El Perú y la agenda APEC

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Luego de ocho años, en Noviembre próximo seremos anfitriones de una nueva cumbre de las 21 economías del APEC.  Durante los últimos meses, los representantes de las economías miembros socias (no todos son países) han estado sosteniendo una serie de reuniones preparatorias en las que se han venido discutiendo distintos aspectos del proceso integrador.  A juzgar por los pronunciamientos generados en estos meses y los esfuerzos que se vienen desplegando más recientemente, se espera que el plato fuerte de la cumbre de Lima sea la toma de decisiones sobre los próximos pasos para poner en marcha la construcción de una gran Zona de Libre Comercio del Asia Pacífico (FTAAP por sus siglas en inglés).

Con más de 2,800 millones de habitantes, un PBI que representa el 57% de la economía mundial y flujos comerciales equivalentes a la mitad de los intercambios globales, APEC es sin dudas la asociación más importante y dinámica del mundo. Entre 1994 y 2014, el comercio de APEC aumentó a una tasa anual de 8 %, llegando a USD 18,400 millones.  Durante el mismo periodo los intercambios al interior del bloque se cuadruplicaron.  De otra parte, la atracción de flujos de IED creció 11 % por año, llegando a USD 12,400 en 2014.  Lo mismo ocurrió con la emisión de IED desde el bloque, que creció 11 % por año, alcanzando los USD 13,000 millones.

Avances y oportunidades

La diversidad de actores involucrados y la gran heterogeneidad de sus experiencias constituyen una de las más importantes fortalezas de la organización, pero a la vez plantean serios desafíos, especialmente en lo que atañe a la liberalización plena del comercio y las inversiones.   Es mucho lo que se ha avanzado en ese frente.

En los últimos 20 años las economías de APEC han reducido de manera significativa sus aranceles, pasando de 11% a 5,5% en promedio (un tercio de ese nivel en el caso peruano).  El número de líneas arancelarias con tarifas cero creció de 27,3 % en 1996 a 45,4% en 2014.   En la actualidad el 60% del comercio de APEC se realiza libre de aranceles (más del doble que lo registrado en 1996).

Una de las vías que más ha dinamizado el comercio de APEC es la de los TLCs (casi 59 suscritos hasta el momento, incluyendo 10 de alcance inter-pacífico).  A ello hay que sumar otros 94 pactados con terceros.  Sin dudas, APEC ha sido uno de los espacios más fértiles para la proliferación de acuerdos preferenciales, algunos de ellos de alcance muy amplio y altas ambiciones.

La liberalización del comercio de servicios también ha alcanzado importantes progresos.  Así, los acuerdos negociados al interior del bloque han venido acrecentando su cobertura.  Según estimados de la secretaría APEC estos acuerdos son en promedio 20% más profundos que los asumidos al amparo de GATS.  Lo mismo ocurre para el tratamiento de las inversiones, las que en la actualidad gozan de un tratamiento bastante menos restrictivo que el prevaleciente en la región hace un par de décadas.

A pesar de estos notables avances, todavía persisten restricciones significativas que obstaculizan los intercambios comerciales.  Así, se registran importantes picos arancelarios para productos agrícolas y se barreras al comercio de servicios en sectores como energía, transportes, contabilidad y legal.  De otra parte, en algunos sectores la inversión extrajera directa está expuesta a procesos de revisión y aprobaciones previas (economías industrializadas), cuando no de requisitos de desempeño (economías emergentes).

En atención a lo anterior, hay consenso en que no se podrán alcanzar las ambiciosas metas planteada por los líderes de APEC en Bogor. De hecho, los objetivos propuestos al 2010 para liberalizar el comercio de las economías más desarrolladas no se concretaron y es improbable que esos obstáculos logren despejarse antes del 2020 para las economías en desarrollo, según lo planteado.

La ruta futura

La creación de la FTAAP adquiere especial sentido de urgencia de cara a la desaceleración del crecimiento global y la ralentización que la región viene experimentando.  Según distintos estimados, la implementación de ese espacio ampliado de integración profunda tiene el potencial de apuntalar no solamente a las economías de la región, generando un incremento potencial del PBI de entre 3-5%, sino que además ayudaría a dinamizar al resto de la economía mundial.

