¿Por qué ganó el que ganó? Sobre las recientes elecciones en el Perú

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La reciente elección presidencial en Perú seguramente terminó con el resultado más ajustado en la historia de América Latina. Pedro Pablo Kuczynski (PPK) ganó la elección por 0.23% de los votos emitidos a Keiko Fujimori,  quien había obtenido la mayor votación en la primera vuelta y que según todas las encuestas 10 días antes de las elecciones era la favorita. Para poner esta diferencia en perspectiva, cabe señalar que los 42,597 votos que le dieron el triunfo a Kuczynski representaron menos del 11% de los votos emitidos por peruanos residentes en el exterior. ¿Qué es lo que ocurrió?

En el análisis del voto de la primera vuelta presentado anteriormente en este blog señalábamos que “por cada votante que tenga que convencer Keiko Fujimori, PPK deberá atraer a su campo casi tres. En este sentido la tarea de PPK parece titánica. Pero también es cierto que PPK no enfrentaba el antivoto que las encuestas señalaban que afectaba a Keiko, debido a lo arraigado del anti fujimorismo en algunos sectores de la población.” [2] Como ahora sabemos, Kuczynski logró la hazaña de remontar la enorme ventaja que le llevaba Keiko Fujimori. A continuación se analiza con métodos econométricos qué fue lo que sucedió con el voto entre la primera vuelta (10 de abril) y la segunda vuelta electoral (5 de junio).

En la segunda vuelta –o en el balotaje– el elector podía escoger entre tres opciones: Keiko Fujimori (Keiko), Pedro Pablo Kuczynski (PPK), y Blanco o Nulo (B/N). Los resultados finales de la votación señalan que PPK obtuvo el 46.86% de los votos emitidos, Keiko el 46.63% y el B/N el 6.52%. Para analizar qué factores determinaron la elección de los peruanos se utilizó la aproximación metodológica de Paredes (2016)[3] y se recurrió al análisis de regresión múltiple, donde el voto por cada una de estas opciones en cada una de las regiones del país (expresado como porcentaje de los votos emitidos) se corrió contra un conjunto de posibles variables explicativas. Las variables explicativas incluidas fueron: (i) voto por el mismo partido en la primera vuelta, (ii) población rural, (iii) lengua materna nativa, (iv) ingreso per cápita, (v) pobreza, (vi) índice de desarrollo humano (IDH), (vii) educación universitaria, (viii) valoración de la democracia como importante, (ix) valoración de la democracia como muy importante, (x) percepción de corrupción como problema, y (xi)  percepción de inseguridad ciudadana.

En el Cuadro 1 se presenta los resultados del análisis de regresión. Para escoger las variables explicativas se realizó un análisis de “robustez” (se escogieron aquellas variables que resultaron estadísticamente significativas bajo diferentes especificaciones). En particular, para cada una de las opciones del elector (Keiko, PPK, B/N) se corrieron regresiones para todas las alternativas posibles que no generasen multicolinealidad (un total de 8 especificaciones) y se escogió la especificación que logró el mejor ajuste.[4]

cuadro 1

En todos los casos, se incluyó al voto por la misma opción política en la primera vuelta como un regresor, por lo que el resto de las variables lo que explican realmente son las características de los electores adicionales que logró captar cada una de las opciones entre la primera y segunda vuelta. Por ejemplo, en la segunda vuelta, Keiko logró captar a los que la apoyaron en primera más aquellos ubicados en zonas rurales, que es donde ella puso sus esperanzas hasta el final del recuento de votos. En cambio, PPK captó además de sus votantes en primera vuelta, a aquellos con mayor acceso a educación superior y aquellos con lengua materna nativa (esto último reflejaría los determinantes del voto de Izquierda y B/N en primera vuelta[5] que se trasvasaron a PPK en el balotaje). De manera interesante, la percepción de inseguridad ciudadana como un problema apremiante fue un factor contraproducente para el voto por PPK (nuevamente reflejando los determinantes del voto en primera vuelta de los votos trasvasados). En el caso del voto B/N, en forma contraria a lo previsto, éste sufrió una reducción muy fuerte, de 18.1% en primera vuelta a 6.5% en la segunda. Esto último se ve reflejado en el coeficiente estadísticamente no significativo del voto B/N en primera vuelta (indicando que un gran número de los que votaron B/N en la primera vuelta no lo hicieron en la segunda). Sin embargo, el voto B/N fue una opción atractiva para los electores en áreas rurales y con lengua materna nativa.

