Sobre la Asignación Eficiente de los Factores Productivos

by Sebastian Galiani on 19 febrero, 2012 · 21 comments

Distorsionar la asignación de recursos no es gratis. Dado que Nada es Gratis, diré mejor que es muy costoso. Afecta la eficiencia con la cual se utilizan los mismos. Quizás, en el corto plazo, cada decisión de política económica distorsiva no tenga un gran efecto en la Productividad Total de los Factores (PTF), pero la acumulación de las mismas puede llegar a tener efectos muy grandes en esta, y por tanto, en la performance de la economía agregada.

El concepto de eficiencia se refiere a la forma en que se utilizan la tecnología y los factores de producción disponibles. La incorrecta asignación de factores entre sectores de la economía, entre firmas dentro de una misma industria, o entre plantas pertenecientes a una misma firma, conlleva una pérdida de eficiencia que se traduce en una caída de la PTF.

Si bien es cierto que existen fallas de mercado que nos alejan de una asignación óptima de los recursos existentes, también es cierto que muchas veces las medidas que intentan corregir las mismas suelen traer distorsiones aun más importantes. Muchas veces el remedio resulta ser peor que la enfermedad.

En economías que funcionan bien, los recursos se desplazan de firmas menos productivas hacia firmas más productivas, elevando el nivel agregado de productividad. La competencia entre empresas acelera este cambio, hasta que, idealmente, el valor de la productividad marginal de los factores se iguala entre las mismas.

Dentro de las posibles causas de una mala asignación de recursos se encuentran muchas políticas públicas, y en particular aquellas que pueden distorsionar la asignación de factores entre sectores y/o firmas (como las restricciones a la importación de insumos productivos. Dado el contexto actual en Argentina, además, hoy quiero enfatizar las restricciones discrecionales, pues estas resultan en restricciones al uso de insumos diferenciales incluso entre firmas de un mismo sector).

Existe evidencia de que la eficiencia con la que opera una economía tiene un rol importante a la hora de explicar las diferencias de ingreso per cápita entre países. David Weil (2009), por ejemplo, sugiere que una explicación que toma en cuenta las diferencias de eficiencia existentes entre países daría cuenta mejor de los datos que una explicación basada solamente en diferencias tecnológicas.

Consideremos, por ejemplo, el caso del acceso al crédito. En los países en desarrollo, es común observar que muchas empresas pequeñas pagan tasas de interés substancialmente más altas que las que pagan las firmas grandes. De ello se desprende que dichas empresas deben operar con rendimientos marginales del capital aún mayores, lo que sugiere diferencias de productividad importantes (ver también el post de Paco Buera acá).

Las políticas de subsidio al crédito tienden a causar diferencias en el acceso al mismo, pudiendo tener entonces las mismas consecuencias: si dos empresas poseen la misma tecnología, pero una de ellas, por ejemplo a través de conexiones políticas, obtiene un crédito subsidiado, el producto marginal del capital de esta empresa será menor que el producto marginal de la empresa que no logre un crédito subsidiado y paga una tasa de interés más elevada. Estaríamos ante un caso claro de mala asignación del capital: la producción total sería mayor si el capital se reasignara a partir de la firma con un producto marginal del capital bajo a la que cuenta con un producto marginal del capital alto.

Asimismo, la asignación de factores también resulta distorsionada por regulaciones o intervenciones que aumenten el costo de los mismos de manera desigual entre sectores de la economía y/o firmas de un mismo sector. Por lo tanto, volviendo a la Argentina de Guillermo Moreno, aun si se creyese deseable trabar las importaciones, y en el contexto actual, no he visto aun un argumento convincente para ello, hacerlo de forma discrecional probablemente creara más problemas que otra cosa.

Chang-Tai Hsieh y Peter Klenow, en su artículo “Misallocation and Manufacturing TFP in China and India”, investigan la relación entre la asignación de recursos y la PTF agregada. Utilizando datos microeconómicos de establecimientos manufactureros, cuantifican el alcance potencial, en términos de productividad agregada, de la mala asignación de recursos en China e India, en relación a la asignación de recursos prevaleciente en Estados Unidos. Sus resultados muestran brechas considerables en los productos marginales del capital y mano de obra entre plantas dentro de industrias bien definidas en estos dos países, siempre en relación a la situación observada en Estados Unidos. Cuando el capital y el trabajo son hipotéticamente reasignados para lograr el mismo nivel de eficiencia que se observa en Estados Unidos, estos autores estiman una ganancia hipotética en la PTF del sector manufacturero del 30 al 50% en China y del 40 al 60% en India. Por lo tanto, bajo este prisma (que no necesariamente toma en cuenta todos los márgenes de ineficiencia en la asignación de recursos), las pérdidas de riqueza asociadas a la asignación ineficiente de recursos no serían menores.

