El plan de reactivaciA?n colombiano: A?Don Quijote contra los molinos de viento?

El Gobierno Colombiano acaba de anunciar un plan de choque con el pomposo nombre de Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo, mA?s conocido por su apocope familiar, PIPE. El Plan es una respuesta a la inconformidad de los gremios industriales y agrA�colas cuyos afiliados han venido padeciendo los efectos de una considerable revaluaciA?n del peso, asA� como a la evidencia creciente de una significativa desaceleraciA?n de la economA�a. De hecho, el Gobierno se comprometiA? unas semanas antes con los gremios a ejecutar un plan de choque, cuando estos visitaron al Presidente para manifestar su preocupaciA?n y presentarle su lista de pedidos, a los pocos dA�as de que el Gobierno conjurara un inusual paro de los cafeteros que afecto el orden pA?blico en varias regiones del paA�s, mediante el otorgamiento de cuantiosos subsidios a los productores de cafA�, quienes hasta hace unas dos dA�cadas era el mayor rubro de exportaciA?n de Colombia. Y el Gobierno lanzA? a PIPE justo unos dA�as despuA�s de que las cifras oficialesA� revelaran que la industria estA? en franca recesiA?n y que el PIB creciA? muy poco en el primer trimestre del aA�o.

PIPE contiene una mezcla de medidas de impulso a la demanda y alivios de corto plazo, con otras medidas mA?s orientadas a mejorar la competitividad de la industria y la agricultura. AsA�, de una parte, el gobierno anuncia una aceleraciA?n de los planes de inversiA?n en infraestructura a nivel nacional y regional, refuerza y extiende subsidios a intereses de prA�stamos de vivienda para familias de ingresos medios (hay ya un plan de vivienda gratuita para ingresos mA?s bajos), concertados con los bancos, extiende el plazo de unas exenciones temporales a importaciones de bienes de capital que estaban por vencer, baja las retenciones tributarias a la industria y la agricultura, amplia los subsidios agrA�colas y a las coberturas cambiarias para los exportadores, y ofrece controlar mejor el contrabando[1]. De otra, anuncia mayores recursos para innovaciA?n, cambios regulatorios para reducir el actual costo claramente excesivo de la energA�a y el gas, anticipa la reducciA?n de gravA?menes al trabajo formal decretada en la reciA�n aprobada reforma tributaria y busca mitigar la revaluaciA?n del peso trasladando a dA?lares las reservas de las pensiones pA?blicas y cambiando la regulaciA?n para inducir a los fondos privados de pensiones a aumentar su tenencia de activos extranjeros. PIPE se compromete incluso a aumentar el nA?mero de policA�as y a realizar un Censo Agropecuario!

Para entender y juzgar este potpurrA� de medidas es necesario precisar el diagnA?stico del problema que pretenden resolver. De una parte, las cifras oficiales y los indicadores de las encuestas de opiniA?n de Fedesarrollo y de los gremios muestran que la economA�a se desacelerA? claramente desde mediados del aA�o pasado. Ello se debiA?, en parte, a un enfriamiento de la demanda externa. Pero, tambiA�n, a un menor crecimiento de los sectores que venA�an jalonando a los demA?s: el minero-energA�tico y la construcciA?n.

El sector minero-energA�tico creciA? el aA�o pasado bastante menos que en aA�os anteriores, por diversas razones. La inversiA?n minera se ha venido frenando ante la caA�da de precios internacionales del carbA?n, vinculada con la reducciA?n de precios y la gran expansiA?n de oferta del shale gas, y por una creciente oposiciA?n de grupos locales y de opiniA?n, centrada en los impactos sociales y ambientales de la minerA�a, que ha llevado a entrabar aun mA?s el kafkiano proceso de consultas comunitarias y otorgamiento de licencias ambientales. AdemA?s, los dos mayores productores mineros tuvieron suspensiones prolongadas en el segundo semestre, uno en razA?n de una huelga de trabajadores y otro mientras las autoridades investigaban su responsabilidad en la ocurrencia del hundimiento de una barcaza cargada con carbA?n cerca de las playas turA�sticas de Santa Marta. De otra parte, la construcciA?n, pA?blica y privada, tuvo un muy mal aA�o en el 2012, despuA�s de un considerable crecimiento en el 2010 y especialmente en el 2011. Esto A?ltimo explica los nuevos subsidios a la construcciA?n de vivienda y el anuncio de acelerar la ejecuciA?n de los planes de infraestructura.

