La AUH mejora la asistencia a la secundaria

[1]A�La educaciA?n bA?sica en la Argentina sufre de importantes problemas de deserciA?n, que se reflejan en tasas de matriculaciA?n y de asistencia que disminuyen fuertemente con la edad. Como muestra la Figura 1, en la dA�cada 2004-2014 las tasas de asistencia para niA�os de 6 a 11 aA�os (escuela primaria) y de 12 a 14 aA�os (primer tramo del secundario) rondaron niveles del 99% y 97% respectivamente. En cambio, las tasas eran de tan solo un 82% para los jA?venes de entre 15 y 17 aA�os (A?ltimo tramo del secundario) al comienzo del perA�odo. La buena noticia es que en los A?ltimos aA�os hubo una fuerte expansiA?n de la asistencia al secundario de este grupo, aunque no para los de menos de 15 aA�os de edad.

A�Figura 1. Tasas netas de asistencia a la escuela, por edad.

Figura AUH

Fuente: estimaciones propias basadas en EPH.

Notas: Tasa neta de asistencia es el porcentaje de niA�os de un grupo etario dado que asisten al nivel educativo que les corresponde oficialmente (UNESCO). Edad 6-11 corresponde a escuela primaria; edades 12-14 y 15-17 corresponden a los primeros dos y A?ltimos tres aA�os de la escuela secundaria respectivamente.

La pregunta de quA� es lo que provocA? esta mejora nos lleva a pensar en la expansiA?n de la obligatoriedad escolar que introdujo la Ley de EducaciA?n Nacional (LEN) en diciembre de 2006. Antes, sA?lo la primera etapa de la educaciA?n secundaria era obligatoria, pero con la LEN la obligatoriedad se extendiA? hasta finalizar ese nivel educativo. La edad teA?rica que corresponde a este A?ltimo tramo de la educaciA?n secundaria (ahora obligatorio) es, justamente, entre los 15 y los 17 aA�os.

Hay un conjunto de razones, sin embargo, que nos hacen sospechar que no fue realmente la extensiA?n de la obligatoriedad escolar en 2006 lo que llevA? a la mejora de las tasas de asistencia del grupo de 15-17 aA�os. En primer lugar, las tasas de asistencia empezaron a crecer reciA�n a partir de 2010, es decir, 3 aA�os despuA�s de la implementaciA?n de la ley. En segundo lugar, ni la ley ni su reglamentaciA?n incorporaron mecanismos capaces de afectar los incentivos de los niA�os o de sus padres/tutores para reforzar la obligatoriedad de asistir a clases. Por A?ltimo, la mejora se concentrA? fundamentalmente en los niA�os de familias mA?s vulnerables (ver Figura 2).

A�Figura 2. Tasas netas de asistencia a la escuela secundaria, por quintil de ingresos.

JA?venes de 15 a 17 aA�os.

Figura 2 AUH

Fuente: estimaciones propias basadas en EPH.

Nota: quintiles de la distribuciA?n del ingreso familiar per cA?pita.

Pero entonces, A?quA� estA? alentando a los jA?venes de entre 15 y 17 aA�os, especialmente a los mA?s pobres, a mantenerse en la escuela? AquA� argumentamos que fue la AsignaciA?n Universal por Hijo (AUH) lo que provocA? el aumento en las tasas de asistencia de este grupo. La AUH se implementA? a fines de 2009 y es el principal programa de transferencias monetarias condicionadas de Argentina.[2] EstA? enfocada en niA�os y jA?venes de hasta 18 aA�os que viven en familias vulnerables e informales. Hoy en dA�a, para una familia con tres hijos que cobra un salario mA�nimo, esa transferencia representa casi un 50% de incremento en su ingreso mensual. Como cualquier otro programa de transferencias condicionadas, el beneficio estA? sujeto a controles mA�dicos, vacunaciA?n y asistencia escolar de los niA�os, que de no cumplirse implican la suspensiA?n del beneficio.

El alto incentivo econA?mico introducido por la AUH podrA�a reducir el abandono o fomentar la re-escolarizaciA?n por dos vA�as. Por un lado, la transferencia relaja la restricciA?n presupuestaria de las familias beneficiarias, lo que facilitarA�a que los hijos sigan en la escuela tanto porque las familias ahora pueden afrontar los gastos (aun asistiendo a una escuela pA?blica y gratuita, hay gastos como transporte y materiales, por ejemplo), como porque pueden prescindir de los ingresos que generaban los menores o pueden reasignar tareas domA�sticas liberA?ndolos de esas obligaciones familiares (por ejemplo, si la madre reduce su carga laboral como consecuencia de la AUH).[3] Por otro lado, las condicionalidades imponen un sesgo al gasto de ese ingreso extra hacia la inversiA?n en educaciA?n. El incentivo es fuerte, tanto mA?s si el programa es percibido como permanente y la amenaza de suspensiA?n por incumplimiento de las condicionalidades es creA�ble: si el niA�o no va a la escuela pierde su estatus de beneficiario y el valor presente de las transferencias hasta cumplir 18 aA�os.

