Programas de Transferencias Monetarias Condicionadas y el Uso de los Recursos

El programa Progresa (ahora conocido como Prospera y antes como Oportunidades) fue diseñado con el objetivo de atacar el problema de pobreza en dos generaciones de forma simultanea: en la generación actual vía redistribución del ingreso y en la generación futura vía incentivar la inversión en capital humano de los niños en hogares pobres (Parker et al. 2008). En su lanzamiento, Progresa sustituyó programas de subsidios generalizados a alimentos, siendo el caso del pan y la tortilla los más notables. Levy (2006) señala que los subsidios beneficiaban a la población en general dado que, por ejemplo, la curva de Lorenz del consumo de la tortilla era muy cercana a una recta de 45 grados. Progresa sustituyó esto con entrega de efectivo en hogares pobres, siempre y cuando cumplieran con condiciones de inversión de capital humano en beneficio de los hijos en el hogar. Esta entrega de efectivo se lleva a cabo con propósitos redistributivos.[1] El modelo fue tan exitoso que diversos países de todo el mundo implementaron programas muy similares.

Una extensa literatura analiza en qué ámbitos se utilizan las transferencias monetarias. Al representar un efecto ingreso, estas transferencias podrían traducirse no solo en mayor consumo de bienes que podrían percibirse como “deseables” (tales como incrementos en el consumo), sino que también podrían verse reflejados en incrementos en consumo de bienes “no deseables” con externalidades negativas, como consumo de tabaco o bebidas alcohólicas. Análisis previos han dado evidencia que una proporción significativa del consumo alimenticio de hogares pobres se asigna a tabaco y bebidas alcohólicas. Por ejemplo, en Papua Nueva Guinea representa el 4.1%, en Indonesia el 6% y en México el 8.1% (Banerjee y Duflo, 2011). Actualizando este dato para México, los cuatro deciles más bajos de ingreso reportan en la ENIGH 2014 que el consumo de tabaco y bebidas alcohólicas representa entre el 7.6% y 8.1% del consumo en alimentos (INEGI 2014).

Para el caso de Progresa, Schluter y Wahba (2010) encuentran efectos no significativos sobre el consumo de tabaco, mientras que Cunha (2014) encuentra efectos no significativos para alcohol y tabaco en el Programa de Apoyo Alimentario. Evans y Popova (2014) llevan a cabo una revisión extensiva de la literatura analizando en qué grado programas de transferencias pueden haber incentivado aumentos en el consumo de bienes de este tipo. La Gráfica 1 indica que la evidencia que recaban no sostiene la hipótesis de que estos programas incentivan el consumo de temptation goods. Los autores establecen tres posibles hipótesis que justifican no encontrar efectos significativos: (a) los programas no solo promuevan un efecto ingreso, sino también un efecto sustitución hacia el consumo de bienes necesarios para cumplir con la condicionalidad de los programas, como educación y salud; (b) existencia del flypaper effect, que resulta de que la entrega de recursos venga acompañada de campañas publicitarias que indican en qué deberían utilizarse los recursos; y (c) incremento en el poder de negociación de las mujeres, dado que ellas suelen ser las principales beneficiarias de este tipo de programas. Una alternativa adicional, cercana al flypaper effect, que ha sido sugerida en la literatura es el efecto de etiquetado (labelling effect). Benhassine et al. (2015) comparan el gasto de un programa de transferencias etiquetadas hacia educación con hacer dichas transferencias condicionales a enviar a los hijos a la escuela y encuentran que ambos programas logran incrementar la participación escolar sin que condicionar las transferencias produzca diferencias importantes.

Gráfica 1

Nota: Esta gráfica corresponde a la Figure 2 de Evans y Popova (2014)

Recientemente, participé en un proyecto en conjunto con Susan Parker y Florian Wendelspiess, en el cual recabamos una encuesta con beneficiarias de Prospera. En una pregunta de dicha encuesta, preguntamos a las beneficiarias en qué utilizarían un pago único de $1,000 pesos que fuese recibido de manera inesperada. Y en dicha pregunta aleatorizamos la fuente de la cual surgiría el dinero, dando tres posibles opciones: (a) un pago adicional de Prospera, (b) un premio de lotería y (c) un bono de algún trabajo que hubieran realizado. Cabe señalar que para evitar sesgos relacionados con la encuesta, la pregunta era abierta. Además, la encuesta fue realizada por una encuestadora independiente de Prospera y dicha pregunta no era parte de una sección en la cual se les estuvieran haciendo preguntas asociadas a Prospera.

