Corrupción en la ANFP: ¿Condenados por una pasión?

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 Coimas de millones de dólares para quien fuera su presidente, préstamos a varios clubes por debajo de la mesa y por sobre los límites acordados e ingresos directivos millonarios e ilegales son sólo algunos de los delitos que investiga la justicia nacional y extranjera a propósito del órgano rector del fútbol profesional chileno, la ANFP.

El problema no es una manzana podrida o dos manzanas podridas o media docena de manzanas podridas. El problema es un gobierno corporativo opaco y primitivo que facilita todas las prácticas oscuras e ilegales que hemos conocido en las últimas semanas. De poco sirve elegir un nuevo directorio si no se realiza un cambio profundo de las reglas y normas que rigen cómo funciona la ANFP. Si se cambia a los jugadores sin cambiar el esquema de juego volveremos a tener escándalos similares a los que hemos conocido en semanas recientes. Si la directiva que se elegirá próximamente no da señales inequívocas de un golpe de timón hacia el buen gobierno corporativo y la transparencia, el Ministerio de Justicia debiera considerar seriamente intervenir la ANFP.

Conflictos de interés
¿Es sano que la empresa que presta dinero a los clubes endeudados pertenezca al dueño de uno de los clubes y directivo de la ANFP? ¿Es deseable que la empresa a cargo de la producción de los partidos de la Roja sea de propiedad de otro directivo y que un tercero sea propietario del canal de televisión que transmite los partidos de la selección nacional?

Los conflictos de interés en cada una de las relaciones anteriores son evidentes. Cuando se da una transacción entre dos empresas con un dueño en común, ¿querrá éste que el precio al cual se compra el bien o servicio sea lo menor posible, favoreciendo a una de sus empresas? ¿O se jugará porque sea lo mayor posible, favoreciendo a la otra? Los demás dueños de las empresas tendrán un enorme interés en conocer la respuesta a las preguntas anteriores, ¿tendrán la información que les permita hacerlo?

Opacidad y desorden
¿Cuál empresa auditaba a la ANFP? ¿Cómo no se enteró de los cheques que recibieron varios clubes por sobre los límites acordados? O de las transferencias millonarias a la cuenta de presidente de la institución. ¿Dónde estaban los directores encargados de supervisar las finanzas de la asociación? Y cuando, para variar, se prenden las luces de alerta en Estados Unidos, no en Chile, ¿por qué la investigación interna que hicieron directivos de la ANFP no fue capaz de detectar el uso irregular e ilegal de los fondos de la asociación? ¿Les negaron las cartolas o no pensaron en pedirlas? ¿O es que el banco no les pasó copias de los cheques? ¿Cómo se pudo firmar un contrato por más de 100 millones de pesos con un bufete de abogados estadounidense para defender a la ANFP ante la justicia de ese país sin el visto bueno del directorio?

Son varios los directores que ahora publicitan su disconformidad con tal o cual decisión del presidente de la ANFP, que supuestamente se opusieron y sufrieron consecuencias graves por su valentía. ¿Por qué no hicieron pública su oposición en su momento? ¿Por qué no se hacen públicas las actas de la ANFP donde consta dicha conducta honorable y valiente?

El problema anterior va más allá de la ANFP. Se ha vuelto habitual que ante escándalos que afectan al mundo corporativo, desde La Polar hasta la colusión del papel, los directores de la entidad alegan que no tuvieron conocimiento de conductas delictuales de quien era presidente o gerente de la entidad, que les escondieron información, que les mintieron. Puede que sea cierto, puede que no. Pero, independiente de lo anterior, debieran tener la obligación de demostrar que tomaron todas las medidas preventivas que ameritaba la importancia de su cargo directivo y que apenas tuvieron indicios de irregularidades hicieron las preguntas y seguimiento que correspondía. En una frase, que hubo “debida diligencia”. En cada caso, incluyendo la ANFP, una instancia independiente y prestigiosa debiera evacuar un informe que evalúe en qué medida se cumplió lo anterior.

Cambio de esquema
No es necesario redescubrir la pólvora, es bien sabido cómo manejar los conflictos de interés que se originan cuando hay transacciones entre partes relacionadas. Crear un comité de directores, todos independientes de los clubes, que defina y publique un reglamento para las transacciones entre partes relacionadas y que supervise que dichas transacciones se realicen a precios de mercado. Si se demuestra que no fue así, responden con su patrimonio. Además, en casos excepcionales, donde estimen prácticamente imposible determinar el precio de mercado, podrán dictaminar que las partes que realizan la transacción no pueden estar relacionadas.

Un nuevo gobierno corporativo para la ANFP, a la altura de las organizaciones serias y transparentes del país, donde se rinden cuentas y se publican y auditan los balances, es el principal desafío que tendrá en el mediano plazo el directorio que se elegirá próximamente.

Desafío de mediano plazo
Un tema que da para una reflexión más profunda es si la actual estructura de propiedad de la ANFP es la más conveniente. Me parece que no. No es nada de obvio que los clubes deban ser los dueños de la ANFP, ya que uno de sus principales activos son los ingresos que genera el seleccionado nacional, rentas que hoy en día tienen poco que ver con la labor de los clubes locales, ya que la mayoría de los seleccionados juega en el extranjero. El intento de Mayne-Nicholls para que dichas rentas beneficiaran el desarrollo del deporte nacional en general, más que a clubes particulares, llevó a su salida junto a la de Bielsa. Una nueva estructura de propiedad de la ANFP podría posibilitar proyectos de mayor valor social que la estructura actual.

Condenados por una pasión
Qué duda cabe, la ANFP está en la mejor de las compañías. El gobierno corporativo de la FIFA es igual de malo o peor. La evidencia de problemas serios en la FIFA existe desde hace tiempo. Una organización sin fines de lucro con caja de más de mil millones de dólares. Escándalos de coimas recurrentes. Decisiones, como aquella de organizar el Mundial de 2022 en Qatar, que sólo se entienden si hubo sobornos de por medio, y mucho más.

En un clásico de la nueva generación de programas satírico-noticiosos de la televisión estadounidense, pocas semanas antes de que comenzara el Mundial en Brasil, “FIFA and the World Cup” de Jon Oliver, con más de 12 millones de visitas en YouTube, denunció los problemas del máximo organismo del fútbol mundial. Buen resumen de varios libros serios sobre el tema. Hacia el final, Oliver concluye que FIFA no cambiará, porque nuestra pasión por el fútbol nos condena a aceptar una institución corrupta a cargo del principal evento futbolístico del orbe. Es tanto lo que nos gusta este deporte, que estamos dispuestos a aceptar cualquier cosa. Al menos en eso se terminó equivocando: pocos meses después, la justicia estadounidense, con colaboración de la justicia suiza y de otros países, hizo pública una investigación que llevó a la renuncia de Blatter y al encarcelamiento de más de una docena de directores, incluyendo un número impresionante de sudamericanos. Esta semana, la FIFA anunció cambios drásticos en su gobierno corporativo, partiendo por limitar a 12 años la permanencia en el cargo de director. ¿Sucederá algo similar en la ANFP?

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