Aldo Ferrer (1927 – 2016)

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Nota publicada originalmente en la revista CONTEXTO; Entrega N° 1.388; Marzo 14, 2016.

Nació en Buenos Aires.

Estudió en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Enseñó en la UBA.

Fue uno de los miembros fundadores de la Asociación argentina de economía política, entidad que nació el 6 de noviembre de 1957, cuando coronando esfuerzos realizados por Julio Hipólito Guillermo Olivera y Oreste Popescu, firmaron el acta fundacional, además de ellos 2 y el propio Ferrer, Juan Ernesto y Roberto Teodoro Alemann, Julio Broide, Benjamín Cornejo, Juan José Guaresti (h.), Francisco García Olano, Carlos Conrado Helbling, Carlos María Moyano Llerena, Federico Pinedo, Ovidio Schiopetto y Francisco Valsecchi.

Jugó roles protagónicos en el Instituto para el desarrollo económico y social (IDES), el Consejo latinoamericano de ciencias sociales (CLACSO) y en el plan Fénix. El periodismo lo recordó más por esto último, pero me parece que el aporte del IDES fue más importante (las presentaciones trimestrales de los informes coyunturales del IDES, realizadas a mediados de la década de 1960, eran antológicas).

En 1968 fue designado miembro titular de la Academia nacional de ciencias económicas (ANCE).

Tuvo una larga trayectoria en la función pública. Fue, sucesivamente, consejero económico de la embajada argentina en Londres; entre 1958 y 1960, ministro de economía de la provincia de Buenos Aires; entre 1970 y 1971, ministro de Obras y Servicios Públicos y de Economía de la Nación (presidencias de Roberto Marcelo Levingston y Alejandro Agustín Lanusse, durante los 215 días que separan el 26 de octubre de 1970 y el 28 de mayo de 1971); entre 1983 y 1987 presidió el Banco de la Provincia de Buenos Aires; entre 1999 y 2001 la Comisión Nacional de Energía Atómica. Además fue vicepresidente de ENARSA y entre 2011 y 2013 embajador argentino ante Francia.

Cualquiera que haya pasado por diferentes lugares de la función pública, a lo largo de varias décadas seguidas, en Argentina es objeto simultáneo de todo tipo de comentarios. Como les ocurriera a Alvaro Carlos Alsogaray, Federico Pinedo y Raúl Prebisch.

Fue biografiado por Marcelo Rougier (2014).

¿Por qué los economistas nos acordamos de Ferrer? En el plano escrito, principalmente por La economía argentina (Fondo de cultura económica, 1963), que desde que vio la luz se convirtió en un clásico, y fue reimpreso muchas veces. Su vida y su obra tienen grandes paralelismos con las del brasileño Celso Furtado (1920-2004). La presentación de la obra fue un verdadero “acontecimiento”, que recordé así en mis memorias: “un día nos escapamos de una clase para asistir a la presentación del libro, en una mesa redonda que tuvo lugar en Diagonal Sur y Alsina, donde entonces funcionaba la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA (hablaron en la oportunidad Villanueva, Tulio Halperín Donghi y José Luis Romero)” (de Pablo, 1995).

Hay que ubicarse en la época, para comprender el impacto que tuvo La economía argentina. En medio de una crisis política y económica fenomenales (la que siguió al derrocamiento del presidente Arturo Frondizi), se publicó un libro que describía sintéticamente el pasado económico argentino, pero fundamentalmente que lo interpretaba, a través de un lenguaje directo y grandioso, típico del estilo de Ferrer. Las obras de Carlos Federico Díaz Alejandro, otros clásicos del período, aparecerían 2 y 7 años después.

