Empleo y Familia: un acto de malabarismo

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Recientemente durante el seminario intermedio de la Misión para la Movilidad Social y la Equidad en Bogotá, me llamó mucho la atención lo álgido del debate alrededor del estudio de género en el contexto de la equidad. Ningún otro documento de la Misión generó tal controversia. Las economistas de la generación anterior argumentaban en tono fuerte y contundente que a las economistas jóvenes (me gustaría pensar que somos las jóvenes) nos faltaba pasión por la defensa de la igualdad de género y propuestas innovadoras para lograr la “total igualdad” de las mujeres y los hombres en el mercado laboral. Una colega mía de la generación más reciente se preguntó durante la discusión si el hecho de que existiera aún desigualdad de género en términos de participación, oferta laboral y elección ocupacional no sería una decisión voluntaria de las mismas mujeres en un intento desesperado por lograr algún balance entre la vida familiar y la vida laboral.

En un artículo reciente y también muy controversial de The Atlantic, la economista Anne-Marie Slaughter discute este tema en el contexto de su propia historia personal cuando renunció a un alto puesto político (por primera vez en manos de una mujer) en el Departamento de Estado en Washington para poder apoyar mejor a sus hijos durante su conflictiva adolescencia. El artículo se titula “Por qué las mujeres no pueden tenerlo todo” – de lo cual se entiende claramente la controversia que ha suscitado.  Uno de los hechos interesantes que se discute en el artículo es la reciente divergencia de visiones que se observa entre generaciones de mujeres. Mientras las generaciones más feministas se rehúsan a aceptar menos que igualdad total entre hombres y mujeres, y miran con desdén a las mujeres que “tuvieron” que quedarse como amas de casa, las generaciones nuevas están tratando de defender su rol como madres de familia y esposas sin ser menospreciadas por mujeres que han batallado durante generaciones por un rol más preponderante en el mercado laboral.

Después de décadas de lucha feminista, las mujeres más jóvenes buscan desesperadamente una vida mejor balanceada. Después de todo, el día sólo tiene 24 horas y la semana 7 días. En teoría parece difícil lograr ser mujer profesional exitosa, excelente mamá y buena esposa  (en adición a bonita, flaca, bien arreglada, etc.). En la realidad, es virtualmente imposible.  Claro está que esta discusión de país desarrollado es diferente en la realidad colombiana en donde miles de mujeres deben trabajar y no tiene, al parecer, la opción de elegir. Sin embargo, yo argumentaría que incluso en los casos de mujeres pobres con bajos niveles de calificación, también está latente el dilema de esta elección. Muchas trabajadoras de salario mínimo prefieren la informalidad por menores ingresos porque les permite mayor flexibilidad para coordinar con sus responsabilidades familiares. Cerca de 22% de mujeres trabajadoras en el sector informal reportan que la principal razón por la que trabajan en este sector es por la flexibilidad de horas, en el quintil más pobre este porcentaje es todavía de cerca de 11% (Bernal, 2009).

Yo creo que la discusión de política que se debe dar en torno al tema de género en el mercado laboral, no es cómo lograr que las mujeres sean iguales a los hombres, sino como lograr que la invaluable mano de obra femenina participe en el mercado laboral con su consecuente impacto sobre el crecimiento económico, sin que esto tenga costos sobre nuestros hijos, nuestro bienestar mental y nuestra propia felicidad. La pregunta más relevante es cómo flexibilizar los espacios laborales de las mujeres que faciliten o permitan una vida profesional activa (que puede ser también exitosa), una familia sana y cierta cordura mental. El tono tiene que ir pasando de la política de acción afirmativa a favor de la mujer, a la posibilidad de horarios flexibles, teletrabajo, empleos de medio tiempo, licencias compartidas por enfermedad de los hijos, atención infantil en el sitio de trabajo, etc. El problema económico no es tan trivial. Las mujeres están tomando decisiones que pueden afectar a sus hijos de manera fundamental sin que éstos puedan opinar o tomar acciones preventivas. Este hecho de por sí, llama a la atención del Estado para la parte desprotegida en este proceso de toma de decisiones. Mujeres de altos ingresos con más de veinte años de educación, se reemplazan como cuidadoras de sus hijos con mujeres que tienen niveles de escolaridad inferiores y prácticas parentales que no se pueden comparar a las de los padres. La pregunta de política es si esta sustitución es costo-efectiva para la sociedad en el largo plazo. Más mujeres que trabajan hoy y generan crecimiento económico a cambio de una generación de jóvenes que aún no tenemos claro cómo resultará o si tendrá implicaciones sobre su potencial de generación de ingresos.

