Veo, veo … ¿qué ves?

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La mayor parte de las intervenciones en educación que se discuten actualmente se centran en cómo mejorar la oferta de servicios o, en el caso de los economistas, en el uso de sistemas de incentivos para docentes, padres y ahora hasta alumnos.  Sin embargo, yo insisto que no debemos de dejar de lado la idea de que para que los chicos aprendan en la escuela tienen que llegar a ella bien preparados.

En una entrega anterior les hablé sobre la inversión en la primera infancia como una forma de llegar bien preparados a la escuela, hoy me voy a referir a un trabajo de Glewwe, Park y Zhao en el que discuten una inversión extremadamente costo efectiva para mejorar el rendimiento académico de los chicos con problemas de visión: ¡anteojos!

Glewwe, Park y Zhao aseguran que existe poca información sistemática sobre los problemas de vista de niños en edad escolar en países en desarrollo.  De acuerdo con  una fuente que ellos citan, el 10% de los chicos en edad escolar en los países en desarrollo tiene errores de refracción, es decir,  miopía, hipermetropía, estrabismo, ambliopía y astigmatismo. La mayoría de estos problemas pueden ser solucionados con el uso de anteojos correctamente recetados. Sin embargo, es inusual en los países en desarrollo el uso de anteojos entre niños (y padres), particularmente en las zonas más humildes.

El artículo analiza un experimento con asignación aleatoria en 25 localidades rurales de la provincia de Gansu en China. En el año escolar previo al experimento, todos los estudiantes de las escuelas primarias pertenecientes a estas localidades recibieron un chequeo de la vista. Entre las localidades que participaron de la investigación un grupo fue seleccionado al azar para recibir el siguiente tratamiento: un optometrista fue enviado para prescribir anteojos a aquellos niños que lo necesitaran. Estos anteojos fueron otorgados gratuitamente a aquellas familias que los aceptaron.  Sorprendentemente, solo dos tercios de las familias en el grupo con tratamiento aceptaron la oferta.

El experimento incluye en total unos 19,000 niños en 165 escuelas. Alrededor del 12% de estos niños tiene problemas de visión. El artículo encuentra que, luego de transcurrido un año, la oferta gratuita de anteojos mejora los resultados académicos entre 11% y 15% de un desvío estándar para los niños que los necesitan. Como solo dos tercios de las familias a quienes se les ofreció los anteojos aceptaron la oferta, se estima también el efecto de usar los anteojos durante un año. El uso incrementa los resultados académicos entre 15% y 22% de un desvío estándar para aquellos niños que lo necesitan. Dado que el costo de los anteojos es de solo 15 dólares, se requiere una mejora muy pequeña en términos de ingresos futuros para que la inversión sea costo efectiva.

Que haya un efecto causal de usar anteojos en el aprendizaje no es una gran sorpresa. Lo que es más interesante desde un punto de políticas públicas es por qué los padres no compran anteojos (de hecho un tercio no acepta la oferta de anteojos gratuitos) para sus hijos dado los beneficios esperados. El artículo analiza cuatro hipótesis. Primero, los padres (y los niños) no saben que tienen dificultades de visión. Segundo, los padres piensan que usar anteojos empeora los problemas de visión. Tercero, los padres no tienen suficiente ingreso en el presente (ni acceso al credito) para comprar los anteojos. Cuarto, ya sea por razones de estética o de comodidad, los niños (y sus padres) prefieren no usar anteojos.  El artículo presenta evidencia a favor de estas cuatro hipótesis pero las que reciben mayor soporte son la falta de información sobre sus propios problemas de visión y la falta de ingresos para adquirir los anteojos.

El artículo me deja varios interrogantes para los países de América Latina:

  1. ¿Conocemos en forma sistemática la incidencia de problemas de la vista entre los niños en edad escolar?
  2. ¿Existen políticas sistemáticas para evaluar periódicamente en las escuelas la visión de los niños?
  3. ¿Existen políticas sistemáticas para informar a los padres sobre los problemas de visión de los niños?
  4. ¿Existen mecanismos para proveer en forma gratuita anteojos a aquellos que no pueden (¿quieren?) pagarlos?
  5. ¿Qué políticas existen en las escuelas para incentivar el uso de los anteojos entre aquellos niños que los necesitan?

One Comment

  1. Manu Oquendo says:

    Me gustaría contar una experiencia educativa infantil. La de mis hermanos y hermanas. Cinco en total si me incluyo.

    Comenzamos el colegio para hacer lo que entonces se llanaba el ingreso en Bachiller. Éste constaba de seis años tras el ingreso. Al final del bachiller había un curso adicional (preuniversitario) que tras aprobarlo te obligaba a pasar el examen de acceso a la universidad. Este proceso terminaba a los 16 años normalmente y lugo venía tu licenciatura o la ingeniería. Cinco o seis años con 2 años selectivos al comienzo. Los cinco terminamos la universidad bien.

    No fuimos al colegio hasta los 8/9 años, para iniciar el curso de Ingreso.
    Mientras tanto recibimos clase en casa. Nunca más de una hora diaria. El resto del tiempo jugábamos en el monte. No vivíamos dentro de una ciudad.
    A los tres años todos los hermanos sabían leer, escribir, y las cuatro reglas.
    A la hora de comenzar el ingreso sabíamos hacer ecuaciones sencillas, lineales, raíces cuadradas, algo de álgebra y geometría descriptiva con unas pocas nociones de física elemental para poder hacer problemas.

    Habíamos leído y escrito mucho pero no habíamos estudiado sintaxis gramatical. No cometíamos faltas ortográficas y podíamos traducir razonablemente un segundo idioma. Los mayores alemán, los menores francés o inglés.
    Cuando llegábamos al colegio íbamos uno o dos años por delante de la media. Niños que llevaban en párvulos desde los cinco años. Éramos algo más rebeldes e indisciplinados que ellos y un poco más competitivos. Este rasgo nos vino muy bien a lo largo de la vida.

    Una vez aprobado ingreso y primero de bachiller entrabamos en el internado y allí hacíamos el resto hasta la universidad.
    Íbamos a casa en vacaciones solamente.

    Los niños de hoy, ya tenemos nietos, dan pena. Encerrados como ganado desde los dos añitos para que sus padres puedan ser explotados por la fiscalidad sin límites de un estado todopoderoso. Jacobino, Orwelliano y Depresivo.

    Hoy el sistema es una mala guardería para criar sumisos. Si ustedes tienen hijos, sáquenlos, déjenles vivir y ser rebeldes con aprovechamiento académico. Fuera del sistema.

    Saludos.

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