El orden de los factores sí altera el producto

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Esta columna es larga porque el problema no es corto. Estamos frente a las más compleja y virulenta polémica por un cambio de modelo educativo en los últimos 35 años. En esa época la discusión no fue técnica ni ideológica. La hizo un puñado de expertos formados en Chicago sin consultarle a nadie, apoyados por una aplanadora de bayonetas y sin Congreso.

Marco conceptual para la reforma escolar

Los objetivos de política educativa son cuatro, diferentes pero relacionados. El primero es calidad educativa, en un sentido amplio, no únicamente como SIMCE, PSU, o el test de PISA. Los defensores del modelo actual presumen porque tenemos el mejor resultado de América Latina (aunque francamente peor que el de países avanzados).

Sin embargo, este resultado no se debe, necesariamente, al modelo. Podría deberse en buena medida a tener excelentes indicadores en infraestructura, gobernabilidad, agua potable, nutrición infantil, aumentos de cobertura por jornada escolar completa y evaluación docente (que no tienen nada que ver con el modelo) o incluso en la tradición desarrollada por los profesores normalistas, infelizmente descabezada por la dictadura… por razones ideológicas y no técnicas.

Por lo demás, este resultado PISA aumentó del 2000 al 2006, luego aumentó muy levemente del 2006 al 2009, y en el 2012 retrocedió al nivel del 2006. Tal parece que topamos techo. Ni hablar de calidad integral, cuando el modelo “sobre-simcificado” y “PSUficado” está castrando habilidades y competencias tan simples como las de expresión oral o escrita.

El segundo es equidad de resultados, la distancia entre el 10% superior y el 10% inferior en dicho test. Vamos hacia atrás, nuestro promedio de inequidad de resultados ya se hizo peor que el de América Latina. Nuevo récord, que se omite discretamente. El elevado número de estudiantes vulnerables sin acceso a oportunidades, segregados en guetos socioculturales y académicos, “seleccionados a la inversa”, seguirá lastrando los promedios nacionales de calidad, de seguir por esta ruta. Es patético ver cómo los que defienden los beneficios de la selección académica o socioeconómica positiva, se niegan a ver los daños, incluso emocionales, que produce la selección inversa o negativa, fuertemente correlacionada con nivel socioeconómico.

Por eso hay un tercer objetivo: disminuir la segregación social y académica, una de las peores del mundo, peor aun que la segregación residencial. Sudáfrica educativa. No podemos continuar esta atrocidad, que castrará cualquier intento de desarrollo sostenible, no sólo por razones educativas, sino por cohesión social. Criticamos, porque es criticable, la violencia de los encapuchados. Pero ya tenemos encapuchados incubándose en guetos socioeducativos de desesperanza aprendida, de 10 años de edad. La violencia callejera del 2020 estaría casi asegurada.

Esta es la principal razón para avanzar hacia el fin de la selección, del financiamiento compartido y del lucro. No es tanto el dinero a ganar en el negocio escolar (el verdadero negociado está en la educación superior), sino que esta tríada de incentivos inadecuados constituye un poderoso motor para la segregación. Mientras esta continúe, no mejorará la calidad ni la equidad. Por ende, el nuevo proyecto de ley es una de las numerosas claves para mejorarlas.

El cuarto objetivo es el rescate de la educación pública. Alguien diría ¿y qué importa si toda la educación la proveen privados, siempre que estén bien regulados? Mal que mal, la educación holandesa o belga es cerca de 70% particular subvencionada (sin financiamiento compartido ni lucro). Hay, en el caso chileno, tres razones: la primera es la segregación e inequidad de Chile, que no las hay a ese nivel en aquellos países, en lo educativo, social ni geográfico.

La mejor herramienta desegregadora, adicional al fin del copago, lucro y selección, será la presencia lo más potente posible de jardines, escuelas y liceos públicos que no segreguen ni seleccionen académicamente, que se preocupen especialmente de los niños más desaventajados en cada aula, y de tal calidad, que haya apoderados en Las Condes (como ya los hay), o Temuco, que hagan cola para poner a sus hijos ahí. Hoy, en la mayor parte de los municipios los ponen por descarte, o porque no tienen otra alternativa financiera, o porque las escuelas privadas que compiten les expulsaron a sus hijos para mejorar su SIMCE.

La segunda razón: si se pierde la matriz pública, y no falta mucho, se corre el riesgo histórico de que, en este absurdo “mercado de compraventa de escuelas”, se terminen generando monopolios ideológicos o religiosos en determinadas zonas del territorio. La tercera razón es un imperativo ético: es en las escuelas públicas donde hoy está la mayor proporción de niños vulnerables, con desventaja académica, o con necesidades especiales. “Segregados a la inversa” que urge rescatar.

