¿Cómo mitigar el impacto del embarazo temprano? Efectos de corto plazo del programa para madres adolescentes de la Fundación Juanfe

 

La prevalencia del embarazo adolescente en Colombia es preocupante, tanto por sus niveles, como por su concentración en ciertas zonas y poblaciones. Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS), el porcentaje de adolescentes entre los 15 y 19 años que han estado embarazadas alguna vez pasó de 12.8% a 19.5% entre 1990 y 2010, y en 2015 alcanzó 17.4%. Mientras que en 2015 esta tasa no superaba el 13% para las tres ciudades más grandes del país, para Cartagena alcanzó el 20%. ¡Esto quiere decir que una de cada cinco adolescentes en Cartagena ha estado embarazadas alguna vez! En ese mismo año, esta proporción fue de 27.2% en los hogares en el primer quintil de la distribución de ingresos de Colombia. Para que tengan un punto de referencia internacional, la tasa de fertilidad adolescente -definida como el número de nacimientos vivos de madres adolescentes por mil mujeres- en Colombia (49.5 en 2016) es más del doble que el promedio para los países miembros de la OECD es apenas (21.5 en el mismo año).

Existen varias razones para considerar a las madres adolescentes como una población vulnerable que exige una atención prioritaria y especial. Primero, existe amplia evidencia sobre el devastador impacto que tiene un embarazo no planeado y la maternidad temprana sobre el bienestar presente y futuro de la madre e hijo. A través de diversos mecanismos, como por ejemplo la deserción escolar y el ingreso temprano al mercado laboral informal, el embarazo en la adolescencia están asociado con la vulnerabilidad socio-económica futura de sus hogares (Paranjothy et al., 2009; Azevedo et al., 2012). Los hijos de madres adolescentes tienen en promedio menor peso al nacer, menor probabilidad de ser amamantados y mayores tasas de mortalidad (Botting et al., 1998). A su vez, presentan con mayor frecuencia problemas emocionales y comportamentales, tienen peor desempeño académico y una mayor propensión de ser en el futuro padres y madres adolescentes (Moffit, 2002).

Con el propósito de llenar el vacío en la provisión de servicios para las madres adolescentes provenientes de las zonas marginadas de Cartagena, desde su creación en el año 2002, la Fundación Juanfe ha atendido a casi cuatro mil jóvenes con su programa para madres adolescentes. Este programa está basado en la provisión integral de servicios de salud (emocional, física y sexual y reproductiva), educación (básica y entrenamiento vocacional) y servicios para la vinculación al mercado laboral formal y el emprendimiento (a través de una oficina de empleo). El objetivo general de este modelo -denominado modelo 360º por su aproximaxión holística- es lograr el empoderamiento de las jóvenes promoviendo la acumulación de capital humano, la capacidad de generar ingresos y el bienestar general de sus hogares.

El programa está compuesto por tres fases. La primera se concentra en la estabilización socioemocional de las jóvenes. En esta fase, que dura seis meses, se le da acceso a las madres a servicios de salud sexual y reproductiva y se promueve el uso de métodos de planificación familiar. La fase dos, que dura un año, se concentra en la educación de las jóvenes, logrando que todas adquieran educación básica y media técnica, y algunas educación terciaria (la mayoría técnica y tecnológica). La útlima fase del programa tiene como objetivo el apoyo y capacitación de las beneficiarias para promover la generación de ingresos a través de su vinculación al mercado laboral formal o el desarrollo de un emprendimiento. De manera transversal, y durante las tres fases, las madres tienen acceso a un centro de salud, entrenamientos constantes en prácticas de promoción de hábitos saludables y de prevención, atención psicosocial y un Centro de Desarrollo Infantil (para el cuidado de los hijos de las familias más vulnerables).

