Caciques y autoritarismo local en Colombia

fincar price in india fantochesAun cuando Colombia tiene una larga tradiciA?n democrA?tica, en muchas regiones el poder polA�tico de jure y de facto ha estado monopolizado por un pequeA�o grupo de elites locales, muchas veces a costas de los derechos polA�ticos y libertades civiles del resto de la poblaciA?n. Este fenA?meno es conocido en la literatura de ciencias polA�ticas como a�?autoritarismo locala�? y a cuyos actores coloquialmente nos referimos en el paA�s como caciques, gamonales, manzanillos o barones electorales. En esta entrada quiero exponer el fenA?meno actual de a�?autoritarismo locala�? en Colombia y sus posibles implicaciones para el desarrollo polA�tico y econA?mico.

Los caciques han sido actores fundamentales de la polA�tica nacional. Organizan a los electores para los partidos polA�ticos y los polA�ticos nacionales y gestionan recursos y obras pA?blicas para las regiones ante el Gobierno nacional. Pero, al mismo tiempo, reparten los cargos pA?blicos locales y se adueA�an del Estado en las regiones para beneficio personal. Ya en 1866, JosA� MarA�a Samper hablaba del gamonal del pueblo como a�?una especie de seA�or feudal [a��] que domina soberanamente el distritoa�?. En 1887, Rafael Uribe Uribe lo definA�a como un “gallito o magnatea�? para ganar las elecciones. Para los crA�ticos de la A�poca, A�stos se convirtieron en la expresiA?n de lo disfuncional de la democracia colombiana.

No salen en las primeras planes de los periA?dicos ni en entrevistas de televisiA?n pero, siglo y medio mA?s tarde, estos personajes siguen siendo el engranaje mA?s importante detrA?s cualquier elecciA?n y su poder de facto en las regiones es ilimitado. En algunos casos, el control territorial de los caciques polA�ticos y sus familias se remontan varias dA�cadas y han logrado ajustarse a los cambios institucionales a nivel nacional y local para mantenerse en el poder. Un fascinante libro reciente de la etnA?grafa Gloria Isabel Ocampo recrea las genealogA�as de los caciques electorales del departamento de CA?rdoba, y muestra cA?mo el poder de estos clanes se remonta a la Guerra de los Mil DA�as a principios del siglo XX y su influencia en la regiA?n siguen intactos a pesar de los cambios demogrA?ficos y econA?micos, la introducciA?n de elecciones locales en 1986, el declive de los partidos tradicionales y el surgimiento de nuevas fuerzas polA�ticas asA� como las guerras civiles y el auge del narcotrA?fico y los grupos armados ilegales (FARC, ELN y paramilitares). En otros casos, nuevos caciques emergen. La versiA?n mA?s moderna y peligrosa no solo es clientelista sino que incursiona en el mundo criminal y utiliza la violencia. El nA?mero de congresistas acusados por parapolA�tica o vA�nculos con el narcotrA?fico lo atestiguan.

En un articulo seminal, el politA?logo Edward Gibson se pregunta de manera general cA?mo estas elites locales logran persistir en el poder en paA�ses democrA?ticos en vA�as de desarrollo y plantea tres potenciales estrategias de control. La primera es lo que A�l llama a�?paroquializaciA?na�? del poder en donde las elites locales utilizan a los partidos polA�ticos o dinastA�as familiares para rotarse o mantenerse en los cargos pA?blicos. La segunda implica la a�?nacionalizaciA?na�? de la influencia del poder local en donde los polA�ticos regionales buscan a travA�s de su representaciA?n en el Congreso y otras instituciones nacionales como Ministerios, influir en las decisiones que afectan su poder y a sus regiones. Y la tercera, es la monopolizaciA?n de los vA�nculos entre el centro del paA�s y las regiones para controlar el flujo de recursos, las comunicaciones, la representaciA?n de los partidos polA�ticos, etc.

Todas estas estrategias son utilizadas en la polA�tica colombiana. Por ejemplo, no es difA�cil ver en el paA�s a familias enteras de caciques polA�ticos, tA�as, primos, esposas, sobrinos, etc., independientemente de sus afiliaciones polA�ticas e incluso a pesar de tener problemas judiciales, acceder y mantenerse en diferentes cargos pA?blicos del Estado. Hoy en dA�a, muchos de estos caciques polA�ticos no solo controlan los cargos regionales y locales de elecciA?n popular, como alcaldA�as de ciudades intermedias o gobernaciones, si no tambiA�n la justicia, las entidades locales del ejecutivo, especialmente aquellas que manejan grandes presupuestos y tienen cierta autonomA�a (oficinas regionales de la DIAN, el SENA o el ICBF, entre otras), las entidades territoriales de control que en teorA�a estA?n encargadas de vigilarlos (ProcuradurA�a, ContralorA�a, etc.), e incluso las instituciones electorales como la RegistradurA�a. Es decir, capturan totalmente el Estado en las regiones.

