Privilegios para las universidades estatales

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Estudié y trabajo en la U. de Chile. Mis padres, hermanos y primos estudiaron en ella. Por lo tanto, le tengo afecto a la U. y valoro lo que significa para el país. Pero la pregunta que me interesa ahora no tiene que ver con el afecto, sino con los privilegios especiales que muchos académicos creen que merece. Esta es una de las cosas que me mmolesta. porque cuando se entregan privilegios, se excluye en forma arbitraria a los demás. En particular, se anula la la competencia entre universidades, lo que es clave para su desarrollo.

En el Panel sobre el futuro de la UCh que mencioné ayer, uno de los panelistas describió el “Nuevo trato” que exige la UCh. Son $200.000 millones anuales que irían a la UCh. por ser la UCh. Claro, se dice que la UCh. asumiría una serie de labores, pero la pregunta no es solo ¿de dónde salió una cifra tan enorme (que parece cubrir los costos del hospital, que ya son pagados casi en su totalidad por Fonasa)? sino también ¿No es una frescura de la U. de Chile exigir un privilegio especial de este tipo?

Leyendo hoy una carta aparecida hoy en El Mercurio, se puede entender de donde sale esta arrogancia de la UCh. frente al país (Nota: aclaro, por transparencia, que el autor de la carta es de un pariente político). La carta se refiere al uso de los campos clínicos, es decir de los hospitales, como lugares para educar en forma práctica a los estudiantes de las carreras de salud. Los campos clínicos son un recurso escaso, ya que hay una gran cantidad de programas de estudios relacionados con la salud, muchos de ellos de universidades privadas. La forma de asignar estos campos a los distintos programas ha dado lugar a conflictos en los cuales los privilegiados (las universidades que tradicionalmente entregan estos programas y tienen acceso a los campos clínicos, pero en especial la UCh) defienden sus privilegios, intentando evitar el acceso de la nueva competencia. Veamos pues la carta:

“En su artículo ‘Reforma educacional: todos se declaran perdedores’, el señor Pedro Uribe Jackson, rector UNAB, considera que la indicación en la partida Salud del presupuesto 2012 ‘que da preferencia a los planteles CRUCh para el uso de campos clínicos de los hospitales públicos’ representa ‘una discriminación injustificada hacia los alumnos de universidades privadas’. Una obvia interpretación alternativa sugiere que la indicación en cuestión pretende, por una parte, valorar y refrendar las relaciones entre universidades y servicios hospitalarios que se enraízan en una historia y se proyectan en un compromiso estratégico; y, por otra, evitar que yales compromisos académico-asistenciales se transformen en un remate al mejor postor de cupos en hospitales para estudiantes de carreras de la salud.

He marcado con itálicas algunas frases. En este párrafo se hace referencia a la historia, como uno de los aspectos que hacen que la UCh. debe ser tratado en forma distinta de las demás. La carta prosigue:

“Por ejemplo, si se desconoce el carácter público de la Universidad de Chile es imposible entender sus lazos indisolubles con el sistema de salud público, la lealtad que le han guardado sus académicos, la asertividad de sus estudiantes, la imagen de identidad que despierta en el país entero y la resiliencia increíble mostrada en las condiciones más adversas.”

Aquí se afirma una característica de esencia, que hace imposible que las otras universidades se puedan comparar con la U. de Chile. No todas las universidades pueden ser iguales: algunas son y serán siempre incomparables (en el sentido de que no se pueden medir con la misma vara, o inconmensurables). Y la carta concluye señalando que los que van a universidades nuevas., o privadas, deberían haberlo pensado mejor, porque su educación será peor (pues no tendrán acceso a los campos clínicos del Estado):

“Si algún estudiante de alguna hipotética universidad privada se sintiera discriminado en su acceso a hospitales, mal podría culpar de ello a una indicación de la partida Salud del presupuesto 2012. Por el contrario, debería dirigirse a quienquiera irresponsablemente le hubiera ofrecido una carrera del área de la salud sin contar con instituciones asistenciales donde desarrollar su práctica clínica.”

El párrafo final refleja una arrogancia que debe ofender a los estudiantes de otros planteles. Es decir, si no pudieron entrar a la U. de Chile, tendrán que tener una peor educación, no porque sus profesores sean más malos, ni porque ellos (los estudiantes) son menos capaces, sino porque no se les dará acceso a los campos clínicos, porque por principio no pueden tener acceso a ellos.

Como lo he mencionado antes, no me gustan las diferencias de esencia. Me recuerda la argumentación de los aristócratas franceses de fines del siglo XVII (antes de la Revolución), cuando enfrentaban el ascenso de los burgueses en todas las áreas. En un paralelo universitario II hice esta comparación, pero me gustaría resumirla con un cuadro que presenté en el Panel sobre el futuro de la U. de Chile.

Estoy seguro que el autor de la carta en cuestión rechaza los argumentos de la aristocracia para defender sus privilegios frente al avance de los burgueses, pero los reproduce en su propia argumentación. Podrá buscar todos los “compromisos”, los “lazos indisolubles” y otras virtudes que hacen que la U. merezca privilegios especiales, pero al final terminan siendo argumentos sobre la esencia, y por ello no se distinguen de los argumentos de los aristócratas franceses.

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