Introducción a la Economía

La economía, que alguna vez formó parte de la filosofía, es considerada hoy una ciencia social. Las ciencias sociales estudian el comportamiento humano y postulan que dicho comportamiento está caracterizado por las decisiones individuales (por supuesto, no son ciencias simplemente por estudiar el comportamiento humano. La literatura también estudia el comportamiento humano). Esto las distingue de las ciencias físicas. Los átomos o las estructuras moleculares de la física, química o biología no son percibidas poseyendo un pensamiento consciente. Se supone que adhieren pasivamente a las leyes naturales. En cambio, las acciones de los seres humanos se asumen que reflejan sus decisiones. Es decir, se asumen intencionadas.

La economía se distingue de otras ciencias sociales en el estudio del comportamiento humano por el marco conceptual que utiliza: el de la teoría de la elección racional. El supuesto de que los individuos son racionales implica que éstos al actuar poseen un propósito bien definido. De hecho, es la presencia de este propósito en la conducta individual lo que permite la medición, al menos aproximada, de la ganancia o la pérdida que experimenta un individuo ante una nueva situación. Por ejemplo, permite medir cuánto ganan o pierden los productores y consumidores ante cambios regulatorios en los mercados.

La conducta racional asume que los individuos no escogen una acción dominada (es decir menos conveniente) por otra acción accesible. Parece natural que la economía adopte como parte de su método de análisis el postulado de que los individuos sean racionales en este sentido, incluso aunque en una sociedad pueda haber un número considerable que no lo sea, y que todos, de vez en cuando, cometamos errores en nuestras decisiones. Sin embargo, establecer este concepto mínimo de racionalidad es pedir demasiado poco. Existe un criterio adicional para juzgar la racionalidad de la elección de un individuo: que sus elecciones no se contradigan. Es decir, aunque las preferencias e intenciones pueden evolucionar en el tiempo, en cualquier momento del tiempo suponemos que la conducta individual sigue cierta coherencia lógica tal que una acción que se haya rechazado, digamos en un momento dado, no se seleccionará en otro momento si todavía es posible seguir la acción escogida originalmente. El supuesto de racionalidad le confiere un elemento de predictibilidad al comportamiento humano, y es sobre ese elemento que se construye el análisis económico.

Psicólogos y economistas del comportamiento han mostrado, no obstante, que los individuos algunas veces, y en ciertas circunstancias, se comportan de forma contradictoria. Si las ciencias sociales aspirasen a tener leyes determinísticas, esto sería un obstáculo insalvable para la teoría de la elección racional. Pero las ciencias sociales, en el mejor de los casos, apenas pueden aspirar a poseer leyes probabilísticas. Es debido a esto que el modelo de elección racional provee una herramienta poderosa para estudiar el comportamiento humano.

Las leyes científicas

Una ley científica explicita una relación de causa-efecto. Esta debe formularse de forma que pueda ser invalidada empíricamente. Las leyes de la física, como la ley de gravedad, son (o pueden ser) deterministas. En contraste, las leyes de los comportamientos humanos no lo son. Las leyes de las ciencias sociales se declaran entonces probabilísticas. Aun así, en la práctica, nuestras leyes pocas veces son probabilísticas en la acepción matemática del término, sino que lo son en la acepción ordinaria del mismo. Ello se debe a que no conocemos el verdadero proceso que genera los datos, sino que nos aproximamos al mismo a través de modelos que lo simplifican. Empíricamente esto genera importantes dificultades para generalizar nuestro conocimiento causal. Debemos ser muy cuidadosos sobre cómo pasamos del conocimiento empírico causal, internamente valido, a su extrapolación (relacionada a la idea de validez externa (ver esta entrada previa).

El análisis económico

La economía estudia el comportamiento humano enfatizando la relación existente entre recursos limitados, con usos alternativos, y demandas ilimitadas. La economía existe porque hay escasez. Justamente, los individuos deben elegir porque existe escasez de bienes. Sin ella, no habría trade-offs, y por lo tanto no existiría un costo de oportunidad para cada actividad que realizamos.