Por cierto, los directivos de escuelas municipales declarados vitalicios por Pinochet, cuya concursabilidad fue obstaculizada en el Congreso por los inventores del modelo desde 1990 hasta 2005, ¿obedecieron a “razones técnicas”? Por favor. No he escuchado ninguna disculpa por este atropello a la razón, salvo a Evelyn Matthei.

Los anuncios apuntan en la dirección adecuada

Lo suma de anuncios escolares del 21 de Mayo, reiterados en el mensaje del Proyecto de Ley sobre Lucro, Financiamiento Compartido y Selección, son compartidos plenamente por Educación 2020. Son similares a los planteados en nuestro documento de Abril de 2013 llamado “La Reforma Educativa que Chile Necesita”, así como un fiel reflejo del Programa de Gobierno publicado hace ya 8 meses.

Durante 2014 ojalá veamos, en adición a esta Ley, diversas iniciativas complementarias relacionadas directamente con la calidad, tanto en el indispensable ámbito preescolar, como en una Política Nacional Docente (y esperemos que parvularia), que en el largo plazo constituye la madre de todas las reformas. También esperamos ver el inicio del fortalecimiento de la educación pública por vía administrativa, y eventualmente, en una compleja disputa legislativa, por vía de una indispensable pero gradual desmunicipalización.

La pinza de 6 patas

La segregación, la inequidad, y sus consecuentes y obvios impactos en la calidad, son el resultado de una compleja pinza de 6 robustas patas: 1) La competencia de mercado entre escuelas, por el voucher o subvención general. 2) La excesiva “simcificación”, con consecuencias perversas sobre la competencia en ese “mercado”. 3) El lucro. 4) El financiamiento compartido. 5) La selección. 6) La demolición de la educación municipal, por acciones y omisiones. Estas patas se potencian entre sí, no porque haya sostenedores perversos o apoderados estúpidos, sino porque todos nos adaptamos a estas reglas del juego repletas de incentivos para segregar, y de facilidades para hacerlo.

Pretender establecer correlaciones simplonas, del tipo “el financiamiento compartido afecta (o no) la calidad”, “el lucro afecta (o no) la calidad”, o “la selección afecta (o no) la calidad”, sólo son un truquillo tecnocrático para decir que esta reforma es “ideológica” y que ellos son “técnicos”. ¿En qué modelo o correlación se incorpora, por ejemplo, que en la Araucanía hay sostenedores particulares subvencionados que ofrecen 2 sacos de harina a cambio de que los apoderados retiren a sus hijos de la escuela pública y se los lleven a ellos? ¿La compraventa grotesca de alumnos tras la jugosa subvención de las escuelas de lenguaje? ¿Dónde se computa el Director de Educación Municipal que, junto a su esposa, tiene un colegio particular subvencionado porque “ahí tienen que ir los buenos alumnos”? No son casos inventados ni aislados. ¿Cómo computan los modelos el uso de caros textos escolares como potente herramienta adicional de segregación, incluso en colegios sin copago? ¿Las expulsiones innecesarias?

Esta pinza existe sólo en Chile y, sorpresa, la inequidad de resultados y la segregación resultaron inéditas. No hay peor ciego que el que no quiere ver, porque lo asisten razones “técnicas”. Esta condenada pinza de 6 patas fue armada por razones estrictamente ideológicas por la dictadura, y fue profundizada por la Concertación y el gobierno anterior. Hora de reconocer hidalgamente el error, y proceder a desarmarla, pero gradualmente.

Los riesgos y desafíos

Tenemos preocupaciones. En suma, estamos de acuerdo con la suma de contenidos de la reforma, más no necesariamente con el cómo, cuándo, en qué secuencia y con qué prioridades.

Un problema es el riesgo sistémico. Este es un barco que transporta cerca de 3.8 millones de alumnos, 11 mil establecimientos, 5.5 millones de apoderados y 200 mil profesores con culturas y tradiciones, infelizmente, muy arraigadas. Treinta años de aplicación de este modelo único en el mundo han llevado a muchos al convencimiento de que la mejor escuela es la segregada, tanto a nivel social como académico. Esta no es sólo una convicción de los más ricos, sino también en liceos emblemáticos, y en los habitantes de Maipú o La Florida que tienen buenas y legítimas razones, hoy, para creer que es mejor sacar a sus hijos de un ambiente de segregación “de abajo” (las municipales o de bajo copago) a uno “un poco más arriba” y que seleccione, en la medida de sus posibilidades. Los admiradores del modelo se sienten orgullosos de estas conductas y las elogian. Más bien, vergüenza debería darles este modelito que le está matando el alma a Chile.

Miles de profesores en escuelas y liceos que hoy seleccionan y segregan, no tienen las prácticas necesarias para trabajar con alumnos integrados, y será necesario capacitarlos y apoyarlos en esta tarea. Tomará tiempo, bastante más que el anunciado. De hacerse todo muy rápido y simultáneamente, las cosas podrían enredarse, de maneras incluso imprevisibles.