Con el apoyo financiero y técnico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en conjunto con Bibiana Taboada, Francesca Castellani y Harold Villalba desde el año 2015 hemos venido implementando un ensayo aleatorizado controlado para evaluar el impacto de este programa. La teoría del cambio del Modelo 360º sugiere que el programa debería tener impacto sobre diferentes dimensiones, en diferentes plazos (ver Figura 1). Hasta ahora, la evaluación de impacto se ha enfocado en identificar y cuantificar el impacto sobre algunas dimensiones particulares. En las madres adolescentes (i.e., las jóvenes): fertilidad, salud sexual y reproductiva, habilidades socioemocionales, logro educativo y participación laboral. En los hijos de las madres adolescentes (i.e., los hijos): estado nutricional y desarrollo.

Figura 1 – Dimensiones de impacto

El experimento siguió un protocolo de asignación al tratamiento basado en un modelo de sobredemanda y lotería. Es decir, gracias a que el número de cupos disponibles para el programa fue mucho menor al número de jóvenes interesadas en participar, se utilizó como criterio de asignación una lotería, dentro de dos niveles de estratificación: (i) madres gestantes y lactantes, y (ii) grupo de edad. En el estudio se incluyeron dos cohortes, a partir de los procesos de selección llevados a cabo en el primer (2016-1) y segundo (2016-2) semestre de 2016. En 2016-1, de las 386 jóvenes que superaron los filtros de ingreso al programa se seleccionaron aleatoriamente 340 al estudio: 172 a tratamiento y 168 a control.  168. En 2016-2, de las 393 jóvenes que superaron los filtros de ingreso al programa se seleccionaron aleatoriamente 370 al estudio: 189 a tratamiento y 181 a control. Hasta el momento se han realizado tres mediciones, en tres momentos del tiempo: antes del inicio del programa (línea de base), aproximadamente 10 meses después del inicio del programa (1er seguimiento) y aproximadamente 14 meses después del inicio del programa (2do seguimiento). Se pueden encontrar más detalles sobre el programa y la evaluación acá: (https://publications.iadb.org/handle/11319/8468) y acá (http://www.socialscienceregistry.org/trials/2122).

En el 2018 hemos tenido dos muy buenas noticias. La primera es que los resultados preliminares (terminamos el proceso de depuración de datos del segundo seguimiento apenas hace unas pocas semanas) nos dan evidencia de impactos significativos en el corto plazo. En particular, quisiera destacar los siguientes efectos promedio sobre los tratados (Average Treatment on the Treatment, ATT):

  • Incremento en la utilización de métodos de planificación familiar: Efecto del 8% sobre una media del 82% en el grupo de control.
  • Disminución del embarazo subsecuente (segundo embarazo adolescente): Efecto del 51% sobre una media del 11% en el grupo de control.
  • Incremento del peso al nacer: Efecto de 160gr sobre una media de 3.000gr en el grupo de control.
  • Incremento en la asistencia a un establecimiento educativo: Efecto del 73% sobre una media del 39% en el grupo de control.
  • Incremento en participación en el mercado laboral: Efecto del 17% sobre una media del 41% en el grupo de control.

Al hacer un ejercicio simple de contabilidad podemos ver que estos resultados son alentadores y que existe un inmenso costo de la inacción frente al embarazo adolescente subsecuente. En Colombia, el 16.5% de los partos en adolescentes son partos subsecuentes. Esto quiere decir que, de los 142 mil partos de mujeres entre los 15 y 19 años registrados en 2015, más de 23 mil son de adolescentes en su segundo embarazo. Según datos tomados de registros administrativas del Ministerio de Salud, el embarazo de una madre NO adolescente le cuesta al sistema aproximadamente USD9,000 (COL$25,428,903), mientras que, por ser de alto riesgo, un embarazo de una madre adolescente le cuesta al sistema USD16,000 (COL$45,279,999). Esto quiere decir que, por cada embarazo que el programa logre aplazar hasta la adultez, el sistema de salud colombiano mecánicamente se ahorra aproximadamente USD7,000.