En la misma Misión para la Movilidad Social, Adriana Camacho y yo proponemos que parte de la política de primera infancia en el país debe considerar seriamente las acciones que permitan a los padres invertir tiempo de calidad en sus hijos. La literatura ha mostrado que las rutinas, las prácticas parentales, y la interacción amorosa y dedicada de los padres tiene altísimos impactos en términos de desarrollo cognitivo y socioemocional durante la primera infancia, que posteriormente se traduce en aprestamiento escolar, desempeño académico, ingresos laborales e incluso comportamiento riesgoso y criminalidad. Obviamente existe una tensión entre las políticas de familia que pueden perjudicar a la mujer pero pueden beneficiar a los niños. Por ejemplo, la licencia de maternidad. Si se amplía la licencia de maternidad es posible que la mujer sea penalizada en el mercado laboral con menores salarios. Sin embargo, puede tener consecuencias muy positivas sobre el desarrollo y posterior bienestar de los niños de estas mujeres. Esta tensión no se ha documentado bien en la literatura y la respuesta es todavía incierta.

Creo que tanto economistas feministas como economistas menos feministas debemos dar un debate más constructivo en torno a propuestas que permitan acercarse a un balance. Estas propuestas deben contemplar, entre otros, la flexibilidad laboral a través de horarios, localización y otras condiciones laborales, subsidios y/o provisión de cuidado infantil, créditos tributarios para padres con hijos o la disponibilidad de días no descontables para cuidado de enfermedades de los hijos.

Existe evidencia internacional que indica que este tipo de políticas puede mejorar la productividad y la satisfacción laboral. Dex y Smith (2003) muestran que en Gran Bretaña las firmas del sector privado con políticas que ayudaban a sus empleadas a balancear el trabajo y  la familia, reportaban mayores niveles de productividad y desempeño económico, así como niveles más altos de satisfacción de las trabajadoras y menores tasas de rotación.

Por otra parte,  si bien algunos estudios reportan aumentos en la probabilidad de participación femenina, en especial de madres de niños pequeños, como resultado de licencias de maternidad más generosas (Ten Cate, 2003; Ruhm, 1996) y mayores probabilidades retorno al empleo después del nacimiento de un hijo (Higuchi, Waldfogel y Abe ,1999), también se reportan reducciones en las tasas salariales (Ruhm, 1996).

Finalmente, se documentan efectos indirectos sobre los hijos de mujeres trabajadoras en la medida en que estas políticas incentivan las inversiones de las madres en los niños. Por ejemplo, Waldfogel (2008) y Berger y Waldfogel (2004) encuentran que la disponibilidad de este tipo de políticas, incluidas las licencias de maternidad, tienen efectos positivos sobre el desarrollo cognitivo de los hijos de madres trabajadoras.

En últimas, aunque la evidencia es mixta, es importante seguirlo pensando. La mano de obra femenina es ahora indispensable, pero hay que diseñar mecanismos para que sea factible. Mientras tanto yo continuo con este acto de malabarismo tratando de escribir papers y blogs mientras cuido de mi recién nacida y mi hijo de cuatro años (lo de bonita, flaca y bien arreglada ni siquiera entra ya en la ecuación).

 

Referencias

Berger, Lawrence and Jane Waldfogel (2004). “Out-of-Home Placement of Children and Economic Factors: An Empirical Analysis.” Review of Economics of the Household 2.

Bernal, R. (2009) The Informal Labor Market in Colombia: Identification and Characterization. Desarrollo y Sociedad, No. 63.

Dex, Shirley and Colin Smith (2003) The nature and pattern of family-friendly employment policies in Britain. The Policy Press, Abingdon, UK.

Higuchi, Yoshio, Jane Waldfogel and Masahiro Abe (1999). “Family leave policies and women’s retention after childbirth: Evidence from the United States, Britain, and Japan,” Journal of Population Economics, Springer, vol. 12(4), pages 523-545.

Ruhm, Christopher J. (1996). “The Economic Consequences of Parental Leave Mandates: Lessons from Europe,” NBER Working Papers 5688.

Ten Cate, Adrienne (2003) “The Impact of Provincial Maternity and Parental Leave Policies on Employment Rates of Women with Young Children in Canada”. McMaster University Working Paper.
Waldfogel, Jane (2007). “Parental Work Arrangements and Child Development.” Canadian Public Policy, Vol 33, Issue 2.