El desafío del gobierno es mayor. Por mencionar un ejemplo, las SEREMIS deberán ser fortalecidas y profesionalizadas para abordar todos los incidentes, confusiones, colapsos informáticos y situaciones especiales relacionadas con el fin del copago, el lucro y la selección. Por ello, proponemos la gradualización, simplificación, y secuenciamiento de esta compleja serie de medidas, incluyendo repensar la forma de materializar el necesario fin del lucro. Sin pausa, pero también sin prisa. Nos demoramos más de 30 años en construir el sistema educativo más segregado del mundo, podemos demorarnos un par de años más en implementar varias de estas propuestas, o hacer pilotos regionales, y en un sentido histórico hay más que ganar que perder por hacerlo pausada e impecablemente, agregando por cierto una disminución gradual de la “presión de mercado” vía subvención per cápita y SIMCE.

La segunda preocupación: cuesta entender por qué esta reforma no comenzó por la carrera docente y sobre todo por el fortalecimiento inmediato de la educación pública. Contrario a lo que muchos creen (o que maliciosamente abusan en campañas del terror, recorriendo escuelas para asustar apoderados), la primera ley enviada al Congreso NO ataca la educación particular subvencionada sino que la fortalece.

Cerca de 80% de los sostenedores con fines de lucro son una pareja de profesores que no están retirando ni acumulando grandes utilidades (salvo los pocos casos de elevado copago). Están probablemente ganando algo más que el salario de administradores. A ellos les convendrátransitar lo más rápidamente posible al fin del lucro, incluso antes de dos años… y recibir la subvención de gratuidad y la preferencial de clase media. Para sostenedores sin fines de lucro, mayoritariamente religiosos, esta ley es ganancia pura y a la vena. El Cardenal y la FIDE debieran estar más bien felices. Podrán ahora ofrecer gratuidad a apoderados que antes tenían que pagar. Así de simple. El único escenario posible, si tenemos escuelas públicas o municipios mal administrados, es que ganen aún más matrícula.

Con o sin la necesaria ley de desmunicipalización, no se logrará reordenar y normalizar 3 mil de las 5 mil escuelas públicas, ni dos tercios de los sostenedores públicos, en menos de 4 años… siempre que se forme, seleccione y remunere adecuada y urgentemente los profesionales necesarios: directivos de excelencia, jefes de UTP, administradores y pedagogos del sostenedor.

A los municipios se le debe entregar a la brevedad posible recursos financieros, pero… a cambio de un riguroso convenio de desempeño negociado uno por uno, en materia de concursos de todo tipo de personal, administración impecable, planes pedagógicos sintonizados a la realidad de cada escuela, y aunque usted no lo crea, limpieza de los baños y camarines, un excelente predictor de la prolijidad de un alcalde y la calidad de sus escuelas. Se requieren campañas nacionales y regionales para que los apoderados recuperen la épica de la educación pública, para acercarlos a la escuela, para que les lean a los niños en sus casas, y que los niños les lean a ellos. Se requiere instruir a los gobiernos regionales para que cooperen en esta tarea. Megaproyecto en si mismo.

Mientras se negocia acaloradamente la ley de desmunicipalización, con su posterior implementación, necesariamente gradual, muchos alcaldes podrían verse tentados de dejar de hacer aportes, cuyo monto es similar en total al del copago de los segmentos altos. En este contexto ¿qué puede pasar al aumentar significativamente la subvención preferencial de clase media y dar un subsidio de gratuidad, salvo acelerar la caída de matrícula pública? El orden de los factores SI altera el producto, y a la larga, nunca lo podemos olvidar, es la educación pública la principal apuesta para reducir la segregación desde Vitacura hasta Arica y Timaukel. Se requieren reasignaciones presupuestales este mismo año para poner en marcha este proceso.

En suma, más gradualidad en el necesario fin del copago, lucro y selección, y más urgencia en carrera docente y fortalecimiento de la educación pública. Es perfectamente posible sin tanto griterío.

No más falacias

Es una falacia decir que esta reforma pretende estatizar toda la educación, o que se busca terminar con la libertad de elección. Es otra falacia decir que este paquete integral de reformas no toma en cuenta la calidad educativa. Lo que necesitamos es una transformación gradual pero firme del modelo educativo chileno, que nos dure otros treinta años, en un gigantesco proyecto país que nos acerque a las prácticas mayoritariamente aplicadas en los países avanzados. La vuelta a la normalidad es una tarea titánica, y es precisamente por ello que requiere de un calendario secuencial y cuidadoso. Cualquiera sean las leyes que terminen aprobándose, sus desafíos de implementación y gestión serán de gran envergadura.

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