Lamentablemente, medir el efecto causal de la AUH no es tarea sencilla. El programa no fue asignado de forma aleatoria ni fue acompaA�ado por un seguimiento que permita evaluar sus resultados. Dadas estas restricciones, recurrimos a datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), relevada por Instituto Nacional de EstadA�sticas y Censos (INDEC). Nuestra muestra consiste de jA?venes entre 15 y 17 aA�os del 40% mA?s pobre de los hogares. Clasificamos a estos jA?venes en dos grupos: los potenciales beneficiarios o elegibles (grupo tratamiento) y los no elegibles (grupo control). Los potenciales beneficiarios son aquellos jA?venes cuyos padres cumplen con los requisitos de elegibilidad del programa (inactivos, desempleados, trabajadores informales con un ingreso inferior al salario mA�nimo vital y mA?vil[4] o empleadas domA�sticas). Cuando alguna estas condiciones no se cumplen el joven es clasificado como no elegible. Por A?ltimo, empleamos una metodologA�a de diferencias en diferencias que bA?sicamente consiste en comparar la asistencia a la escuela de ambos grupos, antes y despuA�s de la implementaciA?n de la AUH.

La Figura 3 muestra la evoluciA?n de las tasas de asistencia del grupo de tratamiento y del grupo de control. Los no elegibles presentan tasas de asistencia mA?s altas, tanto antes como despuA�s de la implementaciA?n de la AUH. Esto es consecuencia de la propia definiciA?n de los grupos: los no elegibles provienen de hogares menos vulnerables que los elegibles. Pero esta diferencia en niveles entre los grupos no invalida la comparaciA?n. Lo importante es que la tendencia antes de la AUH era similar en ambos grupos. Las tendencias comunes antes de 2010 sugieren que de no haberse implementado la AUH la evoluciA?n posterior habrA�a seguido un patrA?n similar. En este sentido, la reducciA?n de la brecha en las tasas de asistencia entre elegibles y no elegibles a partir de 2010 es el primer indicio del efecto de la AUH sobre las tasas de asistencia al secundario.

Figure 3. Tasa neta de asistencia a la escuela secundaria.

JA?venes entre 15 y 17 aA�os, grupos tratamiento y control.

is crestor generic A�Figura 3 AUH

Fuente: estimaciones propias en base a la EPH.

Nota: Grupo Tratamiento: incluye jA?venes cuyos padres estA?n inactivos, desempleados o empleados informales (o empleados domA�sticos registrados). Grupo Control: incluye jA?venes para los que al menos uno de sus padres es un trabajador formal. En ambos grupos los jA?venes tienen entre 15 y 17 aA�os y pertenecen a los primeros cuatro deciles de la distribuciA?n del ingreso.

Esta conclusiA?n se mantiene en un anA?lisis multivariado en el que controlamos por distintas caracterA�sticas de los jA?venes, de su hogar y del jefe de su hogar. SegA?n nuestras estimaciones, la AUH incrementA? la probabilidad de asistir a la escuela entre jA?venes elegibles de 15 a 17 aA�os en 3.9 puntos porcentuales. La magnitud del efecto no es trivial. Los 3.9 puntos porcentuales de impacto se traducen en que, entre 2010 y 2014, unos 20.000 jA?venes elegibles de entre 15 y 17 aA�os siguieron en la escuela secundaria alentados por la AUH. Por otro lado, representa un cierre del 20% de la brecha en las tasas de asistencia que separaba a los elegibles de los jA?venes del quintil mA?s rico.[5]

Este efecto, sin embargo, no es homogA�neo cuando ponemos la lupa sobre distintos grupos. El impacto en niA�os mA?s pequeA�os es mucho menor: 0.4 puntos porcentuales para niA�os entre 6 y 11 aA�os y 0.8 puntos porcentuales para niA�os entre 12 y 14 aA�os. Por otro lado, entre jA?venes de 18 a 20 aA�os el efecto desaparece, consistente con el hecho de que no son elegibles para la AUH aunque sA� pueden estar escolarizados en el nivel medio. Otra heterogeneidad aparece cuando dentro del grupo de 15 a 17 aA�os comparamos hombres con mujeres: encontramos que el impacto estA? liderado por los primeros. Una de las posibles explicaciones es que la escolarizaciA?n de los hijos varones es mA?s sensible a la situaciA?n coyuntural, en particular a los vaivenes en el ingreso corriente de la familia (Sosa Escudero y Marchionni, 1999).

