La CONSAR: balanceando los intereses de los ahorradores y de las AFORES

Rodrigo García-Verdú[1]

Bajo el lema de “Ahora puedes conocer y administrar tu cuenta AFORE [Administradoras de Fondos para el Retiro]”, la Comisión Nacional del Seguro de Ahorro para el Retiro (CONSAR) de México lanzó recientemente AforeMóvil, una aplicación (o app, por sus iniciales en inglés) para teléfonos inteligentes. De acuerdo con el sitio web de la CONSAR, “Con la nueva APP AFORE Móvil empieza a tener el control de tu cuenta AFORE con un solo clic. Así de fácil, rápido y seguro.”

Subrayé en el primer párrafo las palabras administrar y control, ya que las capacidades de la app son muy limitadas, y se quedan cortas de permitir lo que la publicidad promete.[1] En un ambiente donde las apps empoderan a los usuarios en muchas dimensiones al expandir su frontera de posibilidades de acción, la app AforeMóvil permite hacer solamente lo más fácil: (i) consultar el saldo de la cuenta; y (ii) realizar transferencias para ahorrar en línea a partir de una cuenta corriente, de ahorro o de inversión, siempre y cuando tenga una Clave Bancaria Estandarizada o CLABE, de una cuenta de tarjeta de débito o de una cuenta de tarjeta de crédito (Gráfica 1).

Gráfica 1

 

Más importante aún, la app genera dudas sobre si la concepción que tiene la CONSAR acerca del comportamiento de los ahorradores es congruente. Por una parte, la CONSAR ha adoptado medidas para restringir los traspasos entre AFORES, motivada en parte por razones legitimas de seguridad. En igual sentido, la app AforeMóvil, al menos en su primera versión, no permite comparar rendimientos netos ni realizar traspasos entre AFORES, a pesar del alto nivel de seguridad que ofrece la app y de que ya se asumió el costo fijo de desarrollar la app, lo cual hace suponer que el costo marginal para los desarrolladores de la app de permitir los traspasos es mínimo. Ambas medidas impiden una mayor competencia entre las AFORES, la cual debería ser un claro objetivo de política pública, toda vez que las tasas de remplazo del SAR son relativamente bajas comparadas con otros sistemas (véase la evidencia sobre Tasas de reemplazo brutas para los trabajadores del sector privado presentada en la Grafica 3.3, p. 46, del Estudio de la OECD sobre el Sistema de Pensiones: México).

Suponiendo sin conceder que existan buenas razones (legales, tecnológicas o basadas en el comportamiento de los ahorradores que se desvía del modelo estándar, etc.) para dificultar los traspasos entre AFORES, el hecho de que la app no los permita actualmente pero sí permita realizar transferencias en línea para ahorrar a partir de tarjetas de crédito (con un límite máximo) hace pensar que la CONSAR tiene una visión incongruente del ahorrador.

Por un lado, podría justificarse el dificultar hacer traspasos al ahorrador por el riesgo de que no sepan cómo comparar apropiadamente las tasas de rendimiento neto entre AFORES, aunque ello ya se atiende por los distintos horizontes en que se promedian los rendimientos de acuerdo al grupo de edad de los trabajadores. Esta es una preocupación legítima, toda vez que los resultados de evaluaciones de cultura financiera muestran que el promedio de la población de países de economías avanzadas tienen dificultad en entender conceptos básicos de finanzas y economía, incluyendo: (i) cómo realizar cálculos relacionados a tasas de interés compuestas; (ii) el impacto de la inflación en el poder de compra del dinero o saldos monetarios nominales; y (iii) la importancia de la diversificación de las inversiones (véase la evidencia presentada en el artículo de Lusardi y Mitchell, 2014).

A la vez, si se tienen en cuenta estas preocupaciones, no es congruente con la visión paternalista del ahorrador el permitir que los trabajadores puedan financiar ahorro a partir de tarjetas de crédito a una tasa de interés extremadamente alta para financiar inversiones que generan una tasa de rendimiento neto mucho menor. El permitir esto conlleva el potencial de generar una tasa de interés neta negativa, como se muestra a continuación. Al respecto, la evidencia reciente para México presentada en el artículo de Ponce, Seira y Zamarripa (2017), en el sentido de que los consumidores no son muy atentos a los diferenciales en las tasas de interés entre distintas tarjetas, resulta sumamente relevante en cuanto a los riesgos que conlleva el permitir el ahorro a partir de tarjetas de crédito.

La desagradable aritmética del diferencial de tasas activas y pasivas

De acuerdo con la versión más reciente del Informe del Banco de México titulado Indicadores Básicos de Tarjetas de Crédito, elaborado con datos a diciembre de 2016 y publicado el 1 de agosto de 2017, la Tasa Efectiva Promedio Ponderado por saldo (TEPP) de la cartera comparable de tarjetas de crédito fue de 24.9 por ciento. La TEEP varió por tipo de tarjeta de un 17.7 por ciento para las tarjetas tipo platino hasta un 28.4 para las tarjetas tipo clásicas (véase el Cuadro 1, p. 9). Este promedio corresponde a todos los usuarios, tanto aquellos que pagan completo el saldo mensual de la tarjeta y, por tanto, no pagan intereses (los llamados totaleros), y los usuarios que mantienen un saldo de crédito positivo (los llamados no totaleros).

