Las mortales secuelas del Carmen de Bolívar

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@mestava_twit

Publicado hoy también en La Silla Vacía

Salió el informe del Instituto Nacional de Salud (INS) sobre el caso de Carmen de Bolívar. A mediados del año pasado decenas de niñas de ese municipio manifestaron diversos malestares, que sus padres atribuyeron a la vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH). Las niñas fueron vacunadas como parte de la campaña nacional que inició el Ministerio de Salud desde 2012. En la presentación sobre el informe del INS, se concluye que el evento “corresponde a la aparición masiva de una enfermedad psicógena…relacionado con una percepción o valoración exagerada del riesgo (asociado a la vacuna)”.

Varios son los elementos que llevaron a esa conclusión. Está la extraña evolución del fenómeno, que no creció de manera estable luego de la aplicación de la vacuna para luego decrecer, sino que presentó picos que coincidieron con visitas de autoridades, con momentos de alta atención en los medios, o con fases de tomas de muestras y análisis médicos. Está también el hecho de que algunos de los afectados no hayan sido objeto de la vacunación. Y, por supuesto, están las montañas de evidencia científica sobre la seguridad de la vacuna.

Y es que la ciencia le ha prestado no poca atención a los efectos de esta vacuna. El informe del INS habla de más de 46 estudios, muchos de ellos siguiendo a miles de individuos sobre horizontes de varios años. A estos estudios se suma el seguimiento de los sistemas de salud de varios países que aplican la vacuna. Los resultados los resumió la Organización Mundial de la Salud hace un año: “con más de 175 millones de dosis distribuidas en el mundo, y más países instituyendo campañas nacionales de vacunación, el comité continúa teniendo tranquilidad al respecto del perfil de riesgo de los productos (de vacunación)”.

Con todo esto se podría pensar que nos podemos ir tranquilos para la casa: la vacuna es segura y se puede seguir aplicando, y los síntomas de las niñas de Carmen de Bolívar se pueden tratar según las recomendaciones del INS correspondientes a un evento “psicógeno”.

Desafortunadamente, nos toca (o más bien: deberíamos) lidiar con una consecuencia grave: la potencial muerte prematura de cientos de mujeres, consecuencia del tratamiento ligero que, como sociedad, le hemos dado al fenómeno Carmen de Bolívar. ¿Que de dónde saco semejante afirmación? Las cuentas, si bien imprecisas, no son difíciles de hacer.

Contando sólo a personas menores de 65 años, según cifras del DANE para 2008 al año mueren en Colombia un poco más de 1.000 mujeres víctimas de la enfermedad en ese rango de edad. La vacuna reduce la aparición del VPH, causante directo de este cáncer, en cerca de 70% (tiene efectividad de entre 90% y 100% sobre el tipo de VPH que causa 70% de los casos, de acuerdo con Cutts et al. 2007). Es decir, si lográramos que todas las mujeres colombianas se vacunaran contra VPH antes de comenzar su actividad sexual, nos ahorraríamos 700 de las 1.000 muertes prematuras.

Por supuesto, la tasa de éxito de vacunación no era perfecta antes del escándalo, así que no nos íbamos a ahorrar tanto como 700 muertes. Pero en el 2013, primer año con el actual esquema de vacunación, esa tasa de éxito había sido alta: más de 70% de la meta de cubrimiento de ese año se había alcanzado con vacunación. Pues bien, el escándalo del Carmen bajó la tasa de 70% a 20% en 2014. Eso es ahorrarnos 140 muertes prematuras al año en lugar de 500 (el 20% y 70%, respectivamente, de 700). ¡350 vidas que se dejarían de salvar! ¡Cada año! Un verdadero esperpento.

Sí era, entonces, cierto que la vacunación de VPH en Carmen de Bolívar iba a costar muertas. Pero no por efecto de la vacuna, sino como consecuencia de la resonancia que se le dio a unos temores infundados (comprensibles, tal vez, pero infundados), que acabaron teniendo profundo impacto entre la población que debía vacunarse.

La buena noticia es que los cálculos de arriba muestran el peor escenario posible, pues presuponen que las tasas de vacunación no se recuperan del golpe del año pasado. De ese escenario nos podemos salvar si se logra convencer a la población de lo que la comunidad científica tiene ya por cierto: que la vacuna es segura y es efectiva; que el cáncer de cuello uterino es un enemigo terrible, que ataca casi tantas mujeres como el de seno, y que mata con mayor probabilidad y con más horror.

Es responsabilidad de los medios (y muchos otros, pero sobre todo de los medios) darle ahora más despliegue y credibilidad a los resultados del estudio del INS , y a los años de sólida evidencia científica que respaldan la seguridad de la vacuna, que los que dieron en su momento a las preocupaciones de las estudiantes de Carmen de Bolívar. Claro que unos muertos que sólo veremos dentro de varias décadas, y que nos costará entonces entender como consecuencia directa del escándalo del 2014, son menos taquilleros que decenas de niñas convulsionando en cámara “por culpa de la vacunación del gobierno”, así que está duro creer que la prensa asumirá esa responsabilidad.

Referencias

Cutts, F. et al. “Human papillomavirus and HPV vaccines: a review”. Bulletin of the World Health Organization. 2007. Sep; 85(9): 719–726.

El Tiempo. “Caso de niñas del Carmen de Bolívar desplomó vacunación contra el VPH”. 14 de febrero de 2015.

Organización Mundial de la Salud. “Human papillomavirus vaccines safety (HPV)”. Weekly Epidemiological Record. February, 2014.

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