La desaceleración de la participación laboral femenina en América Latina. Por Leonardo Gasparini

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0,,18204042_303,00Leonardo Gasparini y Mariana Marchionni [1]

CEDLAS – UNLP

Una de las transformaciones económicas y sociales más notables ocurridas en el mundo durante los últimos cincuenta años ha sido la creciente participación de la mujer en los mercados de trabajo. La tradicional división de roles en la que el hombre trabaja y la mujer se encarga de las tareas domésticas y de criar a los hijos ha dejado de ser representativa en muchas sociedades del mundo.

América Latina no es una excepción: mientras que en los años sesenta tan solo dos de cada diez mujeres adultas trabajaban o buscaban activamente trabajo, hoy en día esa cifra se triplicó. En la actualidad más de seis de cada diez mujeres participan en el mercado laboral. El fuerte incremento en la participación laboral femenina no solo implica una profunda transformación en la vida diaria de millones de mujeres y familias latinoamericanas, sino que tiene también importantes consecuencias globales sobre la sociedad y la economía.

El incremento en la participación laboral femenina responde a una amplia gama de factores. Por ejemplo, comparando con la situación de hace veinte años atrás, en la actualidad las mujeres latinoamericanas permanecen en el sistema educativo más de 2 años adicionales, tienen un 3 por ciento más de probabilidad de mantenerse solteras, y su tasa de fecundidad es un 60% menor, todo lo cual ha alentado (y a su vez ha sido retroalimentado por) su participación en el mundo del trabajo fuera del hogar. En el mismo sentido han contribuido cambios económicos que favorecieron la expansión de actividades donde la presencia de la mujer es más frecuente, como el sector de servicios, y transformaciones en normas sociales que desalentaban el ingreso de mujeres en ciertos empleos.

En contraste con estos cambios, la dinámica de los últimos años ha sido preocupante: la participación laboral femenina se desaceleró significativamente en América Latina desde comienzos de la década del 2000 (Figura 1). En promedio, mientras que la tasa de participación de las mujeres creció 0.9 puntos por año en los noventa, en los dos mil la velocidad se redujo a un tercio: 0.3 puntos por año. De hecho, mientras que en varios países el crecimiento del empleo femenino se desaceleró, en otros directamente se detuvo, alcanzando una meseta. Este es el caso de Argentina, por ejemplo, donde la tasa de participación laboral femenina permanece casi sin cambios desde hace aproximadamente una década.[2]

Figura 1: Participación laboral femenina (PLF)

América Latina, 1992-2012

LG1

Fuente: Gasparini y Marchionni (2015)

Nota: mujeres entre 25 y 54 años. Promedio simple para los países de América Latina.

Estas tendencias están presentes en todos los grupos de mujeres, pero sobre todo entre las más vulnerables: aquellas con bajo nivel educativo (Figura 2), residentes en áreas rurales, o con cónyuges de bajos ingresos. De hecho, la brecha laboral de este grupo con el resto de las mujeres se ha ensanchado en algunos países en los años dos mil, a diferencia de lo ocurrido en décadas anteriores. Estos cambios recientes alimentan la posibilidad de un escenario dual en el que la participación laboral de mujeres urbanas con alta educación converge a los niveles de los países desarrollados y la participación de las mujeres más vulnerables se estanca en una meseta más baja.

Figura 2: Participación laboral femenina  por grupo educativo

América Latina, 1992-2012

LG2
 Fuente: Gasparini y Marchionni (2015)

Nota: mujeres entre 25 y 54 años. Promedio simple para los países de América Latina.

Educación: baja=menos que secundaria completa, alta=terciario completo.

Determinantes

¿Qué está detrás de la desaceleración en la participación laboral de las mujeres en América Latina? Una posibilidad es que la tasa de actividad laboral femenina se esté acercando a un techo, o a lo que sería una tasa “natural” de participación. En este escenario, la participación laboral de las mujeres aumentaría muy lentamente o simplemente se estancaría. Esta alternativa no es inverosímil, aunque parece poco probable a la luz de lo que ha sucedido en muchos otros países del mundo. De hecho, en la mayoría de los países con alta presencia de las mujeres en el mercado laboral, la tasa de participación femenina sigue subiendo, sin signos de estar acercándose a un techo.

Otra posible explicación es que la desaceleración observada sea un fenómeno transitorio. El fuerte crecimiento económico que la región experimentó en la década de los dos mil permitió incrementos en los ingresos laborales y en los beneficios de protección social que pueden estar provocando un rezago en la entrada de las mujeres al mercado de trabajo. En particular, en un escenario de mejores perspectivas laborales para sus cónyuges y frente a un sistema de asistencia social más consolidado, la presión sobre algunas mujeres vulnerables por buscar un empleo adicional puede haber disminuido.  Bajo este escenario, la desaceleración en la tasa de participación laboral femenina no necesariamente tendría una connotación negativa, ya que simplemente sería la respuesta ante un contexto económico más favorable.