La Gráfica 2 muestra la proporción de beneficiarias que menciona diferentes rubros de gasto que clasificamos de acuerdo a las principales respuestas. Puede observarse que la fuente de los ingresos sí importa y que la mayor proporción de beneficiarias reporta que gastaría en bienes relacionados con el programa cuando dicho pago es otorgado por Prospera. En todos los casos, la mayor proporción de beneficiarias reporta utilizar dicho ingreso para comida; sin embargo, cuando el monto proviene de Prospera es mayor la proporción de beneficiarias que menciona este concepto. Ahorro es el segundo rubro más mencionado por las beneficiarias en todos los casos. Sin embargo, cuando el dinero proviene de Prospera, el ahorro, gasto en educación y salud son mencionados prácticamente en la misma proporción; mientras que cuando el dinero proviene de la lotería o de un bono laboral, ahorro es mencionado en mucha mayor proporción que los rubros educativos y de salud.

 

Gráfica 2
Proporción de beneficiarias que reportan gastar en diferentes rubros según fuente de ingreso

Nota: Las proporciones no suman uno dado que una beneficiaria puede reportar gastar en más de una alternativa

En conclusión, la fuente de los recursos parece ser relevante. La información recabada en la encuesta no permite distinguir si las beneficiarias intuitivamente reportan más gastos asociados a Prospera o si efectivamente los recursos se utilizan en mayor proporción en dichos rubros. Sin embargo, dada la evidencia de los estudios anteriores, da la impresión que los hogares no son indiferentes sobre quién otorga los recursos. Esto sugiere que estos tipos de programas pueden estar creando en los individuos cierta percepción de culpa al utilizar los recursos en consumo catalogado como “no deseable” por el programa, lo cual pudiera estar distorsionando las decisiones de los hogares. Por ejemplo, esto ha sido documentado en casos como Zimbabwe o Nicaragua donde se les señala a los hogares que no deben “desperdiciar” los recursos o que promueven consumo que beneficie la nutrición del hogar (Evans y Popova 2014). He podido observar situaciones similares durante el trabajo de campo en el caso de Prospera, donde se les dice a las beneficiarias que no deben usar recursos en actividades recreativas, como ir al cine, o donde se les cuestiona por qué no están ahorrando una mayor proporción de sus transferencias. Este tipo de intervención acaba reflejando un enfoque más paternalista donde los hogares reciben un impuesto psicológico que distorsiona sus decisiones o simplemente altera las decisiones que reportan.

 

Referencias

Banerjee, A. y E. Duflo. 2011. Poor economics: a radical rethinking of the way to fight global poverty. Public Affairs.

Benhassine, N. et al. 2015. Turning a shove into a nudge? A “labeled cash transfer” for education. AEJ: Economic Policy 7(3): pp. 86-125

Coady, D. 2000. The application of social cost-benefit analysis to the evaluation of Progresa. Institutional Food Policy Research Institute.

Cunha, J. 2014. Testing Paternalism: cash versus in-kind transfers. AEJ: Applied Economics 6(2): pp. 195-230.

Evans, D. y A. Popova. 2014. Cash transfers and temptation goods: a review of global evidence. World Bank Working Paper 6886.

INEGI, Instituto Nacional de Estadística y Geografía. 2014. Encuesta de Ingreso y Gasto de los Hogares, Tabulados Básicos. Consultado en línea en: http://www.beta.inegi.org.mx/proyectos/enchogares/regulares/enigh/nc/2014/default.html

Levy, S. 2006. Progress against poverty: Sustaining Mexico’s Progresa-Oportunidades Program. Brookings Institution Press

Parker, S., Rubalcava, L. y G. Teruel. 2008. Evaluating conditional schooling and health programs. Handbook of Development Economics, vol. 4 ch.62, pp. 3963-4035.

Schluter, C. y J. Wahba. 2010. Are poor parents altruistic? Evidence from Mexico. Journal of Population Economics 23(3): pp. 1153-1174.

[1] Coady (2000) explica el diseño de Progresa desde la perspectiva de los teoremas fundamentales del bienestar y las externalidades que potencialmente pueden resultar de la inversión en capital humano.