En resumen, seguir en la escuela despuA�s de los 15 aA�os tiene un alto costo de oportunidad, especialmente para los mA?s vulnerables. Por lo tanto se requiere proveer de incentivos y de medios, mA?s allA? de las leyes de obligatoriedad, que alienten la asistencia y faciliten la permanencia en la escuela. Para el caso de Argentina, la AUH hizo parte de este trabajo: fue capaz de empujar las tasas de asistencia al secundario de jA?venes vulnerables, potencialmente beneficiarios del programa, de entre 15 y 17 aA�os.

AsA� y todo, queda un largo camino por recorrer. Aun con estas mejoras, las tasas de asistencia en los A?ltimos aA�os del secundario distan de ser perfectas, especialmente entre los mA?s vulnerables. La tasa de abandono ronda el 50%: de cada dos estudiantes que ingresan al secundario sA?lo uno lo finaliza en el tiempo de duraciA?n teA?rica del nivel (Naradowski, 2015). TodavA�a hay muchas preguntas por responder: cuA?nto del efecto de la AUH sobre la asistencia a la escuela tiene que ver con el monto de la transferencia, si puede potenciarse el impacto poniendo mA?s A�nfasis en el componente educativo de las condicionalidades del programa, cA?mo identificar y hacer un seguimiento de los niA�os mA?s vulnerables para los que no basta el incentivo econA?mico, cA?mo mejorar la retenciA?n de los niA�os mA?s vulnerables en la escuela. Dar respuesta a estos interrogantes requiere de un gran esfuerzo interdisciplinario que permita orientar la polA�tica pA?blica garantizando el derecho a la educaciA?n para todos los niA�os y jA?venes argentinos.

Por MarA�a Edo*, Mariana Marchionni** y Santiago Garganta**

* Universidad de San AndrA�s y CONICET

** CEDLAS-UNLP y CONICET

Referencias

Garganta S., L. Gasparini y M. Marchionni (2015), a�?Social Policy and Female Labor Force Participation: the case of AUH in Argentinaa�?. Anales de la AsociaciA?n Argentina de EconomA�a PolA�tica, L ReuniA?n Anual, Salta.

Saavedra, J. E. y S. GarcA�a (2012), a�?Impacts of Conditional Cash Transfer Programs on Educational Outcomes in Developing Countries: A Meta-analysisa�?. Rand Working Paper Series.

Naradowski, M. (2015), a�?El Abandono en la Escuela Media en la Argentina (2004-2014)a�?, Instituto de InvestigaciA?n y EducaciA?n EconA?mica. http://ie.org.ar/descargas/Abandono-en-la-Escuela-Media-en-la-Argentina.pdf

[1] Este post estA? basado en Edo, Marchionni y Garganta (2016).A�a�?Compulsory education laws or incentives from CCT programs? Explaining the rise in secondary school attendance rate in Argentinaa�?. Mimeo. Una versiA?n anterior del paper estA? disponible comoA�documento de trabajo Nro. 190 del CEDLAS en http://cedlas.econo.unlp.edu.ar/esp/documentos-de-trabajo.php.

[2] Una descripciA?n mA?s detallada de la AUH asA� como de sus principales desafA�os puede encontrarse en una entrada previa en este mismo blog escrita por Leonardo Gasparini y Santiago GargantaA� http://focoeconomico.org/2015/04/05/los-desafios-de-la-asignacion-universal-por-hijo/

[3] Garganta, Gasparini y Marchionni (2015) encuentran un efecto desincentivo de la AUH sobre la participaciA?n laboral de las mujeres.

[4] Los ingresos de los trabajadores informales no son monitoreables, lo que implica que podrA�a haber filtraciones hacia trabajadores informales que ganan mA?s que el salario mA�nimo. Sin embargo, existe evidencia cuantitativa y cualitativa que sugiere que estos casos son muy poco frecuentes, probablemente debido a motivos de responsabilidad social o de estigma.

[5] Aunque las cifras no son estrictamente comparables, el efecto que encontramos para la AUH estA? entre los 2 puntos porcentuales del programa Bolsa Escola de Brasil y el Ingreso Ciudadano de Uruguay y los 12 puntos porcentuales de efecto de los programas Familias en AcciA?n de Colombia y Oportunidades en MA�xico (Saavedra and GarcA�a, 2012).