La segunda gran noticia es que el proyecto ha sido seleccionado como uno de los 10 ganadores del premio Innovation on Gender Based Violence Prevention and Response otorgado por el Banco Mundial y la Sexual Violence Research Initiative. Esta es una gran noticia, ya que los recursos y el apoyo técnico nos permitirá lograr tres objetivos adicionales:

  1. Implementar un seguimiento adicional donde se podrán aplicar instrumentos para medir directamente la incidencia de la violencia basada en género en la muestra del estudio, que puede ser indicativa de la población de madres adolescentes en condición de pobreza extrema en un país de ingresos medios. Quisiéramos implementar la “Encuesta de Violencia Contra Menores” o Violence Against Children Surveys (VACS), un instrumento validado para Colombia por un equipo de investigadores de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes (yo estuve entre ellos), Columbia University, Together For Girls y el CPC Learning Network. Esta encuesta es una iniciativa del Centers for Disease Control and Prevention – CDC. VACS permite describir la prevalencia de violencia física, sexual y emocional durante la niñez. Además, busca caracterizar los patrones epidemiológicos de estos fenómenos e identificar factores de protección. Este instrumento de medición tiene la gran ventaja de haber sido utilizado ya en población similar y ha sido diseñado específicamente para ser aplicado a niños y jóvenes.

 

  1. Podremos medir si el modelo 360º tiene algún impacto sobre la prevalencia de la violencia de género. Existen al menos cuatro mecanismos dentro de la teoría del cambio que explican cómo el programa puede prevenir y disminuir la violencia de género al potenciar los siguientes factores protectores: (i) Aumento del capital humano (habilidades socio-emocionales y educación formal) y de la capacidad para generar ingresos; (ii) Empoderamiento a través de la promoción de habilidades socioemocionales, tales como la autoestima, la auto-efectividad, mayores aspiraciones y expectativas; (iii) Empoderamiento a través de un mejor manejo de la salud sexual y reproductiva; y (v) Existe amplia literatura donde se evidencia la asociación de estos mecanismos con la prevalencia de la violencia sexual, física y psicológica.

 

  1. Esta nueva ola de recolección de datos permitirá estudiar más a fondo el fenómeno de la violencia basada en género, lo cual deberá proveer evidencia para informar el diseño de programas para la mitigación del problema y la reparación de sus víctimas. Por ejemplo, se podrá estudiar cómo a través del modelo se pueden potenciar los factores protectores que permiten mitigar la violencia basada en género. En particular, la Fundación JUANFE ha expresado la necesidad de contar con mejor información para poder realizar innovaciones pertinentes en el Modelo 360º que apunten a la prevención del abuso sexual y de otras expresiones de la violencia basada en género. En la línea de base del estudio de impacto 26% de las jóvenes reportan haber sido víctimas de algún tipo de violencia, y 12% afirman que han reportado esta situación a las autoridades.

 

Esperamos tener muy pronto más resultados que aporten al fortalecimeinto de programas y políticas públicas que promuevan el bienestar de las madres adolescentes y sus hijos.

 

Referencias:

 

Azevedo J.P., Favara M., Haddock S.E., Lopez-Calva L.F., Muller M., Perova E., 2012. Embarazo Adolescente y Oportunidades en América Latina y el Caribe: sobre maternidad temprana, pobreza y logros económicos. Banco Mundial.

 

Botting B., Rosato M. Y R. Wood, 1998. Teenage mothers and the health of their children. Population Trends, 93:19–28.

 

Moffitt T.E., 2002. Teen-aged mothers in contemporary Britain. Journal of Child Psychology Psychiatry, 43(6):727–742.

 

Paranjothy, S., H Broughton, R., Adappa, D., 2009. Teenage pregnancy: who suffers?. Fone Arch Dis Child 2009;94:239-245 Published Online First: 19 November 2008 doi:10.1136/adc.2007.115915