Sobre la performance reciente de la economía real argentina: Parte I

En colaboración con Martín Polo

La economía argentina no tiene una buena performance desde hace mucho tiempo. En la Figura I podemos ver que entre 1980 y 1990 el producto bruto por habitante se contrajo 21%. Entre 1991 y 1998 mostró una recuperación importante hasta que una serie de shocks reales generaron una profunda depresión. El producto per cápita, que había crecido 40% durante esos años, se retrajo significativamente y en el pozo de la recesión en 2002 solo se ubicaba 10% por arriba del nivel que mostraba en 1990. Tomó hasta 2005 para volver al pico de producción alcanzado en 1998. A partir de ahí y hasta 2011, aunque no continuamente, la economía se expandió otro 25% en términos per cápita, en un contexto de términos de intercambio muy favorables (subieron más de 40%, contrario a lo que ocurrió en las décadas del 80 y 90 cuando presentaron una tendencia bajista) (ver Figura II).

Así las cosas, durante 20 años transcurridos desde el inicio de la Convertibilidad hasta 2011, la economía argentina expandió su producto por habitante aproximadamente 75%, lo cual proyecta una tasa de crecimiento anual acumulada del 2.8%. Sin embargo, desde 2012, año en el que comenzaron a caer significativamente los términos de intercambio, la economía se estancó y durante el último mandato de la administración Kirchner el producto por habitante se contrajo casi un 1%. Con esto, la tasa de crecimiento anualizada baja a 2.1% para el periodo 1990-2015, la cual es moderada. Si tenemos una mirada completa y tomamos todo el periodo 1980-2015, esta tasa baja a 0.8%, lo cual nos lleva a afirmar que la performance económica durante este largo periodo fue muy pobre.

Figura I

Fuente: elaboración propia en base INDEC

Figura II

Fuente: elaboración propia en base INDEC

Normalmente, cuando una economía sufre un shock adverso sobre sus términos de intercambio, su tipo de cambio real se deprecia hasta alcanzar su nuevo equilibrio. En cambio, el gobierno argentino desdobló el mercado cambiario, mantuvo un tipo de cambio comercial reprimido y reprimió la cuenta financiera. Esto buscaba mantener un nivel de consumo doméstico alto, lo cual indujo mayores importaciones y menores exportaciones que las que se habrían dado si se hubiese permitido contraer la absorción doméstica. Esto afectó severamente el nivel de inversión real del sector privado y su productividad, lo cual es la causa primordial del estancamiento observado durante este periodo.

Figura III

*Tipo de Cambio Real Multilateral utilizando Estados Unidos, Eurozona, Brasil, Chile, México, Japón y Chile. Para el dólar libre se utilizó el Contado con liquidación.
Fuente: elaboración propia

A su vez, Brasil entró en una fuerte recesión, lo cual también afectó negativamente la demanda de exportaciones manufactureras argentinas, ya que parte de la industria local mantiene un comercio administrado con ese país. Con la combinación de menores precios de las materias primas y menor demanda de nuestros productos industriales, las exportaciones argentinas totales presentaron una fuerte contracción durante el periodo 2011-2015 bajando 31% su valor (16% por caída de precios y 18% por contracción en cantidades) mientras que las importaciones se contrajeron 19% (8% por baja de precios y 11% por merma en las cantidades), lo cual revirtió el signo del balance comercial (ver Figura IV).

Figura IV

No solo se deterioró el balance comercial sino también la cuenta corriente, la cual alcanzó un déficit de 2,7% del PBI en 2015. Esta necesidad de ahorro externo fue además resultado de que el gobierno, para estimular la economía, aumentó fuertemente el gasto público (ver acá) y el déficit fiscal –el ahorro externo que utiliza un país es igual al déficit financiero del sector público y privado. Así, a pesar de los desincentivos a invertir que se generaron durante este periodo, la absorción domestica creció y se fue necesitando un nivel mayor de ahorro externo, cuya necesidad crecía cada vez que la economía se expandía (buena parte de las importaciones están asociadas al proceso productivo. Por ejemplo, en 2017, el 68% de las mismas fueron bienes de capital e insumos productivos). La Figura V resume la performance macroeconómica de este periodo (es importante notar que el consumo público no coincide con el gasto publico primario ni con el gasto público total).

