La nueva ilustración

Los chilenos no entienden lo que leen, dicen los estudios. Difícilmente entonces podrán explicar los términos y condiciones incluidos en los contratos financieros. ¿Y por qué debería preocuparnos? Porque no es neutro que las personas estén sub preparadas para tomar buenas decisiones financieras. Mire las últimas encuestas que muestran bajísimos niveles de legitimidad de las instituciones económicas y como se ha instalado la percepción de que todas las empresas abusan. Seamos justos y digamos que esa realidad no es muy distinta a lo que ocurre en otras poblaciones del mundo. Fíjese, por ejemplo, en la realidad de EEUU. Un reciente estudio de la George Washington University midió el grado de conocimiento de los norteamericanos en materias financiera con resultados bien preocupantes: la mayoría de los adultos gringos reprueban en entender conceptos financieros básicos como interés, inflación o cómo funciona la bolsa. Tampoco entienden cláusulas esenciales de un préstamo hipotecario o los costos asociados a un crédito de consumo.

Lamentablemente en Chile no existen estudios que muestren el grado de “alfabetismo financiero”. Pero es esperable que arrojarían resultados similares o incluso peores a los que muestran en Estados Unidos. Y esto es grave.
En cada época se presentan nuevos paradigmas por resolver. El de los chilenos hoy, según las encuestas y la sensación ambiente, es ese creciente malestar de gran parte población con las instituciones, autoridades y empresas. Esas encuestas muestran que un factor decisivo para ese malestar es la percepción que las empresas del área financiera abusan de los ciudadanos. Me atrevería a conjeturar que, más allá de los ya conocidos abusos que abundan en el mercado chileno, hay también una parte de esa percepción basada en la falta de capacitación financiera de la mayoría de los chilenos.

Ahora bien, décadas de analfabetismo financiero en las personas no se superarán a menos que se le trate derechamente como una falla de mercado. Y las fallas de mercado no favorecen la competitividad de una economía, de manera que estaría plenamente justificada una política pública que fomente no sólo la educación financiera de las personas sino que además favorezca una genuina autorregulación de las empresas financieras. Condiciones mínimas para emparejar la cancha.

En el siglo XVIII, el siglo de las luces, tuvo lugar “la Ilustración”: esa oleada modernista que buscaba educar a las personas mediante las luces de la razón. Se pretendía que todas las personas entendieran que la razón humana podía combatir la ignorancia, la superstición y la tiranía, y construir así un mundo mejor. Pareciera que en el siglo XXI requerimos de una nueva ilustración, esta vez una “ilustración financiera” que ayude a las personas a salir de las tinieblas generadas por la falta de conocimientos financieros.

La ilustración tuvo en Descartes, Locke, Newton, Galileo y Hobbes a sus principales paladines en promover la fuerza de la razón. Y sin héroes es difícil cambiar la historia. Por eso será interesante ver quienes en Chile son capaces de convertirse en héroes promotores de la ilustración financiera en Chile. En una de esas alguno de los precandidatos a la presidencia lo toma como bandera de campaña.

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