Andy Neumeyer y Guido Sandleris aplicaron esta metodología con datos de Argentina. Si bien para 1997 encontraron que la diferencia de eficiencia del sector manufacturero argentino respecto al de Estados Unidos era menor que la de China e India (aunque no despreciable), en 2002, esta diferencia se habían incrementado sustancialmente.

Las grandes diferencias existentes entre países ricos y pobres en el producto por trabajador han sido atribuidas, en buena parte, a diferencias en la PTF. Hsieh & Klenow (2009) sugieren que estas, a su vez, son en parte causadas por diferencias en la asignación del capital y el trabajo entre plantas dentro de industrias bien definidas.

Por supuesto, queda por responder cuáles son las causas de estas diferencias de eficiencia en la asignación de los factores productivos entre China e India por un lado y Estados Unidos por el otro. Mientras tanto, nuestro análisis sugiere que las políticas discrecionales, que le permiten a unas firmas acceder a sus insumos y a otras no, no parecen una buena idea.

 

Referencias

Hsieh, Chang-Tai y Klenow, Peter, “Misallocation and Manufacturing TFP in China and India,” Quarterly Journal of Economics, 2009.

David Weil (2009): Economic Growth, Addison Wesley.

 

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Sebastian Galiani febrero 19, 2012 a las 6:11 pm

lanacion.com.arUna nota interesante y relacionada de Miguel Kiguel en La Nación de hoy:

http://www.lanacion.com.ar/m2/1449830-controles-cambiarios-regreso-a-los-70-o-al-1600

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Manu Oquendo febrero 20, 2012 a las 2:59 am

Muchas gracias por el artículo y el enlace. Ambos están relacionados con políticas que en este momento son de más actualidad en esa parte del mundo que en Europa pero que, a no tardar, también comenzarán a ser objeto de discusión por estos lares.

En ambos artículos me quedo con la apelación a políticas de promoción exportadora (más que de sustitución de importaciones) y con la igualdad de oportunidades en crédito y otras ayudas (privilegios políticos de acceso a recursos). La dinámica de fluidos exige bajas viscosidades para rendimientos óptimos.

Hay un tercer factor, el equilibrio, que no es banal. Cuando todos buscamos soluciones mágicas quizás la más milagrosa de todas es la capacidad de hacer las cosas de modo grácil, equilibrado, justo y proporcionado. Esto es un don que exige mucho de las sociedades y que rara vez encontramos en ellas, es decir, en nosotros mismos.

Muy poca gente en Occidente es capaz de percibir y entender el significado real de lo que en términos de producción industrial, de capital humano de alto nivel, se ha perdido en los últimos 50 años ni en las capacidades que en ese proceso han adquirido algunos de los mal llamados emergentes. China e India pero no sólo.

Me voy a referir a tres cruciales.
1. La capacidad de gestión de producción global. Pensemos por ejemplo en las capacidades de un Foxconn o de una industria del vestido capaz de manejar en un sólo conglomerado fabril la producción de 60 o más marcas globales y regionales en paralelo. China.

2. La capacidad de producción de todo el software Mundial y de su mantenimiento. Hablo de todo: Sistemas operativos, Bases de datos, Aplicaciones de gestión, Utilidades y Drivers. Desde hace ya más de 30 años. India.
3. La capacidad de producir 50 grandes navíos en paralelo al año y sus implicaciones en integración vertical en astillero y la resultante competitividad a pesar de salarios doble del standard mundial. Corea.

Añadamos la práctica creciente de llevar estas capacidades off-sore (off- or-in territory en África) y que en gran parte del mundo se ve en todo tipo de proyectos tecnológicos y de construcción con manpower proveniente de las naciones de origen (las tres anteriores) y que en el caso de China incluye el empleo de población carcelaria.

Mientras esto sucede, lo que no podemos ya hacer es andarnos con paños calientes ni pensar que David Ricardo es sagrado cuando en este asunto estaba dramáticamente equivocado al generalizar. De nuevo el equilibrio.

