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En septiembre de 2017 Maria Caridad Araujo escribió en su cuenta personal de Twitter lo siguiente:

Se refería a la composición de género de los Invited Speakers de la Conferencia Anual de LACEA LAMES 2017. Tan solo dos mujeres hacían parte de este grupo de 21 invitados especiales. María Caridad tiene razón. Esa foto es reflejo de la composición de género de la academia económica. Por ejemplo, en Estados Unidos, según Bayer y Rouse (2016), las mujeres representan el 15 por ciento de los profesores titulares en los departamentos de economía y el 31 porciento a nivel de profesores asistentes. En Europa el porcentaje de profesoras titulares es del 20 por ciento, mientras que en América Latina este porcentaje es tan solo del 13,5 por ciento.[i]

A pesar de esta realidad, en las redes sociales se critica fuertemente la baja participación femenina en las conferencias de economía y en especial en la conferencia anual de LACEA. Aquí encuentran una colección de trinos de las últimas conferencias (seguir el vínculo a Twitter). Este fenómeno se repite todos los años. Intuyo que los inconformes creen que al alcanzar una igualdad de género en el número de invitados especiales acabará mágicamente las diferencias de género en la academia económica. Es una solución, a mi juicio, de forma y no de fondo.

En una investigación que estoy adelantando con la Profesora Luz Magdalena Salas, realizamos webscrapping de REPEC para descargar la información de todos los artículos publicados entre 1970 y 2017. Tenemos información de 373.517 artículos publicados por 51.024 economistas registrados. Usando el comando Genderize.io identificamos el género del 93 por ciento de los usuarios. Con estos datos, encontramos que la participación femenina en este repositorio es del 26 por ciento. Buscamos la afiliación de cada autor y la georreferenciamos, y encontramos que cerca del 6 por ciento de los artículos publicados corresponden a un autor cuya afiliación es una universidad o un centro de investigación ubicado en América Latina. Con esta información, también encontramos que solo el 1.2 por ciento de los artículos publicados tienen al menos una mujer coautora que está afiliada a alguna universidad de América Latina.

Una buena noticia es que la participación femenina ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. De hecho, el porcentaje de artículos publicados con al menos una mujer coautora aumentó cerca de 20 puntos porcentuales entre 1970 y 2016. Esto se ve tanto en América Latina (a menor escala) como en el resto del mundo, ver Gráfica 1.

Gráfica 1. Porcentaje de artículos publicados con al menos un autor femenino

   

Fuente: cálculos propios basado en información de REPEC

Nota: Es el porcentaje del total de artículos publicados en cada uno de los subgrupos. En la gráfica de la izquierda se muestra el porcentaje del total de artículos de personas con afiliación de más del 50 por ciento a una universidad de América Latina y el Caribe. En la gráfica de la derecha se muestra el porcentaje de artículos con afiliación de mas de 50 por ciento a una universidad por fuera de América Latina y el Caribe.

Otra buena noticia es que tampoco encontramos evidencia que sugiera la existencia de un techo de cristal que dificulte que las mujeres lleguen a publicar en las revistas especializadas con mayor ranking. Hicimos un simple ejercicio donde estimamos la diferencia de género en la probabilidad de publicar en revistas indexadas de economía. Realizamos regresiones separadas para la probabilidad de publicar en revistas top 5, 10, 20, 50 y 100, usando efectos fijos de individuo e interactuando la variable de género con el efecto fijo de año. Ninguno de los coeficientes es estadísticamente significativo.[ii]

Obviamente estos resultados pueden estar afectados por la selección no aleatoria de mujeres que pertenecen a la academia. Lo más probable es que las mujeres que estamos observando en esta muestra sean aquellas que superaron el sesgo de género implícito que ha sido demostrado en todas las etapas de la carrera académica. Son las más apegadas a la academia o como diría Ximena Peña las más atléticas.[iii] Se esperaría, entonces, que un aumento en la participación de mujeres genere un aumento en la brecha de género que estimamos, si es cierto que las mujeres que decidieron quedarse son, en promedio, tan o más competentes que los hombres. La brecha también podría permanecer constante o incluso disminuir, si es cierto que la diversidad de género tiene beneficios para la investigación. Al fin y al cabo, es una pregunta empírica.

