Gasto tributario: qué es y por qué importa

by Eduardo Engel on 10 mayo, 2012 · 2 comments

Publicado en Reportajes de La Tercera, sábado 5 de mayo del 2012.

El gasto tributario de 2011 fue de 4,27% del PIB, es decir, aproximadamente, 10 mil millones de dólares. Esto es, entre 10 y 14 veces la recaudación adicional que el gobierno estima se obtendrá con su propuesta tributaria. El 60% del gasto tributario corresponde al diferimiento de impuestos que explica por qué nadie en Chile declara ingresos anuales superiores a los seis millones de dólares. En una entrevista publicada en Qué Pasa a fines de febrero, Ricardo Escobar, ex director del Servicio de Impuestos Internos, reveló que nadie en Chile declara ingresos anuales superiores a los seis millones de dólares.

Para quienes no conocen los detalles del sistema tributario chileno, el dato anterior pareciera contradecir el hecho de que varios chilenos destacan en los rankings que regularmente se publican en el extranjero con los billonarios de todo el mundo.

¿Cómo es posible tener ingresos inferiores a seis millones con un patrimonio superior a los mil millones de dólares? ¿Significa esto que todos nuestros billonarios tienen tan mal ojo para los negocios que la rentabilidad que obtienen de sus activos es inferior al uno por ciento?

La respuesta es otra. Lo que sucede es que la legislación tributaria chilena permite diferir el pago de impuestos de quienes perciben ingresos a través de sociedades y empresas. Estas pagan un impuesto del 18,5% sobre sus utilidades, monto que subirá al 20% si se aprueba la propuesta tributaria del gobierno. Si dichas utilidades no son retiradas de las empresas, sus dueños no pagan impuestos adicionales y terminan con una tasa de impuesto a la renta que, evaluados con cualquier estándar internacional, es baja.

EL GASTO TRIBUTARIO
Según explica la Dirección de Presupuestos en el Informe de Finanzas Públicas de 2011, el gasto tributario se define como “una transferencia de recursos públicos, que es llevada a cabo mediante la reducción de las obligaciones tributarias con respecto  a un impuesto de referencia”. Es decir, se trata de impuestos que el Estado deja de recaudar debido a la existencia de diversas granjerías tributarias.

El artículo 19, numeral 22, de la Constitución Política de la República, requiere que el gasto tributario se publique anualmente. Gracias a esta disposición constitucional conocemos el monto de impuestos que deja de recaudarse, producto de regímenes especiales, exenciones, deducciones y diferimientos de impuestos.

El gasto tributario de 2011 fue de 4,27% del PIB, es decir, aproximadamente, 10 mil millones de dólares. Esto es, entre 10 y 14 veces la recaudación adicional que el gobierno estima se obtendrá con su propuesta tributaria. El 60% del gasto tributario corresponde al diferimiento de impuestos que explica por qué nadie en Chile declara ingresos anuales superiores a los seis millones de dólares.

Es afortunado que la Constitución exija que el gasto tributario se informe anualmente, teniendo en cuenta la poca información que el gobierno ha entregado para contribuir a una discusión informada de su propuesta tributaria.

Es preocupante, en cambio, que en el Informe de Finanzas Públicas antes mencionado, el gobierno anuncie la creación de una comisión que revisará las partidas que contendrá el gasto tributario en el futuro. La justificación que da el gobierno para revisar este tema sugiere la intención de excluir los diferimientos de impuestos en cálculos futuros.
 
EL ORIGEN
La posibilidad de diferir el pago del impuesto a la renta se introdujo durante la década de los ochenta. Luego de la gran recesión de 1982, las empresas tuvieron serios problemas para financiar nuevos proyectos, porque se congeló el acceso a crédito en el extranjero y buena parte de la banca nacional estaba quebrada. El objetivo fue facilitar que las empresas financiaran nuevos emprendimientos con las utilidades que retenían.

Las condiciones que pudieron haber justificado esta peculiaridad de nuestro sistema tributario no son válidas en la actualidad. Las grandes empresas tienen acceso a financiamiento de la banca nacional y extranjera para sus proyectos, mientras que las pymes gozan de granjerías tributarias particulares.

