Economía de la estrategia: ¿qué hay para el Perú?

A mediados del 2018, tal como en los últimos diez años, asistí a un evento académico anual en Nueva York centrado en la economía de la estrategia. Los expositores en el evento, profesores de LBS, University of Toronto, Harvard, Washington University y USC, presentaron proyectos de investigación de amplio espectro que coincidían en su interés general por las ganancias de empresas en la interacción con competidores, el estado y sus propios empleados. Las herramientas cuantitativas empleadas fueron variadas, incluyendo machine learning para el análisis de texto y experimentos de campo con premios monetarios.  En diálogo con una audiencia académica interesada en aprender y dar comentarios constructivos, la discusión de cada uno de los proyectos se hacía intensa y motivaba a los autores a tomar nota para pensar luego cómo mejorar sus estudios. Teniendo el verano de Nueva York como telón de fondo, el evento era incluso más estimulante.

Pero considerando al Perú como escenario relevante para mí, la pregunta recurrente era: ¿hay economía de la estrategia en Perú? ¿Y para qué sirve?

La estrategia es una práctica orientada a resolver problemas no estructurados. Con raíces en la virtud de la prudencia, las técnicas de resolución de problemas empleadas por los expertos en estrategia son variadas. En los últimos treinta años, buena parte del conocimiento práctico sobre estos métodos ha sido plasmada en libros, manuales, cursos de MBA y conferencias orientadas al mercado corporativo de EE.UU. y Europa. Sin embargo, muchos de esos repositorios de ayudas funcionaban en paralelo con la ciencia económica, invocándola de manera superficial o incluso ignorándola. “¿Quiere usted lanzar un producto? ¿Desea incrementar márgenes de ganancia? ¿Quiere aprovechar economías de escala? ¿Necesita expandir su base de clientes mejor que sus competidores? Bien, desarrolle una estrategia, y no hace falta que estudie nada de economía en el camino”. Esta desconexión no sorprende: los economistas no fueron ni creadores ni patrocinadores de la práctica de la estrategia. En cambio, los historiadores, ingenieros, politólogos y académicos de la dirección organizacional estuvieron más involucrados en la estrategia desde sus orígenes y quizás fueron más fervientes creyentes en su razón de ser y utilidad.

Afortunadamente, la ciencia económica en las últimas décadas ha progresado en su conocimiento sistemático de las empresas y sus ganancias. Áreas como la organización industrial, las finanzas corporativas, la economía de la organización, la economía laboral y en general la microeconomía aplicada han crecido en interés y calidad, como refleja el crecimiento de actividades relacionadas a estos temas en el NBER. Cuando estas áreas se enfocan en la creación de valor económico en empresas y mercados de bienes y servicios, en buena medida también abordan problemas no estructurados. Por tanto, a la fecha, si bien la economía no engloba a la estrategia como área de conocimiento, sí contribuye a darle rigor y nuevas ideas que pueden dar muchas luces prácticas a los tomadores de decisiones.

¿Cuánto de economía de la estrategia hay en el Perú? Todavía muy poco de este desarrollo se está introduciendo a la práctica empresarial peruana, en parte porque el ambiente académico local no sintoniza aún con los avances de este campo. Por un lado, las facultades de negocios enfatizan otros aspectos del estudio de las organizaciones, típicamente sin recurrir a la ciencia económica; mientras, los departamentos de economía se orientan a la macro o al estudio de la pobreza, como lo demuestra el programa de un congreso de economía realizado recientemente. Por otro lado, la regulación de fusiones y mercados imperfectos es incipiente aquí, y la interacción con el estado o con los competidores es poco sofisticada. Parece haber poca oferta y poca demanda de economía de la estrategia.

Pero tengo esperanza en que este subdesarrollo estratégico del Perú se supere en el mediano plazo. El cambio será propiciado en parte por la mayor profesionalización de los gerentes con posgrados en el extranjero y por la entrada de empresarios y ejecutivos extranjeros (por ejemplo, chilenos) a mercados peruanos en los que hay aún mucho potencial de valor. Sin embargo, dar el salto a un mayor rigor competitivo no será fácil. Entre otras cosas, demandará bases de datos más ordenadas y mayor poder computacional. Requerirá de sinceridad y reciedumbre por parte de aquellos no acostumbrados a abordar problemas con exactitud y destreza. Premiará la humildad en aprender de otros. Alterará los sistemas de incentivos para incorporar mayor reconocimiento a los que mejor resuelven problemas difíciles. Requerirá de mercados laborales más flexibles. Necesitará de un sistema judicial enterado de la realidad empresarial. Implicará crear balances para que el afán desmedido por las ganancias no viole el desarrollo integral de la persona en su comunidad. En resumen, obligará al peruano a ser más competente y a considerar más profundamente las consecuencias de su acción e inacción.

¿Cómo encaminar a empresas y sectores peruanos hacia una senda estratégica de creación de valor? Haciéndoles ver lo mucho que pueden ganar, se les animará a invertir más recursos en análisis y en el desarrollo de una cultura estratégica. En este sentido, un par de ejemplos, macro y micro, sobresalen en los años recientes. Primero, el milagro económico peruano que persiste desde 1992 refleja el esfuerzo en mantener un rumbo macroeconómico estable, evitando la irresponsabilidad monetaria y fiscal. Segundo, el avance simbólico y real de la industria gastronómica peruana demuestra con casos específicos la innovación, marketing, logística y coordinación que, en poco tiempo, han logrado renombre mundial. Mirando hacia atrás, vemos el fruto de pensamiento estratégico, llevado decisivamente a la acción.

Pero el reto hoy para las empresas y sectores peruanos es más difícil debido a nuestros tiempos turbulentos. La competencia mundial ha venido repuntando, y hay más información (big data), más dinamismo, mayor interconexión social y mayor urgencia de ofrecer valor económico para mantenerse relevante. Los problemas institucionales peruanos son también más complejos, difíciles de desterrar. Es precisamente momento para la estrategia. Con la ayuda de la ciencia económica y sus herramientas de análisis, hay esperanza de mayor creación de riqueza y bienestar para más peruanos.

 

 

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