La idea de que se financie el acceso de los mejores estudiantes pobres a educación superior de calidad parece gustarle a pocos..

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@MelendezMarcela

La semana pasada la Ministra de Educación, Gina Parody, anunció un programa de becas para asegurar que los mejores estudiantes de los hogares más pobres puedan tener acceso a una educación superior de calidad. Los elementos de diseño del programa persiguen varios objetivos cuya bondad es clara para mi:

  1. Premiar el esfuerzo y el mérito.
  2. Romper el círculo que hace que en Colombia la calidad de la educación a la que se accede tenga una marcada correlación positiva con el nivel de riqueza del hogar.
  3. Obligar a los estudiantes beneficiarios a terminar su carrera.
  4. No obligar a mínimos de desempeño, como obligan la mayoría de becas en la mayor parte del mundo a los becarios, para no imponer una presión excesiva a los beneficiarios.
  5. Obligar a las universidades privadas a financiar cupos nuevos con estos recursos – la beca no reemplaza otra beca.

El programa tiene además la bondad de que permitirá dimensionar en qué medida el acceso a educación superior es un problema de financiamiento. Mi sospecha es que este es un problema real en una minoría de los casos, y que un modelo de subsidios a la demanda como este es un buen instrumento de política para atacar este problema. He conocido información de cupos que quedan vacantes en programas de alta calidad en universidades públicas porque no hay quien los demande o porque quienes los demandan no cumplen con desempeños mínimos para ser elegibles, lo que sugiere que la expansión de la educación superior depende de manera crítica de realizar grandes inversiones en la calidad de la educación básica y media. Espero que las 10mil becas tengan una sobre-demanda por parte del grupo de estudiantes para el que fueron pensadas. Si no la tienen, tendremos información y habrá que afinar el rumbo de la política para asegurar la sobre-demanda de las siguientes generaciones por acceso a estos programas.

El anuncio del programa ha recibido una lluvia de críticas inesperada:

  • Que las becas no son becas sino créditos: son becas que se condonarán al 100% a condición de que el becario se gradúe. Si el becario tiene una explicación de fuerza mayor para interrumpir sus estudios, habrá mecanismos de salida excepcionales. El diseño del programa no tiene como objetivo endeudar a los jóvenes colombianos sino asegurar que terminen una carrera. Es necesario decir esto?
  • Que los estudiantes no son los más pobres: el programa busca llegar a los más pobres. Hubo un mensaje errado en la página del MEN. Ya está corregido.
  • Que los estudiantes tendrán una alta probabilidad de deserción dado sus niveles de pobreza: para minimizar esta probabilidad el programa incluye el pago de un apoyo de sostenimiento a los beneficiarios de hasta un salario mínimo por mes (hay evaluaciones que muestran un impacto positivo de la entrega de este tipo de apoyos y la permanencia de los estudiantes en los programas).
  • Que el programa no pondrá más de 300 becarios en la Universidad de los Andes: (1) 300 es una cantidad no despreciable – ojalá así sea; y (2) la Universidad de los Andes no es la única universidad de alta calidad en Colombia.
  • Que el programa es injusto porque da acceso a la educación superior sólo a los mejores estudiantes –los más juiciosos y más competitivos– y no a todos: definamos qué se entiende por justicia. Si es universalidad o nada, nos vamos a quedar con nada, porque la mayoría de jóvenes de este país no están saliendo del colegio preparados para cumplir las exigencias mínimas de un programa universitario de alta calidad y, si salieran, no tenemos lamentablemente una oferta suficientemente amplia de este tipo de programas. Hay que invertir en ambos frentes antes de pensar en la universalidad.
  • Que mejor invertir en la jornada completa universal que en el acceso de los mejores a educación superior de calidad: ¿por qué? Si hay que poner programas a competir, el tránsito a la jornada completa no es la inversión prioritaria para mejorar la calidad de la educación en Colombia. Si se prioriza por su impacto potencial en otros frentes, es otra cosa. Y nadie ha dicho que este programa sustituya el esfuerzo que hará este gobierno por sentar las bases para transitar a la jornada completa.
  • Que el presidente prometió 400mil o 500mil nuevos cupos y que en cambio está lanzando un programa de 10mil becas: cierto. Pero será que este es el único programa que se va a impulsar desde el Ministerio de Educación durante los próximos 4 años o habrá algo más? Mi impresión es que este es el comienzo y será sólo una pequeña pieza dentro del plan en el que trabaja el equipo de Gina Parody.
  • Que el programa no se lo inventó Gina Parody, porque había una gente que ya venía pensando en algo así desde la Universidad de los Andes y que ahora está en el Ministerio: claro! Por qué los reclutaría Gina Parody para que trabajen a su lado? Sólo para un efecto de comunicación, dirán algunos.

