que la opciA?n del A?NOA? recibiA? una mayor proporciA?n de los votos en las mismas.

Figura 2: RepresiA?n durante la dictadura y votaciA?n en el plebiscito que llevA? a Chile a la democracia

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Los resultados muestran que la represiA?n es contraproducente en el mediano plazo para quien desea permanecer en el poder, ya que conduce a una mayor participaciA?n polA�tica y genera rechazo entre quienes la experimentan en sus comunidades. Estos resultados son ademA?s consistentes con los de otros estudios sobre los abusos de la UniA?n SoviA�tica en Ucrania y Crimea en tiempos de Stalin y las actitudes polA�ticas contemporA?neas.

Una pregunta adicional que abordamos concierne a la posible existencia de un legado de la represiA?n en las preferencias polA�ticas de los votantes despuA�s del regreso a la democracia. A?Acaso el rechazo a la dictadura militar, que se propuso a�?extirpar el cA?ncer marxistaa�? de Chile, se manifiesta en una mayor votaciA?n por partidos de izquierda en elecciones posteriores? Nuestro anA?lisis estadA�stico revela que si bien las comunas con mayores tasas de represiA?n apoyaron de manera desproporcionada la candidatura de Aylwin en 1989, estas no difieren de manera sistemA?tica en su apoyo por partidos de izquierda, ni de derecha, en todas las elecciones posteriores, incluA�da la elecciA?n presidencial del aA�o 2017. Este resultado, fascinante a nuestro juicio, indica que votantes de diversas ideologA�as se unieron en el rechazo a la dictadura en una coyuntura de posible retorno a la democracia, sin que dicha convergencia estuviera asociada con una transformaciA?n de sus posiciones polA�ticas.

La evidencia indica de manera contundente que la represiA?n es contraproducente para la supervivencia polA�tica en el mediano plazo, ya que sus perpetradores eventualmente son llamados a rendir cuentas por la ciudadanA�a. Augusto Pinochet aprendiA? esto de primera mano y muriA? en 2006 bajo arresto domiciliario, en el marco de numerosos procesos legales en su contra relacionados con violaciones de derechos humanos durante su mandato.