Medios y fines (o cuestión de ritmos)

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Cuesta imaginar un debut menos afortunado del llamado a tener “realismo sin renuncia” con que el gobierno inauguró el “segundo tiempo” de su gestión. ¿Era tan difícil explicar que el número de reformas complejas que se pueden hacer con éxito son limitadas, en cualquier país, en cualquier momento del tiempo? Que no sólo se trata de que los ingresos fiscales no alcanzan, sino que, mucho más importante, que la capacidad de diversos ministerios para preparar proyectos de ley con la sofisticación y prolijidad requerida es limitada y que la capacidad del Congreso para avanzar con una agenda legislativa ambiciosa y compleja también. Las diferencias al interior de la Nueva Mayoría respecto de este punto son, principalmente, sobre los medios para alcanzar fines respecto de los cuales hay bastante acuerdo.

Esta semana también conocimos la propuesta del ministro de Hacienda para hacerse cargo de los problemas de implementación de la reforma tributaria. Las reacciones a esta iniciativa, sobre todo de la oposición, sinceran diferencias respecto de los objetivos de la reforma que no se explicitaron durante el segundo semestre del año pasado, cuando ésta se aprobó. Estas diferencias probablemente también existen con otras reformas. Son diferencias de fines más que de medios.

Diferencia de fines, diferencia de medios y, como veremos, también diferencias de ritmos. La clasificación que sigue, sin pretender ser exhaustiva, sirve para ilustrar las diferencias que hoy tenemos los chilenos en materia política y explora sus consecuencias sobre el ciclo electoral que se avecina.

Irreversibles
Veinticuatro meses para cambiar el país, 25 años esperando esta oportunidad, avanzar lo más posible porque la ventana de oportunidad se cierra rápido. Así se resume el diagnóstico que hizo parte importante de la Nueva Mayoría a comienzos de este gobierno.

¿Por qué 24 meses? Porque a comienzos de 2016 se inicia el ciclo electoral con las elecciones municipales y será difícil tener mucha labor legislativa de allí en adelante, cuando las lógicas parlamentarias se vuelquen a objetivos eleccionarios.

Donde los gobiernos anteriores se contentaron con abordar una o a lo más dos reformas de envergadura, este gobierno se propuso hacer en cuatro años lo que no se pudo hacer en un cuarto de siglo.

Reforma educacional, reforma tributaria, nueva Constitución, reforma laboral, descentralización, reforma de salud, reforma previsional, despenalización del aborto, ley de partidos políticos, regular el financiamiento de la política, por nombrar sólo algunas.

La premura con que se enviaron los proyectos de ley al Congreso, sin la preparación adecuada, fue consecuencia de este diagnóstico. La reforma educacional, donde ingresó primero el proyecto que se pudo tener listo antes, sin tener siquiera los lineamientos centrales de todos los proyectos que involucra esta reforma, es un buen ejemplo.

Un supuesto clave para quienes comparten este diagnóstico es que las reformas son irreversibles, de modo que aun si en el futuro se elige un gobierno de signo opuesto, éste no podrá revertirlas. La urgencia sólo tiene sentido porque va acompañada de la irreversibilidad. Si la Nueva Mayoría pierde el gobierno, el 2017 las reformas se mantienen, inexorables. Es por eso que el diseño de varias reformas no consideró necesario mantener un apoyo ciudadano considerable durante su etapa de implementación.

Pausados
“Lento pero seguro” resume bien la estrategia del segundo grupo dentro de la Nueva Mayoría, que partió siendo minoritario, pero que ha ido ganando adeptos.

Este grupo comparte los objetivos del programa de gobierno, pero considera que reformas mal hechas terminarán siendo revertidas y desprestigiarán, ante amplios sectores de la ciudadanía, el rol más activo que estiman debiera tener el Estado.

La principal diferencia con los irreversibles es que los pausados creen que las reformas pueden ser revertidas por un futuro gobierno de derecha, lo cual lleva a que trabajen con un horizonte de más largo plazo, convencidos de que un buen gobierno asegura que la coalición actual sea reelegida, quitan-do así urgencia a hacerlo todo en cuatro (o tan sólo dos) años. Esto significa abordar un número limitado de reformas en lo que, esperan, será sólo el primero de varios gobiernos de la Nueva Mayoría. De poco sirve hacer muchas reformas en cuatro años si la mayoría no perdurará, mejor ir con ritmo pausado y hacer todas las reformas pero en un lapso de ocho o 12 años, de modo que estas sean exitosas y se mantengan en el tiempo.

Rentistas
La reacción tibia de muchos dirigentes empresariales y políticos de derecha ante la propuesta del gobierno para resolver los problemas de la reforma tributaria sincera los motivos de sus constantes reclamos. No son las deficiencias de la legislación que fue aprobada el año pasado, que efectivamente existen. Lo que esperaban, como han dicho varios esta semana, era que la reforma de la reforma redujera los impuestos que deben pagar.

El principal problema de la reforma tributaria es la coexistencia de dos regímenes para las empresas, uno basado en renta atribuida, el otro semiintegrado. La posibilidad de que empresas transiten de un sistema a otro y la interacción entre empresas de los dos sistemas con propietarios en común plantean problemas serios de implementación y crea incertidumbre entre los contribuyentes.

El gobierno hizo lo correcto al anunciar esta semana que limitará el uso del sistema integrado a empresas con estructuras de propiedad muy simples. El sistema principal será el semiintegrado, que introduce una brecha importante entre las tasas que pagan las utilidades que se retiran y aquellas que se reinvierten, un punto que enfatizó la oposición el año pasado, pero que ahora no menciona.

Las reacciones de la oposición dejan en claro que la derecha y los líderes empresariales no comparten los objetivos centrales de la reforma tributaria: recaudar tres puntos adicionales del producto y que quienes contribuyan a dichos recursos sean, principalmente, los sectores de altos ingresos. Sus críticas técnicas no son el tema de fondo, lo que buscan es proteger sus rentas.

Consecuencias
A pesar de los serios problemas porque atraviesa la Nueva Mayoría, la total irrelevancia de la derecha política luego de su debacle electoral del 2013 significa que está en manos de la Nueva Mayoría ganar (o perder) la próxima elección presidencial.

Todo depende de si los irreversibles y los pausados logran ponerse de acuerdo sobre el ritmo de las reformas. Las diferencias que tienen sobre los objetivos son menores de lo que parece, sus diferencias son principalmente sobre los medios (y ritmos) para alcanzar una sociedad más inclusiva y justa.

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