Visto desde la óptica institucional, uno de los grandes beneficios del FTAAP sería el poder subsumir bajo un mismo esquema la gran variedad de acuerdos preferenciales bilaterales y subregionales, eliminando sus efectos distorsionantes al interior de bloque. De la misma manera, ese paraguas general presentaría la posibilidad de armonizar y simplificar la amplia gama de normas comerciales vigentes, muchas de ellas contrapuestas y contradictorias, aminorando los costos de transacción para las empresas que operan en el espacio APEC.

Para alcanzar el FTAAP hay tres vías.  La primera, más impactante y ambiciosa, pasa por anclar la construcción del espacio de integración en la extensión de los compromisos y reglas del TPP, incorporando a aquellos países que no participaron en las negociaciones iniciales.  Este acuerdo, del que nuestro país también es parte, tiene 12 firmantes incluyendo a EEUU y Japón.  Con 30 capítulos que abarcan la liberalización del comercio de bienes y servicios, además de la eliminación de trabas a la inversión, el TPP adopta estándares de avanzada en ámbitos claves del comercio, incluyendo el ambiental y laboral, disciplinas más exigentes en propiedad intelectual y nuevos temas nunca antes incluidos en TLCs (carta colateral sobre la manipulación cambiaria y capítulo sobre manejo de empresas públicas).

A pesar de sus ventajas en lo que respecto a sus niveles de ambición, este arreglo no resulta muy viable por la oposición que genera en algunos otros actores clave del espacio APEC como China, que dificilmente aceptaría incorporarse a un acuerdo de alacances tan amplios sin haber participado directamente en la negociación previas.  De otra parte, también persisten dudas acerca de la viabilidad política del TPP, considerando la gran oposición interna que hacia el mismo subsiste en su principal auspiciador (EEUU).  Los candidatos presidenciales republicano y demócrata han asumido posturas críticas y contrarias a la aprobación del acuerdo, y resulta altamente improbable que en circunstancias como ésta el Congreso norteamericano vote a favor de su ratificación.

La segunda vía buscaría cimentar la construcción del FTAAP en las negociaciones del RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership), iniciativa que involucra a 16 economías (China e India son parte) y que toma como punto de partida los esfuerzos integradores y la harmonización de los acuerdos de libre comercio alcanzados por ASEAN-6.  Las disciplinas que se negocian en este proceso son las correspondientes a un TLC tradicional, con ambiciones más reducidas en servicios y sin la inclusión de materia laboral y ambiental.

Las tratativas para el RCEP fueron lanzadas en el 2012 y a pesar de las 14 rondas realizadas desde entonces el cierre de un acuerdo parece aún lejano.  De hecho, la fecha tentativa para alcanzarlo ya ha sido postergada dos veces, y en la actualidad se apunta al 2017 como nueva meta.  Por lo poco que se sabe de las negociaciones, apenas se han registrado algunos avances en las ofertas para la liberalización de bienes, y se han alcanzado las primeras listas negativas para la exlcusión de servicios e inversiones.  Más allá de estas consideraciones, el éxito de las negociaciones dependerá del entendimiento que puedan alcanzar China e India, dos economías que aún no cuentan con un TLC que las vincule.

La tercera vía, la más realista, involucra un híbrido de las dos anteriores y asume una arquitectura variable y un régimen de velocidades múltiples.  Bajo ese esquema, cada uno de los países miembros iría adoptando mayores niveles de ambición a un ritmo por definir, pero teniendo siempre como mira llegar a los estándares más altos propuestos por el TTP.  Es decir, aquellos países que estén rezagados y mantengan sensibilidades altas, arrancarían con compromisos menores, los mismos que se irían actualizando de forma progresiva para ir adoptando disciplinas más exigentes.  Ciertamente, este esquema tendría que proponer fórmulas para alcanzar la armonización de normas de origen y la conciliación de algunas reglas discordantes.

En cualquier caso, resulta vital que las autoridades reunidas en la próxima cumbre de APEC puedan ir más allá de las expresiones retóricas y asumir compromisos concretos respecto de plazos y modalidades para concretar la conformación del FTAAP. En consideración a nuestra vasta experiencia en materia de integración comercial, el Perú está en condiciones óptimas para asumir un papel de liderazgo en ese esfurezo de construcción.

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