Informalidad y Ciclo Económico en México

El equipo de Foco Económico-México está de regreso al Blog, luego de las vacaciones en el hemisferio norte. Esta colaboración inicia nuestro ciclo de participaciones para el semestre 2017-II.

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Dos características importantes del mercado de trabajo en México son: (i) la inflexibilidad del empleo formal, sujeto a regulaciones que encarecen la contratación y/o dificultan el despido, y (ii) la incidencia del empleo informal. Este último, que ocupa a cerca de la mitad de los trabajadores empleados, no está sujeto a los sobrecostos del empleo formal, pero se relaciona a su vez con una menor productividad. Estas dos características del mercado de trabajo en México determinan la respuesta del empleo ante choques macroeconómicos y, por lo tanto, afectan las propiedades del ciclo económico.

En un artículo reciente[1], Gustavo Leyva y yo analizamos la dinámica del mercado de trabajo en México a lo largo del ciclo económico y proponemos un modelo para entender sus principales características. Hoy me voy a referir exclusivamente a la parte empírica del proyecto, en la cual documentamos ciertas regularidades que cuestionan algunas ideas preconcebidas y, creemos, pueden extenderse a otras economías emergentes.

Los datos usados provienen de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), que sigue de manera trimestral un panel rotatorio de trabajadores representativo de la fuerza laboral a nivel nacional en México. Los datos que usamos van desde el 2005 hasta el 2015, e incluyen una fuerte recesión en el 2009 y una desaceleración pronunciada de la economía en los años 2012 y 2013.[2] Dividimos a los individuos encuestados en cuatro categorías: empleados formales, empleados informales, desempleados e inactivos (fuera de la fuerza laboral). La clasificación entre formal e informal sigue los criterios de la oficina de estadística en México (INEGI) y está basada en el acceso a la seguridad social por parte del empleador y en el registro oficial de la empresa en que labora. La dimensión de panel de esta encuesta nos permite no sólo medir el número de trabajadores en cada categoría sino también calcular las transiciones entre las mismas. La siguiente tabla tomada de nuestro artículo resume las propiedades cíclicas de las distintas categorías ocupacionales en México.

 

Los resultados del análisis empírico arrojan dudas sobre los siguientes “mitos”.

Mito 1: “La informalidad es contracíclica”

Como ya ha sido señalado en otros trabajos[3], la tasa de informalidad en México (medida como el ratio de trabajadores informales sobre el número total de trabajadores empleados) es contracíclica. En una recesión típica aumenta la proporción de trabajadores en condiciones de informalidad; lo contrario ocurre en una expansión.

Sin embargo, eso NO implica que exista una sustitución entre trabajadores formales e informales a lo largo del ciclo económico. De hecho, la tasa de empleo informal (medida como el ratio de trabajadores informales sobre la población en edad de trabajar) no se mueve de acuerdo al ciclo económico, es acíclica. En una recesión típica, el empleo total cae al aumentar los flujos netos de trabajadores formales hacia el desempleo y, en mayor medida, hacia fuera de la fuerza laboral, y esto es lo que de manera mecánica reduce la tasa de informalidad.

Mito 2: “La informalidad es un estado persistente”

Lo anterior no implica tampoco que el tamaño del sector informal cambie poco en el tiempo ni que la persistencia de ese estado sea alta. La volatilidad del empleo informal es mayor que la del empleo total, y las entradas y salidas de la informalidad son también altas. De hecho, en una recesión típica aumentan los flujos de entrada a la informalidad, pero también las salidas, en su mayoría hacia la inactividad.[4]

Mito 3: “La tasa de participación es irrelevante para el ciclo económico”

Como correlato de los puntos anteriores, el rol de la tasa de inactividad (medida como el ratio de los individuos fuera de la fuerza laboral sobre la población en edad de trabajar) o su complemento (la tasa de participación) en el ciclo económico es mucho más importante que en otros países desarrollados. Por ejemplo, la tasa de inactividad es fuertemente contra-cíclica y dos veces y media más volátil en México que en Estados Undos. Asimismo, las transiciones desde/hacia fuera de la fuerza laboral explican la mayor parte de las fluctuaciones del empleo total.

Mito 4: “La tasa de desempleo es un buen indicador del ajuste cíclico en el empleo”

En contraste con la inactividad, la categoría de desempleo es más pequeña (menos del 3%) y menos volátil en México que en Estados Unidos y las entradas y salidas al/del desempleo juegan un rol mucho menor en la dinámica del empleo total. Esto refleja tanto un menor apego a la fuerza laboral en ciertos individuos como una menor duración del desempleo, por lo que se observan muchas transiciones directas de/a la inactividad al/del empleo (formal o informal) sin pasar por el estado de desempleo.

A modo de conclusión 

Estos resultados sugieren que para entender la dinámica del empleo en México a lo largo del ciclo económico es importante entender mejor las diferencias en el ajuste del empleo formal y el informal frente a distintos choques y como la regulación laboral afecta esos márgenes de ajuste. Asimismo, es necesario incluir en nuestros modelo no solo la opción del empleo informal, sino también la decisión de participar o no en la fuerza laboral. Mi artículo con Gustavo Leyva mencionado al inicio busca ser un paso en esa dirección.

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[1] Leyva, G. y C. Urrutia (2017). “Informality, Labor Regulation, and the Business Cycle”, mimeo.

[2] Los resultados fueron validados usando la Encuesta Nacional de Empleo Urbano (ENEU) para un periodo anterior (1987-2004). Cualitativamente, los resultados también son robustos al análisis por separado de los asalariados informales y los auto-empleados informales.

[3] Por ejemplo, en Fernández y Meza (RED, 2015), Alcaraz et al. (Banco de México, 2015) y Alonso-Ortiz y Leal (RIW, 2016).

[4] Este punto ha sido explorado en detalle por Bosch y Maloney (World Bank, 2008) con datos anteriores para México y Brasil..