Gas: plan oficial ahora gradual pero con errores estratégicos

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Por Fernando Navajas. Publicada originalmente el 09/09/2016 en Ámbito Financiero.

En preparación a la audiencia de los precios y tarifas del gas natural resultante del rechazo de la Corte Suprema al esquema anterior, el Gobierno circuló un informe breve sobre la nueva estrategia y los valores que van a proponerse. El nuevo esquema del Gobierno es un avance en las direcciones de gradualismo y previsibilidad, hay que decirlo. Como presentación es bastante más clara que lo hecho con anterioridad. La gran mayoría de los comentarios especializados durante estos días se han concentrado en cuestiones de impacto de bolsillo de los aumentos, su distribución y también en los impactos fiscales. Aceptando que lo del Gobierno es un avance en cuanto a plantear el problema de convergencia tarifaria que al parecer antes no había entendido, esta nota se enfoca sobre otras cuestiones para mí más fundamentales de la política energética y tarifaria. En términos generales expresa una discrepancia sustancial respecto de la estrategia que eligió el Gobierno para recomponer los precios del gas natural. Existen cinco puntos que creo que hay que remarcar.

1 – Declarar que el objetivo primario de la política energética es maximizar la producción nacional o minimizar las importaciones.

Decir esto está bien, dado que ha ocupado siempre un lugar habitual en los objetivos de política energética de nuestro país. Pero decir esto sin ninguna condicionalidad a los precios y la eficiencia hace que estos objetivos pierdan fundamento o se usen para validar un proteccionismo sectorial injustificado y oneroso para el resto de la economía. Excepto que uno pueda demostrar que la producción local va a converger a precios muy convenientes e inferiores a los precios de importación, como era en el pasado, no resulta razonable otorgar precios elevados para promover un sector. Así como no sería razonable fijar el precio de la soja en 700 dólares la tonelada para buscar provocar una revolución verde, por más loable que sea ese objetivo.

2 – Seguir insistiendo con el mecanismo de descuentos tarifarios por ahorro respecto al año anterior.

Este es un enigma que a mí me causa perplejidad. ¿Cómo puede ser que se insista en mecanismos que son causa de una variabilidad tarifaria innecesaria y que no tienen un diseño de incentivos apropiado para que los hogares hagan inversiones para la eficiencia energética? La eficiencia energética de los hogares deviene del equipamiento que tienen y de los esfuerzos para gastar en ahorro de energía. Este esquema no brinda incentivos adecuados para la eficiencia energética porque tiene un problema muy conocido en la literatura (llamado rachet effect) que te saca el premio al año siguiente. Lo único que aporta es variabilidad tarifaria innecesaria, como se vio en el episodio de este invierno. Obviamente el Gobierno no aprendió la lección en este aspecto.

3 – Incluir, por la ventana, al Gas Oil en el balance del mercado del gas para definir un precio de la oferta más alto.

El Gas Oil era un sustituto válido para valores de costos de oportunidad cuando el gas natural no era tan transable como lo es ahora en el mundo. Al incluir al gas oil en la cuenta, la presentación del Gobierno parece más un ejercicio de manipulación para que los precios del gas tengan que ser más altos, haciendo que en medio de una caída fenomenal de los precios de la energía en el mundo los precios de la Argentina no caigan. A ello se agrega el hecho de computar los precios de la importación de LNG (controlada por YPF, sin licitación o mecanismo de mercado) con sobrecostos, en un mundo donde los precios de frontera (landed prices) del LNG convergieron en el mundo al entorno de 4.50, con la Argentina también convergiendo bastante. Es decir que la presentación del Gobierno barre debajo de la alfombra el hecho que los precios de la energía en el mundo han caído y encubre que los costos de oportunidad de un equilibrio competitivo serían más bajos.

4 – Usar al LNG no competitivo del año 2017 como valor de largo plazo en vez de usar un mecanismo de mercado.