9 Comments

  1. Rocio Ribero says:

    Excelente blog… eso de ser mama y trabajar es un verdadero acto de malabarismo y de amor. Ni se diga en los paises “mas desarrollados” donde no hay rutas escolares, empleadas domesticas ni familias extendidas!

  2. Raquel, buenísima tu entrada. Muchas gracias!!
    A mi sobre este tema me preocupa cuando la conversación se extrema hasta desconocer que algunas decisiones laborales y personales que hacemos las mujeres son eso: decisiones conscientes, hechas después de sopesar cuidadosamente los costos y beneficios, y con sujeción a las restricciones que cada cual enfrenta. No quiero la pena de nadie porque trabajo en cambio de estar 100% de mi tiempo al lado de mis hijos, pero tampoco quiero la pena de nadie porque no trabajo si elijo estar 100% de mi tiempo al lado de mis hijos. El punto que hice durante las discusiones que tuvimos a comienzos de este año y que creo que no hay que perder de vista cuando se piensa en política pública, es que ni tu, ni yo, ni las mujeres que como nosotras han tenido y tendrán todas las oportunidades que quieran, debemos ser el centro de atención del activismo feminista, ni de los policy-makers. Creo que la discusión feminista se distorsiona cuando desconoce que el objetivo de política pública deben ser las mujeres más pobres y menos educadas, que realmente encaran el mundo desde un rol predeterminado, fabricado en un mundo de hombres, la mayoría de las veces con poca capacidad de elección sobre sus propias vidas.

    Dicho lo anterior, concuerdo contigo en la necesidad de seguir pensando en cómo facilitar la participación laboral femenina, necesaria por razones de supervivencia materiales y de otros órdenes (!), de modo que se maximice lo bueno y se minimice lo malo que puede traer consigo. Mi voto es por los esquemas flexibles, en los que las tareas laborales puedan cumplirse en horarios que se acomoden a la medida de las necesidades de las familias y las personas.

    Y como posdata: creo que sí se logra el malabarismo entre empleo y familia y además ser “bonita, flaca y bien arreglada”!!. Se me vienen varios ejemplos a la cabeza (incluída tu). Es el mensaje que quisiera darles a las economistas de las generaciones que vienen, y a mis hijos.

  3. Tengo la impresión, no sé si errónea, que la idea subyacente en el post es que las cuestiones familiares y la crianza de los hijos son ocupaciones fundamentalmente femeninas, por eso “la pregunta más relevante es cómo flexibilizar los espacios laborales de las mujeres que faciliten o permitan una vida profesional activa (que puede ser también exitosa), una familia sana y cierta cordura mental.” Yo sí creo que la discusión política ha de dirigirse a cómo lograr que las mujeres sean iguales a los hombres y a que ambos puedan llevar una vida profesional activa que les permita dedicarse a la familia y no volverse locos. Seguramente será imprescindible que previamente se consiga la igualdad en casa.

    Un saludo,

  4. Juan Camilo Cardenas says:

    Uno de los puntos que mas generó controversia en ese seminario fue el de darle un enfoque de hogar y no de individuos a una política de género. Recuerdo que las feministas de la generación anterior se opusieron con mucha vehemencia. Los malabarismos de los que habla Raquel requieren de un enfoque de hogar para buscar esas estrategias adaptativas y flexibles de manera que se logren los objetivos de empleo y familia con la ayuda de la pareja y del resto de la red familiar, en el estrato que sea. Tengo la impresión de que la lucha de las feministas de la anterior generación fue la de dar visibilidad al problema y a la mujer en los ámbitos de lo público, y lo lograron con bastante éxito y por ello les debemos estar agradecidos. La lucha ahora es por lograr equidad en medio de sus intereses por balancear familia y empleo y en ese sentido una nueva generación de feministas debe trabajar por buscar las políticas que lo logren de manera mas efectiva. Raquel ya está dando pistas muy concretas.

  5. Gracias Marcela por los piropopos… creo que te hace falta conocer mi estado mental 🙂

    En realidad sigo pensando que no es una cuestion de lograr total igualdad entre hombres y mujeres. No hay nada de malo en las ventajas comparativas. De hecho, hay que aprovecharlas. Yo personalmente no quiero necesariamente lograr las mismas ocupaciones que los hombres, aunque la política pública fuera tal que me lo permitiera completamente sin costo alguno. Y creo que muchas mujeres, por preferencia revelada, pueden opinar lo mismo. En últimas, los hombres no dan a luz ni lactan – hablando de las cosas más obvias- y tampoco participan en labores del hogar en fracciones de tiempo ni remotamente cercanas a las de las mujeres. Ni aquí ni en países desarrollados en donde las políticas de familia son idénticas para hombres que para mujeres. En países nórdicos en donde los padres podrían tomar la misma licencia de hijos que las mujeres, ni aún el 5% de los padres la toman (de manera parcial).