Pero, en adiciA?n a estos factores coyunturales, la economA�a colombiana viene mostrando claros sA�ntomas de enfermedad holandesa desde el aA�o 2003, cuando empezA? el ya largo perA�odo de boom minero-energA�tico. La producciA?n industrial venA�a creciendo muy poco y entrA? en terreno negativo hace ya cerca de un aA�o, mientras las exportaciones industriales han estado virtualmente estancadas desde el 2006. El balance comercial manufacturero se ha deteriorado en forma dramA?tica. La producciA?n y las exportaciones agrA�colas han mostrado un crecimiento anA�mico durante todo ese periodo, a pesar de la considerable mejora en las condiciones de seguridad en el campo. En contraste, todos los sectores no transables han estado creciendo a tasas muy altas. DetrA?s de todo esto estA?, por supuesto, una fuerte y continua revaluaciA?n del peso, que solamente se revirtiA? temporalmente durante la crisis global de finales del 2008 y principios del 2009.

Algunos analistas seA�alan que estos fenA?menos no son exclusivamente colombianos y opinan que no es claro que se pueda o se deba hacer algo al respecto. Pero es A?til comparar en detalle lo que sucede en Colombia con el resto de SuramA�rica. La grafica 1 muestra que el choque positivo en tA�rminos de intercambio desde el aA�o 2000 (A�ndices estandarizados a uno en ese aA�o) ha sido especialmente grande para Venezuela y, en segundo lugar, para Chile y PerA?. En lo que sigue, dejo de lado Venezuela, donde el comandante ChA?vez acabA? con la industria y la agricultura domA�stica sin necesitar mucha ayuda de la enfermedad holandesa y hasta tuvo que devaluar dos veces porque se quedA? sin reservas a pesar del monumental ingreso petrolero (Grafica 4 abajo). Y tambiA�n dejo de lado a Argentina, donde los Kirchner encontraron una forma peculiar de luchar contra la enfermedad holandesa manteniendo el paA�s sin acceso a los mercados internacionales de capitales a��las cuantiosas entradas de capitales acentA?an los efectos del choque de tA�rminos de intercambio en los otros paA�ses-, y promoviendo una salida masiva de capitales que ha causado una caA�da notable en el nivel de las reservas internacionales (Grafica 4 abajo).

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La grA?fica 2 compara la apreciaciA?n cambiaria en Chile, PerA?, Colombia y Brasil durante ese periodo. Las Graficas A1 a A3 comparan sA�ntomas de enfermedad holandesa en esos mismos paA�ses. Resulta ilustrativo constatar que la revaluaciA?n y la mayorA�a de los sA�ntomas holandeses han sido mA?s agudos en Brasil y Colombia, a pesar de que tuvieron choques en sus tA�rminos de intercambio menores a los de PerA? y, sobretodo, Chile. AdemA?s, resulta especialmente interesante observar que PerA? y Chile han sido precisamente los dos paA�ses de la regiA?n capaces de tener superA?vits fiscales cuantiosos en aA�os de boom (y una situaciA?n fiscal muy solida desde todo punto de vista), mientras que Brasil y Colombia nunca han tenido superA?vits fiscales (Grafica 3) y la sostenibilidad de sus finanzas publicas a largo plazo es cuestionable Como tambiA�n resulta interesante observar que Brasil y Colombia han acumulado mucho menos reservas internacionales a��con relaciA?n a su PIB (Grafica 4) o a cualquier indicador monetario o financiero- que PerA? y Chile (contando como reservas las grandes tenencias de activos externos por parte de los fondos del Gobierno chileno que ahorran los excedentes producidos por la regla fiscal). Aunque estas comparaciones simples no son prueba concluyente de que la polA�tica fiscal y monetaria puede afectar el tipo de cambio real durante un perA�odo largo, si deberA�an hacer pensar dos veces a los escA�pticos. El Banco Central de Brasil, ademA?s, ha acudido a todo tipo de controles directos a los flujos de capital, lo cual parece haber comenzado a tener algA?n efecto desde mediados del 2012 (Grafica 2), a pesar del alto dA�ficit fiscal y las altA�simas tasas de interA�s domA�sticas que atraen muchos capitales golondrina.

