Tendencias PolA�tico-Electorales, Comercio en Servicios y Mercado Laboral

Tendencias recientes en el A?mbito polA�tico-electoral han estado asociadas al fomento de sentimientos antiglobalizaciA?n y a la promociA?n de medidas proteccionistas, particularmente en muchas de las principales economA�as avanzadas. AsA�, al explicar este cambio de paradigma polA�tico-electoral, un gran nA?mero de analistas se ha referido a la a�?polarizaciA?na�?A� del mercado laboral, enfatizando supuestas pA�rdidas de empleo y salarios en la industria manufacturera. En efecto, se ha extendido la idea de que los movimientos polA�tico-electorales recientes han encontrado apoyo justamente en aquellos trabajadores con nivel de educaciA?n medio que han perdido su empleo o una importante parte de sus ingresos (vA�ase Bremmer, 2016; Roubini, 2017). Por ejemplo, se ha mencionado con asiduidad el rol que, en este sentido, desempeA�A? el a�?cinturA?n de A?xidoa�? en las A?ltimas elecciones de Estados Unidos, cuya actividad se encontraba A�ntimamente ligada al sector manufacturero (Pacewicz, 2016; McQuarrie, 2016).

En cierta manera, el debate actual, surgido con motivo de las tendencias polA�tico-electorales recientes, posee respaldo en una corriente de la literatura mA?s antigua, la cual ha venido documentando el fenA?meno de polarizaciA?n laboral (Autor, Katz y Kearney, 2006; Goos y Manning, 2007; Goos, Manning y Salomons, 2009; OECD, 2017). Dos factores han sido citados como principales causas en esta literatura: (i) las mejoras tecnolA?gicas que permitieron automatizar tareas rutinarias previamente desempeA�adas por trabajadores de educaciA?n media y que, de esta manera, podrA�an haberlos desplazado (Autor y Dorn, 2013; OECD, 2017); y (ii) el comercio internacional, el cual podrA�a haber expuesto a dichos trabajadores a una mayor competencia global, presionando a la baja sus salarios y empleo.[1]

No obstante, y sin desmerecer el papel de la industria manufacturera en el surgimiento de tendencias polA�tico-electorales recientes, cabe destacar que la coyuntura actual pareciera haber olvidado la importancia del sector servicios en la generaciA?n de empleo, asA� como las discusiones que en torno a este sector se mantuvieron en un pasado cercano. Por ejemplo, el offshroring de servicios por parte de empresas tecnolA?gicas en Estados Unidos fue uno de los principales temas de campaA�a presidencial en un no tan lejano 2004 (CNN 2004).

En tA�rminos mA?s generales, las mejoras tecnolA?gicas y el comercio podrA�an haber afectado al mercado laboral en el sector servicios. En efecto, la revoluciA?n de las TecnologA�as de la InformaciA?n y ComunicaciA?n A�(TIC) redujo los costos de transacciA?n de muchos servicios, fomentando su a�?offshoring,a�? es decir, su producciA?n a distancias remotas, en paA�ses con salarios relativamente bajos. Asimismo, la caA�da en los costos de transacciA?n fue mayor para algunos servicios que para otros, conduciendo a que aquellos trabajadores que producA�an los primeros comenzaran a estar diferencialmente mA?s expuestos a la competencia global.

Frente a la conjetura de que el empleo y los salarios en el sector servicios tambiA�n podrA�an haberse visto afectados, en un documento reciente repasamos literatura incipiente relacionada (Chiquiar, Tobal e Yslas, 2016a y 2016b). Al realizar este repaso, lo hacemos atendiendo a que la literatura tradicional sobre los efectos del comercio ha enfatizado la distinciA?n entre trabajadores calificados y no-calificados (formalmente mA?s y menos educados) y, por tanto, atendiendo a las siguientes preguntas: A?dado que la reducciA?n en costos de transacciA?n ha sido mayor para algunos servicios, se ha convertido el costo de transacciA?n de un servicio en un determinante adicional de los efectos del comercio? e A�ntimamente relacionado, A?es necesario complementar la clasificaciA?n tradicionales basada en la calificaciA?n de trabajadores con informaciA?n sobre la comerciabilidad de sus trabajos?