He leído la ola de críticas con mucho cansancio. Extraño en la discusión pública las preguntas sustanciales: ¿Si son mejores los subsidios a la demanda que a la oferta en este caso? O, ¿es necesaria una combinación de subsidios a la demanda y a la oferta? Y dadas las características de la demanda por educación superior, ¿pueden inducir las becas un alza de precios de las universidades de menor calidad? Y ¿alguien ha medido las tasas de deserción de los estudiantes pobres de mejor desempeño que logran acceso a universidades de buena calidad? ¿Son menores que la del estudiante pobre promedio, como uno sospecharía? Y, ¿qué otros elementos va incluir la política de educación durante los próximos cuatro años?

A mi personalmente me gusta la idea de que nuestros impuestos se dediquen a pagarle una buena educación a los más pobres, que sin esa ayuda se educarían diferente o no se educarían, porque estoy convencida que la educación es la herramienta más poderosa para la movilidad social y el progreso de las sociedades. Y me ha impactado el tono destructor del debate.

Posdata 1: un ajuste pendiente, para la próxima oleada de becas, es asegurar también que las universidades públicas queden obligadas a ampliar su oferta de cupos al admitir a los becarios. Lo que entiendo es que la ampliación de cupos tiene un impacto automático sobre las transferencias del Sistema Nacional de Participaciones que recibirían estas universidades y mientras esto no se solucione, se duplicaría la financiación de estos nuevos cupos. Por esta razón la ampliación de cupos se impulsará a través de convenios con las universidades, pero por lo pronto no se ha hecho obligatoria.

Posdata 2: el presupuesto de la educación para 2015 es de 29.4 billones de pesos. El programa de becas cuesta 150 mil millones (para que entremos en situación al tener esta conversación).

4 Comments

  1. Martin Tetaz says:

    Muy bueno el artículo
    Cuando decís ” (hay evaluaciones que muestran un impacto positivo de la entrega de este tipo de apoyos y la permanencia de los estudiantes en los programas).”…tendrías la cita de los papers o los links??

    Gracias

  2. Alejandro Ome says:

    Yo estoy de acuerdo con que la discusión debería ser más sustancial, elucubrar sobre la autoría de un programa tan elemental como dar becas a estudiantes destacados de bajos ingresos, es improductivo. A mí me gustaría ver que se incorporara en el análisis la evidencia reciente sobre la heterogeneidad de los retornos a la educación superior en Colombia; si la idea es que no, que les va a ir bien en el mercado laboral porque les iba bien en el colegio, cual es el objeto de subsidiar una inversión que es rentable?, por qué no se financia con crédito barato? También me gustaría ver una discusión sobre por qué esos recursos no se deben dedicar a universalizar la jornada completa, con efectos documentados en Colombia y otros países, en lugar de descartarla como prioridad. Si la respuesta a esto es que igual van a seguir otros programas, pues eso es como decir que los recursos no son escasos y entonces ahí no tengo argumentos para debatir.
    Estas becas realmente son una nueva versión, ni mejor ni peor, de programas que subsidian la inversión en educación de adultos, que bien se pueden endeudar, en lugar de destinar más recursos a invertir en educación de individuos que no se pueden endeudar, es decir, los niños. Ahí va el presupuesto destinado a la universidad pública (que parece que es el otro único rubro que aumentó sustancialmente en educación) y Jóvenes en Acción. De nuevo, si la respuesta a esto es que igual siguen otros programas, pues si no hay que escoger hacer política pública no es muy complicado realmente; lo cierto es que por lo menos en jornada completa, a 80 colegios por año se va a universalizar en 19 años, y pues eso es harto tiempo.

  3. En Uruguay son menos de 50% los adolescentes que terminan secundaria, así que el tema de la inclusión social no pasa por mejorar la educación terciaria.

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