¿Negociando el salario mínimo?

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Los efectos del salario mínimo chileno sobre el desempleo y las brechas salariales existen, y son en la dirección predicha por economistas y políticos, pero son pequeños.

Muchos estudios sobre el mínimo sacan conclusiones a partir de datos agregados y correlaciones, cayendo en la clásica falacia latina post hoc ergo propter hoc (después de, por ende, a consecuencia de). Supongamos un país cuyo ciclo está totalmente determinado por la economía global. Imaginemos que las autoridades, para distribuir mejor el esfuerzo entre trabajadores y empresarios, aumentan poco el mínimo cuando hay recesión, pero bastante cuando se está en auge. El resultado de esta simple geometría, debido a que los auges preceden a las recesiones, es que las alzas más fuertes del mínimo serán justo antes de los aumentos del desempleo, sin que lo causen. En ese país no faltará quien trate de hacer pasar esta correlación dinámica por causalidad. Es así como tenemos quienes atribuyen el desempleo de la crisis asiática al salario mínimo.

Para poder estudiar bien los efectos del salario mínimo necesitamos datos laborales en panel, esto es, que sigan a los trabajadores en el tiempo para poder encuestarlos antes y después del alza. Lamentablemente, ese tipo de bases son caras de elaborar y, por ello, escasas.

Uno de los pocos estudios que ha encontrado algún modo de superar este problema para Chile (armando su propio panel) lo elaboramos con Nicolás Grau y se encuentra disponible como Documento de Trabajo del Departamento de Economía de la Universidad de Chile del 2011.

Encontramos que el aumento del mínimo ha tenido impactos positivos y significativos en los salarios de los trabajadores afectados, pero impactos negativos sobre las probabilidades de mantener empleos, de encontrar trabajo y sobre las horas trabajadas. Se encuentra, sin embargo, que al integrar los tres efectos, el resultado es positivo sobre el ingreso promedio de los trabajadores, a pesar de que se producen redistribuciones no deseadas. Por otro lado, cuando vemos las dimensiones de los efectos, tanto los buenos como los malos, y por cierto la suma, se ven pequeños. No es tan sorprendente si recordamos que todas las encuestas laborales tienen 5%, 10% o 15% de trabajadores ganando menos que el mínimo. No puede ser tan crucial si es que es tan fácil no pagarlo, ¿no?

Si los efectos son tan pequeños, ¿por qué importa tanto? Desde el lobby empresarial y Hacienda afirman que el reajuste del mínimo es el piso de negociación en la gran empresa y el Estado. Desde el mundo laboral, por otro lado, nos recuerdan que hay gratificaciones y beneficios en las grandes empresas que se pactan en mínimos.

Todo esto explicaría la enorme importancia que dan a esta negociación la CUT y la CPC: una, sin muchos afiliados que ganen el mínimo, y la otra, sin muchos afiliados que lo paguen. Esta explicación, muy plausible, lamentablemente no tiene evidencia empírica que la sustente. Por otro lado, algo tienen que explicar el entusiasmo de los comensales y la algarabía de la fiesta. Que este sea un tema en que se juegan enormes efectos adversos o positivos sobre los trabajadores más vulnerables de nuestro país, ciertamente no es la única razón.

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