NA?tese que estas preguntas cobran sentido A?nicamente si el requerimiento de calificaciA?n y la comerciabilidad de un trabajo no estA?n perfectamente correlacionadas y, por tanto, la ampliaciA?n del marco analA�tico tradicional es necesaria. En este sentido, cabe destacar que algunos trabajos poseen requerimientos de educaciA?n similares pero exhiben niveles dispares de comerciabilidad. AsA�, por ejemplo, los tabuladores de datos y los babysitters requieren niveles bajos de educaciA?n, pero mientras que el trabajo de los primeros es fA?cil de comerciar el de los segundos no es susceptible de ser realizado a distancias remotas. En el extremo opuesto, los cirujanos de crA?neos puedan difA�cilmente cumplir con su trabajo a distancias remotas, pero los matemA?ticos pueden fA?cilmente enviar sus resultados via e-mail o fax.

En respuesta a este nuevo papel que podrA�a tener el grado de comerciabilidad, la literatura ha intentado medir costos de transacciA?n asociados a distintas ocupaciones de servicios. Este intento se ha enfrentado a la enorme dificultad de identificar cuA?les las caracterA�sticas de un servicio que conducen a que sea mA?s o menos comerciable, una pregunta a la que nunca antes se habA�a enfrentado la literatura. Pese a esta dificultad, el A�nfasis se ha puesto sobre todo en tres caracterA�sticas ocupacionales: (i) la proporciA?n de tareas rutinarias requeridas por una ocupaciA?n (Levy y Murnane, 2006); (ii) el grado requerido de interacciA?n personal (Blinder, 2006 y 2009); y (iii) su intensidad en el uso de TICs (Garner, 2004).

Con base en estas caracterA�sticas, reconocidos acadA�micos han argumentado que no existen razones por las cuales la correlaciA?n entre calificaciA?n requerida y comerciabilidad debiera ser elevada (Krugman, 1996 y 2011; Grossman y Rossi-Hansberg, 2006; Baldwin, 2006; Blinder, 2006 y 2009). A�A su vez, contribuciones formales sugieren que, la correlaciA?n podrA�a ser positiva pero no econA?micamente significativa (Blinder, 2009; y Jensen y Kletzer, 2010). De hecho, estos resultados son consistentes con estudios que, al introducir medidas de educaciA?n y comerciabilidad como variables explicativas en la misma ecuaciA?n, encuentran que ambas medidas son estadA�sticamente significativas (CrinA?, 2010; Liu and Trefler, 2011).

En efecto, esta literatura sugiere que tanto la comerciabilidad de un servicio como su nivel requerido de educaciA?n son relevantes en la determinaciA?n de los efectos del comercio. CrinA? (2010) muestra que es mA?s probable que el empleo responda negativamente al comercio en servicios (a�?service offshoringa�?) en aquellas ocupaciones que requieren un nivel bajo de calificaciA?n y en aquellas ocupaciones con mayor comerciabilidad. Asimismo, demuestra que, aun controlando por el nivel requerido de educaciA?n, la probabilidad de que una ocupaciA?n de servicio responda negativamente en tA�rminos de empleo aumenta con su grado de comerciabilidad. Por su parte, Liu and Trefler (2011) muestran que el comercio en servicios incrementa las tasas de cambio ocupacional en mayor medida entre aquellos trabajadores que poseen educaciA?n baja y aquellos que desempeA�an tareas rutinarias. Es decir, el comercio en servicios penaliza a los trabajadores poco calificados y a aquellos que desempeA�an trabajos con menores costos de transacciA?n.