La reflexión sobre su breve paso por el ministerio de economía de la Nación contiene una síntesis de su pensamiento, mejor dicho, de su perspectiva. Que sinteticé en los siguientes términos, cuando la analicé en de Pablo (2005). El menos resignado de los ministros de Economía del período mediados de 1970-mayo de 1973, a asumir el hecho de que formaba parte de un gobierno crecientemente débil, se propuso “apuntalar las empresas, el capital y la tecnología argentinos, y otorgarles un rol de liderazgo en el desarrollo económico nacional; defender el nivel de vida de la mayoría; y consolidar la integración territorial del país” (Ferrer, 1990). “Ferrer priorizó el desarrollo dentro de un contexto nacionalista, proponiendo `la argentinización de la economía´” (Filippini y Olcese, 1989). En sus propias palabras: “Uno de los puntos que enfaticé mucho durante mi gestión fue la política de argentinización, lo cual significaba la pretensión de que los intereses locales tuvieran un peso preponderante en las industrias de base. `Queremos argentinizar el crecimiento´, afirmé[1]… No teníamos ningún interés de estatizar nada… La política que se lanzó en aquella época estaba muy de moda en América Latina. Fue la misma época de la Resolución 24 del Grupo Andino. En gran parte de América Latina había un planteo, no de hostilidad al capital extranjero, pero sí de replanteo de relaciones con dicho capital” (Ferrer, 1980).

También sirve para captar el núcleo de su pensamiento la conferencia de incorporación a la ANCE, titulada “El capital extranjero en la economía argentina”, en la que afirmó textualmente: “La inversión extranjera ha tenido tradicionalmente una significación importante en el desarrollo de la economía argentina y en la conformación de sus vínculos con el resto del mundo. La economía internacional registra un comportamiento radicalmente distinto al de hace pocas décadas. Luego de la Segunda Guerra Mundial la expansión del intercambio de manufacturas se realiza fundamentalmente entre los mismos países industrializados. La inversión privada directa extranjera en la industria se origina, fundamentalmente, en grandes corporaciones que operan en escala internacional. Esta inversión no ha contribuido a asociar más estrechamente a las economías periféricas con las corrientes expansivas del mercado mundial. Las corporaciones internacionales tienen ventaja relativa con respecto a las empresas locales. Hay que integrar los perfiles industriales, en condiciones de eficiencia, y hay que abrir progresivamente la industria argentina a la competencia externa, es decir, hay que constituir un sistema industrial integrado y abierto[2]. La inversión extranjera ha alcanzado un considerable grado de control sobre el sistema industrial argentino. El mejor `clima´ para atraer inversiones no es una política económica liberal sino un vigoroso proceso de expansión” (Ferrer, 1969).

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Fue uno de mis entrevistados, junto a R. T. Alemann, A. C. Alsogaray, A. A. Arnaudo, A. M. P. Canitrot, R. E. Cuello, M. Diamand, G. J. M. Di Tella, R. J. Frigerio y J. M. Katz, cuando preparé Los economistas y la economía argentina, que la editorial Macchi publicó en 1977.

Un par de años después quien explotaba el Teatro de la Cova, que funciona en el subsuelo de una iglesia sita en Libertador al 14.300, me propuso realizar un ciclo de reportajes a ex ministros de economía titulado La economía que yo hice. La idea me gustó, como consecuencia de lo cual, entre octubre y diciembre de 1979, delante de unas 80 personas entrevisté a R. T. Alemann, Di Tella, Félix Elizalde, Rogelio J. Frigerio, Emilio Mondelli y Ferrer. La obra, publicada en 1980 por El cronista comercial, fue reeditada en 2015 por el Consejo profesional de ciencias económicas.

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¿Pueden 2 colegas diferir sobre muchos aspectos del análisis económico, sin que ello empañe la relación personal? Sí… como debe ser. El ejemplo más nítido, en el análisis económico mundial, es el protagonizado por David Ricardo y Thomas Robert Malthus.

Es lo que nos ocurría con Ferrer. Nos encontrábamos muy de tanto en tanto, y en vez de “irnos a las manos” discutiendo sobre política económica, aprovechamos el tiempo hablando de… zarzuela.