Hay una viejísima clasificación de las actividades económicas que nuestros gobiernos tienden interesadamente a olvidar: Les resulta incómodo enfrentarse a ellas. Me refiero a que no son lo mismo las actividades industriales (habitualmente de rendimientos crecientes) que las agrícolas extractivas o de servicios (de rendimientos decrecientes).
Nuestros gobiernos llevan décadas tratando en vano de ocultar la pérdida de empleos del primer tipo sustituyéndolos por el segundo. Es decir pensando que podemos arreglar la economía añadiendo servicio doméstico.
Llega un punto en el cual ya no podemos pagar más servicio porque nos hemos arruinado y es el momento de replantearse las cosas. Con equilibrio, por supuesto.

Saludos y buenos días

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Capitán Yáñez febrero 20, 2012 a las 8:51 pm

Digno todo de un manual de economía neoclásica.
Ahora bien, una pregunta, Oquendo: ¿usted sigue hablando, con Ricardo (1817), de rendimientos decrecientes en la agricultura…? Usted atrasa unos cuantos años o no se entiende bien lo que define como “agrícolas extractivas” ¿podría aclarar, por favor?

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Andy Neumeyer febrero 20, 2012 a las 9:54 pm

Excelente nota sebastián. El costo de estas políticas es aun mas alto si tenemos en cuenta que algunas inversiones son irreversibles. Esto implica que si se invierte capital con precios distorsionados por impuestos o subsidios, cuando estos últimos desaparecen, parte del capital puede tornarse inutil. Un ejemplo es el subsidio al gas natural como combustible para automóviles. dado el bajo precio del gas mucha gente adaptó sus autos para funcionar con gas y muchas estaciones de servicio invirtieron en infraestructura para vender gas para vehiculos. Si el precio del gas sube, mucas de estas inversiones pueden dejar de ser rentables. La misma lógica se aplica a la producción nacional de bienes que se producen mas baratos en el resto del mundo. Si no somos competitivos para producirlos, cuando la protección desaparece parte del capital invertido en esas industrias se vuelve inútil. Esto también desincentiva la inversión en sectores protegidos.

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Sebastian Galiani febrero 22, 2012 a las 7:39 am

Gracias Andy. Sí, hay muchas distorsiones que impactan en la asignación de recursos. También es cierto, como digo en el post, que una asignación distinta de la eficiente puede darse por fallas de mercado. Yo solo quería, además, resaltar la cuestión discrecional entre firmas de un mismo sector pues me pareció que era una cuestión menos discutida hoy en relación a la distorsión que pueden tener medidas sectoriales sobre la asignación de recursos entre sectores. Pero si, la irreversibilidad de las inversiones, como vos bien decís, potenciaría los efectos de muchas políticas distorsivas.

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Manu Oquendo febrero 21, 2012 a las 8:35 am

Pues sí, apreciado Yañez, de vez en cuando seguimos hablando. Cada vez que voy a Aveiro paso por Salamanca, Fuentes de Oñoro, Guarda, y –al largo de O Porto– me viene a la cabeza la sugerencia de especialización por ventaja relativa. Muy oportuno porque, si no recuerdo mal, su homónimo de Salgari era portugués.

No debo ser el único que lo hace dado que el proceso globalizador se sostiene ideológicamente en dicho aserto debidamente arropado por el “free trade mantra” de aquellos que ya están industrializados.

Ricardo sigue estando de actualidad y gente como Eric Reinert nos lo recuerdan con frecuencia: The Origins of Economic Development (2005).

En todo hay excepciones pero, en general, la agricultura es una actividad de rendimientos decrecientes si consideramos cada etapa tecnológica. Es decir, dentro de la bio, es decreciente. Dentro de la química también lo es.

Lo mismo sucede con los servicios de todo tipo excepto aquellos que se basan en una tasa por transacción a través de plataformas tecnológicas privilegiadas (Telcos y Bancos, por ejemplo).
Estos, milagrosamente, han conseguido acceder a posiciones en las que todo lo que circula por su “plataforma”, su red, se ha transmutado en vellocino de oro y rendimientos crecientes pero son siempre altamente oligopólicos y dependientes del favor de los estados.
Saludos

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Capitán Yáñez febrero 21, 2012 a las 8:47 pm

Mi estimado:
Nada más lejano a mis intenciones que oponerme a Ricardo. Todo lo contrario: en materia económica, lo mío son aquellos hombres que escribieron sobre “economía política” (incluidos Smith y Marx, por supuesto). Ningún respeto me merecen los que amputaron la expresión “política” en un vano intento -a mi modestísimo juicio- por hacer de la “economía” una “ciencia dura”, a la manera de la Física.
Usted se manda un bonito discurso… pero no responde la pregunta. Se la reformulo, más explícita: ¿puede demostrar la “ley de los rendimientos decrecientes” en la agricultura?.

