Sobre los costos sociales de la inflación

by Andrés Neumeyer on 2 junio, 2013 · 21 comments

Hace varios años que la inflación supera el 20% anual (ver gráfico aquí) y en estos últimos meses, con la caída del nivel de actividad, el tema de los costos sociales de la inflación ha tomado gran notoriedad. En esta nota voy a discutir brevemente estos costos y clarificar lo que yo creo que son confusiones acerca de los mismos. Algunas de estas confusiones son que la inflación baja el salario real y que encarece los precios en dólares de cosas compradas en Argentina (aprecia el tipo de cambio en términos reales). Voy a empezar por describir los costos verdaderos de la inflación y luego cierro la nota con las confusiones.

1. El enfoque tradicional de los economistas sobre los costos de la inflación se focaliza en la pérdida de recursos que existe cuando la gente invierte tiempo en tratar de sacarse de encima el dinero que imprime el banco central y se deprecia en sus bolsillos. Si pensamos en el poder adquisitivo del dinero como un cubo de hielo, la inflación es como la temperatura ambiente. Si hace mucho calor, la gente se va  a esforzar por sacarse los cubos de hielo de encima comprando cosas ni bien los reciba. En el agregado, como alguien siempre va a tener el hielo estos esfuerzos son inútiles: el hielo va a estar en manos de alguien y se va a derretir. En noviembre del año pasado estimé este tipo de costo de la inflación aquí. El costo de una inflación de 30% anual en Argentina es de $702 (1.2% del PIB) por persona por año y el de subir la inflación del 20% al 30% anual es de $174 por persona por año (0.3% del PIB).

2. Un segundo mecanismo por el cual la inflación es socialmente costosa (desperdicia recursos) es porque reduce la calidad de los precios como señales para asignar recursos. La idea es que como no todas las empresas cambian los precios al mismo tiempo a veces los precios relativos están desfasados. Para inflaciones moderadas las ineficiencias que se generan por este mecanismo son minúsculas[1].

3. Otra ineficiencia generada por la inflación, que es más difícil de medir, es una desviación de recursos hacia actividades improductivas. La inflación se asocia a incertidumbre acerca de las futuras políticas públicas y de cambios implícitos en el sistema tributario. El sistema tributario tiende a gravar ganancias de capital falsas, las tasas impositivas en el impuesto a las ganancias suben porque los salarios nominales suben aunque en términos reales por ahí no cambien (ver mi nota sobre este tema aquí), las jubilaciones fijas en términos nominales pierden poder adquisitivo. La inflación inesperada también redistribuye riqueza entre deudores y acreedores de contratos nominales. El tiempo que la gente y las empresas invierten para quedar bien posicionados en estas transferencias de recursos es una pérdida social. Por ejemplo, desvían la atención gerencial de buscar bajar costos o innovar a posicionarse bien para estas transferencias de riqueza. Si la inflación persiste por mucho tiempo estos costos pueden ser muy grandes como lo vivimos en la década del 80 (Nicolini escribió sobre estos juegos de suma cero aquí.). La gente se dedica a buscar ventajitas a costo de los demás en vez de a producir.

4. Cuando la inflación cambia las tasas impositivas también hay un costo relacionado a los cambios en los incentivos que esto trae aparejado. Este no es un costo directo de la inflación, sino uno asociado a los cambios tributarios que esta induce. El caso del aumento en las tasas del impuesto a las ganancias que viene de congelar el mínimo no imponible y los ingresos nominales sobre los que se calcula el impuesto es muy transparente. El aumento en el impuesto reduce los incentivos a trabajar (al menos en blanco). Un caso menos transparente es el de impuestos y subsidios generados por el control de cambios. Como escribió Pablo Kurlat (aquí) la brecha entre el dólar arbitraje (o blue) y el dólar oficial es un impuesto a los que venden dólares en el mercado oficial y un subsidio a los que  compran dólares en ese mercado. Cuando el tipo de oficial no crece al ritmo de la emisión monetaria, esta brecha crece, y con ella crecen estos impuestos y subsidios. Los mismos desalientan las exportaciones y alientan las importaciones y las compras con tarjetas de crédito en el exterior.

5. La incertidumbre asociada a la variabilidad de la inflación también hace que se acorten los contratos. Esto involucra costos de negociación cada vez que hay que acordar un contrato nuevo. La huelga de maestros de la provincia de Buenos Aires muestra que estos costos de negociación pueden ser muy importantes.

En resumen, la inflación es mala porque nos hace perder tiempo, esfuerzo y recursos en protegernos de la misma.

Ahora voy a discutir dos fenómenos que aparecen en la discusión pública argentina contemporánea como un costo de la inflación, pero no lo son. Ni siquiera son una consecuencia de la inflación. Me refiero a la caída del salario real y a la “pérdida de competitividad”.

En el último año los salarios reales medios cayeron o, al menos dejaron de crecer como en la década anterior. Es común escuchar en los medios que esto se debe a que la inflación se come los salarios. Esto no es cierto. En la última década ha habido varios períodos con una inflación de más de dos dígitos en los que los salarios reales crecieron. Los salarios nominales subían en ascensor y los precios por la escalera. El salario real se determina por la oferta y la demanda de trabajo y la inflación no juega un rol muy importante en este proceso. Ahora, los salarios reales están estancados o cayendo porque la economía se encuentra en una fase recesiva en la que la demanda de trabajo está cayendo. No caen por la inflación

La apreciación cambiaria es un problema parecido. Es común escuchar que es necesario devaluar porque la inflación fue más alta que la devaluación. La verdad es que el tipo de cambio real fluctúa, por razones que son independientes de la inflación, y a veces se aprecia y a veces se deprecia. Como escribimos hace un tiempo (aquí) el tipo de cambio real depende de la oferta y demanda de bienes locales. Entre el 2002 y 2011 el precio en dólares de bienes locales se encareció muchísimo. A medida que la economía se fue recuperando del pozo del 2002 y la demanda local fue creciendo, el precio de los bienes locales también subió. La apreciación cambiaria,  podría haber ocurrido con inflación baja y apreciación nominal como en otros países de la región. Muchos comentaristas erróneamente atribuyen esta “pérdida de competitividad” a la inflación.


[1] Ariel Burstein & Christian Hellwig, 2008. “Welfare Costs of Inflation in a Menu Cost Model,” American Economic Review, American Economic Association, vol. 98(2), pages 438-43, May.

Fernando Alvarez, Martin Beraja, Martín Gonzalez Rozada, and Andrés Neumeyer, 2010,  From Hyperinflation to Stable Prices: Argentina’s evidence on menu cost models.

 

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