Presencia vs. violencia: problemas de medición de la presencia de actores armados en Colombia

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Por: Ana M. Arjona y Laura Otálora.

Colombia ha sido un país pionero en el estudio cuantitativo de las dinámicas sub-nacionales de conflictos armados. Esta agenda de investigación ha sido posible gracias a la creación y actualización constante de varias bases de datos longitudinales sobre eventos violentos por parte de actores armados estatales y no estatales como homicidios, masacres, desplazamientos, emboscadas y confrontaciones.

Estos datos han permitido estudiar diferentes aspectos del conflicto armado aportando a la comprensión de sus dinámicas, evolución y efectos.

La literatura usa también estos datos de violencia como una proxy de presencia de actores armados a nivel municipal. Contar con un indicador de presencia es fundamental para investigar diferentes preguntas como, por ejemplo, ¿cuáles son los determinantes de la expansión territorial de grupos guerrilleros, paramilitares y neo-paramilitares?; ¿cuál es el efecto del conflicto armado sobre salud, educación, inversión o participación política?; o ¿cuáles son los efectos diferenciados de una política pública en municipios donde hay presencia de grupos armados no estatales? Como no existen mediciones de presencia de estos actores, los investigadores suelen usar los datos de violencia. Pero, ¿es la violencia una buena proxy de presencia?

Los grupos armados son, por definición, violentos. Cabe esperar que su presencia se traduzca en algún tipo de violencia. Por esta razón se suele asumir, implícita o explícitamente, que la violencia es una buena proxy de presencia. Sin embargo, es posible que exista un error de medición y, más aún, que este error sea sesgado. Algunos autores han advertido sobre este posible sesgo y lo han tenido en cuenta en sus análisis (e.g. Restrepo y Aponte 2009; Sánchez y Chacón 2005); sin embargo, dada la ausencia de fuentes sobre presencia, es poco lo que se ha podido hacer a nivel empírico para evaluar la magnitud del problema.

En esta entrada hacemos un análisis preliminar de los posibles errores de medición que pueden tener las acciones violentas de los grupos armados como proxy de presencia. Para ello, comparamos diferentes bases de datos de violencia con datos sobre presencia recogidos mediante encuestas y entrevistas en cuatro muestras de municipios colombianos. Comenzamos con una breve descripción de las fuentes y luego discutimos algunos resultados preliminares. Nos centramos en la violencia y presencia de actores armados no estatales, dejando de lado los problemas relacionados con la medición de actores armados estatales.

Fuentes

Usamos dos bases de violencia ejercida por actores armados no estatales: la del CEDE de la Universidad de los Andes (agradecemos a Fabio Sánchez por permitirnos acceder a ella) y la de CERAC (la versión pública en su página web). La base del CEDE está basada en los boletines diarios del DAS; la base de CERAC se basa en revisión de prensa regional, nacional e internacional y en información recogida por diferentes organizaciones gubernamentales y no gubernamentales nacionales e internacionales (Restrepo y Aponte, 2009:592). Ambas bases contienen información sobre acciones violentas de grupos armados desde 1988 hasta 2009 para casi todos los municipios del país.

En cuanto a la presencia de actores armados, utilizamos cuatro fuentes que describimos brevemente a continuación:

La primera es una base de datos sobre una muestra aleatoria de 8 municipios ubicados en diferentes zonas del país (Arjona 2010). Con base en entrevistas semi-estructuradas y la revisión de fuentes primarias y secundarias se recogió información detallada sobre la presencia de actores armados no estatales y su interacción con diferentes comunidades al interior de cada municipio.

La segunda base de datos de presencia proviene de una encuesta hecha a 830 desmovilizados de grupos paramilitares y guerrilleros (Arjona y Kalyvas 2008). Algunas de las preguntas tenían que ver con la presencia y conducta de grupos armados en el municipio donde vivía el entrevistado un año antes de ingresar a un grupo armado no estatal por primera vez. Estos datos nos permiten crear un indicador de presencia para algunos años en 246 municipios. Desde luego, no se trata de una muestra aleatoria pues, como Arjona argumenta en otra entrada, el reclutamiento es mucho más común en localidades donde hay presencia de actores armados y aún más común en aquellas donde dichos actores actúan como gobernantes de hecho. Sin embargo, esta muestra representa cerca del 25% de los municipios del país.

