Financiamiento

Aunque mis colegas acadA�micos que estudian procesos eleccionarios probablemente no se sorprenderA�an, no deja de llamar la atenciA?n que haya algunas coincidencias entre las nueve candidaturas que compiten en la prA?xima elecciA?n presidencial. Una de ellas es la necesidad de elevar los gastos pA?blicos.
En efecto, incluso la candidatura de Evelyn Matthei, que representa a los sectores de la derecha, ha planteado un programa de gobierno que, de implementarse, tendrA�a un costo fiscal de unos 17 mil millones de dA?lares en cuatro aA�os. Ello no es habitual en un sector que histA?ricamente ha preferido un Estado lo mA?s pequeA�o posible. Una diferencia relevante, sin embargo, es cA?mo se propone financiar esos nuevos gastos.

El Informe de Finanzas PA?blicas recientemente publicado por la Dipres puede servir de marco de referencia. De acuerdo a las estadA�sticas del balance del Gobierno, y dados ciertos supuestos sobre la evoluciA?n del crecimiento del PIB y del precio del cobre, la holgura fiscal que enfrentarA? el prA?ximo gobierno es de unos nueve mil quinientos millones de dA?lares para los cuatro aA�os, un 3% del PIB aproximadamente. Esta holgura es la diferencia entre los ingresos proyectados y los gastos que quedarA?n comprometidos por la actual administraciA?n.

Esta estimaciA?n supone que el prA?ximo gobierno mantiene durante los cuatro aA�os un dA�ficit estructural de un 1%. De acuerdo a la Dipres, si se decide converger gradualmente a un balance estructural, la holgura cae a unos cuatro mil seiscientos millones de dA?lares, o un 1,4% del PIB. La reticencia de algunos de revisar el sistema de impuestos los ha obligado a buscar otras fuentes para financiar nuevos gastos. Por ejemplo, se dice que medidas fiscalizadoras permitirA�an bajar la evasiA?n tributaria en cuatro mil millones de dA?lares. Esta es una cifra impresionante, y me pregunto quA� ha pasado que el Estado no ha hecho los esfuerzos para recolectar estos fondos si es asA� de fA?cil. Los recortes sucesivos que ha experimentado el presupuesto del SII en estos aA�os no avalan la idea de que la fiscalizaciA?n sea suficiente.

Otra fuente posible es el crecimiento. Las proyecciones de la Dipres, sin embargo, sitA?an el crecimiento del PIB tendencial en torno al 4,8%, prA?cticamente el mismo que hace unos pocos aA�os. En otras palabras, nada ha cambiado en la estructura de la economA�a estos aA�os que nos permita creer que creceremos mA?s rA?pido. Menos que se puede descansar en que este generarA? la recaudaciA?n adicional necesaria.

Estas mismas cifras sugieren que el mayor crecimiento que experimentA? la economA�a estos aA�os fue transitorio, fruto posiblemente del impulso fiscal y monetario del 2008-2009, del terremoto del 2010 y de las histA?ricamente favorables condiciones de liquidez internacionales. Lo que ha sucedido con el empleo es otro sA�ntoma de lo mismo: mA?s de la mitad de los puestos de trabajo generados durante esta administraciA?n se crearon el 2010.

Como ninguna candidatura pareciera desear solo administrar lo que deja este gobierno, opciA?n vA?lida dada la estrechez fiscal, una reforma tributaria es insoslayable. De hecho, ello nos acercarA�a a un tamaA�o del Estado mA?s acorde a nuestro nivel de desarrollo. Las estimaciones que existen indican que los paA�ses que hoy son desarrollados tenA�an tA�picamente Estados, como proporciA?n del PIB, entre cuatro y seis puntos mA?s grandes que el que tiene Chile hoy. Ello no solo no fue un impedimento para el desarrollo; probablemente lo favoreciA?.

Pero reformar el sistema de impuestos no tiene como A?nico objetivo financiar de manera responsable los futuros gastos, asociando gastos permanentes a ingresos permanentes, una sana costumbre que parece haberse debilitado en estos aA�os. TambiA�n porque tenemos un sistema de impuestos que tiene un sinnA?mero de tratos preferenciales que no se justifican y que introducen ineficiencias en la economA�a.

TambiA�n se requiere revisar nuestros impuestos porque no son equitativos -quienes mA?s ganan no son quienes proporcionalmente mA?s contribuyen a las finanzas pA?blicas- y por tanto es urgente introducir una mayor legitimidad al sistema. Finalmente, porque hemos desaprovechado los impuestos como una herramienta para introducir una mayor igualdad, con un sistema autA�nticamente progresivo como tienen los paA�ses que han alcanzado el desarrollo. plaquenil how much