La medición de la actividad económica y el desempeño a nivel estatal en México

La medición de la actividad económica y el desempeño a nivel estatal en México[1]

Este artículo está motivado por la reciente contribución de Jorge Alonso-Ortiz sobre el tema del desarrollo regional en México, así como por el trabajo que desde hace algunos años viene realizando México ¿Cómo Vamos? para desarrollar y difundir medidas que permitan medir la actividad económica de los estados en México y comparar el desempeño económico regional[2]. En el caso de ambos trabajos la motivación para analizar el desarrollo regional es la misma: la existencia de brechas significativas y persistentes entre los niveles de PIB per cápita entre entidades federativas en México.

La persistencia en el tiempo de las diferencias en niveles de PIB per cápita entre entidades implica que también hay diferencias en las tasas de crecimiento, lo cual representa un desafío para la teoría económica. En particular, una de las principales implicaciones del modelo neoclásico de crecimiento, desarrollado a partir del trabajo pionero de Solow, es que las brechas en niveles de PIB per cápita tienden a cerrarse en el tiempo, ya que las entidades con el menor nivel de PIB per cápita tenderán a crecer a una tasa más elevada que aquellas con un mayor nivel.[3]

De hecho, si las diferencias en el PIB per cápita reflejan diferencias en el capital por trabajador, entonces la existencia de dichas brechas sugiere la existencia de una oportunidad de arbitraje: los trabajadores deberían migrar a aquellas entidades con mayor nivel de capital per cápita ya que los salarios son más elevados, mientras que los propietarios del capital deberían reasignarlo hacia aquellas entidades con menores niveles de capital per cápita, ya que la productividad marginal del capital es mayor.

Alternativamente, la existencia y persistencia de brechas en los niveles de PIB per cápita entre entidades puede responder a la existencia de barreras a la movilidad del trabajo y del capital, o a diferencias en la eficiencia con la que se combinan los factores de la producción, una medida conocida como la productividad factorial total. Si éste es el caso, las brechas persisten no porque el modelo neoclásico no sea una buena representación de la economía, sino porque sus supuestos de libre movilidad de los factores y de una tecnología común entre economías no se cumplen.

Este artículo argumenta que el comparar el PIB real per cápita de las entidades federativas en México presenta varios problemas que lo hacen en general una mala medida o indicador de la actividad económica a nivel estatal, entre los que destacan

  • Primero, una parte del PIB corresponde a rentas económicas asociadas a la explotación de recursos naturales (e.g. petróleo, gas, minería) o a la existencia de monopolios u oligopolios en algunos sectores (e.g. generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final, telefonía fija, etc.). En tanto que la producción de estos sectores no necesariamente puede atribuirse al desempeño económico de las entidades, ésta no debe considerarse normalmente como parte de aquello que se evalúa.
  • Segundo, existen diferencias entre entidades en sus estructuras poblacionales que hacen que el dividir el PIB estatal por el tamaño de la población respectiva pueda ser engañoso. En particular, el promedio de edad más bajo de las entidades con los niveles más bajos de desarrollo sesga a la baja el PIB per cápita y exacerba las diferencias entre entidades
  • Tercero, existen diferencias entre entidades en sus dinámicas demográficas que hacen que comparar la evolución del PIB por trabajador por entidad pueda ser engañoso. En particular, aquellas entidades hacia los que cuales más emigran trabajadores de otras entidades se ven penalizadas en términos de su desempeño si las medidas no toman en cuenta la contribución de la migración inter entidad al crecimiento del PIB por trabajador.

Si bien estas razones no cambian el hecho de que existe una gran disparidad entre regiones en México en su nivel de desarrollo, sí contribuyen a reducir la brecha y ayudan a explicar por qué ciertas entidades parecen mostrar un desempeño muy pobre relativo a otras entidades en términos de PIB per cápita, a pesar de que pueden haber sido exitosas en otras dimensiones.

La importancia de deducir las rentas 

De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, el valor de las rentas procedentes de los recursos naturales como porcentaje del PIB en México fue de 2.3 por ciento en 2015, el cual es el año más reciente para el cual se tienen datos. Este valor no es particularmente alto si se le compara con los promedios para la región de América Latina y el Caribe de 3.1 por ciento, para el grupo de países de ingreso medio-alto de 2.7 por ciento o para el promedio mundial de 1.7 por ciento.

Si bien las rentas provenientes de los recursos naturales no son una parte muy grande del PIB total, éstas se encuentran concentradas en unas cuantas entidades, y de ahí la importancia de deducirlas de la medida de PIB a nivel estatal. Por ejemplo, en 2015 Campeche contribuyó con el 54.8 por ciento del valor agregado bruto de la minería petrolera a nivel nacional, mientras que Tabasco contribuyó con 34.5 por ciento. Otras ocho entidades contribuyeron con el 10.7 por ciento restante, mientras que 22 entidades tuvieron una contribución de cero.