De estos 246 municipios donde hubo reclutamiento, se seleccionó una muestra aleatoria de 15,  estratificada por el tipo de presencia de actores armados que había en cada municipio (i.e. sólo guerrillera, paramilitar, o guerrillera y paramilitar). En estos 15 municipios se hizo una encuesta a 550 civiles, aleatoriamente seleccionados, a quienes se les preguntó si había presencia de los distintos grupos armados en 4 períodos de tiempo. Sus respuestas nos permiten, una vez más, crear un indicador de presencia para algunos años en estos  municipios. Al igual que la fuente anterior, no se trata de una muestra representativa del país ya que fue seleccionada de un conjunto de municipios donde hubo reclutamiento, pero nos permite medir la presencia de los grupos para 498 observaciones (municipio/año).

Por último, en estos mismos 15 municipios se recogió información detallada sobre la presencia y conducta de todos los grupos armados no estatales que habían estado presentes. Para ello se llevaron a cabo entrevistas semi-estructuradas y se revisaron fuentes primarias y secundarias. El resultado es una base de datos con información detallada sobre la presencia de estos actores y diferentes aspectos de su interacción con la población desde su llegada a la zona.

Estas bases de datos de presencia tienen limitaciones ya que algunas son aleatorias pero muy pequeñas y otras incluyen un gran número de municipios pero no son aleatorias. En cuanto a la calidad de la información, en todas las bases la fuente principal son los testimonios de los habitantes de los municipios; en algunas, éstos fueron complementados con fuentes primarias y secundarias. Aunque la información que se puede recoger con encuestas y entrevistas puede ser problemática por diferentes razones, estas herramientas son muy útiles para identificar la presencia de actores armados por dos razones: primero, la gente suele saber desde cuándo ha habido presencia de grupos armados ilegales en su comunidad (a nivel municipal es más complicado); y segundo, al triangular las distintas fuentes sobre una misma comunidad podemos validar la información recogida. Aún más, las entrevistas preguntaron no sólo por la presencia de los grupos en la zona, sino también por sus conductas, lo que ayuda a validar las respuestas de los entrevistados. En resumen, a pesar de sus limitaciones estas bases de datos nos permiten crear indicadores de presencia de grupos armados para evaluar la calidad de los datos de violencia como proxy de presencia.

Violencia vs. presencia

Comparando las diferentes bases de datos, identificamos el número de casos en los que el trabajo de campo reporta presencia de grupos guerrilleros o paramilitares, pero las bases de datos del CEDE y/o CERAC no registran ningún evento violento. Las Tablas 1  y 2 muestran los resultados. Para la base de datos de violencia de Cerac se muestran dos resultados: primero, el  que toma en cuenta sólo las observaciones con información y, segundo, el que toma todas las observaciones, incluidas aquellas sin información (en algunos de los ejercicios no hay información para más del 50% de las observaciones). Las tablas muestran el porcentaje de casos donde hay presencia según el trabajo de campo, pero no hay violencia registrada en las bases de datos de violencia.

Tabla 1. Casos de presencia guerrillera que no registran violencia guerrillera

Las celdas muestran el porcentaje de observaciones (municipio-año) donde hay presencia guerrillera según nuestras fuentes pero no se registran acciones violentas guerrilleras en CEDE o CERAC.

Tabla 2. Casos de presencia paramilitar que no registran violencia paramilitar

Las celdas muestran el porcentaje de observaciones (municipio-año) donde hay presencia paramilitar según nuestras fuentes pero no se registran acciones violentas paramilitares en CEDE y CERAC.

Los resultados sugieren que la subestimación de presencia tanto de grupos guerrilleros como de paramilitares en los datos de violencia es sustancial. En el caso de presencia guerrillera, éste llega hasta el 66% de los casos en una de las muestras, mientras que el de presencia paramilitar llega a un impresionante 83%. En general, la subestimación de presencia paramilitar es más alta que la de presencia guerrillera.

Al evaluar los resultados de cada base de violencia encontramos que, a pesar de tratarse de muestras diferentes, el porcentaje de casos de subestimación de presencia guerrillera y paramilitar en los datos de violencia es similar entre ellas. Por ejemplo, para el caso del CEDE, el porcentaje de casos de presencia guerrillera no registrada oscila entre un 33% y un 41% en las cuatro bases de presencia. De manera similar, el porcentaje de casos de presencia paramilitar no registrada en esta misma base de violencia fluctúa entre el 56% y el 67%. La variación es similar para la base de CERAC, aunque el rango es un poco mayor. Estas similitudes sugieren que o bien las muestras de las bases de presencia no tienen sesgos mayores y reflejan tendencias generales, o que todas tienen los mismos sesgos y, por esto, arrojan resultados similares.

