¿Tiene la educación sexual en el colegio un sesgo de género? Evidencia en Colombia

(Esta entrada está basada en un trabajo conjunto con Andrea Atencio y Juan Miguel Gallego, Atencio et al. (2015))

El análisis de las diferencias de género en múltiples variables ha sido de gran interés de los economistas. Estudios recientes muestran como algunas de las brechas de género que existían en el siglo 20 se han cerrado (algunas de ellas incluso abierto a favor de las mujeres), especialmente en educación. La participación de las mujeres y las niñas ha incrementado en todos los niveles educativos, las diferencias de género en matricula primaria ha desaparecido y la brecha en educación secundaria y terciaria está en favor de las mujeres (World Bank, 2011). Estas mejoras en los niveles educativos están asociados con reducciones en las tasas de embarazo adolescente y en comportamiento sexual riesgoso en todo el mundo (Miller, 2010), y Colombia no es la excepción. En Colombia, un año adicional de educación está asociado a una reducción de 2 puntos porcentuales en la probabilidad de tener un hijo antes de los 20 años.

Aunque muchos estudios han documentado los determinantes de los comportamientos sexuales de los adolescentes, no tantos se han ocupado de las diferencias entre hombres y mujeres, y muchos menos del rol que pueden jugar los factores escolares en esos comportamientos. Hallazgos recientes en Africa Subsahariana muestran evidencia mixta sobre como el contexto escolar puede afectar de manera diferencial el comportamiento sexual de hombres y mujeres. En algunos contextos el colegio puede afectar más el comportamiento de la niñas que de los niños (ver Marteleto, et al. 2008 para Surafrica) y en otros, el colegio puede afectar más a los niños que a las niñas (ver Kim, 2015 para Malawi). En todo caso, el debate sobre la relación entre colegio y comportamiento sexual diferenciado sigue abierto. La investigación sobre el área es particularmente limitada en América Latina, pues apenas se empiezan a tener encuestas para hombres y para mujeres en estos temas.

En un trabajo reciente analizamos la relación entre factores escolares y comportamientos sexuales de adolescentes (Atencio, Cortés, Gallego, 2015). Los datos son de la Encuesta de Comportamientos Sexuales de Adolescentes Escolarizados (ECSAE) que contiene información de 38,904 hombres y mujeres entre 14 y 19 años de edad, todos ellos escolarizados en 273 colegios de Bogotá en alguno de los tres últimos años de secundaria.

Allí analizamos cinco variables de resultado principales: estado sexual, edad de inicio, uso de condón y embarazo adolescente. Los hombres, comparados con las mujeres, han tenido alguna relación sexual en una mayor proporción, han tenido su primera relación sexual más jóvenes, usan condón en mayor proporción y una menor proporción ha tenido embarazos. Esto sigue siendo cierto aún después de controlar por diferencias individuales, familiares y de colegio.

En la segunda parte del análisis nos preguntamos qué factores escolares están asociados con estas diferencias. Analizamos cinco factores que pueden incidir, a saber, la educación sexual en el colegio, la composición de género de los profesores, la edad promedio de los profesores y la composición de capital humano (posgrado y grado pedagógico).

Los resultados son interesantes. Empecemos por los que menos tienen relación: el capital humano de los profesores no parece tener ninguna relación con los comportamientos sexuales de hombres y mujeres adolescentes. Esto señala que no basta con tener más profesores licenciados o con posgrado para afectar los comportamientos de los estudiantes. La evidencia anecdótica del profesor Luis Miguel Bermudez, premio al gran maestro Compartir 2017, quien disminuyó a cero los embarazos adolescentes en su colegio muestra que tener una visión clara y un equipo son claves.

La edad promedio de los profesores está asociada a menores diferencias entre hombres y mujeres, y en general parece tener un efecto protector en ambos grupos. Esta variable puede estar capturando otras variables asociadas como la experiencia, que pueden ser claves para este tema.

Por otra parte, la composición de género de los profesores prácticamente no tiene efecto en los comportamientos de los jóvenes, salvo en que una mayor proporción de profesores hombres parece estar asociado a una menor probabilidad de inicio de actividad sexual de los hombres. Esto indica que puede haber cierto espacio para los roles de género para cambiar los comportamientos de los adolescentes.

Finalmente, la educación sexual en el colegio tiene un rol controversial. Por un lado, está asociado a la postergación del inicio de relaciones sexuales en ambos sexos, pero por otro está asociado a un aumento del embarazo adolescente en las niñas y una reducción del embarazo adolescente en los niños. Es decir, la educación sexual en el colegio está asociada a una ampliación en la brecha de embarazo adolescente entre mujeres y hombres. ¿Por qué puede ocurrir esto? Una hipótesis es que la educación sexual llega tarde y se centra en las jóvenes que ya han estado embarazadas. Otra alternativa es que llega temprano pero solo sirve para postergar el inicio de actividad sexual (posponer el gustico, como diría un político colombiano) pero no les da herramientas para protegerse del embarazo, una vez han comenzado su vida sexual. La evidencia complementaria sugiere que puede ser esto segundo, porque la educación sexual en el colegio está asociada a mayor uso de condón en los hombres pero no en las mujeres. Además, al revisar otros métodos anticonceptivos modernos, el menor uso de condón en las mujeres no es reemplazado por el uso de pastillas o de otros métodos modernos.

Esta evidencia es compatible con programas de educación sexual centrados en la abstención. También puede ser compatible, con programas comprensivos cuyo mensaje parece ser más claro para los hombres que para las mujeres. En cualquier caso muestran que la educación sexual en los colegios puede tener efectos diferenciados por género, incluso contrarios.

Uno de los debates sobre educación sexual del año pasado en Colombia giró en torno a cuando debería empezar la educación sexual en el colegio. Si bien este trabajo no permite dar una respuesta esa pregunta, si muestra que la educación sexual impartida en los colegios parece ser un mecanismo que sirve para postergar el inicio de actividad sexual tanto en hombres como en mujeres pero que no da muchas herramientas para que las mujeres que han iniciado su vida sexual eviten quedar embarazadas.

 

Referencias

 

Atencio, Andrea; Darwin Cortés; Juan Gallego, (2015). “Gender differences on sexual behavior and school inputs: evidence from Bogota,” DOCUMENTOS DE TRABAJO 012437, UNIVERSIDAD DEL ROSARIO.

 

Kim, J., (2015). School socioeconomic composition and adolescent sexual initiation in Malawi. Studies in Famliy Planning 46 (3), 263-279.

 

Marteleto, L., Lam, D. and Ranchhod, V. (2008). Sexual behavior, pregnancy, and schooling among young people in urban South Africa. Studies in Famliy Planning 39 (4), 351-368.

 

Miller, G. (2010). Contraception as Development? New Evidence from Family Planning in Colombia. The Economic Journal, 120 (545), 709-737.

 

World Bank (2011). Education and health: Where do gender di
erences really matter?. In World Development Report 2012: Gender Equality and Development. Washington, DC: World Bank. 104-148.