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Manu Oquendo febrero 22, 2012 a las 10:55 pm

Creo que sí puedo hacerlo, apreciado Yáñez.
Es más, lo sufro cada año en mis almendros. Los grandes, en la parte baja del monte con tierra y un poco más de agua que en la cumbre, vienen dando 3.4 kilos año (hablo de almendra sin cáscara y seca). De estos tenemos unos quinientos pies que ocupan, como le digo, la parte baja y más protegida del viento del norte de un otero de unos ciento veinte metros desde el arroyo de deshielo a la cima.
El resto lo fuimos plantando, contra el consejo de nuestros vecinos, por aquello de verificar si era cierto lo que decían Samuelson y el texto de economía de mis hijos –escrito por Paco Mochón– acerca de la agricultura tradicional como ejemplo de actividad de rendimientos decrecientes para cada nivel de inversión y tecnología aplicada.

Pues bien, en el resto del monte plantamos mil quinientos pies adicionales a un coste que proporcionalmente y en todos los factores nos resultó una horrorosa inversión. Mano de obra (sindicalizada y sin ninguna elasticidad), impuestos incrementales por hectárea en cultivo, tierra y abono adicional (10 tractores), bancadas de protección contra erosión eólica, lluvia y granizo, insecticida y espantapájaros amén de dos perros y guardés armado contra las ardillas que suelen vaciar la cáscara y comerse la semilla al amanecer así como “pastor” eléctrico contra corzos y jabalíes del vecino coto: Todo este esfuerzo nos resultó en un rendimiento medio de solamente kilo ochocientos gramos a partir del quinto año momento en el que comenzaron su vida productiva.
Incluso deduciendo la subvención comunitaria ha sido tan mal negocio que el año pasado hemos dejado la fruta en los 700 pies más lejanos de la base.

Ignoro lo que sucedería con otro tipo de tecnología. Por aquí esas cosas tan modernas todavía nos parecen muy osadas, contra la ley de Dios incluso, y seguimos trabajando como siempre se cultivó la buena almendra para turrones de esos que casa Mira vende a cerca de 50 euros kilo. A decir verdad casi preferimos que inventen otros. Pero le garantizo que nuestras almendras da gloria verlas y saben como siempre supieron.

Esto ha sido mi experiencia que está invitado a verficar in situ en la zona de la ladera sur de la sierra de Gredos conocida como La Vera, en la vecindad de Valverde, y a un cuarto de legua de la vieja calzada romana que lleva, monte arriba, hasta Talaveruela. La mejor época para recoger almendra y pesarla seca es a final de agosto en este hemisferio.

Saludos

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Capitán Yáñez febrero 23, 2012 a las 10:57 am

Estimado Manu: como ingeniero forestal puedo “diagnosticar” que lo suyo es cuestión de “calidad de sitio” (“de estación”, en España) y no de rendimientos decrecientes (“cantidades adicionales de un factor…”). En ese caso, el sitio puede ser mejorado… un poco, apenas. “Lo que Natura non da, Salamanca presta un poquito”, digamos.
Debo declinar su amable invitación: estoy en Buenos Aires… y como usted se habrá enterado ayer, nuestros medios de transporte no son muy confiables, ni siquiera para trasladarse al aeropuerto de Ezeiza, que está cerquita.
Y dejemos esto acá, estimado Manu, porque de lo contrario este post se transformará en uno de esos expedientes judiciales de miles de fojas.
Con gusto, nos trenzaremos en algún otro.

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Ems marzo 18, 2012 a las 7:24 am

Full of sanlient points. Don’t stop believing or writing!

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Sebastian Galiani febrero 21, 2012 a las 2:42 pm

Tome al azar un libro de trade –Krugman, Obstfeld and Melitz. Según estos autores, líderes de su field (Krugman, además, es una “autoridad” entre los jóvenes heterodoxos argentinos): “We begin our discussion of world trade with an analysis of a model originally put forth by the British economist David Ricardo in 1819. Given all the changes in world trade since Ricardo’s time, can old ideas still be relevant? The answer is a resounding yes. Even though much about international trade has changed, the fundamental principles discovered by economists at the dawn of a global economy still apply”.

Que un autor haya escrito hace mucho tiempo ciertamente no lo descalifica!

