Una A?ltima lecciA?n

Liberal, estudioso, lector, humanista, independiente. Una de las voces mA?s lA?cidas de Colombia es la del Ministro de Salud, ex decano de la Facultad de EconomA�a de la Universidad de los Andes y colaborador de Foco EconA?mico. Transcribimos aquA� sus palabras en los grados de la Universidad Icesi. Algunos vislumbramos la posibilidad de construir un proyecto polA�tico en torno suyo. Uno lo lee y no puede dejar de pensar que nos conviene este tipo de liderazgo. Juzguen ustedes.

Una A?ltima lecciA?n

Discurso de Alejandro Gaviria en la ceremonia de grado de la Universidad Icesi, febrero 20, 2016A�

QuizA?s el rector confiA? en mA� como orador en esta ceremonia, como protagonista de este ejercicio extraA�o, de este rito de paso en el cual un discursante ya entrado en aA�os, una generaciA?n mayor que su audiencia, ofrece consejos gratuitos y reflexiona en voz alta sobre su vida y sus errores; quizA?s, decA�a, el rector me otorgA? este privilegio por cuenta de mi errA?tica biografA�a.

EstudiA� ingenierA�a civil, pero, en mi paso por la universidad, me dediquA� a otra cosa, a programar computadores. DecidA� despuA�s estudiar una maestrA�a en economA�a como una alternativa al desempleo. TerminA� mi maestrA�a con el firme propA?sito de convertirme en un macroeconomista. SalA� del paA�s a hacer un doctorado y abandonA� la macroeconomA�a a mitad de camino.A�Hice mi tesis doctoral sobre asuntos sociales. Me convertA� en un investigador en economA�a social. Con el tiempo fui profesor y tecnA?crata. AdemA?s de columnista y bloguero en mis ratos libres. EscribA� varios artA�culos tA�cnicos sobre el sistema de salud colombiano. ParticipA� en muchos debates sobre sus logros y extravA�os. Y, contra todo pronA?stico, terminA� en el Ministerio de Salud, enfrentado a un problema complejo, no de A�ndole macroeconA?mica ni tA�cnica, sino de naturaleza filosA?fica, a saber, A?cuA?les son los lA�mites A�ticos y legA�timos del derecho a la salud?

En sA�ntesis, comencA� como un ingeniero civil con A�nfulas de programador, quise ser macroeconomista, fui investigador social y opinador consuetudinario, y fui despuA�s arrojado abruptamente a la arena pA?blica y allA� he tenido que lidiar con uno de los dilemas A�ticos mA?s complejo de las sociedades modernas.

JamA?s imaginA� que iba a vivir la vida que he vivido. Todo lo que pasa tiene probabilidad cero pero pasa. El azar puede casi siempre mA?s que la voluntad. Pero no quiero esta tarde hablarles desde mi experiencia. Quiero proponerles, mejor, un ejercicio prospectivo, una mirada hacia atrA?s desde el futuro. En 50 aA�os, en 2066, muchos de Uds. se reunirA?n, no muy lejos de aquA�, me imagino, para celebrar un aniversario mA?s de esta graduaciA?n. De todas las vidas que pudieron haber vivido, tendrA?n solo una, una sola para contar. Lo que hoy son dudas, preguntas y temores, serA?n entonces certezas,A� respuestas y arrepentimientos. Piensen que podrA�a enseA�arles ese otro que es tambiA�n ustedes y vive 50 aA�os en el futuro. Yo hice el ejercicio de marras y quiero compartirles algunas conclusiones como una A?ltima lecciA?n.A�

Esta es, pues, mi visiA?n sesgada desde el futuro.

1A� Empiezo con una obviedad. No convierten su vida en la bA?squeda afanada y obsesiva de un A?nico objetivo. Deseen varias cosas. Mientras mA?s disA�miles mejor. Tengan un plan b, un plan c y un plan d. Probablemente su vida serA? muy A�distinta a sus planes. a�?El hombre planea y Dios se rA�ea�?, dice un proverbio judA�o. La vida es incierta. Azarosa. Da giros imprevisibles. No existe ninguna brA?julaA�que pueda llevarnos a nuestros destinos soA�ados.

Tarde o temprano tendrA?n que aprender a a�?disculpar ilusionesa�?. La frase viene del testimonio de un buscador de diamantes que nunca encontrA? nada. Pero saliA? adelante. La resignaciA?n inteligente es una necesidad de la vida: debemos aprender a amar lo que somos y a desprendernos de lo que quisimos ser.A�

2A� No se aferren a un A?nico dogma. No sucumban ante las trampas de la ideologA�a. No busquen todas las respuestas en un A?nico libro o un solo predicador. No importa que tan elocuente sea. Esos son con frecuencia los peores.

Los que creen en una sola cosa, los que organizan el mundo con base en parejitas de contrarios, en narrativas binarias (los civilizados y los barbaros, los explotados y los explotadores, los capitalistas y los proletarios, los buenos y los malos) casi siempre se equivocan. Tanto en sus predicciones como en sus prescripciones.A�

En general desconfA�en de los profetas, de los iluminados, de quienes creen en las soluciones totales, de todos aquellos que tienen mA?s discurso que metodologA�a y predican una falsa disyuntiva entre a�?un sistema injusto y corrupto que no puede mejorarse, y otro racional y armonioso que ya no habrA�a que mejorar”.A� Los profetas casi nunca predicen los desastres, con frecuencia los ocasionan.A�

El cambio social no es cuestiA?n de todo o nada, es cuestiA?n de mA?s o menos. a�?En cuestiones prA?cticas uno no debe aspirar a la perfecciA?na�?.