Es importante referirse también a las variables que no aparecen en este cuadro debido a que no resultaron ser estadísticamente significativas. Ni el coeficiente de la variable “percepción de la corrupción como un problema importante del país” ni el de “la valoración de la democracia” (muy importante o importante) por parte de los electores resultaron estadísticamente significativos en las regresiones del voto por ambos candidatos.[6] Tal como se adelantó en Paredes (2016), esto refleja el hecho que gran parte del voto que estaba en juego era el de aquellos que habían votado por la Izquierda o B/N en la primera vuelta, el cual no mostraba una correlación significativa con estas variables. Sin embargo, esto no quiere decir que el resultado de la elección no pudiese ser afectado por revelaciones o escándalos en estos ámbitos, tales como los que se ventilaron respecto a líderes del partido fujimorista en las dos semanas anteriores a la elección. En efecto, como en muchas otras áreas del quehacer humano, en las elecciones no hay espacio para el determinismo, ni histórico ni estadístico.[7]

Habiendo señalado lo anterior, resulta pertinente analizar cuál fue efectivamente el trasvase del voto. El cuadro 2 es una aproximación estadística al trasvase de los votos de aquellos que quedaron fuera de la contienda en la primera vuelta electoral. Dicho cuadro presenta los resultados del análisis de regresión (MCO) del voto en segunda vuelta como función del voto por las diferentes opciones emitido en la primera vuelta electoral (el análisis se hizo con data regional). Las tres filas inferiores presentan los estimados del trasvase del Centro, la Izquierda y el B/N. Como se puede ver, el 80% de los que habían votado por el Centro en primera vuelta optó por PPK en el balotaje, mientras que solo 13% se inclinó por Keiko. En el caso de los que habían votado por la Izquierda, también el 13% de éstos se inclinó por Keiko, pero el 70% de este voto se trasvasó a PPK.  Mientras que el 45% de aquellos que votaron B/N en la primera vuelta optaron por PPK en segunda vuelta (contra 38% que se inclinaron por Keiko).[8]

cuadro 2

Cabe señalar que esta especificación no fue la única utilizada para analizar el trasvase del voto. Además de la presentada en el cuadro 2, se estimaron especificaciones alternativas para analizar la robustez de los resultados. En particular, los coeficientes de trasvase se estimaron en base a regresiones donde las variables se midieron como número de votos –y no como proporción del total de votos emitidos–, otras en las que también se incluyó el voto del extranjero y, finalmente, una versión con restricciones (donde el coeficiente del mismo candidato del cuadro 2 se restringió a uno y el del contrincante a cero). Los resultados obtenidos bajo las especificaciones alternativas son bastante similares a los mostrados en el cuadro 2.[9]

Este análisis de los estimados del trasvase de votos permite concluir lo siguiente:

  • El mayor trasvase (proporcional) a favor de PPK provino de aquellos electores que en primera vuelta se habían inclinado por algún candidato de Centro: el porcentaje de trasvase de estos se situó entre el 80% y el 90%.[10]
  • El trasvase de la Izquierda hacia PPK fue menor que el de los electores de centro, situándose alrededor de 70%.[11]
  • El trasvase del B/N estuvo relativamente ajustado entre KEIKO (38%) Y PPK (45%).[12]

Pedro Pablo Kuczynski, un candidato de derecha que recibió el apoyo en primera vuelta de los más beneficiados por el sistema económico imperante en el país, es el nuevo presidente electo del Perú. Y esto se debe al apoyo explícito recibido de las fuerzas de Izquierda y, sobre todo, del Centro del espectro político. Cabe señalar que los coeficientes de trasvase hacia PPK fueron mucho más altos que los estimados por Paredes (2011) para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 2011, en que el trasvase estimado de los votantes por PPK hacia Keiko Fujimori se situó en 58.8% y el de los votantes por de Toledo hacia Ollanta Humala fue de 56.0%.[13] Desde este punto de vista, la elección del 2016 habría estado más polarizada que la del 2011, a pesar que las ideas económicas de los dos candidatos en esta elección eran mucho más cercanas que la de los candidatos de la elección anterior.[14]

Otro factor que resultó determinante en este resultado electoral fue la reducción significativa del voto B/N en la segunda vuelta electoral. En efecto, de haberse mantenido el voto B/N en los niveles que se registraron en las últimas tres elecciones presidenciales, a pesar de los altos coeficientes de trasvase del Centro y de la Izquierda hacia PPK, los resultados electorales le habrían dado el triunfo a Keiko Fujimori.

¿Qué es lo que hizo cambiar el voto B/N? ¿Qué factores llevaron a un trasvase tan alto del Centro y de la Izquierda hacia PPK? En las respuestas a estas preguntas se encuentra la respuesta a la pregunta del título de este artículo.

