Laboratorio de Neurociencia en la UTDT

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El jueves 28 de agosto asistí a la ceremonia de inauguración del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella dirigido por Mariano Sigman (ver acá). Este es un desarrollo muy importante pues estamos viviendo en medio de una revolución científica dedicada a entender el cerebro humano, del cual suele decirse que es la estructura más compleja en el universo. Como señaló el rector de la universidad, Ernesto Schargrodsky, este es un paso muy importante para una universidad con una gran tradición en ciencias sociales, mucho más aún, pues el laboratorio busca integrar científicos provenientes de las ciencias duras con científicos sociales en la investigación de temas de interés en áreas tales como educación, negocios, derecho, economía, marketing y psicología. De esta forma, la universidad se coloca en la frontera de un área muy importante, y lo hace integrando su ventaja comparativa. Seguramente este laboratorio facilitará el trabajo interdisciplinario esencial en el campo de la neurociencia así como también fomentará el diálogo entre las neurociencias y la sociedad. 

Neurociencia:

Siguiendo el libro de Facundo Manes y Mateo Miro, Usar el Cerebro (editorial Planeta), podemos decir que las neurociencias estudian la organización y el funcionamiento del sistema nervioso y cómo los diferentes elementos del cerebro interactúan y dan origen a la conducta de los seres humanos.

La neurociencia es multidisciplinaria (incluye a neurólogos, psicólogos, psiquiatras, filósofos, lingüistas, biólogos, ingenieros, físicos y matemáticos entre otras disciplinas) y abarca muchos niveles de estudio, desde lo puramente molecular, pasando por el nivel químico y celular (a nivel de las neuronas individuales), el de las redes neuronales, hasta nuestras conductas y su relación con el entorno.

Las neurociencias estudian los fundamentos de nuestra individualidad: las emociones, la conciencia, la toma de decisiones y nuestras acciones sociopsicológicas. Como todo lo hacemos con el cerebro, el impacto de las neurociencias se proyecta en todas las áreas de relevancia social. Por ejemplo, la neuroeducación tiene como objetivo el desarrollo de nuevos métodos de enseñanza y aprendizaje combinando la pedagogía y los hallazgos en la neurobiología y las ciencias cognitivas (ver esta entrada anterior sobre el funcionamiento de la memoria y la posibilidad de mejorar la enseñanza).

Hay también infinidad de aplicaciones en el área de la salud. En América Latina, ahora que hemos avanzado en las transiciones demográficas y de salud (ver acá), y donde las enfermedades no comunicables tienen cada vez mayor preponderancia, la neurociencia tiene mucho que aportar a la salud pública.

Las neurociencias han realizado también aportes importantes para el reconocimiento de las intenciones humanas. Rafael Di Tella, quien habló en la ceremonia de presentación del laboratorio de Neurociencia, contó un estudio que está realizando junto a Mariano Sigman y un equipo de colaboradores en el cual buscan mostrar que los seres humanos, en promedio, cuando pueden extraerle una renta a otros individuos, es probable que encuentren instrumental a ello la posibilidad de enojarse con esas personas. Este estudio experimental a mí me resulto muy interesante y espero poder leerlo pronto.

En Defensa del Ocio

El ocio no cuenta con buena reputación en la sociedad moderna. Sin embargo, quizás ello esté cambiando ahora como resultado de investigaciones en neurociencia realizadas en la última década. En 2001, el neurocientífico Marcus Raichle de Washington University in St. Louis descubrió la red de estado de reposo, la cual se activa cuando no hacemos nada. Desde entonces se han publicado muchísimos trabajos científicos, no sin controversia, que examinan la actividad cerebral durante el reposo.

El neurocientífico Sueco Torkel Klingberg, por ejemplo, señala que cuando establecemos nuestros límites y encontramos un equilibrio óptimo entre exigencia y capacidad cognitiva no solo logramos una satisfacción profunda, sino que además desarrollamos la capacidad de nuestro cerebro al máximo. Esto requeriría permanecer ocioso durante cierta proporción de tiempo.

Más allá  del valor específico del ejemplo seleccionado, me resulta fascinante ver cómo podemos mejorar nuestra calidad de vida investigándonos a nosotros mismos si logramos modificar nuestra propia conducta a partir de lo que aprendemos.  Veo aquí un área importante donde la economía y la neurociencia pueden complementarse y ayudar a mejorar la calidad de vida de los seres humanos.

Palabras Finales

Estas fueron pronunciadas por el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, Dr. Lino Barañao, quien sin dudas ha llevado adelante una destacable gestión, que sobresale por su visión estratégica. Noto aquí que en este Foro hemos hablado muy poco de Ciencia y Tecnología, algo que deberíamos remediar dada su importancia en el proceso de crecimiento y desarrollo económico.

Espero que en el futuro también abordemos aquí frecuentemente estudios provenientes no solo de la neurociencia, sino en particular, realizados por el Laboratorio de la UTDT. Sin duda, ello enriquecerá nuestro intercambio de conocimientos e ideas.

 

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