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Capitán Yáñez febrero 21, 2012 a las 8:55 pm

¡Por supuesto que no lo descalifica! Es más, le doy una cita: “Un economista que no conoce la naturaleza es como un físico que no sabe matemáticas”.
Linneo, 1759. ¿Está usted de acuerdo?

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Marcelo febrero 23, 2012 a las 11:33 am

Sebastian,

Lo que decis es muy ortodoxo. No es que este mal pero como le escuche decir una vez a Pablo Guerchunoff: la ortodoxia es aburrida!

Marcelo

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Maria febrero 23, 2012 a las 9:02 pm

A Pablo Gerchunoff le falto decir, Lets occupy Wall Street!

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Economista Maduro marzo 22, 2012 a las 7:39 pm

Vamos, vamos. Todos sabemos que los que apuntan contra el análisis económico formal lo hacen solo pues este es muy difícil, y prefieren el bla bla bla político, que no requiere quemarse las cejas!

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Sebastian Galiani febrero 24, 2012 a las 1:15 pm

Marcelo,

Aunque no lo creas, me pareció muy bueno tu comentario. No sé en qué contexto Pablo dijo ello, y nada de lo que sigue lo implica a él.

A mí me parece que hay cosas que sabemos no funcionan, o aun peor, funcionan mal. Distorsionar una economía a niveles extremos, es una mala idea, que en el largo plazo trae atraso y, tal vez, pobreza. Eso, más que aburrido es muy triste.

Yo puedo entender la protección a cierto sector estratégico, aunque sería bastante abogado del diablo antes de aceptar que sabemos cuál es ese sector. Incluso, niveles razonables de protección podrían no parecerme algo grave. Entiendo que el conflicto distributivo lleva a algunas sociedades a ser más proteccionistas que otras, e incluso, a veces, la dinámica del sistema puede llevarte a la autarquía -mira viejos posts míos sobre estos temas. Pero ello no implica que no crea que la autarquía sea muy costosa, por ejemplo.

En general, creo que debemos decir lo que nos parece sabemos. Y esto que creemos saber, lo creemos pues nos parece que hay un marco lógico que nos convence, pero mucho más importante aun, evidencia empírica que nos ha persuadido de su importancia.

Por lo tanto, no creo que se trate de ser o no ortodoxo, sino más bien, de utilizar la teoría y la evidencia empírica para convencerse de algunas cosas. Por supuesto, todo sujeto a revisión. Y también, se trata de no ser oportunista…

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Marcelo febrero 26, 2012 a las 1:21 pm

Sebastian,

Gracias por tu respuesta. El problema con la ortodoxia economica (y su inclaudicable busqueda de eficiencia) es que es inaplicable en la realidad. Cuando hay conflicto distributivo, la eficiencia no le importa a nadie. Lo que importa es si las decisiones de politica moderan el conflicto o si lo agravan. Y eso hace sentido porque cuando hay conflicto no hay tiempo para pensar en la eficiencia (solo hay tiempo para la lucha).

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Sebastian Galiani febrero 28, 2012 a las 11:55 am

Justamente, creo que yo te decía que hay sociedades donde el conflicto distributivo es más intenso, y es más probable, que en equilibrio, te alejes de una asignación eficiente. Además, como digo en el post, también hay fallas de mercado. Sin embargo, la existencia de conflicto distributivo no implica que la política económica deba ser cualquier cosa. Hay instrumentos redistributivos más eficientes que otros.

En particular, nota que yo destaque especialmente las distorsiones intra-industria, y esto no fue un hecho casual. Fue intencionalmente. Dudo que permitir importar a X pero no a Y, ambas firmas de una misma industria, por ejemplo, sea una consecuencia del conflicto distributivo que mencionas. Más bien me parece que se presta a la corrupción.

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Sebastian Galiani febrero 29, 2012 a las 1:13 am

lanacion.com.arObviamente, esto (http://www.lanacion.com.ar/1452371-el-gobierno-llamo-a-industriales-para-que-dejen-de-importar-insumos-de-inglaterra)no tiene justificación económica alguna, y, en mi opinión, tampoco tiene justificación política.

Adam Smith escribió sabiamente, siglos atrás, respecto a los costos de las represalias comerciales lo siguiente:

«…When there is no probability that any such repeal can be procured, it seems a bad method of compensating the injury done to certain classes of our people, to do another injury ourselves, not only to those classes, but to almost all the other classes of them.»

Triste!

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