Más allá de lo personal, a propósito de su fallecimiento cabe otro tipo de reflexión. Aldo le pegaba sin piedad al “monetarismo” (en las décadas de 1970 y 1980) y al “neoliberalismo” (desde la década de 1990). No es difícil imaginar la incomodidad que le generaría la barrabasada que el gobierno kirchnerista hizo con el INDEC. Le vi expresar sus reservas, sobre éste y otros aspectos de la política económica puesta en práctica entre 2003 y 2015; pero no con suficiente fuerza, ¡no sea cosa que volviera el neoliberalismo!

Para que no se crea que veo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, me pregunto si a mí no me habrá ocurrido lo mismo, durante los últimos años de la década de 1970 y durante buena parte de la de 1990.

El punto que quiero plantear no es el del juicio póstumo a Aldo Ferrer, de quien –por el contrario- el mejor recuerdo que podemos tener consiste en rescatar lo valioso que tienen sus escritos. El punto que quiero plantear es si los economistas profesionales, en el nombre de “no darle pasto al enemigo”, no comprometemos la evolución económica de aquellos con quienes sentimos más afinidad. Por lo cual soñamos con que esta vez sea diferente, y termina no siéndolo.

OBRAS DE ALDO FERRER

La economía argentina, Fondo de cultura económica, 1963; “Devaluación, redistribución de ingresos y el proceso de desarticulación industrial en argentina”, Desarrollo económico, 2, 4, enero-marzo de 1963; “El retorno del liberalismo. Reflexiones sobre la política vigente en la Argentina”, Desarrollo económico, 18, 72, marzo de 1979; Crisis y alternativas de la política económica argentina, Fondo de cultura económica de 1979; “Entrevista”, en: de Pablo, J. C.: La economía que yo hice, El cronista comercial, 1980; “El monetarismo en la Argentina y Chile”, Ambito financiero, 22 de agosto de 1980; Nacionalismo y orden constitucional, Fondo de cultura económica, 1981; La posguerra, El cid editor, 1982; Vivir con lo nuestro, El cid editor, 1983; El devenir de una ilusión, Sudamericana, 1989; “Testimonio”, en: Di Tella, G. y Rodríguez Braun, C. (1990): Argentina, 1946-83. The economic ministers speak, Macmillan, 1990; Historia de la globalización, Fondo de cultura económica, 1996; Historia de la globalizacion II, Fondo de cultura económica, 2000; y con Brodersohn, M. S.; Eshag, E. y Thorp, R. (1969): Los planes de estabilización en la Argentina, Paidós, 1969.

 

de Pablo, J. C. (1995): Apuntes a mitad de camino, Macchi.

de Pablo, J. C. (2005): La economía argentina durante la segunda mitad del siglo XX, La Ley.

Díaz Alejandro, C. F. (1965): Exchange rate devaluation in a semi-industrialized  country:  the argentine experience  1955-61, The mit press. Hay versión castellana del Instituto Di Tella.

Díaz Alejandro, C. F. (1970): Essays on the economic history of the argentine republic, The mit press. Hay versión castellana de Amorrortu.

Filippini, M. y Olcese, M. A. (1989): “Transitional economic policies, 1971-3, en: Di Tella, G. y Dornbusch, R., ed: The political economy of Argentina, 1946-83, Macmillan.

Rougier, M. (2014): Aldo Ferrer y sus días. Ideas, trayectoria y recuerdos de un economista, Lenguajeclaro.

[1] “Ejemplos: la planta de aluminio en Puerto Madryn, provincia de Chubut; la planta hidroeléctrica de Futaleufú” (Ferrer, 1990).

[2] Suena muy bonito, pero, con la escala de producción argentina, ¿no es un contra sentido demandar que el sistema productivo sea integrado y abierto? La afirmación fue realizada en 1969. ¿Cómo sobrevive en un mundo donde el grueso del aumento del comercio internacional se da en bienes intermedios?

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