Grafica 2

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Grafica 3

untitled11A�Grafica 4

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En este contexto surgen dos dudas grandes sobre la eventual efectividad de PIPE. Primero, su costo fiscal no es despreciable y eso ciertamente no ayudarA? a combatir la revaluaciA?n. Segundo, se entiende que el Gobierno, en su desespero, busque hacer con las reservas pensionales lo que podrA�a hacer mA?s fA?cilmente el Banco de la Republica acumulando mA?s reservas (de hecho, en la presentaciA?n pA?blica el Gobierno dijo que estas medidas complementaban la acumulaciA?n de reservas que estA? haciendo el Banco), si bien se debe que reconocer que la compra de reservas es mA?s efectiva cuando estA? respaldada por mayor ahorro pA?blico. La pregunta de fondo es, por quA� no lo hace el Banco contra un compromiso del Gobierno de aumentar el superA?vit fiscal primaria?

Los Directores del Banco y el Gobierno nos deben una explicaciA?n clara al respecto. PA?blicamente dicen que el Banco estA? ayudando a combatir la revaluaciA?n con su compra de mayores reservas (hace poco aumentaron modestamente sus compras mensuales y le dieron mucha publicidad a esta medida), aunque a veces los Directores expresan en pA?blico y en privado dudas sobre la efectividad de sus intervenciones. Creo que les preocupa tambiA�n que una mayor acumulaciA?n de reservas, en la medida que haya que esterilizar su efecto monetario, debilite el balance financiero del Banco, si bien la ConstituciA?n y la ley obligan al presupuesto nacional a cubrir las pA�rdidas del Banco.A� MA?s aun, me parece que no quieren aparecer colaborando mucho con el Gobierno, porque eso podrA�a arrojar dudas sobre su real autonomA�a.

Personalmente creo que este tipo de dudas de economA�a polA�tica, si aA?n sobreviven, tenA�an fundamento cuando el Banco no habA�a conseguido doblegar las presiones inflacionarias. Pero el firme anclaje de las expectativas de inflaciA?n alrededor de la meta de largo plazo del Banco (3%), desde hace ya rato, y el comportamiento aun inferior de las tasas efectivas de inflaciA?n recientes, deberA�a ser suficiente para despejarlas. El Banco tiene toda la credibilidad necesaria para acordar con el Gobierno una polA�tica concertada (cA?mo, por demA?s, lo ordena la ConstituciA?n!), A�sin que nadie dude de su autonomA�a. Precisamente los acuerdos se hacen entre entes autA?nomos y mayores de edad: si hay subordinaciA?n no se necesitan acuerdos sino A?rdenes. Con ello nos podrA�amos evitar estas intromisiones con el manejo de los portafolios de inversiA?n de las pensiones de los colombianos (que estA?n pidiendo a gritos reformas regulatorias por razones estructurales, pero no por consideraciones coyunturales) y rebajar en algo la continua presiA?n gremial en busca de subsidios, exenciones y protecciA?n arancelaria.

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A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A�SA�ntomas comparativos de enfermedad holandesa

A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A�Grafica A1 (Exportaciones)

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A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� Grafica A2 (Balance Comercial)

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A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A� A�Grafica A3 (Crecimiento)

 

 

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[1]A�A�Que PIPE contenga un plan anti-contrabando no deja de presentar una bella ironA�a : un famoso vallenato, el PIPE Socarras, defiende a los contrabandistas de los excesos del almirante Padilla y termina asA�: A?pobre Pipe, pobre Pipe Socarras, lo ha perdido todo por contrabandearA?

 

 

 

 

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