LA DISCUSION QUE TENDREMOS
Varias son las opciones para tener una estructura tributaria más justa, en que no sea posible diferir las obligaciones tributarias indefinidamente.

Una primera posibilidad es eliminar por completo la posibilidad de diferir el pago de impuestos, exigiendo que todos los ingresos tributen el año que tienen lugar. Esta opción debiera ir acompañada de una reducción de las tasas marginales más altas, que en la actualidad llegan al 40%.

Una segunda posibilidad, más conservadora, pero no por ello menos atractiva, sería limitar el tiempo que los dueños de una empresa pueden diferir el pago de impuesto a un máximo de cinco años.

Discutir cómo reducimos el gasto tributario es ineludible, si vamos a financiar responsablemente las reformas que el país necesita. Lo cual significa terminar con el diferimiento indefinido del pago de im- puestos. Son temas como estos los que debiéramos estar discutiendo. Son temas como estos los que la propuesta tributaria del actual gobierno no fue capaz de abordar.R

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Manu Oquendo junio 9, 2012 a las 11:58 am

Un punto de vista alternativo, estimado profesor Engel.

Se aborda en la entrada la fiscalidad de los empresarios de éxito (aproximadamente el 1% del colectivo).
Se reclama que no sólo tributen empresarialmente (el % del impuesto de sociedades) sino también al recibir los dividendos y, cómo no, si optasen por dejar dicha “liquidez” en su empresa, que “se ponga coto a la injusticia”. Que pida un crédito a JP Morgan, por ejemplo. ¿Qué se ha creído?

Una forma de poner coto a dicha “injusticia” sería que todo el mundo, todos los ciudadanos, disfrutemos de dicha posibilidad. Es la que más nos interesa a los contribuyentes: diferir cuando tenemos problemas de liquidez. Esta forma de resolver la injusticia beneficia a millones. La otra a unas decena de personas.

Pero parece que no, que la “injusticia” ha de ser remediada haciendo daño a todos por igual. Que disfrutemos viendo que “Los ricos también lloran”

Por otra parte el propio concepto de “gasto tributario” es muy cuestionable porque presume algo incierto: que las fiscalidad no tiene efecto en la conducta y que esos ingresos estarán disponibles incluso sin incentivos, diferimientos o bonificaciones fiscales.

La fiscalidad ha sido a lo largo de nuestras vidas una de esas vacas sagradas incuestionables pero, nos guste o no, tiene importantísimas y muy nocivas “externalidades”.

Quizás es hora de verlas porque han comenzado a explotar como minas terrestres a nuestro alrededor.

Por otra parte el artículo aborda la fiscalidad desde la Justicia, es decir, desde un concepto moral o, para algunos, metafísico.

Lo que no hace es definir de qué concepto de Justicia habla.

Si tuviésemos una definición de Justicia sería posible una discusión bien fundamentada porque pocas palabras hay más manipuladas. De hecho, en el diccionario filosófico que tengo más a mano, el Ferrater-Mora, la entrada tiene 10 páginas grandes de letra pequeña y ninguna de ellas es tan sencilla como la de nuestra infancia: “Justicia es….dar a cada uno lo suyo”. Francamente no conozco otro concepto más claro ni más cartesiano. Intuitivo, nítido, claro, incuestionable desde la razón.

Otros conceptos de justicia vienen determinados por ideologías, por formas de manipulación social, por intereses de poder o de compra de votos. Entre ellas destacaría la desarrollada por Rawls hasta que Nozick, Sandel y los propios resultados de su doctrina, la pusieron en su justo lugar como sofisma para ayuda del poder político en un cierto momento histórico.

El artículo es, desde esta perspectiva, políticamente correcto; como tantos otros ilustres textos que han sumido nuestras vidas en la creencia universal de que los seres humanos tenemos derecho a esperar que se les quite a otros para dárnoslo a nosotros.
Una imagen del ser humano que, francamente, a uno le ruboriza.