En cuanto a la producción de minería no petrolera, su concentración regional también fue significativa, si bien menor que en la petrolera: en 2015 Sonora contribuyó con el 27.2 por ciento del valor agregado bruto a nivel nacional, mientras que Zacatecas contribuyó con 16.5 por ciento, Coahuila el 9.2 por ciento, Chihuahua el 7.0 por ciento y Durango con el 5.0 por ciento. En conjunto, estas cinco entidades contribuyeron con casi dos terceras partes de la producción de minería no petrolera nacional total.

En cuanto a la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final, el cual es otra rama de actividad donde hay rentas ya que está sujeta a rendimientos extra normales por la economía de redes, ocho de las 32 entidades fueron responsables de un poco más de la mitad de la producción nacional.

En algunos casos dichas entidades se encuentran entre las más pobladas y con el mayor PIB a nivel nacional, como Nuevo León el cual tiene una participación de 8.3 por ciento del total nacional, Estado de México, con 7.5 por ciento y Jalisco, con 5.1 por ciento. En otros casos, la participación de ciertas entidades es mayor a su peso en términos de población o del PIB, como en Baja California, con 6.7 por ciento, Chihuahua, con 4.4 por ciento, Tamaulipas, con 6.5 por ciento, y Veracruz, con 7.2 por ciento. Ello responde en parte a la ubicación de las plantas eléctricas, las cuales se concentran en aquellas entidades donde hay condiciones más propicias para su generación.

Por no contar con una desagregación mayor de los datos del INEGI del PIB por entidad federativa, este artículo se limita a estos dos ajustes, es decir, a restar la producción de la minería –la suma de la minería petrolera y la minería no petrolera– y de la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final.

Como se muestra en el Cuadro 1, la clasificación de las entidades responsables de la mayor parte de la producción petrolera, como Campeche y Tabasco, y de algunas entidades mineras, como Zacatecas, cae de forma dramática de acuerdo con el orden usando el PIB per cápita corregido. También puede apreciarse que una vez que se corrige el PIB por rentas, la razón entre la entidad con el PIB per cápita más alto y la entidad con el más bajo disminuye de 8.3 a 6.0, mientras que el coeficiente de variación también disminuye.[4]

Cuadro 1: PIB per cápita estatal en 2015, en pesos corrientes, con y sin corrección por rentas

Fuentes: Cálculos propios con base en los datos del INEGI. Sistema de Cuentas Nacionales de México, Producto Interno Bruto por Entidad Federativa, Año Base 2013, Serie de 2003 a 2016, y Encuesta Intercensal 2015 para los datos de población total y población ocupada.

[1]En este artículo se utilizan indistintamente los términos entidad federativa y estados, en realidad la denominación correcta sea la primera. Las opiniones, interpretaciones y conclusiones contenidas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor y no deben atribuirse a ninguna otra persona u organización. Correo electrónico: rgarciav@alumni.uchicago.edu

[2]Véase, por ejemplo, el documento titulado Metodología de los Semáforos Económicos Estatales.

[3]Ello, a su vez, es el resultado de los supuestos del modelo, incluyendo el que la función de producción agregada está caracterizada por rendimientos marginales positivos pero decrecientes de cada uno de los factores de la producción y rendimientos constantes a escala, y que las tasas de inversión y de depreciación sean constantes en el tiempo.

[4]La razón del PIB per cápita entre la entidad con el PIB per cápita más alto y la entidad con el más bajo varía de año a año, y es mayor si el PIB se expresa en términos constantes utilizando la base de 2013, pudiendo la razón ser tan alta como 25 a inicios de la primera década de los 2000.

Diferencias entre entidades en estructuras poblacionales

La razón del PIB per cápita de los Estados Unidos (EE.UU.) a México típicamente es de entre 3 y 7, dependiendo de si se utiliza un tipo de cambio ajustado por la paridad del poder compra o si se usa el tipo de cambio de mercado, respectivamente, y del año en que se les compare. Como se ha apuntado anteriormente, esta razón es menor que aquella en el PIB per cápita al interior de México entre las entidades con el PIB per cápita más alto y más bajo, que es de entre 6 y 8, dependiendo del año y de si se ajusta por rentas, tal y como se describió en la sección anterior, y es menor a la diferencia entre estados al interior de los EE.UU., que es de aproximadamente 2.

De forma análoga, existen diferencias en la estructural poblacional entre entidades al interior de México que son mayores que las diferencias entre México y EE.UU. Por ejemplo, en 2015 la diferencia en la tasa global de fertilidad, la cual mide el número de nacimientos promedio por mujer de entre 15 y 49 años, fue de 0.4 puntos porcentuales entre México (2.3) y EE.UU. (1.9). La diferencia en esta misma variable en 2015 entre la entidad en México con la mayor tasa, Chiapas (3.0), y la entidad con la menor tasa, la Ciudad de México (1.6), fue de 1.4 puntos porcentuales.

