Populismo e hiperinflaciA?n: el a�?Veneshocka�? que se viene a la luz del a�?Fujishocka�? del 90

Por Carlos E. Paredes[1]

Las hiperinflaciones clA?sicas a��estudiadas por Cagan (1956) y Sargent (1982)[2], entre muchos otrosa�� son las que se registraron en Europa tras la Primera Guerra Mundial. En algunos de los paA�ses perdedores, el colapso del aparato productivo, la consecuente caA�da en la recaudaciA?n tributaria, junto al esfuerzo de reconstrucciA?n, y la necesidad de afrontar el servicio de la deuda pA?blica a��incrementada por los gastos de las reparaciones impuestas por los paA�ses vencedoresa��A�generaron dA�ficits fiscales muy grandes, los cuales fueron crecientemente financiados con emisiA?n monetaria por parte de bancos centrales no independientes.

El consecuente aumento en la inflaciA?n, las expectativas de que esta continuarA�a incrementA?ndose en el futuro, la disminuciA?n en la demanda por saldos monetarios y la necesidad de acelerar la expansiA?n monetaria para mantener un determinado nivel de gasto real llevaron a la aceleraciA?n de la inflaciA?n, generando un cA�rculo vicioso que terminA? en hiperinflaciA?n. El fin de ellas vino con un a�?cambio de rA�gimena�?, caracterizado por un ajuste fiscal (con un importante componente de reducciA?n del gasto pA?blico), el establecimiento de un banco central autA?nomo, el fin del financiamiento monetario, la estabilidad cambiaria y, algunas veces, con ayuda externa y alivio de deuda que contribuyA? a darle credibilidad al programa de estabilizaciA?n.

En contraposiciA?n, las hiperinflaciones latinoamericanas no se generaron como consecuencia de grandes guerras, sino mA?s bien fueron la A?ltima fase del descalabro macroeconA?mico causado por gobiernos populistas que, entre muchos otros males que produjeron, sobre endeudaron a sus paA�ses y los volvieron fiscalmente inviables. A pesar de las diferencias entre las hiperinflaciones de la regiA?n (Bolivia, PerA?, Argentina, Brasil y Nicaragua), un factor comA?n a estas experiencias fue la existencia de crecientes dA�ficits fiscales (en parte explicados por los gastos financieros relacionados a un endeudamiento pA?blico muy alto), que terminaron siendo monetizados casi en su integridad debido al agotamiento de otras fuentes de financiamiento. Otro factor comA?n a estos episodios fue el alto grado de intervenciA?n del Estado en la economA�a a��incluyendo los controles de precios, el control de cambios, la prevalencia de tipos de cambio mA?ltiples, el otorgamiento de subsidios masivos a travA�s de empresas pA?blicas y/o bancos estatales. AsA�, las hiperinflaciones latinoamericanas no solo se caracterizaron por un crecimiento muy rA?pido y cada vez mayor del nivel general de precios, sino por fuertes distorsiones de precios relativos producto de la intervenciA?n del Estado.

Un aspecto interesante del fin de estas A?ltimas hiperinflaciones es que, a diferencia de las experiencias europeas despuA�s de la Gran Guerra, el necesario ajuste fiscal no pasA? por una reducciA?n nominal de las remuneraciones del sector pA?blico, sino por un progresivo desmantelamiento de los controles de precios y la reducciA?n de los subsidios generalizados, junto a la unificaciA?n cambiaria, es decir, por un salto final, casi una explosiA?n, en el nivel de precios. AsA� a��y a pesar de que pueda parecer paradA?jicoa��A� el Big Bang con el que se iniciaron los programas de estabilizaciA?n latinoamericanos, fue una condiciA?n necesaria para el fin de las hiperinflaciones de la regiA?n. Dado que la sostenibilidad de las estabilizaciones dependA�a de cerrar efectivamente el financiamiento monetario del dA�ficit, en muchos casos los gobiernos debieron restructurar las deudas con sus acreedores.

Hoy, Venezuela estA? sufriendo la A?ltima hiperinflaciA?n de AmA�rica Latina, producto tambiA�n de polA�ticas populistas extremas. La intervenciA?n del Estado en la economA�a, los controles de precios y el dA�ficit fiscal han llegado a niveles inverosA�miles. Un dicho popular indica que a�?no hay mal que dure cien aA�os, ni cuerpo que lo aguantea�?. Las hiperinflaciones son males de relativa corta duraciA?n, llevan en ellas la semilla de su final: el colapso de la demanda por dinero vuelve inviable el financiamiento monetario y, ante la ausencia de otras fuentes de financiamiento, fuerza el ajuste fiscal, el cual, en algunas oportunidades, viene acompaA�ado por el cambio de gobierno. En Venezuela, dada la virulencia de los incrementos de precios, el mal de la hiperinflaciA?n no puede extenderse por mucho tiempo; ademA?s, el cuerpo de su economA�a no lo aguanta, tal como lo demuestra la diA?spora de venezolanos por el planeta.

