Carne Cara para Todos

La Argentina es un país que históricamente tiene ventajas comparativas en el sector primario, dada su abundancia relativa de recursos naturales. El sector ganadero en particular es muy importante: históricamente constituye el 20% del PBI agropecuario y el 3% del PBI total; el valor bruto de la producción de la industria cárnica representa casi el 6% del de la producción industrial de manufacturas; emplea el 5% del personal ocupado por la industria; y la carne es uno de los productos que mayor volumen de ventas tiene en los supermercados.

Hoy quiero ocuparme de la complicada situación del sector ganadero, a la que se llegó por una sucesión de políticas públicas desacertadas y descoordinadas desde 2005, y fue agudizada por la fuerte sequía reciente. Ya empezamos a analizar la problemática del sector, y cómo nos afecta a todos los consumidores de carne por los altos precios que pagamos, en un post de Emilio: http://focoeconomico.org/2011/01/31/292/. Creo que los últimos datos que se dieron a conocer del sector en las últimas semanas, ameritan abordar este tema nuevamente.

Según los últimos indicadores del sector ganadero, la situación es la siguiente. Hoy hay alrededor de 10 millones de animales menos que hace 4 años (se estima un stock de 48 millones de cabezas). Por la escasez de oferta, las exportaciones se redujeron en un 53% en 2010, en tanto Paraguay y Uruguay superaron los embarques de la Argentina, aprovechando los altos precios internacionales. Además, desaparecieron 4,600 pequeños productores ganaderos y fueron despedidos 3,500 trabajadores de la industria frigorífica en los últimos 3 años. El mercado interno también se vio afectado: se duplicaron los precios de carne al mostrador y el consumo promedio per cápita de los argentinos y las argentinas cayó un 15% en el último año, llegando a 58kg que constituye un mínimo desde la crisis del 2001/2002. En síntesis, hoy tenemos escasez de stock, bajas exportaciones, menor consumo interno y carne cara para todos.

¿Cómo llegamos a esta situación?

Tal como explicó Emilio, los actores del sector ganadero toman sus decisiones productivas en función de las señales sobre rentabilidad futura. El ganadero debe decidir si a su animal lo destina a consumo (faena) o a inversión (retención en el caso de las hembras que son el bien de capital). El ciclo del ganado dura aproximadamente 1000 días, siendo mucho más largo que el de la carne aviar o porcina. Cuando los precios esperados en el futuro son altos, se inicia un proceso de retención de vientres (menor participación de las hembras en la faena), con lo cual los precios presentes se incrementan y en el futuro cuando se incrementa el stock, se estabilizan. En cambio, cuando las señales de rentabilidad futura son adversas para el sector, se procede a la liquidación de animales para aprovechar los precios relativamente altos del presente, y la trayectoria de precios futura dependerá de cuán profunda fue la reducción del stock ganadero y de cuánto tarde su recomposición.

El hecho de que existan fases expansivas y contractivas es típico del ciclo ganadero. Lo importante para la sostenibilidad futura del sector es que, en las fases de liquidación, no se produzca una descapitalización (faena de hembras) importante que comprometa el stock en el mediano plazo.

Allá por 2005 el contexto parecía alentador. A nivel local, la demanda había aumentado producto de la recuperación de la crisis económica y la recomposición de salarios. La demanda internacional también se había incrementado, y los precios de la carne subían al compás de los demás commodities. En particular era un buen momento para la Argentina en el mercado internacional de carnes debido a la mejora de su status sanitario y el empeoramiento del de otros grandes productores internacionales. También se acentuó la competencia por tierras con el sector agrícola dados los altos precios de la soja. Sin embargo, mejoras en la productividad de la actividad ganadera, permitieron la conversión de campos ganaderos en mixtos sin reducir el stock de animales. Según los especialistas del sector, fue el mejor contexto para la ganadería argentina en los últimos 25 años.

Los productores vislumbraban un futuro promisorio para el sector y comenzaron a retener ganado para expandir la oferta futura. Éste comportamiento, sumado al aumento de la demanda interna y externa se evidenció en un aumento de los precios internos de la carne. Si bien en la Argentina ya se observaba un proceso inflacionario, con aumentos generalizados en todos los rubros del Índice de Precios al Consumidor, la inflación de los alimentos fue superior a la del nivel general, y la de la carne superó a la de los alimentos.

Ante ese contexto inflacionario, el gobierno intervino esencialmente en los precios de aquellos productos que más influían en el índice con el que se medía la inflación. En efecto, la carne es el grupo que más peso tenía en 2005 en el IPC (7.639%), y dentro del rubro Carnes, la carne vacuna es el subgrupo de mayor ponderación (61% de Carnes; 4.513% del total).

En el siguiente gráfico se observa la sucesión de medidas descoordinadas que fue aplicando el gobierno ante cada aumento de los precios de la carne. Nos concentramos aquí en los primeros años de intervención, ya que constituyen las señales que afectaron la producción de carne de los años siguientes.