Los resultados sugieren que el problema de medición de la presencia de actores armados con datos de violencia puede ser enorme. Si, como estos datos sugieren, podemos estar omitiendo entre el 30% y el 80% de los municipios-año donde ha habido presencia de grupos guerrilleros o paramilitares, nuestros análisis sobre diferentes dinámicas del conflicto estarían subestimando una buena parte de la presencia de grupos en el territorio. Más aún, los estudios sobre el impacto de los grupos armados sobre el bienestar de la población, las instituciones locales o los indicadores de pobreza y desarrollo podrían tener serios problemas de medición en su variable independiente.

Desde luego, la magnitud de estos problemas depende de si existe o no un sesgo en la sub-medición de presencia, es decir, si los casos donde habiendo presencia no se registra violencia son sistemáticamente diferentes de aquellos donde hay presencia y sí se registra violencia. Para ello hace falta contar con información detallada de los municipios incluidos en las muestras, la cual sólo está disponible para algunas de ellas. Aunque estamos en la fase inicial de este análisis, en lo que sigue proponemos algunas de las hipótesis que estamos trabajando y presentamos algunos resultados preliminares usando solamente la base No. 4, la cual cuenta con información detallada a nivel municipal para todos los años en que hubo presencia de actores armados no estatales hasta 2005.

¿Presencia sin violencia?

Podemos identificar dos razones por las cuales los indicadores de violencia ejercida por actores armados no estatales podrían ser una proxy problemática de la presencia de estos grupos. Primero, porque puede haber casos en que la presencia no conlleve los tipos de violencia que se registran en las bases de datos; y segundo, porque puede haber casos en que, habiendo violencia, ésta no se registre.

La primera razón apunta a la posibilidad de que un grupo guerrillero o paramilitar esté presente en un municipio y año determinado sin asesinar, atacar la infraestructura, tener una confrontación armada, etc. Si el grupo no ejerce por lo menos uno de los tipos de violencia que registran las bases de datos, éstas no registrarán su presencia. Aunque estos grupos suelen victimizar a la población civil y/o atacar a sus enemigos en las zonas donde operan, es posible que no lo hagan en ciertos contextos. Según una de las teorías más reconocidas sobre la violencia contra población civil en guerras civiles (Kalyvas 2006), la probabilidad de la violencia selectiva es más baja cuando un grupo armado tiene el monopolio del control militar sobre el territorio, pues no la necesita para prevenir la colaboración de la población con el enemigo. Si esta teoría es correcta, habría menos violencia contra la población civil en zonas donde la presencia del actor armado está más consolidada. Además, si no hay disputa entre actores, no habría enfrentamientos, emboscadas o ataques. En este caso, los datos sobre violencia serían un indicador sesgado de presencia, pues tenderían a codificar los casos de presencia consolidada como casos de no presencia. Desafortunadamente es muy difícil evaluar esta hipótesis empíricamente pues se necesitarían, precisamente, datos muy fiables de violencia para identificar los casos en que, efectivamente, no ha ocurrido ningún evento violento.

La segunda razón por la que los datos de violencia pueden no ser una buena proxy de presencia es que, habiendo violencia, ésta no sea registrada. Hay varios factores que pueden aumentar la probabilidad de que no se registre la violencia ejercida por actores armados. Mencionamos algunos.

De un lado, cabe esperar que la probabilidad de registrar por lo menos un evento violento varíe según su incidencia; es decir, los municipios con mayores tasas de homicidios, ataques a infrestructura, masacres, desplazamientos, etc., tienen una mayor probabilidad de ser registrados como municipios violentos. Dado que los grupos armados no ejercen violencia de una manera aleatoria, este error de registro llevaría a una medición sesgada de la presencia. No podemos evaluar esta hipótesis directamente pues no tenemos mediciones de violencia guerrillera para los casos que en las bases no registran violencia guerrillera (y lo mismo aplica a violencia paramilitar).