Por su relevancia, a continuaciA?n se compara la experiencia actual de Venezuela con la del PerA? a fines de los aA�os ochenta. Durante la segunda mitad de esa dA�cada, el gobierno de Alan GarcA�a implementA? una polA�tica a�?heterodoxaa�?, cuyos principales elementos fueron: limitar unilateralmente el servicio de la deuda (default), implantar controles de precios y salarios, introducir un sistema de cambio mA?ltiple, e implementar polA�ticas fiscales y monetarias expansivas. Esta mezcla de polA�ticas A�gatillA? la demanda interna y el crecimiento en el corto plazo (1986-87), pero a costa de un creciente dA�ficit fiscal y de cada vez mayores desequilibrios en precios relativos. La fiesta heterodoxa llegA? a su fin en 1988, cuando se agotaron las reservas internacionales y en setiembre de ese aA�o el gobierno se vio forzado a decretar fuertes ajustes en precios controlados (la inflaciA?n de ese mes alcanzA? el 114%), iniciA?ndose asA� la hiperinflaciA?n peruana. El ajuste forzado de entonces no vino acompaA�ado de un programa de estabilizaciA?n coherente, pero sA� por un desplome de la producciA?n y los ingresos, asA� como por el financiamiento monetario del dA�ficit que no llegA?A� a cerrarse. Hubo que esperar casi dos aA�os y un cambio de gobierno para el Big Bang peruano a��conocido como el Fujishocka��, el cual llegA? el 8 de agosto de 1990, a los 10 dA�as de haberse iniciado el primer gobierno de Alberto Fujimori[3].

En los siguientes grA?ficos se muestran la evoluciA?n de los desequilibrios fiscales, de la inflaciA?n y del PBI en estos dos paA�ses durante las hiperinflaciones y durante los aA�os inmediatamente anteriores a ellas.

Fuente: Banco Central de Reserva del PerA?. Fondo Monetario Internacional, Monitor Fiscal (octubre 2017).

Nota: Los datos de PerA? corresponden al Sector PA?blico No Financiero, mientras que los de Venezuela corresponden a la suma del Gobierno Central y de PetrA?leos de Venezuela S.A. (PDVSA).

Fuente: Fondo Monetario Internacional.

Fuente: Banco Central de Reserva del PerA?. Fondo Monetario Internacional (octubre 2017).

 

Como se puede ver, en el PerA?, el dA�ficit fiscal bordeA? el 10% en el periodo 1986-89; en Venezuela, este promediA? el 17% entre el 2014 y 2017. La inflaciA?n en PerA? se acelerA? de 115% en 1987 a 2,775%, en el aA�o anterior al Big Bang (cuando alcanzA? 7,650%); mientras en Venezuela, el aumento de precios se incrementA? de 69% en el 2014 a 2,200% en el en 2017, y desde el A?ltimo trimestre de ese aA�o, se habrA�a entrado en una etapa en que, a pesar de los controles de precios, la inflaciA?n superA? de manera consistente el 50% mensual, mientras que el tipo de cambio en el mercado paralelo representA? 33 veces el tipo de cambio para la importaciA?n de bienes necesarios a fines del 2017[4]. Finalmente, la caA�da del PBI en PerA? en el trienio 1988-1990 alcanzA? el 25%; en Venezuela, la caA�da en el producto en el periodo 2014-2017 bordeA? el 20%, pero, claro, la caA�da todavA�a sigue y aA?n falta que pasen por su Big Bang: el a�?Veneshocka�?.

Es interesante recordar que en el momento del Fujishock de agosto del 90, el recuerdo del a�?Caracazoa�? de febrero de 1989 estaba aA?n muy presente (cuando ante el anuncio de un programa de estabilizaciA?n a��que aumentA? el precio de la gasolina al doble, unificA? el tipo de cambio e incrementA? gradualmente una serie de tarifas pA?blicasa�� las protestas populares en Caracas y su represiA?n llevaron a cerca de 300 muertos). En este contexto, no es de sorprender que al terminar de anunciar el Fujishock a��que implicA? subir la gasolina en mA?s de 30 veces e incrementar los precios de los productos de la canasta familiar entre 3 y 4 veces, el ministro de economA�a terminase su discurso con la famosa frase a�?Que Dios nos ayudea�?. El temor probA? ser infundado o, en cualquier caso, la magnitud del ajuste fue tal que dejA? sin capacidad de reacciA?n a una poblaciA?n que no se esperaba algo asA�, pero que necesitaba desesperadamente salir del caos en el cual la habA�a sumido el populismo.

