Algo huele mal en la RepA?blica de Chile

awp price zyvox EwdardsEn los A?ltimos meses, Chile perdiA? su estrella. Y eso es alarmante.

Los casos Penta, SQM, Cascadas y Caval son signos de una descomposiciA?n institucional y polA�tica que no tienen parangA?n en nuestra historia. Claro, no todos los polA�ticos son culpables o corruptos, pero como dice el clichA�, a�?una manzana podrida pudre a las demA?sa�?.

Recuperar nuestra estrella y volver a brillar en el firmamento americano debiera ser un objetivo nacional. Pero no serA? fA?cil. Lo que se necesita son liderazgos firmes y visionarios, y estos son cada vez mA?s escasos.

Lo primero es que Michelle Bachelet debe bajar a la tierra. Durante el aA�o pasado gobernA? a la distancia, desde las alturas, delegando el dA�a a dA�a en sus ministros claves. Pero Chile tiene un sistema presidencial, y la Jefa de Estado es tambiA�n la Jefa de Gobierno. Chile necesita que la Presidenta se involucre, que hable, que se haga cargo de los problemas y que proponga soluciones. No soluciones de pacotilla, sino que grandes soluciones, como las que demanda la poblaciA?n. Y hablar con seriedad no es lo mismo que sonreA�r y posar para las cA?maras.

La oposiciA?n necesita de un cambio total de liderazgos, y los partidos de la NM tienen que entender que este embrollo afecta a la RepA?blica y su futuro, y que va mucho mA?s allA? de la polA�tica contingente.

Este es el momento de revivir a�?la polA�tica de los acuerdosa�?, esa prA?ctica republicana que hace que los paA�ses sean estables y democrA?ticos, y que les permite avanzar con decisiA?n y en armonA�a.

Pero pensar que la crisis chilena tiene que ver sA?lo con estos escA?ndalos es un error. El problema es mucho mA?s profundo y afecta todos los A?mbitos del quehacer nacional. Y esto me preocupa.

Desde hace un tiempo se ha producido un palpable deterioro en la convivencia nacional. Una fisura profunda en la conversaciA?n ciudadana y un quiebre del entendimiento que permitiA? al paA�s transformarse en la estrella mA?s brillante de AmA�rica Latina.

TambiA�n me alarma la pobreza del debate sobre el futuro del paA�s, la falta de estudios profundos sobre los efectos de las reformas impulsadas por el gobierno, y la carencia de argumentos sA?lidos para respaldar algunas de estas polA�ticas. Navegamos sin brA?jula en un mar poco amable, y a veces pareciera que corremos el riesgo de naufragar.

Un paA�s estridente

Las manifestaciones del deterioro en la convivencia nacional son varias, pero quizA?s lo mA?s notorio sea un nuevo ambiente de violencia. Y no estoy hablando de la inseguridad ciudadana, ni de la seguidilla de robos y atracos, ni de la destrucciA?n a la propiedad privada durante marchas y manifestaciones. Lo mA?s preocupante es la estridencia verbal que desde hace un tiempo se colA? en la discusiA?n sobre polA�tica; la agresividad y la descalificaciA?n que han invadido a las redes sociales y a los debates mA?s diversos; el ambiente de intolerancia y el bullying polA�tico y social.

Lo peor es que esta estridencia se ha ido adueA�ando de mA?s y mA?s esferas de nuestra vida.

ConsidA�rese, por ejemplo, la violencia con la que hace un tiempo fue atacado el escritor Rafael Gumucio luego de sus comentarios sobre el rescate de mascotas durante el incendio de ValparaA�so. El barbado escribidor fue vA�ctima de un linchamiento pA?blico, al punto que tuvo que suspender temporalmente su cuenta de Twitter. Otro incidente de cuasiterrorismo verbal se produjo cuando Antonio SkA?rmeta recibiA? el Premio Nacional de Literatura. Diarios, blogs y tuits se llenaron de ataques y burlas contra el galardonado novelista. Una extraA�a mezcla de envidia y talibanismo cultural. Y hace unos meses, verdaderas jaurA�as se lanzaron furiosas contra AndrA�s Velasco, condenA?ndolo antes de que pudiera siquiera abrir la boca para dar una explicaciA?n o esbozar una defensa. Muchos de los atacantes del ex ministro se escondieron cobardemente en el anonimato que les brindan las redes sociales.

