Perspectivas de corto y mediano plazo para Chile

by Vittorio Corbo on 4 abril, 2013 · 1 comment

Las perspectivas de la economía chilena dependen tanto de la evolución de la economía internacional como de las decisiones de las autoridades económicas nacionales.

En cuanto a la economía internacional, a casi tres años del inicio de la crisis en la Zona Euro, Europa está en recesión y tiene todavía un largo camino por recorrer para corregir las causas y consecuencias de los desbalances macrofinancieros que se gestaron en el período 2000-2008.

Por su parte, los ajustes de los países periféricos de Europa, Grecia, Portugal e Irlanda han mantenido la orientación general de sus programas, y España ha intensificado sus reformas. Sin embargo, Italia, que poco había avanzado en reformas estructurales, ha estado paralizada, primero por la campaña para las elecciones parlamentarias, y después por el resultado de unas elecciones donde el 55% de los votantes terminaron apoyando posturas antiajustes y antirrreformas, impidiendo la formación de un gobierno estable.

De otra parte, la carencia de políticas de estímulo fiscal en los países con capacidad para hacerlo, especialmente Alemania, y monetarias de parte del Banco Central Europeo anticipa un largo período de ajuste y bajo crecimiento, que continuará poniendo a prueba la sustentabilidad de las reformas.

¿Qué pasa con el crecimiento mundial? Dominado por los efectos de los ajustes fiscales de los países avanzados, la incertidumbre de la crisis europea y el precipicio fiscal en Estados Unidos, las últimas cifras confirman que en el cuarto trimestre del año 2012 el crecimiento de la economía mundial fue menor al esperado.

Europa tuvo una contracción que resultó incluso mayor a lo anticipado y fue especialmente severa en Alemania y en los países periféricos. Por su parte, Estados Unidos y Japón estuvieron prácticamente estancados.

Los países emergentes, Brasil e India, tuvieron un cuarto trimestre más débil que lo anticipado, mientras que China continuó con el dinamismo que ya había tomado en el tercer trimestre.

Mirando hacia adelante, todo apunta a que el 2013 debiera ser otro año de bajo crecimiento en Estados Unidos, la Zona Euro y Japón, aunque sería algo mejor en los países emergentes. Como resultado, el crecimiento de la economía mundial sería parecido o algo menor al del 2012. Sin embargo, y lo que es muy importante para Chile, Asia emergente crecería más que el año recién pasado, impulsada por un mayor dinamismo en China y en la India.

¿Qué pasa con el crecimiento de Chile y sus perspectivas? A diferencia de la economía global, el 2012 fue otro muy buen año para Chile en términos de crecimiento económico, empleo e inflación. Este ha sido el resultado de un buen manejo macroeconómico, favorables términos de intercambio y bajo costo de financiamiento interno y externo. Las cifras de febrero y marzo siguen sorprendiendo positivamente, mostrando que, contrario a lo esperado, la economía aumentó su dinamismo a partir del cuarto trimestre del año pasado. En cuanto al gasto, la demanda interna vuelve a acelerarse y sigue creciendo, por tercer año consecutivo, más que el PIB.

En tanto, la inflación se sigue reduciendo a pesar de la estrechez del mercado laboral, el alto crecimiento de los salarios y la reducción de las holguras de capacidad. A esto han contribuido razones transitorias, como la apreciación del peso y la caída en los precios internacionales de los alimentos. Con todo, la brecha creciente entre la expansión de la demanda interna y la expansión del PIB, que también se manifiesta en un creciente déficit en cuenta corriente, aumenta el riesgo de una aceleración de la inflación.

Como resultado, la política macroeconómica tiene un importante desafío. De continuar creciendo la demanda interna más que el PIB, las autoridades deberán encontrar una manera de desacelerar ese dinamismo para evitar la generación de desbalances macroeconómicos importantes.

Normalmente, una situación de aceleración más allá de lo sostenible es controlada mediante el uso de las herramientas tradicionales de política monetaria. Sin embargo, un aumento de la TPM exacerbaría la apreciación del peso dadas las importantes brechas entre nuestro crecimiento y el de los países avanzados, y entre la tasa de interés doméstica y las tasas de interés externas, en un escenario que ya presenta una importante liquidez internacional.

Una alternativa es usar la política fiscal, pero, en lo que ha sido una importante innovación, en Chile la política fiscal se basa en una regla orientada a alcanzar una meta para el balance fiscal ajustado por el ciclo. Romper una regla tiene el costo de reducir su credibilidad. Con todo, dentro de esta regla, la política fiscal ha dado un paso en la dirección correcta al adelantar la meta de alcanzar un déficit estructural del 1% del PIB desde el año 2014 al año 2013. Pero dado que el año 2012 el déficit ajustado por el ciclo fue de solo 0,6% del PIB, la política fiscal terminaría siendo algo más expansiva este año.

La opción disponible, dentro del conjunto de políticas eficientes para una situación como esta, es el uso de medidas macroprudenciales. Este tipo de medidas no solo moderan el crecimiento de la demanda interna, sino que contribuyen también a la estabilidad financiera, preparando al sector financiero para los momentos en que el ciclo expansivo se comience a revertir. La creación de un colchón de capital contracíclico de Basilea III cumple este propósito.

Además, es óptimo utilizar políticas macroprudenciales cuando la política monetaria o fiscal enfrenta restricciones (Claessens y Valencia, Vox, marzo, 14, 2013). De no resultar esto suficiente, entonces serán necesarias también alzas en la TPM.

En cuanto a perspectivas de mediano plazo, estas están condicionadas por la capacidad que tengamos como país para emprender reformas que nos permitan aumentar la tasa de crecimiento de la productividad y así poder sostener altas tasas de crecimiento.

Como lo hemos planteado en columnas anteriores y como lo dice también el informe reciente de la OCDE, Going for Growth, las grandes oportunidades para Chile están en mejorar la calidad de la educación, aumentar la competencia en los sectores de servicios, optimizar la flexibilidad laboral a través de reducir la protección de los trabajadores regulares, incrementar la tasa de participación de las mujeres y de los jóvenes con bajo nivel de capital humano, a través de liberalizar las jornadas parciales, y fortalecer las guarderías infantiles.

Además, un problema que ha aparecido en los últimos años es el alto costo de la energía eléctrica y la incertidumbre sobre su disponibilidad, complicación resultante de las dificultades que enfrenta la preparación y puesta en marcha de proyectos en esta área.

La tarea es larga, pero los beneficios para la sociedad de poder seguir creciendo a tasas altas para llegar a ser un país desarrollado más que justifican el emprenderlas con fuerza. Además, los mayores recursos derivados de los mejores precios del cobre se pueden y deben focalizar en financiar el gasto público para apoyar estas reformas.

Los beneficios del crecimiento van más allá de mayores niveles de ingreso per cápita y alcanzan muchas dimensiones asociadas a calidad, como lo refleja el avance en el ranking de desarrollo humano conocido recientemente.

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