Finalmente, como respuesta a esta evidencia, ha surgido una nueva generaciA?n de modelos de comercio internacional que intentan superar a los modelos tradicionales otorgando un rol mA?s preponderante a la dimensiA?n de comerciabilidad. En este sentido, el modelo de comercio en tareas desarrollado por Grossman y Rossi-Hansberg (2008), el cual modela diferencias en costos de transacciA?n entre las distintas tareas de una ocupaciA?n, es pionero y fue posteriormente utilizado por Tobal (de prA?xima apariciA?n) para derivar una clasificaciA?n ampliada del trabajo. En esta clasificaciA?n, se reconoce que tanto el requerimiento de calificaciA?n de un servicio como su grado de comerciabilidad determinan el impacto que el comercio ejerce sobre su nivel de empleo y salarios. No obstante, aA?n queda mucho por hacer para entender los mecanismos que subyacen a los mencionados resultados empA�ricos.

En resumen, las literaturas empA�rica y teA?rica han enfrentado grandes desafA�os para conocer el efecto del comercio en servicios y las actividades de offshoring en las distribuciones de empleo y de salarios en las economA�as avanzadas. A este respecto, si bien a la literatura le quedan todavA�a muchos avances por realizar, no resulta arriesgado aventurar que en un futuro cercano el grado de comerciabilidad de los distintas ocupaciones pudiera llegar a explicar el desarrollo de nuevas tendencias polA�tico-electorales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

Autor, D.H. y D. Dorn (2013) a�?The Growth of Low Skill Service Jobs and the Polarization of the US Labor Market.a�? American Economic Review, 5(100), pp. 1553a��97.

Autor, D., L. Katz y M. Kearney (2006) a�?The Polarization of the US Labor Market.a�? American Economic Review, 96(2), pp. 189-194.

Baldwin, R. (2006) a�?Globalisation: The Great Unbundling(s).a�? Economic Council of Finland 20(3), 5a��47.

Blinder, A. (2006) a�?Offshoring: The Next Industrial Revolution.a�? Foreign Affairs, 85(3), 113-128.

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Bremmer, I. (2016) American Hustle: We Are Our Choices (S. Malcomson, entrevistador), recuperado de https://www.carnegie.org/news/articles/american-hustle-we-are-our-choices/.

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Garner, A. (2004) a�?Offshoring in the Service Sector: Economic Impact and Policy Issues.a�? Economic Review-Federal Reserve Bank of Kansas City, 89(3), 5a��37.

Goos, M. y A. Manning (2007) a�?Lousy and Lovely Jobs: The Rising Polarization of Work in Britain.a�? Review of Economics and Statistics, 89(1), pp. 118-133.

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Levy, F., y R. Murnane (2006) a�?How Computerized Work and Globalization Shape Human Skill Demands.a�? Boston: Massachusetts Institute of Technology.

Liu, R., y D. Trefler (2011) a�?A Sorted Tale of Globalization: White Collar Jobs and the Rise of Service Offshoring.a�? Washington, DC: National Bureau of Economic Research.

McQuarrie, M. (2016) a�?How the Rust Belt Delivered Trump the Presidency: A Deep Dive.a�? Newsweek, recuperado de http://www.newsweek.com/how-rust-belt-delivered-trump-presidency-deep-dive-522091.

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Tobal, M. (de prA?xima apariciA?n) a�?A Model of Wage and Employment Effects of Service Offshoring.a�? Canadian Journal of Economics.

[1] Es conveniente seA�alar que separar empA�ricamente los efectos del comercio internacional de los de la adopciA?n de las nuevas tecnologA�a no es tarea sencilla, entre otros motivos, porque estos fenA?menos interactA?an de forma compleja. Por ejemplo, por una parte, las mejoras tecnolA?gicas reducen los costos de transacciA?n y monitoreo que obstaculizan el comercio internacional (OECD, 2017). Por otro parte, las presiones competitivas surgidas de un mayor comercio internacional podrA�an incentivar a las empresas a innovar y a adoptar las nuevas tecnologA�as (Bloom et al., 2016; OECD, 2017).