Pero sí podemos evaluar hipótesis sobre los determinantes de alta violencia para ver si los casos donde no se registra violencia habiendo presencia comparten ciertos atributos. Como las bases de violencia miden diferentes tipos de violencia que suelen seguir lógicas distintas, planeamos evaluar diferentes hipótesis sobre la violencia contra  la población civil, la violencia directa entre actores armados y los ataques a infraestructura. Una primera mirada a los datos sugiere un resultado inesperado: el porcentaje de casos en que hay presencia de dos o más grupos armados es mayor entre los casos donde no se registra violencia que donde sí se registra, como lo muestran las gráficas 1 y 2. Es decir, la disputa por el territorio está correlacionada con un menor registro de violencia.

Gráfica 1: Disputa territorial por registro de violencia guerrillera (universo: casos de presencia guerrillera)

Gráfica 2: Disputa territorial por registro de violencia paramilitar (universo: casos de presencia paramilitar)

Una posibilidad es que en un contexto de disputa disminuya la probabilidad de identificar al autor de la violencia.  De este modo, sería más frecuente el registro de eventos violentos sin autor en zonas de disputa, aumentando el sub-registro de violencia de ambos grupos. También es posible que en contextos de disputa los grupos armados se esfuercen más por esconder sus asesinatos de modo que aumentan las desapariciones forzadas pero disminuyen los asesinatos.

De otro lado, el sub-registro de eventos violentos puede deberse también a que éstos no son denunciados o, a pesar de serlo, no se registran. Varios factores pueden crear incentivos para que las víctimas no denuncien:

Como Ana Arjona señaló en una entrada anterior, en muchas ocasiones los grupos armados operan como gobernantes de hecho en las zonas donde están presentes, interviniendo en la vida política, económica y social de la población. Una familia víctima de violencia en un lugar donde el comandante paramilitar o guerrillero puede incidir en prácticamente cualquier ámbito de su vida—desde encontrar empleo hasta ser expulsado de la zona o ser asesinado—tiene pocos incentivos para denunciar y, en particular, para denunciar a dicho grupo armado como autor. Si esta hipótesis es correcta, habría un sub-registro de violencia en zonas donde un grupo armado opera como gobernante de hecho.

Los datos sugieren que, en efecto, hay una diferencia significativa en el nivel de influencia de los actores armados en los casos donde, habiendo presencia, no se registra violencia y aquellos casos en que sí se registra: es más común que el grupo armado intervenga mucho en la vida de la comunidad en casos donde no se registra violencia que en los casos donde sí se registra, independientemente de si se trata de grupos paramilitares o guerrilleros. Las gráficas 3 y 4 muestran los resultados usando los datos de violencia del CEDE y una variable dummy que mide si, según el trabajo de campo, la guerrilla o los paramilitares “mandaban” en el municipio. Los resultados son similares para presencia guerrillera y paramilitar y significativos al 1% en todos los casos: es decir, cuando hay gran influencia de un grupo armado se disminuye el registro de violencia de todos los grupos armados presentes en el territorio.

Gráfica 3: Influencia de grupos armados por registro de violencia guerrillera (universo: casos de presencia guerrillera)

Gráfica 4: Influencia de grupos armados por registro de violencia paramilitar (universo: casos de presencia paramilitar)

Estos datos también son consistentes con otra explicación: que las entidades que registran los eventos violentos sean más proclives a no registrarlos en zonas donde algún grupo armado tiene un gran control sobre el municipio. Dada la abundante evidencia de captura de instituciones locales por parte de actores armados—ya sea por asociación entre políticos y actores armados, infiltración o coerción— la posibilidad de que diversas entidades no registren eventos violentos o, por lo menos, al verdadero autor podría ser más alta en los lugares donde los grupos armados tienen una mayor influencia. Para evaluar esta hipótesis, planeamos mirar si hay un mayor sub-registro de violencia en zonas donde las instituciones estatales son más débiles y, además, los actores armados tienen una presencia muy consolidada. También planeamos mirar proxies de captura institucional como por ejemplo votaciones atípicas.

La población civil puede también tener pocos incentivos para denunciar su victimización cuando vive en una zona donde el acceso a las entidades estatales es más difícil y donde percibe a dichas entidades como débiles. En este caso, el sub-registro sería mayor para municipios periféricos o alejados y para aquellos con una presencia estatal precaria. Planeamos evaluar estas hipótesis con datos geográficos, de presencia estatal y de percepción de las instituciones.