Pero también cabe una interpretación alternativa que es más preocupante: las mujeres que hoy deciden mantenerse fuera del mercado de trabajo pueden ser menos propensas o tener menos chances de trabajar en el futuro, incluso en un escenario global con mejores perspectivas laborales. Es posible que estar fuera del mercado de trabajo durante algún tiempo implique pérdidas de productividad y refuerce los roles de género tradicionales en el hogar, lo cual puede reducir las perspectivas de participación de las mujeres en el largo plazo.

Las políticas

La revitalización del empleo femenino en América Latina es un problema complejo y, en consecuencia, las soluciones no pueden ser únicas ni sencillas. Algunas de las direcciones en las que consideramos necesario avanzar son las siguientes:

  • la expansión masiva de la oferta de jardines maternales y de infantes con jornada extendida, y de los servicios de cuidado de ancianos;
  • el rediseño del sistema de licencias, incrementando las licencias por paternidad y las parentales por cuidado de niños -con requisitos de equidad de género- por sobre una profundización de las licencias por maternidad;
  • la facilitación de medios e información para la planificación familiar;
  • la sensibilización acerca de la co-responsabilidad en el hogar y de acceso sin discriminación a los espacios de decisión, a través de campañas e incentivos;
  • el reconocimiento de los derechos de las mujeres, incluidos los relacionados a uniones informales, obligaciones parentales, divorcio y propiedad conjunta;
  • la revisión del diseño de programas sociales que identifican a las mujeres como titulares de las transferencias y responsables del cumplimiento de las condicionalidades sobre los niños del hogar, evitando reforzar los roles tradicionales y dándoles espacio y dispositivos para desarrollarse en el mercado laboral;
  • la implementación de políticas laborales activas, previa evaluación rigurosa de sus potenciales efectos y su costo-efectividad, con previsión de mecanismos que faciliten la participación de las madres;
  • la expansión educativa, dado que una formación de calidad hace el acceso al mercado de trabajo más sencillo y atractivo.

Tanto los gobiernos como la sociedad civil tienen responsabilidad en buscar maneras creativas y eficientes de fomentar la participación laboral de las mujeres, en especial de las más pobres, y contribuir a los objetivos de equidad de género y reducción de la pobreza.

 

 Referencias

Beccaria, L., Maurizio, R. y Vázquez, G. (2015). El estancamiento de la tasa de participación económica femenina en Argentina en los 2000s. Mimeo.

Gasparini, L. y Marchionni, M. (2015) (eds.). Bridging gender gaps? The rise and deceleration of female labor force participation in Latin America. En prensa. CEDLAS y IDRC. Overview disponible como Documento de trabajo CEDLAS No. 185 (June, 2015).

 

[1] Este post está basado en Gasparini y Marchionni (eds.) (2015). Bridging gender gaps? The rise and deceleration of female labor force participation in Latin America. Este es un libro en prensa escrito en el marco de un proyecto conjunto entre CEDLAS-Universidad Nacional de La Plata, CIEDUR y IDRC-Canadá, “Promoviendo el empoderamiento económico de las mujeres con mejores políticas en América Latina”. Se puede consultar el resumen del libro, publicado como documento de trabajo del CEDLAS.

[2] En un trabajo reciente, Beccaria, Maurizio y Vázquez (2015) reportan resultados similares para Argentina.

One Comment

  1. Hola.

    Muy interesante la nota. Me gustaría agregar un par de comentarios.

    1. Acerca de las políticas para incentivar la participación femenina en el mercado laboral: el OCDE, en la serie going for growth, también sugiere las mismas políticas: ampliar el numero de guarderías y jardines de infantes; centros para ciudadanos de la tercera edad y subsidios al empleo. Esta es la vía por la cual se espera facilitar la entrada de mujeres al mercado laboral mientras que los subsidios directos a las familias son desaconsejados porque tienen el efecto contrario. Así, la AUH (en Argentina) estaría desincentivando la participación laboral de las mujeres; especialmente la de las más vulnerables. Creo que estos contra-incentivos deberían ser resaltados.

    2. ¿Cuál sería el techo? Nos podríamos preguntar lo mismo para la participación masculina. Cuando se hacen comparaciones entre países, normalmente las diferencias entre países se explican en las instituciones y políticas de empleo. En mi opinión, el salario real es mucho más relevante a la hora de tomar la decisión de entrar en el mercado laboral que las políticas de empleo. A mayor salario real, más costoso es quedarse fuera de la fuerza laboral. Esto explica las altas tasas de participación en países desarrollados (tanto de hombres como de mujeres). A nivel país, sería interesante ver cómo evolucionaron la participación (desagregada por sexo) y el salario real.

    3. Es muy probable, también, que se haya alcanzado un techo. Tal vez es pedir mucho, pero sería interesante en la nota poder ver cómo la participación (por grupo educativo) difiere entre hombre y mujeres dentro de cada país y también, comparar con países avanzados.

    Saludos,

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