Sí, la economía es una ciencia

by Equipo Foco Económico on 6 noviembre, 2013 · 14 comments

Por Raj Chetty

Publicado originalmente en The New York Times el 20 de octubre de 2013. (Ver original en inglés)

Hay un viejo lamento en mi profesión: “Si le realizás a tres economistas una misma pregunta, obtendrás tres respuestas diferentes.”

Este dicho me vino a la mente la semana pasada, cuando el Premio Nobel de Ciencias Económicas le fue otorgado a tres economistas, dos de los cuales, Robert J. Shiller de Yale y Eugene F. Fama de la Universidad de Chicago, parecieran tener opiniones encontradas acerca del funcionamiento de los mercados financieros. A primera vista, el pensamiento del Sr. Shiller sobre el rol de la “exuberancia irracional” en los mercados de valores y los mercados de la vivienda parece contradecir el trabajo del Sr. Fama, mostrando que estos mercados incorporan novedades en los precios de manera eficiente.

¿Qué tipo de ciencia, la gente se preguntó, otorga su más distinguido reconocimiento a estudiosos con ideas opuestas? “Deberían también entregar estos premios políticamente equilibrados en la física, la química y la medicina” escribió sarcásticamente en Twitter Kieran Healy, sociólogo de Duke.

Pero las diferencias en los postulados de estos premios Nobel son significativamente menos importantes que el profundo acuerdo que prevalece en su enfoque científico respecto a los interrogantes económicos, que se caracterizan por la formulación y prueba de hipótesis precisas. Resulta preocupante la idea que tienen los escépticos de que los desacuerdos sobre las respuestas a ciertas preguntas sugieren que la economía es una disciplina confusa, una ciencia falsa, cuyos resultados no pueden constituir una base útil para la toma de decisiones políticas.

Esta posición resulta injusta y desinformada. Se le hacen exigencias a la economía que no se le realizan a otras disciplinas empíricas, como la medicina, sin tener en cuenta un cuerpo emergente de trabajo, basado en el enfoque científico de los ganadores de dicho premio, que está transformando la economía en un campo firmemente basado en los hechos.

Es cierto que las respuestas a muchos interrogantes macroeconómicos  de “panorama general ” – como las causas de las recesiones o los factores determinantes del crecimiento –permanecen aún difíciles de alcanzar. Sin embargo, en este sentido, los desafíos a los que se enfrentan los economistas no son diferentes a los encontrados en la medicina y la salud pública. Los investigadores de salud han trabajado durante más de un siglo para comprender interrogantes  de cómo la dieta y el estilo de vida afectan a la salud y el envejecimiento, sin embargo, todavía no tienen una comprensión científica completa de estas conexiones. Algunos estudios nos dicen que consumamos más café, vino y chocolate, mientras que otros recomiendan lo contrario. Sin embargo, pocos argumentarían que la medicina no debe abordarse como una ciencia o que los médicos no deben tomar decisiones basadas en la mejor evidencia disponible.

Como es el caso de los epidemiólogos, el reto fundamental que enfrentan los economistas – y una de las causas de muchos desacuerdos en el campo – es nuestra limitada capacidad para llevar a cabo experimentos. Si pudiésemos cambiar aleatoriamente las decisiones políticas y luego observar lo que ocurre con la economía y la vida de las personas, seriamos capaces de obtener una comprensión más precisa de cómo funciona la economía y de cómo mejorar las políticas. Pero los costos prácticos y éticos de tales experimentos se oponen a este tipo de enfoque. (Ciertamente no queremos crear más crisis financieras sólo para entender cómo funcionan).

Sin embargo, los economistas recientemente han comenzado a superar estos retos mediante el desarrollo de herramientas que aproximan a los experimentos a obtener respuestas convincentes a preguntas políticas específicas. En décadas pasadas, los economistas más destacados eran típicamente teóricos como Paul Krugman y Janet L. Yellen, cuyos modelos continuarán guiando el pensamiento económico. Hoy en día, los economistas más destacados son a menudo empiristas como David Card, de la Universidad de California, Berkeley, y Esther Duflo, del Instituto de Tecnología de Massachusetts, que se centran en probar las antiguas teorías y en la formulación de otras nuevas que se ajusten a esta evidencia.

Este tipo de trabajo empírico en economía podría compararse con los avances “micro” de la medicina (como la investigación sobre terapias para las enfermedades cardíacas), que han contribuido enormemente al aumento de la longevidad y la calidad de vida, mientras las cuestiones “macro” de los determinantes de la salud continúan bajo debate.

Considere la pregunta (con carga política) de si extender los beneficios de desempleo aumenta las tasas de desocupación al reducir los incentivos de los trabajadores para volver al trabajo. Casi una docena de estudios económicos han analizado esta cuestión mediante la comparación de las tasas de desempleo en los estados que han ampliado las prestaciones por desempleo con las de los estados que no lo hacen. Estos estudios se asemejan a los experimentos médicos en los que algunos grupos reciben un tratamiento – en este caso, las prestaciones por desempleo – mientras que los grupos de “control” no lo hacen.