No podemos vivir con una mínima autoestima si lo que esperamos del estado y de la sociedad es “quitar a otros lo suyo” y que nos lo entreguen.
Es imposible que esto dé lugar a sociedades sanas porque fomenta la envidia y la división, autoriza al poder a inmiscuirse en las vidas de todos sin límite en sus pretensiones y produce sociedades rotas, sin incentivos ni iniciativa.
Es una “Externalidad” cancerígena a plazo fijo. Y está pasando en Europa.

La expresión perfecta de esta flaqueza moral es la de Rawls que viene a decir que…. dado que el talento, la voluntad, el esfuerzo y el ingenio son frutos inmerecidos del azar….la sociedad tiene derecho a apropiarse de ellos, a socializar sus efectos económicos (los únicos que interesan).

Pero claro, si se le hace a uno de esa especie rara de empresarios con éxito… ¿qué incentivo que no sea coactivo nos queda como Estado para que la gente normal se esfuerce y dedique más del 60% de su tiempo al amo de la finca como ya sucede en muchos países?

Hay que elegir porque si nos quedamos sin señuelo ni forma de manipulación emocional puede pasar de todo. Nos está pasando ya.

En terreno tan maravillosamente abonado nacieron y se desarrollaron no sólo las mayores burocracias de la historia sino legiones de seres humanos convertidos en Free-Riders y Rent-Seekers. Es la opción racional en tal sistema y lógicamente ya estamos en ella en poco menos de cincuenta o setenta años.

Llega la hora de ver con calma los destrozos irreparables que ha producido un estado metastásico que ha pasado de ser menos del 8% de la economía a más del 50%, en Europa, (en USA sería el 42%) en menos de un siglo.
Es hora de ver los daños, no sólo la demagogia derivada de burbujas de todo tipo.

Saludos

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Fausto1880 junio 11, 2012 a las 8:24 am

¿Pero qué está pasando?

Gobernaba Aznar cuando mi madre me preguntó si es que realmente lo estaba haciendo tan bien. Si es que verdaderamente “España iba tan bien”. Mi respuesta fue que nos estábamos gastando la herencia de nuestros mayores, vendiendo las empresas públicas RENTABLES y que nos habíamos hipotecado hasta las orejas, por lo que nos sentíamos ricos por que teníamos mucho dinero… que habría que devolver.
Dicho sea de paso, esos préstamos se daban por un crédito que también habían ganado nuestros padres.

No me equivoqué demasiado. Y eso que sólo nos referíamos a la economía.

Nadie sabe realmente por cuanto va a salir el pufo español. Algunos hablan de 350.000 millones de euros más. Qué casualidad, una cifra parecida a los ahorros forzosos que la Seguridad Social retuvo a los contribuyentes y que nuestros presidentes han ido utilizando como si fuera su hucha particular.
Entre 250.000 y 300.000 millones de euros deberían valer las reservas de la SS para jubilaciones, procedentes de las cotizaciones al efecto. ¿Dónde están?
Felipe abrió la veda. No le parecía solidario que hubiese seiscientas mil personas fuera del paraguas sanitario y de prestaciones. Así que dieron “prestaciones no contributivas”. Es decir, pensiones de jubilación a quienes no habían cotizado ni un duro. Lo cual está muy bien, es muy progre y muy social. De paso sirve para comprar un buen puñado de votos. La única pega, como siempre, es que el gobernante no “da” nada. Lo que hizo fue coger dinero que no era suyo, apropiárselo y distribuirlo como le pareció.
Aznar se propuso meternos en el euro como fuera… y lo consiguió… con el mismo procedimiento. Coger el dinero de las jubilaciones (un dinero retenido a sus legítimos propietarios) y emplearlo para “sanear” lo que pedían los burócratas europeos.

De ZP… ¿para qué hablar? Atracó la caja de los abuelos para lo que le dio la gana. Básicamente, cualquier cosa que sonara progre y pensara que le daba votos.

Así pues… ¿todo se reduce a una cuestión de malversación de fondos?