Y, ahora, A?cA?mo creemos que podrA�a venir el a�?Veneshocka�?? A menos que el precio internacional del petrA?leo suba de manera inesperada, el ajuste fiscal es impostergable; de hecho, ya se estA? dando a��de manera forzadaa�� y por eso el creciente descontento de la poblaciA?n. El ajuste de precios es ineludible, el Big Bang venezolano estA? a la vuelta de la esquina. AcordA�monos que, en marzo del 2016, Maduro incrementA? el precio de la gasolina en 60 veces (dos veces el aumento del Fujishock) y que la gasolina en Venezuela siguiA? siendo la mA?s barata del mundo (suele suceder cuando se multiplican grandes nA?meros por cero o casi cero). En Venezuela, al 18 de enero del 2018, los 10,000 galones de gasolina de 91 octanos que entran en un camiA?n cisterna cuestan menos de 20 centavos de dA?lar (al tipo de cambio paralelo), alrededor de un quinceavo de lo que cuesta un galA?n en el PerA?. Por otro lado, el tipo de cambio al cual se importan algunos alimentos y medicinas solo representa un 66avo del tipo de cambio paralelo.A� Sin duda, los desequilibrios de precios en Venezuela son mayA?sculos, significativamente mayores que los que acumulamos en el PerA? durante la segunda mitad de los ochenta.

El Big Bang venezolano, si es parte de un programa de estabilizaciA?n coherente y que pueda gozar de credibilidad, serA? muy grande, significativamente mayor al Fujishock del 90. El reajuste de precios relativos que generarA? el desmantelamiento de los controles de precios y la unificaciA?n cambiaria llevarA? a un fuerte incremento en el nivel general de precios, a reducir aA?n mA?s los saldos monetarios reales y, probablemente, a una caA�da en el tipo de cambio libre. Tras la explosiA?n inicial de precios, podrA�a venir la tan ansiada estabilidad de la moneda. Sin embargo, para que el programa tenga A�xito y el costo de la transiciA?n se minimice, el ajuste tendrA? que ser sostenible y gozar de credibilidad, por lo que resulta indispensable que A�ste venga acompaA�ado de ayuda externa, tanto en la forma de alivio de deuda, como de ayuda humanitaria.

Claramente, el gobierno de Maduro no estA? en capacidad de estabilizar la economA�a venezolana. No solo desconoce y niega las causas de la hiperinflaciA?n y la naturaleza real de la crisis econA?mica, sino que rechaza la ayuda humanitaria y aparentemente cree que puede seguir sirviendo su deuda, a pesar del descalabro econA?mico y social que se vive en la actualidad[5]. Bajo el gobierno de Maduro, solo veremos ajustes forzados y parciales a��como el a�?paquetazoa�? de setiembre de 1988 en el caso peruanoa�� que, aunque podrA�an prolongar la agonA�a, solo agudizarA?n la crisis y eventualmente conducirA?n al cambio polA�tico y econA?mico en el paA�s. AsA�, es muy probable que la hiperinflaciA?n logre lo que no pudo hacer la oposiciA?n democrA?tica en Venezuela: terminar con la A?ltima dictadura populista de la regiA?n y facilitar un cambio drA?stico en el rA�gimen de polA�tica econA?mica que, con mucho esfuerzo y perseverancia, saque a Venezuela del foso a donde la han llevado.

[1] A�A�A� Profesor de la Escuela de Postgrado de la Universidad del PacA�fico. El autor agradece el apoyo de Juan Pablo Gallardo y Renato GA?lvez.

[2] A�A�A� Cagan, P. (1956) a�?The Monetary Dynamics of Hyperinflationa�?. En: Friedman, M., Ed., Studies in the Quantity Theory of Money, The University of Chicago Press, Chicago, 25-117. Sargent, T. (1982) a�?The Ends of Four Big Inflationsa�?. En: Hall, R., Ed., Inflation: Causes and Effects. University of Chicago Press. Chicago, 41 a�� 98.

[3] A�A�A� Para un anA?lisis de la hiperinflaciA?n peruana ver: Paredes, C. & Sachs, G. (1991) Peru’s Path to Recovery. A Plan for Stabilization and Growth. The Brookings Institution.A� Washington, D.C., 1991.

how to order famvir [4] A�A�A� Al momento de editar este artA�culo, a menos de tres semanas iniciado el aA�o 2018, este A?ltimo ratio se habA�a duplicado, pues el tipo de cambio paralelo rompiA? la barrera de los 200,000 bolA�vares por dA?lar (o 200 millones de los bolA�vares que circularon hasta antes de la reconversiA?n monetaria de enero del 2008). La rapidez de estos cambios ejemplifica bien el vA�rtigo y el caos en precios relativos causado por la hiperinflaciA?n.

[5] A�A�A� Al respecto, cabe recordar que la estabilizaciA?n peruana de comienzos de los noventa contA? con el apoyo de los acreedores externos, de muchos de los cuales se obtuvo un importante componente de alivio de deuda, y con quienes tomA? varios aA�os reprogramar y normalizar la relaciA?n deudor-acreedor.