Estos estudios han demostrado uniformemente que una extensión de 10 semanas de beneficios de desempleo aumenta el promedio de tiempo que la gente pasa sin trabajo en, a lo sumo, una semana. Esta simple e inexpugnable constatación implica que los responsables de implementar estas políticas pueden extender los beneficios de desempleo para proporcionar asistencia a la población desocupada sin aumentar sustancialmente las tasas de desempleo.

Otros estudios económicos se han aprovechado de las limitaciones inherentes a una política particular para obtener evidencia científica. Un excelente ejemplo reciente se relaciona con el seguro de salud en Oregon. En 2008, el estado de Oregon decidió ampliar su programa estatal de seguro médico para cubrir adicionalmente a personas de bajos ingresos, pero había fondos para cubrir sólo una pequeña fracción de las familias elegibles. En colaboración con investigadores económicos, el Estado diseñó un procedimiento de sorteo mediante el cual las personas que recibieron el seguro podrían ser comparadas con las que no, creando un experimento aleatorio de primer nivel.

El estudio halló que la obtención de cobertura del seguro aumentó el uso de servicios de salud, redujo la tensión financiera y aumentó el  bienestar – resultados que proporcionan una guía invaluable para comprender qué debemos esperar de la Ley de Asistencia Asequible .

Aun cuando tales experimentos son inviables, hay maneras de utilizar “big data” para ayudar a responder a las cuestiones referidas a diversas políticas. En un estudio que llevé a cabo con dos colegas, analizamos el efecto que tuvieron maestros de nivel primario de alta calidad en el desempeño de sus estudiantes como adultos. Se podría pensar que es casi imposible aislar el efecto causal de un maestro de tercer grado, teniendo en cuenta todos los otros factores que afectan los resultados de la vida de un niño. Sin embargo, hemos sido capaces de desarrollar métodos para identificar el efecto causal de los docentes mediante la comparación de los estudiantes en cohortes consecutivas dentro de una escuela. Supongamos, por ejemplo, que una excelente profesora enseñó tercer grado en una determinada escuela en 1995, pero luego tomó licencia por maternidad en 1996. Dado que el permiso de maternidad de la profesora es esencialmente un evento al azar, mediante la comparación de los logros de los estudiantes que aprobaron tercer grado en 1995 en comparación con 1996, somos capaces de aislar el efecto causal de la calidad docente en el desarrollo de los estudiantes.

Utilizando un conjunto de datos con registros anónimos sobre 2,5 millones de estudiantes, se encontró que los maestros de alta calidad mejoran significativamente el rendimiento de sus alumnos en los exámenes estandarizados y, sobre todo, el aumento de sus ingresos y las tasas de asistencia a la universidad, y reducen el riesgo de embarazo en la adolescencia. Estos hallazgos – que desde entonces se han replicado en otros distritos escolares – proporcionan una guía sobre cómo medir y mejorar la calidad de los maestros.

Estos ejemplos no son anómalos. Y a medida que la disponibilidad de datos aumenta, la economía seguirá convirtiéndose en un campo más empírico y científico. Mientras tanto, es simplista e irresponsable utilizar los desacuerdos entre los economistas en un puñado de preguntas difíciles como una excusa para ignorar los muchos temas de consenso del campo y su capacidad para influir en la toma de decisiones políticas, sobre la base de la evidencia en lugar de la ideología.

 

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David noviembre 6, 2013 a las 7:38 pm

Excelente articulo !!

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Diego Jancic noviembre 6, 2013 a las 8:19 pm

Buenisimo. Justo pensaba algo parecido: cuando un economista hace una afirmacion, los no-economistas suelen criticar y no estar de acuerdo. Cuando un medico hace una afirmacion, los no-medicos suelen decir “muy bien, muchas gracias Doctor”.

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Daniel noviembre 7, 2013 a las 10:11 am

Muy interesante. Vengo del campo de la ingeniería, donde siempre tenemos la tranquilidad de que las cosas son más sencillas, donde las leyes de la naturaleza tienen un efecto directo en la construcción de un puente, edificio, circuito electrónico, o planta de energía.
Sin embargo a medida que aumenta la complejidad (sistemas biológicos, clima, sistemas humanos) las cosas se vuelven más caóticas, la diversidad de situaciones y posibilidades se dispara exponencialmente y parece imposible hacer una predicción científica aprovechable.
Es una esperanza que el análisis de datos masivos sea la puerta al entendimiento de estos niveles de complejidad y no quedar reducidos al estudio de casos particulares del pasado, sin poder decir nada del futuro.

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Iván Carrino (@ivancarrino) noviembre 7, 2013 a las 12:19 pm

Se equipara la científico a lo empírico y me da la impresión de que esto último se entiende como lo entendería un popperianismo muy básico donde primero hay conjeturas y luego pruebas empíricas totalmente “objetivas” que sirven para probar o refutar la teoría. Tengo entendido que esta concepción de lo científico ya no es siquiera compartida por los filósofos de las ciencias “duras” como la física, la química, o la medicina.