Por último, los grupos armados pueden tener más incentivos para evitar dejar rastro de sus asesinatos en ciertos contextos que en otros. Si hay acuerdos entre un grupo armado ilegal y la policía y/o el ejército, por ejemplo, y a todos les conviene reducir los registros de violencia, es posible que el grupo ilegal tenga más incentivos para optar por “desaparecer” a sus víctimas que por asesinarlas en frente de testigos o dejar abandonados sus cuerpos. Las terribles confesiones de desmovilizados muestran que en lugares y momentos determinados, los grupos armados se esforzaron por esconder los restos de sus víctimas. Si las bases de datos de violencia no tienen en cuenta las desapariciones, la probabilidad de subestimar la presencia de estos actores armados aumenta.

Trabajo futuro

A pesar del mérito que tiene la recolección de actos violentos de los grupos armados, a lo largo de la geografía nacional y en un período amplio de tiempo, el uso de estos datos como proxy de presencia de los grupos puede ser problemático. El análisis que presentamos aquí es preliminar y, como lo señalamos arriba, las bases que usamos no son ideales por su tamaño o la manera en que las muestran fueron seleccionadas. Sin embargo, las distintas bases apuntan a un gran problema de sub-medición de la presencia de actores armados cuando se usan datos de violencia.

Para evaluar la magnitud del problema en el universo de municipios colombianos haría falta contar con proxies adicionales de presencia para muestras representativas del total de municipios. Aún más, para determinar si los errores de medición son sesgados haría falta un análisis exhaustivo y riguroso de los datos disponibles para identificar las diferencias entre los casos donde la presencia de un actor armado ilegal no se traduce en violencia registrada en las bases de datos. Además sería ideal contar con indicadores del tipo de presencia que ejercen los grupos y su interacción con las comunidades locales.

Recoger esta información no es nada fácil, por supuesto. Mientras logramos desarrollar metodologías para medir presencia (y tipificarla) en una muestra suficientemente grande de municipios, es importante usar toda la información disponible. Por ejemplo, valdría la pena sistematizar las fuentes cualitativas que han identificado los períodos de presencia de estos actores en algunos municipios. De otro lado, debemos ser creativos en la búsqueda de nuevas proxies de presencia que nos permitan utilizar datos existentes. Por último, el uso de múltiples bases de datos de violencia puede disminuir el problema de sub-medición de presencia.

Referencias

Arjona, Ana, 2010. “Social Order in Civil War”. Tesis doctoral, Yale University.

Arjona, Ana y Stathis Kalyvas, 2008. “Una Aproximación Micro al Conflicto Armado en Colombia: Resultados de una Encuesta a Desmovilizados de Guerrillas y Grupos Paramilitares”. En F. Cante (Ed.), Argumentación, Negociación y Acuerdos, Universidad del Rosario, Bogotá.

Chacón, Mario y Fabio Sánchez, 2005. “Conflicto, estado y descentralización: del progreso social a la disputa armada por el control local.1974-2002.” Documento CEDE 2005-33.

Kalyvas, Stathis, 2006. The Logic of Violence in Civil War. Cambridge University Press.

Restrepo, Jorge y Andrés Aponte (Eds.), 2009. Guerra y Violencias en Colombia. Herramientas e Interpretaciones. Bogotá: Editorial Pontificia Universiad Javeriana.

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2 Comments

  1. Francisco Thoumi says:

    Estos datos son consistentes con la historia de mafias, violencia y mercados ilegales. En general, los mercados ilegales son pacificos durante la mayor parte del tiempo en la gran mayoria de lugares. Para las organizaciones criminales la amenaza del uso de violencia es generalmente mas eficaz que la violencia misma. Por eso es necesario comprender por qué el narcotrafico ha estado asociado a niveles de violencia tan altos en Colombia y recientemente México (que tuvo más de 100 años de narcotráfico con baja violencia) y Centro América.

  2. Gracias por tu comentario Francisco. De acuerdo. Las zonas donde estos actores están presentes no suelen ser caóticas y con altos grados de violencia; en su mayoría, hay orden y tanto la población civil como los miembros de los grupos armados siguen ciertas normas la mayor parte del tiempo. Sí hay castigos (no letales) al incumplimiento de normas pero son muy difíciles de registrar, como los castigos físicos y los trabajos forzados. Quizás entendiendo mejor los procesos de creación de estos órdenes locales, su estabilidad y su ruptura nos ayude a entender la variación de la intensidad de la violencia asociada al narcotráfico.