No, para nada. En cuestiones económicas, el problema fundamental es que no nos dejan trabajar. El que intente producir o vender cualquier cosa se va a encontrar con un ejército de controladores a los que tiene que pedir permiso y que le van a decir cómo tiene que hacer las cosas… aunque ellos mismo no tengan la menor idea de crear nada. Ejército que se encarga de que cualquier actividad que vaya a crear riqueza sea multifiscalizada. Es el equivalente a cargar una avioneta con siete extintores, veinte sillones y un panel fotovoltaico… No puede elevar el vuelo por exceso de peso.

Pero lo que sí ha provocado la malversación es que los mayores no tienen ninguna seguridad de que puedan seguir cobrando sus pensiones.
Justicia poética por otro lado: la mayoría de los beneficiarios de las pensiones son las viudas a las que no dolió lo más mínimo que sus maridos abandonasen este mundo unos años antes que ellas.

—-

Y si no es cuestión de malversación, ¿entonces?

Llevamos desde principios de los setenta “inventando” dinero. Creando riqueza falsa. ¿Cómo se hace? Para empezar se abandona el patrón oro. El billete deja de ser un talón intercambiable por oro en el Banco Central. Es un mero papelito que los gobernantes pueden imprimir a voluntad.

En segundo lugar, y más importante, se facilita el crédito. ¿Cómo? Permitiendo que los bancos tengan unas reservas ridículas. Llegamos, hace muy poquito tiempo, a permitir que funcionaran con un 2% de reservas.
¿Qué significa eso? Significa que tú, pequeño mortal, si tienes cien euros puedes prestar cien euros. Pero si los depositas en el banco, éste puede hacer préstamos por valor de CINCO MIL euros.

Y he aquí la multiplicación de los panes y los peces hecha con riqueza virtual… pero con billetes palpables. ¡Dinero para todos, alegría!
¿Los bancos fueron los malos? Pues no. Esas normas de locos no las ponían ellos. Las ponía el gobierno (los gobiernos, españoles y extranjeros). Además, la parte del león de ese creditaje fabuloso fue a alimentar empleos cómodos para tener contenta a la población. Especialmente, empleos para féminas: Sanidad, Educación, Administración.

Esa era la situación poco antes de llegar Rajoy al poder. Insostenible. Éramos un vehículo lanzado a doscientos por hora acercándose a una curva que se debe tomar a 50 km/h.

¡¡Y RAJOY NOS SALVÓ!! Con decisión, pisó el freno hasta el fondo y terminó de cortar las últimas posibilidades de crédito. Con decisión, frenó.

IMBÉCIL

Malo es ir a doscientos por hora, pero lo que es criminal es tratar de frenar en seco.

Los mismos bancos a los que habían permitido funcionar con unas reservas del 2% se encontraron antes de Rajoy con tener que provisionarse al 10%. Y después de Rajoy con tener reservas al 30%.
¿Eso qué significa? Significa que euro que entre en el banco, euro que NO PUEDEN PRESTAR, por muy claro que vean el negocio. Además de que para cumplir las normas que el Estado les impone les hace falta … DINERO PÚBLICO.

¿Nos vamos enterando? Los gobiernos piden a los bancos que den crédito. Incluso les facilitan dinero para ello… a la par que les obligan a tener más provisiones… por lo que no pueden prestar el dinero facilitado.

Mientras los gobiernos, especialmente el último, PROVOCAN la parálisis bancaria, siguen embargando a todo trapo el dinero del IVA y de las cotizaciones de la SS. Así que la tesitura normal de un empresario es ver que le han embargado el dinero que tenía previsto para nóminas, mientras no sabe cuando le van a pagar las facturas y el banco no sólo no le presta un duro sino que amenaza con ejecutar la hipóteca. Y si no puedes pagar las nóminas… pierdes los trabajadores en cuestión de días… con lo que no puedes realizar los trabajos ni cobrar un duro.

Conclusión: la parálisis industrial catastrófica de los últimos meses no es la herencia de ZP, sino una crisis autoprovocada… al intentar arreglar una situación que era insostenible.

Mientras tanto, las garrapatas siguen chupando.

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