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Tim Kehoe noviembre 8, 2013 a las 4:08 pm

Creo que la economía es una ciencia, pero este articulo no es honesto en términos científicos: “Estos estudios han demostrado uniformemente que una extensión de 10 semanas de beneficios de desempleo aumenta el promedio de tiempo que la gente pasa sin trabajo en, a lo sumo, una semana.” Hay muchos estudios al nivel macro o de regiones que indican al contrario. Lo que tenemos es un puzzle, no una guía para política como dicen Chetty.

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Gustavo Ventura noviembre 8, 2013 a las 4:08 pm

Yo lei la version en NYT hace tiempo y no me gusto nada. Para sus amigos, todo; para los otros, poco y nada.

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Tim Kehoe noviembre 8, 2013 a las 4:09 pm

Exactamente, Gustavo Ventura! De hecho, este articulo da apoyo al argumento que la economía no es una ciencia. A mi tampoco no me ha gustado nada.

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Pablo Schenone noviembre 8, 2013 a las 4:12 pm

Yo también lo leí hace un tiempo. Primero, si la economía es una ciencia o no es como preguntarse “would a rose still smell the same where it not called a rose”… que importa? Segundo: el articulo da a entender que para ser ciencia hay que hacer experimentos mas o menos controlados, lo cual es un mito. Hay amplias ramas de física aplicada (por ejemplo, ramas de astrofísica y física de partículas) donde no hay tal cosa como experimentos controlados y, sin embargo, son llamados “ciencia” (mas aun, es lo que el 99% de la gent epiensa cuanod dice “ciencia”). Mas allá del “cartel” que le colguemos, lo importante es si las predicciones que hcemos son (up to margin of error) correctas o no. El resto es irrelevante.

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Pablo Schenone noviembre 9, 2013 a las 4:07 pm

Yo lo leí hace un tiempo, en la version del NYT. Dos opiniones: primero, si la economía es una ciencia o no, es como preguntarse “would a rose still smell the same where it not called a rose”… que importa? Segundo: el articulo da a entender que para ser ciencia hay que hacer experimentos mas o menos controlados, lo cual es un mito. Hay amplias ramas de física aplicada (por ejemplo, ramas de astrofísica y física de partículas) donde no hay tal cosa como experimentos controlados y, sin embargo, son llamados “ciencia” (mas aun, es lo que el 99% de la gente piensa cuanod dice “ciencia”). O sea, aun si queremos meternos en el debate “ciencia vs no ciancia”, el argumento “se usan o no se usan experimentos controlados” esta demasiado inflado. Mi conclusion: mas allá del “cartel” que le colguemos, lo importante es si las predicciones que hacemos son (dentro de margenes de error estadístico) correctas o no. El resto es irrelevante.

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AG noviembre 10, 2013 a las 1:14 pm

“Desde este punto de vista, el quehacer cotidiano de la Economía dominante hoy en día recuerda los debates escolásticos en teología en la Edad Media. No sólo los temas en los cuales se entretiene se asemejan a los debates surrealistas medievales de cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler, sino también se asemejan en términos del uso del latín como única lengua en la que se podía discutir de teología en los debates de la época. De hecho, la Inquisición no sólo prohibió libros heréticos, sino que también prohibió traducciones de la Biblia del latín a las lenguas de la gente común. Así, el tratamiento de una cosa concreta -el latín, en un caso, las matemáticas en el otro-, no es más que una forma de “fetichismo ontológico”: como si el mero hecho de hablar en esas lenguas dé a las ideas más significado de por si. La misma idea, expresada en distintos lenguajes, parecería tener diferentes significados.”

http://ciperchile.cl/2013/10/21/premio-nobel-de-economia-teatro-puro-teatro/

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Fidel Pintos noviembre 11, 2013 a las 4:18 pm

AG, gracias por la referencia. Recién leí estas líneas

Deprived of a narrative when given a bunch of facts, humans will use the facts they’re given to compose a narrative, and then adjust the facts they’ve been taught to fit that narrative.
http://econlog.econlib.org/archives/2013/11/best_comment_ev.html

que a mi juicio se aplican bien a las investigaciones de Gabriel Palma y muchos otros académicos. Un problema grave de los académicos-ideólogos (por desgracia una especie en expansión) es que piensan que los otros son peores que ellos.

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AG noviembre 12, 2013 a las 2:00 am

La ideología creó el Universo, Fidel P.; de ahí que el propio Albert Einstein pudiera asociar la economía y la estupidez humana; en definitiva, en un mundo banal, un mundo que no es sino un epifenómeno, resultaría injusto pretender que los economistas fueran hombres sensatos.

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Fidel Pintos noviembre 12, 2013 a las 7:16 am

AG, reconocer nuestro lado oscuro es muy distinto a negar nuestro lado brillante. Lamentablemente muchos académicos-ideólogos están frustrados porque sus prédicas no llevarán jamás a sus paraísos y se consuelan aceptando una equivalencia entre esa negación y ese reconocimiento (su superación es el desafío del hombre nuevo), algo que por supuesto disfrazan bien al momento de pedir fondos para sus investigaciones.

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