Otro ejemplo es la diferencia en la población de niños y jóvenes (de entre 0 y 14 años) como porcentaje de la población total: mientras que en 2015 la diferencia entre México (27.4) y Estados Unidos (19.2) fue de 8.3 puntos porcentuales, la diferencia en esta misma variable en 2015 entre la entidad en México con la mayor proporción, Chiapas (33.4), y la entidad con la menor tasa, la Ciudad de México (20.0), fue de 13.4 puntos porcentuales.

Las diferencias en la estructura de población por edades son relevantes. Si bien normalmente no se hace una distinción entre el PIB per cápita y el PIB por trabajador en la literatura sobre crecimiento económico, el utilizar el PIB per cápita como medida del desempeño económico de las entidades penaliza a aquellas cuyas poblaciones son relativamente más jóvenes.[1]

El modelo neoclásico, al igual que la mayoría de los modelos de crecimiento, está planteado en términos de una función de producción agregada donde uno de los dos insumos es el factor trabajo. Por tanto, lo que da lugar a que el trabajo y el capital migren entre países, regiones, entidades o municipios son las diferencias en el rendimiento marginal del capital, que dependen de las diferencias en la razón capital por trabajador, no de la razón capital per cápita. Es por ello que al evaluar la diferencia en desempeño económico entre entidades lo adecuado es comparar el PIB por trabajador.

Al calcular el PIB por trabajador corregido por rentas, utilizando para ello la estimación de la Encuesta Intercensal 2015 del total de la población ocupada, encontramos que la razón entre la entidad con el PIB por trabajador más alto y la entidad con el más bajo es de 4.1 (Cuadro 2).

Cuadro 2: PIB per cápita y PIB por trabajador estatal en 2015, en pesos corrientes, con y sin corrección por rentas

Fuentes: Cálculos propios con base en los datos del INEGI. Sistema de Cuentas Nacionales de México, Producto Interno Bruto por Entidad Federativa, Año Base 2013, Serie de 2003 a 2016, y Encuesta Intercensal 2015 para los datos de población total y población ocupada.

[1]Comparado con el PIB por trabajador, el PIB per cápita puede ser una mejor medida del bienestar de los hogares en términos de aproximar la cantidad de bienes y servicios a los que pueden acceder en promedio. Es por ello que las estimaciones de las medidas de pobreza y desigualdad obtenidos a partir de encuestas de hogares normalmente toman en cuenta las diferencias en la estructura de población por edad y dividen el ingreso, consumo o gasto familiar total por el número de adultos equivalentes.

Diferencias entre entidades en dinámicas demográficas

En cuanto a la migración, la diferencia entre las entidades con los mayores flujos de población al interior de México también fueron mayores que los flujos entre México y Estados Unidos. Por ejemplo, en 2015 las entidades que registraron el saldo neto migratorio interno más alto (la diferencia entre el número de inmigrantes y emigrantes al interior del país) fueron Baja California Sur, con una tasa de 10 por ciento, seguida de Quintana Roo, con 8.1 por ciento. Las entidades que registraron el saldo neto migratorio interno más bajo fueron la Ciudad de México, con 6.3 por ciento, seguido de Guerrero, con 1.8 por ciento.

Para entender por qué son relevantes las diferencias entre entidades en su dinámica demográfica en la medición del desempeño económico, es conveniente recurrir a la siguiente descomposición del PIB real por trabajador a nivel nacional (también conocido como productividad media de la mano de obra, o PMMO). Sean el Y(t) valor agregado total en el periodo t, L(t) el número total de personas empleadas en el periodo t, 32 el número de entidades en que se divide la federación y el índice de las entidades, donde j = 1,…,32. De acuerdo con esta notación,  Y(j,t) y L(j,t) denotan el valor agregado y el número de personas empleadas en la entidad j, en el periodo t, respectivamente. Por definición, el valor agregado bruto total en el periodo y el empleo total en el periodo son iguales a las sumas a través de las 32 entidades del valor agregado bruto y del empleo, respectivamente:La PMMO o valor agregado por trabajador en la entidad j está dada por y(j)=Y(j)/L(j). Denotemos a los trabajadores empleados en la entidad j como porcentaje del número total de trabajadores empleados por θ(j)=L(j)/L. Entonces, por definición, la PMMO o valor agregado por trabajador para la economía nacional es igual a la suma ponderada de la PMMO en cada una de las entidades, donde la ponderación de cada una de las entidades es igual a la proporción de trabajadores totales empleados en dicha entidad. Es decir:Los cambios en el valor agregado por trabajador pueden entonces descomponerse en el aumento promedio de la PMMO al interior de cada una de las entidades y las contribuciones de la reasignación de trabajadores entre entidades de acuerdo a la siguiente ecuación:Esta ecuación puede expresarse en términos de crecimiento porcentual como:

Utilizando los datos del INEGI del Producto Interno Bruto (PIB) real por entidad federativa corregido por rentas, y de la población de 12 años y más, y su distribución según condición de actividad, podemos calcular el PIB real por persona ocupada para cada uno de los años entre 2003 y 2015 y realizar esta descomposición.[1]Los resultados se presentan en la Gráfica 1, la cual muestra que la mayor contribución al crecimiento provino del crecimiento de la PMMO al interior de las entidades.

Gráfica 1: PIB real por persona ocupada con corrección por rentas y por entidad federativa, 2003-2015

Fuentes: Cálculos propios con base en los datos del INEGI. Sistema de Cuentas Nacionales de México, Producto Interno Bruto por Entidad Federativa, Año Base 2013, Serie de 2003 a 2016, y Censo de Población y Vivienda 2000, Conteo 2005, Censo de Población y Vivienda 2010 y Encuesta Intercensal 2015.

[1]La serie de tiempo anual de la población ocupada se calculó mediante una interpolación de los datos del Censo de Población y Vivienda de 2000, del Conteo 2005, del Censo de Población y Vivienda 2010 y de la Encuesta Intercensal 2015.

El resultado de esta descomposición muestra que, en promedio, la mayor parte del crecimiento de la PMMO provino del crecimiento al interior de las entidades. Sin embargo, este promedio oculta una gran heterogeneidad en la contribución al crecimiento de la PMMO de la migración de trabajadores entre entidades (Gráfica 2) relativa a la heterogeneidad del crecimiento de la PMMO al interior de las entidades (Gráfica 3).

Gráfica 2: Contribución al crecimiento del PIB real por persona ocupada con corrección por rentas agregado del crecimiento de la PMMO inter entidades, 2003-2015

Fuentes: Cálculos propios con base en los datos del INEGI. Sistema de Cuentas Nacionales de México, Producto Interno Bruto por Entidad Federativa, Año Base 2013, Serie de 2003 a 2016, y Censo de Población y Vivienda 2000, Conteo 2005, Censo de Población y Vivienda 2010 y Encuesta Intercensal 2015.

Gráfica 3: Contribución al crecimiento del PIB real por persona ocupada con corrección por rentas agregado del crecimiento de la PMMO intra entidades, 2003-2015Fuentes: Cálculos propios con base en los datos del INEGI. Sistema de Cuentas Nacionales de México, Producto Interno Bruto por Entidad Federativa, Año Base 2013, Serie de 2003 a 2016, y Censo de Población y Vivienda 2000, Conteo 2005, Censo de Población y Vivienda 2010 y Encuesta Intercensal 2015.

 

Esta descomposición ayuda a entender por qué entidades han sido exitosas en atraer inversión, incluyendo inversión directa extranjera, como Quintana Roo con el sector turismo y Baja California con la industria maquiladora de exportación, no parecen ser exitosos bajo la métrica del crecimiento del PIB per cápita. En ambos casos se trata de entidades que han experimentado un alto crecimiento poblacional, en gran parte producto de la inmigración de trabajadores de otras entidades, lo cual hace difícil mantener la PMMO al interior del estado.

Algunas entidades, como Querétaro, han logrado aumentar la PMMO al interior de la entidad a pesar del elevado crecimiento de la población ocupada, mientras que en otras, como Baja California, la PMMO al interior de la entidad ha registrado una caída, al menos en parte como consecuencia de la migración neta del resto de las entidades. El caso más dramático es el de Chiapas, ya que presenta contribuciones negativas tanto de la migración neta negativa al resto de las entidades como del crecimiento de la PMMO al interior del estado.

Reflexiones finales

Si bien las brechas entre entidades en los niveles de actividad económica no desaparecen al hacer ajustes por rentas y al dividir por el número de personas empleadas en lugar de por la población total de la entidad, dichas brechas se reducen significativamente. Si bien en el agregado la contribución inter-sectorial al crecimiento de la PMMO es muy pequeña, existen algunas entidades en las cuales la migración neta juega un papel muy importante en explicar su desempeño. Es por ello que al comparar la actividad y el desempeño económico de las entidades resulta conveniente tener en cuenta la evolución de varios indicadores y no limitarse a uno solo como el PIB per cápita o el PIB por trabajador. Estas medidas son más apropiadas para comparar el desempeño relativo e entre países, para los cuales la migración neta tiene una contribución mucho menor que para los estados al interior de la mayoría de los países.