La escasez depende de los postulados sobre las preferencias individuales, en particular que las personas prefieren más bienes a menos. Así, los economistas afirman que para un amplio rango de problemas podemos concebir que una elección está determinada por la interacción de: preferencias y oportunidades.

Por lo tanto, para responder preguntas sobre las elecciones humanas tanto las preferencias como las oportunidades deben ser consideradas. Supongamos que, independientemente de cuáles sean los gustos de los individuos, estos no cambian mucho, si es que lo hacen, durante el curso de la investigación de algún problema dado. Si observamos que las oportunidades que enfrentan esos individuos cambian de una manera observable, podemos esperar que la decisión de los mismos cambie de algún modo. Esos cambios en las decisiones pueden atribuirse entonces a cambios en las oportunidades. Por supuesto, la identificación empírica de estos fenómenos es muchos más difícil que su conceptualización analítica.

La constancia de las preferencias es solo una suposición simplificadora que se invoca porque permite investigar la respuesta a los cambios en las restricciones. Ciertamente, es imposible asegurar que las variables no medidas permanezcan constantes. Las preferencias pueden cambiar, pero aceptar esto como explicación de los acontecimientos observados implica abandonar la búsqueda de una explicación basada en un comportamiento sistemático y, por tanto, refutable. En otras palabras, cualquier observación es consistente con una teoría que afirma que algún gusto no medido cambió súbitamente.

¿Cómo explicar los cambios sociales?

Supongamos que nos interesamos por explicar ciertos cambios sociales ocurridos durante los últimos 50 años. Podríamos tratar de explicar, por ejemplo, la liberalización femenina o cambios en el estilo con que los padres educan a sus hijos, dándoles no solo mayores libertades sino también usando menos castigos y más incentivos. Ahora bien, ¿qué es una explicación? Una lista de hechos, por ejemplo, no lo es. Una explicación implica una proposición más general que los mismos datos, de la cual estos hechos son casos particulares.

Una explicación de los cambios sociales es una interpretación de los mismos en términos de un marco conceptual sistemático del comportamiento humano, no solamente una documentación de que estos cambios ocurrieron en un periodo de tiempo. Más aún, queremos que ese marco conceptual también explique otros datos y que nos permita derivar relaciones de causa-efecto, sobre las que construimos las explicaciones.

Supongamos que queremos explicar los cambios sociales ocurridos durante los años 60 en los Estados Unidos. Rechazaremos a priori cualquier explicación basada en cambios en las preferencias, pues aceptarla sería una hipótesis ad hoc. Con el fin de proporcionar una explicación económica, debemos buscar una restricción que haya cambiado durante esos años y que pueda explicar el evento que tuvo lugar en términos del movimiento de esa restricción. Tal explicación la encontramos en el “baby boom” ocurrido luego de la II Guerra Mundial.

Los “baby boomers” estaban igualmente divididos por sexo. Sin embargo, las mujeres, en general, tendían a casarse con hombres algunos años mayores que ellas. Por lo tanto, las mujeres jóvenes enfrentaron una nueva restricción: había muchísimos menos hombres de veintitantos años (los nacidos a inicios de 1940) que de mujeres en sus veinte años (las nacidas a finales de 1940). En tal contexto, el plan prevalente de casarse y criar hijos era aritméticamente imposible para una cantidad importante de las mujeres jóvenes. Junto a las mejores oportunidades laborales para las mujeres, la búsqueda de una carrera se volvió más atractiva. Adicionalmente, dado que había una cohorte inusualmente grande de jóvenes en el mercado de trabajo, los salarios iniciales cayeron. Por lo tanto, las familias con dos trabajadores se hicieron más comunes. Sumado a ello, estas parejas pospusieron la maternidad, causando que las tasas de natalidad se desplomaran en los 70.

