Recaudación Fiscal en México: Autoridades Religiosas versus Fiscales

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Hace algunos años A. Bannerjee y E. Duflo (“The Economic Lives of the Poor” Journal of Economic Perspectives. Winter 2007) documentaron que la gente que vive en pobreza extrema distribuye su precario ingreso entre varios rubros, como cualquier otra familia. Uno de estos rubros es la constante contribución a las fiestas religiosas.

En México Chávez, Elbittar y Hernández (2013)[1] han documentado que la recaudación de impuestos en un conjunto de municipios rurales del estado federado de Oaxaca es en promedio 10 veces inferior a aquellas contribuciones realizadas para las fiestas patronales de sus respectivas comunidades. Es decir, las autoridades religiosas son más efectivas que las fiscales. ¿Por qué?

De manera rápida uno puede conjeturar que los contribuyentes tienen más confianza en las autoridades religiosas que en la gubernamental. En adición, se podría pensar que el fenómeno de la correspondencia fiscal también ejerce una influencia importante, es decir, la gente que contribuye para la celebración religiosa sabe y, más importante aún, puede verificar el día de la fiesta, que su contribución está correspondida con el arreglo de la iglesia y la provisión del mole y el mezcal[2]. Por el contrario, cuando pagan impuestos lo único observable y verificable es el mal estado de la infraestructura, o la mala calidad de la educación o de los servicios de salud (si es que existen ambos en la comunidad).

Alternativamente, esto puede interpretarse a que la presión social que ejercen las comunidades como mecanismo coercitivo es más efectiva que los instrumentos (castigos con baja probabilidad de ocurrencia) del aparato recaudador mexicano. Finalmente, a que existe una “motivación intrínseca” à la Kahneman, en donde no hay incentivos y en este caso solo la fe sería el motor.

Mediante un diseño experimental llevado a cabo en comunidades rurales de Oaxaca, México, Chávez, Elbittar y Hernández, intentan validar la hipótesis de correspondencia fiscal y confianza en las autoridades. Sus resultados sugieren que la disposición a contribuir aumenta cuando el bien a financiarse es observable por el contribuyente; y, segundo, que el nivel de confianza fiscal es equivalente entre la autoridad fiscal y el otro agente recaudador, como lo es el mayordomo en las comunidades rurales mexicanas, siempre y cuando el bien sea observable y tangible.

Esto es, la correspondencia fiscal es un instrumento muy importante para explicar el nivel de cumplimiento en el pago de contribuciones, sean fiscales o de otra naturaleza.

Este fenómeno podría explicar en parte por qué México es un país que presenta una de las recaudaciones más bajas del hemisferio occidental, solo por arriba de Haití. En efecto, en promedio la recaudación tributaria promedio de los últimos 30 años apenas rebasa los 10 puntos porcentuales como proporción del PIB, cifra muy por debajo del promedio de los países que conforman la OCDE, cuyo promedio se ubica en alrededor de 34 por ciento.

El resultado del experimento llevado a cabo por Chávez et al es consistente con distintas encuestas de percepción. Por ejemplo, con la encuesta llevada a cabo por Buendía y Laredo y encargadas por el Sistema de Administración Tributaria mexicano, Casar (2013)[3] concluye que “…la mayoría de las personas siguen mostrando altos niveles de ignorancia respecto a los productos gravados y sobre la tarea de cobrar impuestos, siguen percibiendo al régimen fiscal como injusto, continúan pensando que sus impuestos no corresponden a los servicios que reciben y persiste una muy baja percepción de riesgo y castigo por el incumplimiento de sus obligaciones tributarias”.

En suma, el experimento de Chávez et al es el primero en proveer para México evidencia de que la [falta de] correspondencia fiscal es uno de los elementos más importantes en explicar el [in]cumplimiento del pago de contribuciones en México. Esto podría explicar el fracaso de los intentos de llevar a cabo reformas fiscales profundas en el país, incluyendo la que se acaba de aprobar, que termina siendo una miscelánea fiscal “populachera”.



[1] Luis A. Chávez, A. Elbittar y F. Hernández (2013) “Cumplimiento en Pago de Contribuciones: Autoridades Fiscales versus Religiosas en México” Mimeo, CIDE.

[2] El mole es un platillo típico a base de salsa de chocolate y jitomate, mientras que el pulque es una bebida proveniente del cactus mexicano.

[3] Casar, Ma. Amparo. Los Mexicanos contra los impuestos. Nexos, Noviembre, 2013.

4 Comments

  1. Luis Lopez-Calva says:

    Muy buen articulo, excepto que en el footnote explica mal lo que es el mole (nunca habla de los chiles, mas importantes que el tomate) y menciona el pulque en vez del mezcal!

  2. Jorge A. Chávez Presa says:

    Fausto Hernández Trillo nos obsequia este magnífico artículo que cae como anillo al dedo a propósito del próximo aniversario de la promulgación de nuestra Constitución (CPEUM). Nos recuerda que en México, pese a que la CPEUM obliga a ello, pareciera que nuestras autoridades locales se empeñan en mostrar que los impuestos no están vinculados con la calidad, cantidad y oportunidad de los servicios públicos.

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