Figura V

Fuente: elaboración propia en base a INDEC

Este contexto macroeconómico generó un proceso de stop and go. La economía se expandía en los años electorales (años impares) y se contraía en los años pares (ver Figura VI). Para poder salir del mismo sin pasar por una recesión pronunciada – evento difícil de procesar políticamente cuando se tienen elecciones cada dos años y un sistema político muy polarizado – la economía debía recuperar su acceso al crédito internacional, lo cual logró en 2016. Ello era así pues la vuelta al crecimiento necesitaba mayores niveles de inversión y, por tanto, en el corto plazo implicaba un deterioro significativo del superávit del sector privado, el cual se iría compensando con el aumento del ahorro público a medida que se fuese reduciendo el déficit fiscal.

Figura VI

Fuente: elaboración propia en base a INDEC

En 2016, luego de un primer semestre fuertemente recesivo, la economía comenzó a revertir el proceso en el que se encontraba (ver Figura VI). Para ello, se necesitaba que la inversión, y por tanto las importaciones por un tiempo, lideraran el crecimiento económico y que el consumo y el gasto público (y eventualmente el consumo privado) crecieran por debajo de la tasa de crecimiento de la economía (ver Figura VII). Hasta el primer trimestre de 2018, último dato disponible, la economía mostró la recuperación más sostenida de este periodo (ver Figura VI). Esto trajo optimismo, y se preveía que ese crecimiento se sostendría tanto en 2018 como en 2019. Sin embargo, una serie de shocks –que analizaremos en una próxima entrada- redujeron sustancialmente esas proyecciones.

Figura VII

Fuente: Elaboración propia en base a INDEC

Creemos que, aun cuando la economía pase por una recesión durante parte del año 2018 y retome el crecimiento en 2019, no sería correcto asimilar este stop a otro ciclo del proceso iniciado en 2012. El funcionamiento de la economía cambió significativamente durante la administración Macri. Primero, se salió de la represión cambiaria y se posee ahora un tipo de cambio flotante que permite absorber mejor los shocks reales suavizando el ciclo económico aun cuando estos impactan sobre el consumo. Segundo, se removió la represión financiera existente y la inversión se recuperó, ayudando a recuperar la infraestructura productiva, lo cual en el tiempo permitirá aumentar las exportaciones –lo que no es lo mismo que cambiar la demanda de ahorro externo. Como vimos, el proceso de crecimiento viene ahora liderado por la inversión al tiempo que, progresivamente, se va sumando cierto dinamismo exportador.

Esto a su vez refleja cambios estructurales importantes puestos en marcha por la administración Macri. Entre los más destacados se encuentra la fuerte inversión que se viene gestando en el sector de petróleo y gas. La maduración de estos proyectos en los próximos años permitirá revertir el déficit energético resultante del populismo energético practicado durante las gestiones kirchneristas. Como señalamos, pari passu a la recuperación de la inversión en infraestructura y bienes de capital, las exportaciones también han comenzado a mostrar un buen dinamismo siendo impulsadas principalmente por las ventas de manufacturas industriales que han aumentado su diversificación, reduciendo la dependencia de Brasil. Si bien la sequía está golpeando las ventas del complejo sojero, el resto de las exportaciones de productos primarios y manufacturas agropecuarias vienen mostrando un buen comportamiento, entre las que se destacan los envíos de carnes y pescados. En resumidas cuentas, las exportaciones vienen mostrando una importante recuperación: en el primer trimestre de 2018 crecieron 12% i.a., cifra que se eleva al 22% al excluir los envíos del complejo sojero (Figura VIII).

Figura VIII

Fuente: elaboración propia en base a INDEC
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