Un cierto grado de armonA�a social es un requisito para el progreso. Numerosos estudios han indicado que los paA�ses exitosos y prA?speros se caracterizan por altos grados de confianza entre las personas; los vecinos se hablan con amabilidad, departen amigablemente y sienten solidaridad los unos por los otros. En estos paA�ses los polA�ticos son adversarios, pero no enemigos, sostienen conversaciones cordiales y civilizadas y viven en el mundo de las ideas y no en el de la descalificaciA?n. No hay bullying, ni burlas masivas, ni ataques anA?nimos. Para progresar se necesita un gran acervo de a�?capital sociala�?, y en esa A?rea, en vez de avanzar, en Chile retrocedemos.

La pobreza del debate

TambiA�n me preocupa la ausencia de un debate polA�tico serio. Crecientemente vivimos en un mundo de clichA�s, de aseveraciones inconsistentes, de verdades parciales, de falaces.

A pesar de la gravedad de las a�?boletas truchasa�? casi no hemos visto propuestas sA?lidas sobre cA?mo enfrentar el financiamiento de la polA�tica. Con la notable excepciA?n de dos columnas -una de Eduardo Engel y otra de Alejandro Ferreiro, CristiA?n Larroulet, Harald Beyer y JosA� Antonio Viera-Gallo-, sA?lo ha habido ideas a medio cocinar y repeticiA?n de lugares comunes. AdemA?s, los medios estA?n repletos de personajes que atacan por atacar, que critican libros que no han leA�do y que repiten tonterA�as como si fueran revelaciones divinas.

El paA�s estA? ante un momento definitorio, con un gobierno que pretende cambiar los cimientos de un sistema econA?mico que nos ha servido bien. Pero a pesar de las aspiraciones de las autoridades, de lo ambicioso del programa de la Nueva MayorA�a y del A�xito legislativo del aA�o pasado, el gobierno y sus partidarios siguen sin presentar estudios profundos sobre el impacto concreto de las reformas. Hasta ahora casi todo ha estado basado en generalidades, en manifestaciones de buena voluntad y en aseveraciones vendedoras, pero sin peso.

Los ejemplos son mA?ltiples: la reforma tributaria fue aprobada sin que nadie en el gobierno analizara su impacto sobre la inversiA?n y la actividad econA?mica. Tampoco hubo estimaciones detalladas sobre los montos a recaudar -ya es evidente que recaudarA? menos de lo anunciado-. La reforma educacional avanzA? sin que nadie estimara cuA?ntos colegios subvencionados con copago se transformarA?n en particulares pagados, ni de quA� modo va a mejorar la calidad -si es que mejora-, o a travA�s de quA� mecanismos se va a reducir la segregaciA?n; tampoco sabemos quA� va a pasar con la educaciA?n tA�cnica. Y el anuncio hecho hace unos dA�as por el ministro Eyzaguirre sobre el proyecto de gratuidad de la educaciA?n superior es tristemente incompleto -sA?lo sabemos que empezarA? en el 2016 con los alumnos mA?s vulnerables. De detalles, nada.

Otra A?rea de preocupaciA?n es la reforma constitucional. A pocos parece interesarles la experiencia internacional. No ha habido discusiones sobre quA� constituciones funcionan y cuA?les no andan, cuA?les logran sus objetivos y cuA?les los frustran. En esta materia el A?nico interA�s es sobre una cuestiA?n formal, que ni siquiera es muy importante: A?Se va a utilizar un mecanismo de asamblea constituyente o se recurrirA? a la vA�a del Congreso Pleno?

Desde luego, la pobreza en el debate no es responsabilidad exclusiva del gobierno y sus partidarios. La oposiciA?n y sus seguidores son igualmente responsables. Tanto la UDI como RN han sido tA�midos en denunciar las malas prA?cticas y los abusos; han sido incapaces de sacar la voz para defender un sistema capitalista limpio y competitivo, sin redes turbias que dispensan favores o cambian dinero por influencia polA�tica.

El show permanente de los casos Penta, Caval y otros estA? eclipsando este deterioro generalizado de nuestro quehacer cotidiano. Lo curioso -y alarmante a la vez- es que la mayorA�a de la gente no parece notar que el paA�s ha perdido su estrella, y que estamos transitando por un camino traicionero. Vamos mal, pero no lo sabemos; aunque tambiA�n es posible que sA� lo sepamos y que no nos importe. Ambas cosas son graves.