Formación de economistas en América Latina: el elefante en la habitación en tres actos

Primer Acto.

Desde hace cerca de dos años cuando reformamos el programa de pregrado en economía en la Universidad de los Andes, venimos haciendo un ejercicio bien interesante con los estudiantes en su primer día de clases. Les pedimos que escriban en una frase “¿Cuál es la pregunta que quisiera contestar cuando se gradúe como economista?”. Aquí van algunas imágenes de puño y letra de nuestros estudiantes de primer año con sus respuestas:

 

Segundo Acto.

Podría pensarse que estoy haciendo un poco de “cherry picking” al escoger frases que llaman especialmente la atención en cuanto la pregunta por la justicia social y económica. Sin embargo, preguntas como estas son bastante mas frecuentes que, por ejemplo, resolver el problema de producir una torta social y económica mas grande, o hacer uso eficiente de los recursos o reducir la corrupción que tanta alerta está despertando hoy.

De hecho, como parte de un esfuerzo de muchos profesores y universidades en el mundo alrededor del proyecto de currículo para enseñar economía denominado “CORE: Economics for a changing World”, varias facultades de economía le han hecho una pregunta similar a sus estudiantes con el fin de identificar qué problemas o retos enfrentan los economistas de hoy en el mundo. Con un simple ejercicio de “nube de palabras”, al unir las respuestas de varias universidades alrededor del mundo industrializado y el mundo en desarrollo, surgió la siguiente imagen que dice aun mas acerca de lo que estos estudiantes alrededor del mundo quisieran resolver al escoger formarse en economía.

Tercer Acto.

Queriendo extender el ejercicio, desde hace un año hemos preguntado a dos cohortes de nuestros graduandos, cuatro años después el dia antes de su graduación, la misma pregunta. “¿Cuál es la pregunta mas urgente que deberían contestar los economistas hoy?”. La nube de palabras que resultó del grupo que recién se graduó no difiere en mayor medida a los dos actos anteriores de esta historia.

Ahí está la desigualdad como el elefante en la habitación, tanto para nuestros estudiantes que comienzan a estudiar economía como a los recién graduados profesionales.

Se abren varias preguntas entonces. Una de ellas, apropiada para la audiencia de Foco Económico, es si este sentimiento está generalizado en otros países de la región latino americana y del caribe. Efectivamente somos una de las regiones mas desiguales en el planeta, pero no por ello quiere decir que los estudiantes de economía siempre llegan a estudiar, o se gradúan, pensando que es éste el problema mas apremiante para la profesión.

Invito a los lectores que tengan acceso a números importantes de estudiantes de pregrado a repetir el ejercicio, compartir sus datos y me comprometo a compilar y hacerle seguimiento al ejercicio en estos comienzos del siglo XXI. Pasadas las décadas de angustias en la región por los problemas de la inflación o la tasa de cambio a finales del siglo XX, se abren nuevos retos, a los ojos de nuestros estudiantes que en últimas serán quienes gobiernen en los sectores públicos, privados y sociales de nuestros países.

Una siguiente pregunta, en caso de que sea un sentimiento aún más generalizado que en Colombia –uno de los países con lo mas altos coeficientes de Gini en ingresos y en la distribución de riqueza en el mundo, es si estamos equipando a los estudiantes a lo largo de sus estudios para resolver esta pregunta por la desigualdad. Hay que dejar claro que la economía es una disciplina que desde sus orígenes se ha preocupado por los problemas de la justicia y la distribución de oportunidades y resultados. También es un hecho que la formación de economistas en nuestra región es bastante homogénea como lo reportaron hace casi una década Eduardo Lora y Hugo Ñopo, pero donde curiosamente la preocupación por la desigualdad no aparece como central.

Las herramientas están allí, en principio. Nuestros estudiantes aprenden de los métodos para medir la pobreza y la inequidad, y cuentan con instrumentales técnicos para explorar los factores causales que afectan variables de resultado de relevancia en las economías, y los canales o mecanismos micro y macroeconómicos que las pueden explicar. Sin embargo, existe hoy una excesiva atención a los problemas de eficiencia sobre los problemas distributivos. Nuestros textos, exámenes, problemas y casos se concentran con mucha mayor frecuencia sobre si la solución “óptima” es eficiente, si comparamos con cuántas veces evaluamos si es una solución justa. Claro, el segundo criterio cuenta con el problema de la subjetividad e imposibilidad de agregación de preferencias, mientras que frente al primero podemos construir consensos sobre la métrica y nivel aceptable para la mayoría. ¿Pero debe ser esa la razón por la cual eludimos una formación de economistas mas fuertes sobre los problemas de justicia distributiva en economía?. Ejemplo de esto es una prueba que hago con frecuencia con estudiantes que ya han tomado su primer curso en Teoría de Juegos. Encuentro sistemáticamente que están mucho mejor entrenados para identificar los equilibrios de Nash de un juego que los óptimos de Pareto del mismo.

Preguntarnos por soluciones justas y no solamente eficientes abre un mundo mas complejo para la formación de economistas. Si agregamos que además de justas y eficientes, deben ser soluciones sostenibles y democráticas, el desafío es inmensamente mayor. Este intento por darle un papel mas balanceado a estas preguntas y objetivos de aprendizaje se ve reflejado en proyectos curriculares como The CORE en donde se abren estas preguntas desde las primeras unidades.

Nuestros futuros economistas estarán mejor equipados si les ofrecemos una formación en la que las herramientas que les damos les permitan enfrentar estas preguntas, y en particular la de la desigualdad. Hoy contamos, por ejemplo, con buenos y sencillos modelos para explicar porque la mayoría de humanos rechazan ofertas injustas en el juego del Ultimatum, dejando dinero sobre la mesa. Contamos con mejores explicaciones de porqué con mucha frecuencia y bajo las normas y reglas correctas, a pesar de los incentivos pecuniarios, los individuos deciden conscientemente no aprovecharse de los demás en un problema de bienes públicos o de un dilema de los prisioneros. Estos pocos ejemplos muestran que podemos y debemos transformar el instrumental que usamos en los cursos introductorios de economía a nivel de pregrado, de donde salen la mayoría de economistas que ejercen la profesión. Recordemos que muy pocos estudiantes de pregrado hacen su tránsito a la escuela graduada a nivel doctoral en donde estos enfoques y herramientas son hoy casi material obligado. La inmensa mayoría de economistas se gradúan hoy con herramientas que principalmente sirven para evaluar si una solución es eficiente, y con menos herramientas para determinar si es justa. Sin embargo, la pregunta por lo justo hace parte de nuestro cableado emocional, neurológico, social y económico y por lo tanto debería ocupar un lugar mas importante en la formación de economistas.

 

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