 

Yo soy optimista y creo que es mas probable que disminuya la brecha, pues considero que una mayor participación femenina podría beneficiar nuestra actividad en tres aspectos. Primero, es natural que se formulen nuevas preguntas, se evalúen los supuestos y se dé paso a nuevas ideas en la formulación de políticas. Bayer y Rouse (2016) sugieren que los puntos de vista predominantes entre los economistas pueden estar sesgados por la relativa falta de mujeres. Por ejemplo, May et al (2014) encontraron que las recomendaciones de política, de hombres y mujeres pertenecientes a AEA (American Economic Association), sobre temas como cobertura en salud, educación y desempleo son muy diferentes. Segundo, la diversidad de género puede reforzar el punto anterior, pues como ha sido demostrado en diversos experimentos de laboratorio, la diversidad cambia las dinámicas de grupo, la toma de decisiones y el comportamiento individual (Bayer y Rouse, 2016; Woolley et al., 2010; Kamas, Preston, and Baum 2008). Demostrando que los equipos diversos son más efectivos, se esfuerzan más, tienen más cuidado al exponer sus conclusiones y están más dispuestos a cambiar de opinión.[iv] Tercero, la creatividad y la productividad de grupos diversos en términos de género puede beneficiar la producción académica. Por ejemplo, usando la información de REPEC, encontramos que los artículos publicados por grupos con al menos una mujer de coautora tienen una probabilidad más alta de llegar a una revista de mayor ranking que un artículo en coautoría solo de mujeres, o los artículos de un solo autor, ya sea hombre o mujer.[v] Aunque no existe una justificación causal, estos resultados sugieren que una mayor diversidad puede conducir a investigaciones de mayor calidad.

Citando, literalmente, a Hannah Gadsby “creo que podríamos pintar un mundo mejor si supiéramos cómo verlo desde todas las perspectivas, tantas perspectivas como sea posible”[vi]. Necesitamos mayor participación femenina en la academía para beneficiarnos de la diversidad. No para que las fotos de las conferencias muestren una igualdad ficticia.

 

 

Referencias

 

Bayer, A., & Rouse, C. (2016). Diversity in the Economics Profession: A New Attack on an Old Problem. The Journal of Economic Perspectives, 30(4), 221-242.

 

Ceci, S. J. (2018) Women in Academic Science: Experimental Findings from Hiring Studies, Educational Psychologist, 53:1, 22-41, DOI: 10.1080/00461520.2017.1396462

 

Kamas, L. & Preston, A. & Baum, S. (2008). Altruism in individual and joint-giving decisions: What’s gender got to do with it?. Feminist Economics. 14. 23-50. 10.1080/13545700801986571.

 

May, AM., McGarvey, and Whaples, R. 2014. “Are Disagreements Among Male and Female Economists Marginal at Best?: A Survey of AEA Members and Their Views on Economics and Economic Policy.” Contemporary Economic Policy 32(1): 111–32.

Stock, W., Siegfried, J., Finegan, T., Colander, D., Mankiw, N., McInerney, M., & Poterba, J. (2011). Completion Rates and Time-to-Degree in Economics PhD Programs [with Comments]. The American Economic Review, 101(3), 176-193.

Woolley, A., Chabris, C., Pentland, A. Hashmi, N., Malone, T. (2010). Evidence of a Collective Intelligence Factor in the Performance of Human Groups. Science (New York, N.Y.). 330. 686-8. 10.1126/science.1193147.

 

[i] Para estimar este pocentaje, utilicé el QS World University Rankings, clasificado por tema ‘Economía’. Tomé las 20 mejores universidades de Latino America en el tema “Economía y Econometría” y verifiqué cuántas mujeres eran profesoras asociadas o titulares en los respectivos departamentos de economía. Los resultados están en el siguiente link: universidadeslac.

[ii] Los resultados se pueden ver en el siguiente documento: resultados

[iii] La literatura reciente ha intentado explicar esta baja representación analizando las diferencias de género, incluso, en habilidades espaciales y matemáticas en primaria y secundaria, e identificando factores de riesgo a medida que progresan en la universidad, en los estudios de posgrado y finalmente la academia. Algunos sugieren que el sesgo de género en la admisión, la entrevista y la contratación es parte del problema de la baja representatividad femenina en economía. Otros sugieren que son las preferencias de carrera y las elecciones de estilo de vida como causa principal. Otros aseguran que la presencia de estereotipos, autoeficacia y la creencia de que la economía requiere “brillantez”, puede mantener a las mujeres fuera de la academia. A los lectores interesados les recomiendo el artículo de Bayer y Rouse (2016) o el artículo de Ceci (2018).

 

[iv] Esto se conoce en la literatura como “diversidad cognitiva” y lo discute Tim Harford en su libro Messy: The Power of Disorder to Transform Our Lives (2016). Riverhead Books.

 

[v] El siguiente cuadro muestra los resultados de las regresiones de la probabilidad de publicar en top 5,10, 20, 50 y 100 en función del género de los autores. Es una estimación de datos de panel agrupados con efectos fijos de tiempo.

 

[vi] “I believe we could paint a better world if we learned how to see it from all perspectives, as many perspectives as we possibly could” Hannah Gadsby: Nanette.