Si bien existe alguna configuración de los precios de la energía en el mundo que validaría la secuencia de precios que el Gobierno propone para el gas natural, lo cierto es que el Gobierno no obtuvo esa secuencia a partir de ese resultado sino de una operación de validación ex post de los programas de estimulo firmados con la industria. No hay ninguna justificación para haber elegido el 6.8 dólares por MMBTU como referencia, cuando lo lógico era haber elegido una regla de precios de paridad de importación y luego abocarse a una política para reducir los mismos respecto de los valores actuales, no competitivos. Lo razonable hubiera sido usar esa regla y moverse a bajar los costos de importación para marcar precios de referencia al mercado interno. Hoy el promedio de precios de Bolivia y LNG que el mismo Gobierno reporta en su informe es de 5 dólares. Es altamente probable que un mecanismo de competencia con acceso libre de distribuidoras y comercializadores independientes haga que ese precio promedio pueda estar cerca de 4.50 dólares por MMBTU. Es decir al elegir a dedo el LNG no competitivo se consagra un precio alto y fijo solamente para validar los programas de estimulo a la oferta heredados de De Vido y Kicillof que por otra parte fueron decididos en tiempos con precios de la energía muy altos en el mundo. Si bien la demanda en 2016 y 2017 va a pagar precios todavía por debajo de los verdaderos costos de oportunidad competitivos, en el largo plazo -a donde quiere llevarnos la regla del Gobierno- hay un exceso de 2.30 dólares por millón de BTU medido a los precios de hoy. Esto a los volúmenes de hoy y suponiendo que los va a pagar toda la demanda (porque hay convergencia de todos los segmentos y regiones) equivale a un sobrecosto de 3700 millones de dólares anuales. Esto es un 0.5% del PIB estimado para 2019 y una cuenta que se agrega a la ya abultada transferencia al sector por la vía de precios del petróleo más alto que los valores de importación. Lo insólito es que se lo quieren hacer pagar a los habitantes del NOA que están a metros de Bolivia que hoy cobra 3.5 dólares por MMBTU en frontera. ¿Y si al Gobierno de Jujuy se le ocurriera hacer un gasoducto para importar gas de Bolivia? En otros términos: ¿porque los jujeños van a pagar el desarrollo de Vaca Muerta, teniendo importaciones a mitad de precio muy cerca?

5 – Decir que la propuesta es una reducción de subsidios a la oferta y un estimulo a la producción y el trabajo nacional.

Las conclusiones de la presentación del Gobierno afirman que proponemos una disminución gradual y previsible de los subsidios a la producción e importación de gas natural en los próximos tres años y que en suma, queremos lograr un suministro energético más justo y que promueva la producción local y el trabajo argentino.

La verdad es que no hay disminución sino aumento de los subsidios a la producción de gas en la Argentina. No hay nada malo en que nos planteemos tener una política de recursos hidrocaburíferos como política industrial, yo estoy a favor y creo en la sustitución de importaciones en este sector. Pero la cuestión es que esta no es la forma apropiada de hacerla porque resulta muy onerosa para la economía y la población. La supuesta promoción de la producción y el trabajo argentino es sin duda al nivel del sector, le falta decir, con más honestidad, al Gobierno. Porque ciertamente no lo es, sino que es más bien lo opuesto, para el resto de la economía, que enfrenta costos de la energía más altos que los que surgirían en un ambiente competitivo.

2 Comments

  1. Excelente las críticas!!

    Es lo mejor que veo sobre el tema tan politizado.

    Viendo la presentación del MINEM quisiera creer que nunca llegaremos a pagar 6,78 el MBTU. Es un despropósito.
    Coincido con lo del Gasoil y el GNL.

    Desregulen en 1 año, terminen el gasoducto del NEA, arreglen con Bolivia 50 Mm3 diarios, y el precio va a ser mucho menor que esos imaginarios 6,78.

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