La cruzada en contra a Keiko Fujimori y en contra del voto B/N en las últimas dos semanas de la campaña presidencial, en que era claro que esta candidata gozaba de una ventaja importante y creciente, fue determinante en el resultado de las elecciones. La campaña del “No a Keiko” vino acompañada de un esfuerzo concientización del “No al voto B/N”, que terminó siendo muy efectivo. La elección peruana dejó de ser una elección entre Keiko y PPK, y pasó a ser una elección entre Keiko y el “No a Keiko”. Los errores garrafales del círculo íntimo de Keiko en las últimas dos semanas de la campaña presidencial, que reavivaron los temores a que en un eventual gobierno suyo podrían repetirse las malas prácticas del gobierno de su padre, fortalecieron el No a Keiko, redujeron el voto B/N y le terminaron dando el triunfo a su contendor.

[1]    Profesor de la Escuela de Postgrado de la Universidad del Pacífico y estudiante de último año de la Facultad de Economía y Finanzas de la Universidad del Pacífico, respectivamente.

[2]    http://focoeconomico.org/2016/04/15/la-economia-y-las-elecciones-del-2016-en-el-peru/. El cálculo partía del supuesto que el voto blanco y nulo de la segunda vuelta se reduciría, pero solo a 15% de los votos emitidos.

[3]    “Sobre los determinantes del voto en el Perú: una investigación econométrica”. Mimeo. Universidad del Pacífico. Mayo 2016.

[4]    Las regresiones se restringieron de tal modo que  (viii) y (ix) no estén en la misma regresión; y (iv), (v) y (vi) tampoco. Luego se eligió la (s) variable (s) cuyos coeficientes se mantenía (n) significativo (s) para las diferentes especificaciones para cada opción política y se repitió el procedimiento para ir agregando variables hasta que ninguna otra resulte significativa.

[5]    Para el análisis de los determinantes del voto en primera vuelta, ver Paredes (2016), op. cit.

[6]    No obstante, en la primera versión del presente artículo, escrita en base al análisis de los votos contabilizados al 94.2% (que excluía parte importante del voto rural), los resultados del análisis econométrico indicaban que el voto por Keiko disminuía (mientras que le de PPK subía) entre los votantes que estimaban que la corrupción era un problema importante del país (coeficientes significativos al 90% de grado de confianza). Al contabilizar adecuadamente el voto rural, dicha relación estadística desapareció.

[7]    Adicionalmente, cabe recordar al lector que la percepción de corrupción usada en el presente artículo corresponde a la reportada por la ENAHO del año 2015, la cual no capta los últimos  sucesos ocurridos entre la primera y segunda vuelta electoral.

[8]    La suma horizontal de los coeficientes contenidos en el cuadro 2 es uno, reflejando que el voto de primera vuelta tenía que necesariamente dividirse entre estas tres opciones en la segunda vuelta.

[9]     En efecto, al comparar los resultados de las diversas formulaciones de la matriz de trasvase se concluye que el agregar el voto en el extranjero como una veinticincoava observación no genera mayores cambios en los coeficientes estimados. En todas las especificaciones en proporciones (con y sin restricción para el coeficiente del voto por el mismo candidato en primera vuelta) el trasvase de Izquierda a PPK ocupa el segundo lugar, luego del trasvase del Centro. Sin embargo, para las regresiones en que las variables son medidas en número de votos, el coeficiente de trasvase de la Izquierda ocupa el tercer lugar, superado incluso por el trasvase del B /N.

[10]    El coeficiente de trasvase estimado del Centro hacia PPK fue de 80%, 90% y 90% para las diferentes especificaciones sin considerar el voto en el extranjero (la del cuadro 2, la misma del cuadro 2 pero imponiendo las restricciones señaladas en el texto, y la regresión con variables expresadas en número de votos en vez de proporciones).

[11]   El coeficiente de trasvase estimado de la Izquierda hacia PPK fue de 70%, 77% y 62%, respectivamente  (para las mismas especificaciones señaladas en el pie de página anterior).

[12]   En este caso hay más dispersión; el coeficiente de trasvase estimado del B/N hacia PPK fue de 45%, 23% y 65%, respectivamente  (para las mismas especificaciones señaladas en el pie de página 8).

[13]   Paredes, C. “Entre la Economía y la Política: Los determinantes del voto en el Perú” Mimeo. Instituto del Perú, Universidad San Martín de Porres. Lima, Perú. 2011. Disponible en:

http://www.institutodelperu.org.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=1776&Itemid=77

 

[14]   La hipótesis es que mientras más polarizada sea la elección, mientras más diferentes sean percibidos los dos  candidatos que pasaron a la segunda vuelta, los electores cuyos candidatos quedaron fuera de carrera se verán más incentivados a votar por alguno de los dos disputando la presidencia (el “mal menor”).

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