Los vA�nculos clientelistas entre la polA�tica nacional y local explican el proceso actual de cooptaciA?n del Estado. De una manera (tal vez muy) simplificada, el acceso al poder polA�tico regional y local se entiende como una inversiA?n muy rentable, en donde en cada elecciA?n se compran alrededor del 30-40% de los votos, mA?s o menos a 50 mil pesos (aunque evidentemente existe variaciA?n entre regiones y en el tiempo). Los caciques polA�ticos siempre tienen candidatos al Congreso, o son ellos mismos candidatos, y compran apoyos polA�ticos a alcaldes, concejales y ediles para que movilicen los votos el dA�a de las elecciones. Se rumora que algunas campaA�as polA�ticas al Congreso pueden costar hasta 10 mil millones de pesos, cuando el lA�mite permitido por la ley ronda los 600 millones. En la mayorA�a de los casos, la afiliaciA?n a un partido polA�tico nace de la simple necesidad de garantizar el aval para poder registrarse ante la autoridad electoral pero no necesariamente responde a una identificaciA?n del candidato con una plataforma programA?tica o coherencia ideolA?gica. Claro, no se puede generalizar. No todos los polA�ticos funcionan de esta manera y siempre existen una minorA�a no clientelista y comprometida ideolA?gicamente.

Una vez elegidos, los congresistas y caciques negocian con el Gobierno central cuotas burocrA?ticas en distintas entidades nacionales y regionales del Estado, capaces de movilizar y licitar contratos pA?blicos a las regiones a cambio de apoyo en distintos proyectos legislativos y mayor gobernabilidad. Las cuotas burocrA?ticas asignan los contratos pA?blicos en muchos casos a contratistas privados cercanos a los caciques polA�ticos o incluso a empresas pertenecientes a las familias de los clanes mediante licitaciones a dedo o amarradas, en donde todos a�?muerdena�? un porcentaje de los contratos pA?blicos y recuperan de sobra la inversiA?n inicial de la compra de votos. Los contratos mA?s apetecibles son obviamente aquellos de mayor monto como los que tienen que ver con carreteras, acueductos, electrificaciA?n, etc.

Algunos costos econA?micos y polA�ticos de este tipo de a�?autoritarismo locala�? parecen evidentes, como mayor clientelismo o corrupciA?n y menor competencia polA�tica, y en general, peores instituciones locales. No es sorprendente, por ejemplo, que Yopal, capital del Casanare, departamento mA?s rico de Colombia en tA�rminos per cA?pita, haya contratado 4 veces un sistema de acueductos en las A?ltimas dos dA�cadas y todavA�a hoy no tenga agua. O que la ampliaciA?n de la carretera entre Cali y Buenaventura, el puerto mA?s grande en el PacA�fico colombiano, lleve 16 aA�os construyA�ndose con 8 diferentes contratistas, y todavA�a hoy, no estA� terminada. La lista de ejemplos es larga. Tampoco sorprende la compra de votos en cada elecciA?n.

No obstante, creo que hay costos intangibles mA?s profundos y difA�ciles de cuantificar, en particular en un paA�s con instituciones dA�biles. Por ejemplo, tal como el profesor James Robinson ha seA�alado en unas recientes columnas en el periA?dico El Espectador, la interacciA?n entre los caciques y la polA�tica nacional dificulta la centralizaciA?n del poder polA�tico y la construcciA?n de un Estado fuerte, genera peores instituciones nacionales. TambiA�n creo que fragmenta la sociedad civil e impide el surgimiento de nuevas expresiones polA�ticas, tanto a nivel local como nacional. Asimismo, retrasa el desarrollo de las regiones de una manera mA?s estructural puesto que cualquier polA�tica pA?blica impulsada desde BogotA? que erosione el capital polA�tico o econA?mico de los caciques y sus amigos, sea esta en educaciA?n, salud, tierras o polA�tica industrial, sencillamente no va a ser impulsada ni implementada. Y si no, que le pregunten al ex presidente Alberto Lleras por su reforma agraria y constitucional de 1968.

A pesar de lo escrito y de lo persistentes en la historia del paA�s, sabemos relativamente poco de la forma en cA?mo funcionan los caciques polA�ticos y su relaciA?n con el Gobierno central en BogotA?. Necesitamos mA?s estudios, tanto empA�ricos como teA?ricos, sobre a�?autoritarismo locala�? y sus efectos sobre el desarrollo polA�tico y econA?mico. Tal vez entre mejor sepamos del problema, tendremos mA?s luces para modificar el equilibrio polA�tico en las regiones. Desde un punto de vista prA?ctico, el mensaje es mA?s claro. El diseA�o y la implementaciA?n de cualquier polA�tica pA?blica a nivel nacional y la estructura de la descentralizaciA?n deben tener en cuenta la forma en que funciona la polA�tica local y las restricciones polA�ticas en los territorios si es que quieren ser exitosas.

 

 

Referencias

Gibson, E., (2005). Boundary control: Subnational authoritarism in democratic countries. World Politics, 58, 1, pp. 101-132.

Ocampo, G. I., (2014). Poderes regionales, clientelismo y Estado. Odecofi-Cinep.