    Veo que, en principio, se puede puede lograr el acto de malabarismo, pero en casos de mujeres con flexibilidad por el nivel de educación o ingresos del marido. De resto, es difícil y la política pública debe atender a las mujeres que aunque quieren y necesitan trabajar también estarían contentas de cumplir mejor y más tranquilamente su labor de madres.

  6. David Bardey says:

    Muy interesante Raquel tu post. De hecho, lo que propones me parece muy sensato en una lógica de primer teorema del bienestar, es decir tomando el nivel de equidad hombres/mujeres como dado, tales medidas mejorarían la eficiencia (alcanzar un punto de la curva de contratos). En otras palabras, si tomamos como dado este nivel de equidad, sin duda las medidas que propones contribuirían a mejorar la condición de las mujeres sin afectar a nadie. Lo que escuché de la vehemencia del debate que tuvieron, lo entiendo así: las “más feministas” están en una lógica de segundo teorema del bienestar, es decir cambiar el nivel de equidad hombres/mujeres en la sociedad, i.e. escoger otro punto de la curva de contratos si es posible alcanzarla, o sacrificar un poco de eficiencia para mejorar la equidad si necesario. Además, saber si alcanzar una mayor equidad entre hombres y mujeres que la actual implica sacrificar eficiencia es un tema complicado. Recibo tus argumentos de especialización/learning-by-doing que son válidos, pero algunos pueden generar ineficiencias que son solamente transitorias, es decir cambiando de steady-state, después se puede esperar que los hombres no sean tan “torpes” y puedan participar más en la educación de los hijos y otras tareas de la pareja y del hogar… Una medida concreta para retomar lo que propones podría ser en caso de enfermedad de los niños, implementar una mejor repartición de los días no descontables entre mujeres y hombres.
    Hay que entender también a estas más feministas… les ha tocado muy duro: antes del año 1968 (para fijar una fecha un poco arbitraria y que puede variar según los países), la condición de la mujer era muy precaria y gracias a su lucha la condición hoy en día de las mujeres están mucho mejor. Pero siguen en esta dinámica y lógica de querer alcanzar un mejor nivel de equidad mujeres/hombres en la sociedad, y les puede dar un poco de frustración constatar que no es necesariamente la preocupación de las generaciones actuales, especialmente dado que ellas se beneficiaron pero pagaron en gran parte los costos de transición entre los dos steady-states.

  7. Los padres también deben educar a sus hijos. No es cosa de mujeres, es cosa de todos.

  8. José A. Mora says:

    Pienso que el tema va más allá de la inmediatez de la circunstancia vital de cada uno en los días que corren.
    Asimismo hay que cincunscribirlo regionalmente y no solo por temas religiosos notorios sino por circunstancias económicas que hacen muy disntinta una vida familiar en US a en Uruguay por citar dos paises al azar.
    Por otra parte David, si creo que no solo es arbitrario citar el año 1968, sino confuso…hasta absurdo, en el año 1968 se elaboró una ilusión juvenil de solidaridad, de hombre nuevo, más vinculada a un espisodio pasajero de la guerra fria que otra cosa, es – en mi opinión – más importante el efecto actual de la ” primavera árabe ” que todo lo mitológico que dejó sembrado el año 1968…sin florecer.
    En esencia, mujeres ha habido siempre y estaria como implicito que la lucha actual de igualdad denigre de alguna forma sutil y retroespectriva el pasado de mujeres y hombres que nos llevaron a donde hoy estamos llegando.
    Es bueno el presente, auspicioso para la mujer ? no lo sabemos, el hecho de dejar en manos de los hombres algunos momentos en que los niños puedan necesitar una companía femenina o al revés es absurdo, porque no se puede predecir el futuro y estas mujeres que reclaman la igualdad de genero, están implicitamente manisfestando que proceden de generaciones de mujeres frustradas e infelices ?
    No lo creo, creo que el mundo evoluciona en el camino correcto donde no haya diferencia de genero en las actividas no en las remuneraciones , aunque todo tiene un límite y me parece que este está más vinculado a decisiones individuales o de pareja que a politicas plublicas que deben dar un marco si, adecuado a los días que corren aunque sin ir avasallar los deseos individuales.
    Es mi opinion

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