Otro cambio social interesante de explicar utilizando el análisis económico es la transformación secular dentro de las familias americanas que tuvo lugar durante el siglo XX: se pasó de un hogar dominado por la figura paterna a uno más igualitario en el que la esposa y los niños se fortalecieron. Esta transformación coincidió con dos importantes cambios económicos y demográficos. El primero, el aumento de las oportunidades económicas para las mujeres. Así, la estructura de ingresos de la familia americana típica pasó de una en la que el esposo era el principal sostén del hogar a otra con dos ingresos. El segundo, la disminución del número de hijos y el cambio en los estilos de crianza de los mismos. Los padres hoy son menos estrictos y están más atentos a los deseos de sus hijos que los padres de un siglo atrás, gastan una proporción mayor de sus ingresos en sus hijos y pasan más tiempo con ellos. ¿Cómo explicamos este fenómeno? Para explicar la conexión entre estas tendencias y la transformación en las relaciones familiares debemos modelar los estilos de crianza como elecciones de los padres que responden a cambios en las oportunidades.

En un trabajo reciente (junto a M. Staiger y G. Torrens) hicimos eso destacando el rol de la competencia dentro de la familia. Nuestro modelo muestra que el aumento en los ingresos relativos de las esposas aumentó la competencia entre los cónyuges por el amor de sus hijos, mientras que la disminución en el tamaño de la familia (menos hijos) redujo la competencia entre los niños por los recursos de sus padres. El efecto combinado de estos dos factores ha dado poder a los niños dentro del hogar y les ha permitido capturar una parte creciente del excedente de los hogares durante las últimas décadas.

Ética y Economía

John Maynard Keynes pensaba que la economía debía estar íntimamente ligada al debate político. Así, escribió:

“La economía, más apropiadamente llamada economía política, está del lado de la ética. Marshall siempre solía insistir que fue a través de la ética que llegó a la economía política … como casi todos los economistas ingleses … llegaron a la economía de esa manera. Prácticamente no hay problemas de política… que no implique consideraciones éticas”.

La ética (conjunto meditado de los deseos de un individuo o un grupo) designa un discurso normativo, pero no imperativo. Los economistas cuando participan del debate político casi siempre reflejan posiciones normativas. Ello es inevitable pues casi todo debate político implica cuestiones redistributivas. Sin embargo, los economistas académicos han tomado bastante distancia de la economía normativa. Más bien toman el punto de vista de un observador externo que tiene como objetivo estudiar el funcionamiento del sistema económico. Buscan entender las causas y consecuencias del comportamiento social observado (ver también esta entrada previa acá).

Conclusión

Alguna vez la economía fue definida como el estudio de la producción y distribución de bienes. Ciertamente, ello todavía sigue siendo una parte muy importante del objeto de estudio de la economía. En un contexto de escasez, qué producir, cómo hacerlo, y cómo distribuirlo es necesariamente una parte central del análisis económico. Sin embargo, como vimos, este se puede aplicar a un amplio rango de fenómenos sociales. Un problema económico es un problema de elección eficiente entre formas alternativas de utilización de los recursos, sean éstos insumos de producción como trabajo y capital, tiempo disponible, etc.

Hoy, entendemos que la economía estudia la conducta intencional que involucra la elección racional en un contexto de escasez. Es necesario que exista un propósito, ya sea que este se trate de la supervivencia, el compañerismo, el impedimento del aburrimiento, o una comida al mediodía. Es necesario que exista una elección: elegir el momento de hacer algo, cómo hacerlo, con qué medios (recursos), o con quién hacerlo.

Si bien la economía se ha alejado de la filosofía, me gusta pensar, con Emmanuel Kant, que aún mantenemos la sabiduría como meta.

Referencias

Galiani, S., Staiger, M., y Torrens, G. (2017). When Children Rule: Parenting in Modern Families. . National Bureau of Economic Research, No. w23087. Disponible en: http://www.nber.org/papers/w23087

Phelps, E. S. (1985). Political economy: an introductory text. New York: Norton.

Silberberg, E. (1990). The structure of economics: A mathematical analysis. New York: McGraw-Hill.

 

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Conferencia pronunciada por Sebastian Galiani, Secretario de Política Económica de la Nación Argentina, en la Facultad de Derecho, el viernes 6 de abril de 2017.