24A: Hay que defender la Democracia Constitucional en Argentina

Hace tiempo que estoy muy preocupado por los avances del gobierno sobre los otros poderes del estado. Nunca he aceptado que la alternativa al a�?estado de la naturalezaa�? sea el LeviatA?n. Si bien, siempre he creA�do que Hobbes fue un gran pensador, y por sobre todo un escritor exquisito, mis ideas polA�ticas clA?sicas se reconocen, entre otros, en Locke, Montesquieu y Publius (A. Hamilton, J. Madison y J. Jay). Me desvela, tanto como a estos A?ltimos autores, el autoritarismo y la demagogia. A?CuA?l fue entonces el remedio propuesto para estos males?

Publius apoyA? la divisiA?n de poderes basada en la trinidad Ejecutivo-Legislativo-Judicial de Montesquieu. No obstante, agregA? otra divisiA?n del poder, ya no horizontal sino vertical: el Federalismo. La clave estA? en la divisiA?n del poder: a�?Que el poder frene al podera�?, como magistralmente escribiA? Montesquieu.

La diagramaciA?n de la divisiA?n de poderes y la enunciaciA?n de los derechos y garantA�as individuales son, en mi opiniA?n, los objetivos fundamentales de las constituciones. Es por ello que a las democracias liberales tambiA�n las llamamos democracias constitucionales -denominaciA?n que yo prefiero.

Lamentablemente el constitucionalismo, en su sentido mA?s pleno, es un fruto exA?tico que ha florecido sA?lo en escasos lugares. No por ello, sin embargo, debemos abandonar la lucha por forjarlo en Argentina, tal cual fue el objetivo de Juan Bautista Alberdi, Juan MarA�a GutiA�rrez y BenjamA�n de Gorostiaga, entre otros.

Siguiendo los fundamentos de derecho constitucional de Carlos Nino (1992) dirA� entonces que en tA�rminos jurA�dicos hay al menos dos sentidos principales de constitucionalismo. El primero, es un sentido mA�nimo y se refiere al requerimiento de que el Estado tenga una ConstituciA?n en el vA�rtice de su sistema jurA�dico. Este sentido mA�nimo implica que: a) las relaciones bA?sicas de los habitantes entre sA� y de estos con el Estado estA�n definidas por normas generales; b) tales normas se apliquen regularmente a las situaciones que ellas describen sin hacer diferencias en cuanto a su aplicaciA?n en situaciones que no estA�n reconocidas por las mismas normas; c) los procedimientos para determinar si las normas son aplicables a los hechos que ellas describen sean confiables, y d) las normas sean relativamente estables y, que en general, no sean retroactivas.

El segundo, es un sentido pleno que se opone al sentido mA�nimo de constitucionalismo, y el cual en mi opiniA?n es el que refleja el objetivo originario y fundamental del constitucionalismo. Este sentido requiere no sA?lo la existencia de normas que estA?n resguardadas frente al proceso legislativo, sino tambiA�n que se satisfagan ciertas exigencias acerca del procedimiento y contenido de las leyes que regulan la vida pA?blica. Este es el sentido expresado enA� el artA�culo 16 de la DeclaraciA?n francesa de los Derechos del Hombre, cuando dice que a�?una sociedad en la que la garantA�a de los derechos no estA? asegurada, ni la separaciA?n de poderes estA? determinada, no tiene una ConstituciA?n.a�? Estas exigencias son las que definen el concepto de democracia constitucional.

Constant no pudo ser mA?s claro filosA?ficamente cuando en 1815 escribiA? a�?Digo desde hace tiempo que al igual que una constituciA?n es la garantA�a de la libertad de un pueblo, todo lo que pertenece a la libertad es constitucional, mientras que no hay nada de constitucional en lo que no le pertenecea�?.A� A�

Es entonces mi opiniA?n que la democracia constitucional se encuentra nuevamente amenazada en Argentina. Es esta tambiA�n la opiniA?n de muchos, muchA�simos otros compatriotas, que tambiA�n desean vivir en una democracia constitucional. Por ello, debemos unirnos y defender nuestro orden institucional.

Referencias

Nino, C. (1992). Fundamentos de derecho constitucional, anA?lisis jurA�dico y politolA?gico de la prA?ctica constitucional. Editorial Astrea, Buenos Aires.