Del total de 17.8 millones de tarjetas emitidas vigentes, 9.2 millones de ellas, o casi 52 por ciento del total, corresponde a usuarios no totaleros. En términos del saldo de crédito total, cerca del 75 por ciento corresponde a usuarios no totaleros. Si el cálculo del promedio se restringe a los usuarios no totaleros, entonces la TEPP fue de 33.0 por ciento, con un rango de 23.0 por ciento para las tarjetas tipo platino hasta un 38.3 por ciento para las tarjetas tipo clásica (véase el Cuadro 1, p. 9).[1]

No obstante lo anterior, existe una gran variación entre los distintos emisores en las tasas de interés cobradas a los usuarios, y cerca del 20 por ciento del saldo de la cartera comparable se otorgó a tasas mayores al 50 por ciento (véase las Gráficas 4 y 5, p. 11). Al analizar la variación por emisor, encontramos que hay instituciones financieras con TEPPs para clientes no totaleros cercanas al 60 por ciento (véase el Cuadro 6, p. 16).

Es importante destacar al respecto la relación negativa documentada en el Reporte entre la tasa de interés y el límite de crédito aprobado (véase la Gráfica 8, p. 13), de manera que los usuarios en promedio pagan una tasa más alta mientras menor es su disponibilidad de crédito. En efecto, los usuarios de menor recursos, quienes generalmente son también los que tienen una menor cultura financiera, son los que pagan mayores tasas de interés.

En cuanto a las tasas de rendimiento del SAR, la CONSAR define cuatro carteras o portafolios de inversión según el grupo de edad de los trabajadores, y a cada portafolio le corresponde un horizonte distinto sobre el cual deben promediarse los rendimientos. Las tasas de rendimiento nominal anual neto de comisiones, calculadas también con datos a diciembre de 2016, fueron las siguientes: 8.2 por ciento para el portafolio de trabajadores de 36 años y menos o SB4 (promedio de 84 meses); 7.5 por ciento para el portafolio de trabajadores de 37 a 45 años o SB3 (promedio de 84 meses); 6.1 por ciento para el portafolio de trabajadores de 46 a 59 años o SB2 (promedio de 60 meses); y 4.3 por ciento para el portafolio de trabajadores de 60 años y más o SB1 (promedio de 36 meses).

Al igual que con el caso de las tarjetas de crédito, existe una gran variación entre las AFORES en la tasa de rendimiento nominal anual neta, también conocida como Indicador de Rendimiento Neto (IRN), que éstas les generan a sus trabajadores afiliados. Las tasas promedio van de 5.2 a 9.2 por ciento para el portafolio de trabajadores de 36 años y menos o SB4; de 4.9 a 8.4 por ciento para el portafolio de trabajadores de 37 a 45 años o SB3; de 4.3 a 7.0 por ciento para el portafolio de trabajadores de 46 a 59 años o SB2; y de 3.6 a 4.6 por ciento para el portafolio de trabajadores de 60 años y más o SB1.

Dado el diferencial de tasas activas y pasivas vigentes en el periodo de referencia, el peor escenario posible desde la perspectiva del bienestar del trabajador habría sido realizar un traspaso de una tarjeta de crédito pagando una tasa de interés anual de 63.5 por ciento con el emisor más caro para obtener una tasa de rendimiento neto anual de 3.6 por ciento en la AFORE con el menor rendimiento. Ello implica una tasa de rendimiento neto de -59.9 por ciento.

El mejor escenario posible desde la perspectiva del bienestar del trabajador suponiendo que sea un cliente no totalero habría sido realizar un traspaso de una tarjeta de crédito pagando una tasa de interés anual de 9.9 por ciento con el emisor más barato (suponiendo que utiliza una promoción a tasa preferencial) para obtener una tasa de rendimiento neto anual de 9.2 por ciento en la AFORE con el mayor rendimiento. Ello implica una tasa de rendimiento neto de -0.7 por ciento. Es probable que esta última combinación no esté disponible para muchos trabajadores, ya que las tarjetas de crédito con las menores tasas normalmente no están disponibles para trabajadores jóvenes que tienen historiales crediticios cortos.

La única racionalidad para utilizar la tarjeta de crédito para ahorrar es si se le utiliza exclusivamente como un medio de pago y no como una fuente de crédito. Sin embargo, no es claro por qué en este caso el trabajador no preferiría utilizar una transferencia a partir de una cuenta bancaria o de una tarjeta de débito en lugar de una de crédito. Ante los escenarios tan adversos descritos anteriormente, no es de sorprender el que la CONSAR haya limitado los traspasos de tarjetas de crédito a un máximo de $2,000 pesos anual. Sin embargo, queda la pregunta de por qué permitir el uso de tarjetas de crédito en primera instancia, sin proporcionar ninguna advertencia a los trabajadores de los riesgos potenciales de financiarse a una tasa de interés tan alta para obtener con ello una tasa de rendimiento neta significativamente menor, lo cual da como resultado una tasa de rendimiento neto negativa bajo todas las combinaciones posibles de emisores de tarjetas y de portafolios de AFORES.