El conocimiento prA?ctico construye. Poco a poco pero construye. Las ideologA�as abstractas solo sirven para destruir. En A?ltimas, el reformismo incremental, permanente, basado en la experiencia y el conocimiento de los problemas, es siempre mA?s eficaz que las revoluciones basadas en concepciones ideolA?gicas y visiones grandilocuentes.

Cambiar el mundo es difA�cil. Las “musculosas capacidades de la polA�tica” son una ilusiA?n. Con laA�excepciA?n, por supuesto, de lasA�”musculosas capacidades” para hacer daA�o.A�Ejemplos abundan. No muy lejos de aquA�.

Las leyes por sA� solas no crean capacidades colectivas. Tampoco cambian la cultura. Ni modifican las normas sociales. No se puede legislar el conocimiento. Tampoco la moral. Las leyes sociales de Noruega y Grecia son las mismas. Los resultados, opuestos. Por algo serA?.

3A� No presten mucha atenciA?n a los juicios pasajeros y superficiales de la opiniA?n pA?blica. No se sumen a la indignaciA?n facilista. La indignaciA?n permanente es una renuncia al pensamiento y a la acciA?n, una manera conveniente de evadir los problemas, una forma de indiferencia.

Lleven la contraria. Combatan la extorsiA?n moral de las mayorA�as. Resistan la tiranA�a de la opiniA?n pA?blica. Si creen que la verdad es a�?Xa�?, pero la mayorA�a vociferante piensa que es a�?Ya�?, expresen siempre su desacuerdo. No falsifiquen ni escondan sus opiniones o preferencias. a�?Nadie a��dice el poetaa��se ha arrepentido de haber sido valientea�?.A�

“Nunca serA? excesivo a��escribiA? un filA?sofo decimonA?nicoa�� recordarle a la especie humana que existiA? un hombre llamado SA?crates y que ocurriA? una colisiA?n memorable entre ese hombre y la opiniA?n pA?blica… y que, a pesar de merecer mA?s respeto que cualquiera de sus semejantes, ese hombre fue condenado injustamente por un tribunal populara�?. La mayorA�a se equivoca. Basta una mirada rA?pida a las redes sociales para entender la necedad de muchos consensos.

a�?La gran masa tiene ojos y oA�dos, pero no mucho mA?s. Sus juicios son endebles. Algunos mA�ritos caen totalmente por fuera del A?mbito de su comprensiA?n, mientas que otros, que entiende y aclama cuando se presentan por primera vez, los olvida muy prontoa�?.

purchase lasuna food 4A� Tarde o temprano sentirA?n el arrepentimiento que se siente cuando un ser querido se va de este mundo. En palabras del poeta escA�ptico: a�?la congoja, ya inA?til, de que nada nos hubiera costado haber sido mA?s buenosa�?.

Nada nos hubiera costado haber llamado a una tA�a enferma. O consolar al amigo derrotado. O agradecer los desvelos de nuestros padres. O ser amables con el desconocido que titubeante o temeroso se asoma a nuestros dominios, en el barrio, en la escuela o en la oficina.

En fin, nada nos cuestan los actos de amabilidad A�y gratitud. Nada nos cuestan, pero valen mucho. DeberA�amos, por ejemplo, tomar mA?s a menudo la mano de nuestros padres e hijos y saborear el momento. Pueden hacerlo a la salida de esta ceremonia. Nunca se arrepentirA?n. Todo lo contrario. La felicidad, bien lo sabemos, existe sobre todo en la nostalgia.

5A�A� El remordimiento humano tiene una doble naturaleza. En el corto plazo, renegamos de nuestros excesos, de nuestra falta de autocontrol. En el largo plazo, por el contrario, lamentamos las experiencias no vividas. Y peor, somos incapaces de anticipar el arrepentimiento futuro que traen las oportunidades perdidas.

A las cosas terminamos haciA�ndolas un lado. Dejamos de quererlas. A las experiencias y sus memorias aprendemos a amarlas con el paso de los aA�os. Las cosas se devalA?an. Las experiencias se aprecian. Ahorren en las primeras, nunca en las segundas.

Con el tiempo los A�xitos y los fracasos se relativizan. En 50 aA�os los mA?s felices serA?n los mA?s amados y los mA?s amables, literalmente los mA?s dignos de amor. La fama y la fortuna cuentan por un rato. Pero al final importan menos. Mucho menos. Sin amor, sin amar y sin ser amado, tal vez no vale la pena nuestro trA?nsito efA�mero por este planA�tica.

Recuerden, ya a modo de resumen, que en algunos aA�os, ya mA?s cansados, expertos en el arte milenario de disculpar ilusiones, probablemente mA?s escA�pticos sobre los profetas y otros demagogos elocuentes, ojalA? inmunes a los juicios volubles y pasajeros de la opiniA?n, con sus experiencias vividas y sus arrepentimientos a cuestas, se reunirA?n a celebrar los 50 aA�os de su grado.

a�?Los dA�as que uno tras otro son la vidaa�?, escribiA? un poeta nariA�ense hace muchas dA�cadas. Ya todos los que estamos aquA� hemos vivido lo suficiente para entender que no todos los dA�as son iguales. Unos cuentan mA?s que otros. En la vida importan los picos (los momentos de gran alegrA�a y tristeza) y los finales (los momentos de cierre). Hoy es uno de esos dA�as que importan. Un pico y un final.

Espero no haberlos aburrido con este ejercicio de existencialismo improvisado. TA?mense fotos. Construyan buenos recuerdos. Abracen a sus padres. CA?janlos de la mano. De eso estA? hecha la vida. Yo por mi parte los felicito y les deseo la mejor suerte del mundo. Los miro desde el futuro y sA� que la van a necesitar.