Reflexiones finales

Tanto ahorradores como AFORES tienen una coincidencia de intereses en el esfuerzo por facilitar el ahorro, siempre y cuando éste le genere a los ahorradores un rendimiento neto de mercado. Sin embargo, hay que reconocer que existe un conflicto de intereses entre los ahorradores, quienes se ven beneficiados por una mayor facilidad en el traspaso de sus ahorros y con ello tener el potencial de obtener mayores tasas de rendimiento netas sobre sus saldos, y las AFORES, a quienes los traspasos les resultan costosos y por lo tanto intentan evitarlos. Así lo demuestra el reciente caso de la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) en contra de varias AFORES, las cuales fueron sancionadas por celebrar acuerdos para limitar los traspasos.

Una de las enseñanzas más importantes en finanzas y en la economía del crecimiento es el poder del interés compuesto continuamente: inclusive pequeñas diferencias en las tasas de rendimiento neto, acumuladas durante periodos suficientemente largo, dan lugar a grandes diferencias en tasas de remplazo y, por lo tanto, de los niveles de vida de los trabajadores en su etapa de jubilación.

La CONSAR debe balancear los intereses encontrados de los ahorradores y de las AFORES, y me parece que en esta primera fase de la app la balanza se ha inclinado en favor de las AFORES. Solo queda esperar que en la segunda fase la CONSAR equilibre la balanza en favor de los ahorradores. Una manera de hacerlo sería darles a los ahorradores no solo la opción de traspasar sus saldos entre AFORES, sino de darle también la opción de que la CONSAR pueda hacer traspasos automáticos a su nombre cuando el rendimiento neto de su AFORE cayera de forma consecutiva debajo de cierto umbral en la distribución de rendimientos netos del sistema.

 

Referencias

Banco de México (2017), “Indicadores básicos de tarjetas de crédito. Datos a diciembre de 2016”, Banco de México, Ciudad de México (CDMX), México, 8 de agosto de 2017.

Comisión Federal de Competencia Económica (2017) “Análisis de Caso. Prácticas monopólicas absolutas en el mercado de las administradoras de fondos para el retiro de los trabajadores,” Análisis de Casos, Comisión Federal de Competencia Económica, Ciudad de México (CDMX), México, Septiembre de 2017.

Lusardi, Annamaria y Olivia S. Mitchell (2014), “The Economic Importance of Financial Literacy: Theory and Evidence, Journal of Economic Literature, Vol. 52, No. 1, Marzo de 2014, pp. 5–44.

http://dx.doi.org/10.1257/jel.52.1.5

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (2016), “Estudio de la OCDE sobre los sistemas de pensiones México,” Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Paris, Francia. Edición en español a cargo de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR).

https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/61968/sistema_de_pensiones_2016.pdf

Ponce, Alejandro, Enrique Seira y Guillermo Zamarripa (2017), “Borrowing on the Wrong Credit Card? Evidence from Mexico,” American Economic Review, Vol. 107, No. 4, Abril de 2017, pp. 1335-61.

https://www.aeaweb.org/articles?id=10.1257/aer.20120273

 

[1] Las opiniones, interpretaciones y conclusiones contenidas en este artículo son responsabilidad exclusiva del autor y no deben atribuirse a ninguna otra persona u organización. Correo electrónico: rgarciav@alumni.uchicago.edu

[2] Si el lector con cuenta del Seguro de Ahorro para el Retiro (SAR) no la ha descargado, lo invito a que lo haga y juzgue por sí mismo sus alcances y limitaciones. La app se encuentra disponible para los sistemas operativos Android y OX en sus respectivas plataformas (Google Play y Apple Store), y puede descargarse gratuitamente. La instalación de la app es relativamente sencilla, ya que el usuario debe: (i) registrar su Clave del Registro Único de Población (CURP); (ii) proporcionar una dirección de correo electrónico; (iii) tomarle una foto utilizando el teléfono móvil a una de tres identificaciones oficiales con fotografía: su Credencial de Elector, su Pasaporte o su Matricula Consular; (iv) tomarse una foto del rostro (“selfie”), de nuevo utilizando el teléfono móvil; y (v) proporcionar una contraseña. El paso más difícil, en mi experiencia, fue tomar la foto, y es posible que el usuario tenga que intentar más de una vez antes de conseguirlo.

[3] Si bien las tarjetas tipo básicas tienen una TEPP promedio aún más alta que las tarjetas clásicas, con 31.1 por ciento promedio para totaleros y no totaleros y 50 por ciento para no totaleros, la participación de las tarjetas básicas es de menos del 0.1 por ciento del total de tarjetas vigentes, por lo que su tasa no resulta muy representativa.

 

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