Gráfico 1: Primeros años de intervención en el Mercado de la Carne

Primeros años de intervención en el Mercado de la Carne – Fuente: INDEC, INFOLEG, ONCCA y SAGPyA

La intervención comenzó con acuerdos para fijar precios con frigoríficos, supermercados, incluso en el mercado de Liniers que es el mayor mercado concentrador de ganado en pie en la Argentina. Paralelamente se aumentó por ley el peso mínimo de faena, con el objetivo de no liquidar animales livianos y aumentar la producción de carne. Esta medida puede ser efectiva si se planifica una suba paulatina y escalonada. Recordemos que el proceso de engorde lleva tiempo y los productores no tienen capacidad de adaptarse rápido a cambios en estos requisitos. Los cambios en los pesos mínimos de faena por ley continuaron hasta nuestros días, a pesar de los pedidos expresos del sector de eliminar restricciones para la recuperación del sector.

Ninguna de estas políticas resultó ser eficaz para bajar el precio de la carne. Sin duda, la peor medida de todas fue atentar contra las exportaciones de carne en tiempos de precios internacionales en aumento. Al principio se aplicaron restricciones y cupos. También se aumentaron las retenciones a las exportaciones de productos cárnicos de 5% a 25%. Luego, en mayo de 2006 se vedaron las exportaciones de varias categorías. En el gráfico observamos que el precio interno de la carne al mostrador continuó elevado a pesar de la medida, en tanto el precio del novillo se retrajo y luego continuó su tendencia alcista.

Las trabas al comercio exterior continúan vigentes. Éste será el tercer año en el que no se cumplen con los compromisos de la cuota Hilton (exportaciones mejor pagas). Además, a las restricciones se sumaron considerables retrasos en la tramitación de los ROE (registros de operaciones de exportación), que hicieron demorar embarques y perder clientes. La última medida en este sentido data de mayo de este año, cuando la Secretaría de Comercio Interior dictaminó que todos los registros deberán tramitarse allí, en lugar de en las oficinas de la ex Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca), lo cual generó más pesimismo en el sector.

Consecuencias previsibles en el Corto y Mediano Plazo

Las señales oficiales redundaron en una caída de la rentabilidad esperada de la cría de hacienda, que desencadenó la fase más contractiva del ciclo ganadero desde que se llevan estadísticas del sector (1875). La destrucción del 20% del stock en un lapso tan corto, estuvo acompañada de la pérdida de empleos en todos los eslabones de la cadena de producción de carne y en la desaparición de alrededor de 4,000 pequeños productores.

 

Gráfico 2: Evolución del Stock de Ganado Bovino (1875-2010)

Evolución del Stock de Ganado Bovino (1875-2010) – Fuente: SAGPyA

La coyuntura desfavorable fue agudizada por la sequía que comenzó a mediados de 2008. Sin embargo, la decisión de liquidación de stock comenzó a raíz de la intervención oficial y no por las condiciones climáticas adversas. Esto se confirma en el siguiente gráfico en donde mostramos la participación de hembras en la faena (que es sinónimo de descapitalización ya que afecta la producción futura de terneros). El límite biológico en el porcentaje de hembras faenadas para mantener el stock ganadero se estima en 43%. Observamos que, desde la veda de las exportaciones en mayo de 2006, la decisión de desinvertir por las malas perspectivas futuras en el mercado de la carne fue muy marcada.

 

Gráfico 3: Participación de Hembras en la Faena

Participación de Hembras en la Faena – Fuente: SAGPyA

Con estas estadísticas comprobamos que los aumentos de producción, consumo y faena experimentados hasta el año pasado no eran sostenibles en el tiempo, porque se basaron en la descapitalización del sector y no en el aumento de su productividad. Por ende, la reducción de la oferta a mediano plazo era inevitable.

A fines del 2009 el alto precio del ganado empezó a ser percibido como permanente, dada la escasez de animales, y por eso comenzó un ciclo de recomposición del stock. Paulatinamente, esto se traducirá en aumento de la actividad frigorífica, consumo doméstico y exportaciones.

Sin embargo, la recuperación del stock va a llevar varios años. Según el Lic. Ignacio Iriarte (La Voz del Interior – Córdoba 10/06/2011), si la tasa anual de destete (producción de terneros) se ubica en los 12.4 millones de terneros (aumento de 8% respecto de 2011), el balance sería el siguiente: entrada, 12.4 millones, salida de 10.5 millones de faena y 0.8 millones de cabezas de mortandad. El saldo al final del ejercicio, sería positivo en 1.1 millón de cabezas. Creciendo a esta tasa (2.2% anual), se tardarán 6/7 años en recuperar el stock de 2005 y cerca de 11 años para volver al stock del 2007. Siempre bajo el supuesto de que las reglas de juego se mantengan estables y no haya shocks climáticos extremos.

¿Había alternativas?

La política del gobierno debería haber consistido en proveer las señales correctas para que los productores continuaran con el aumento de productividad que había comenzado antes de la intervención. En todo caso, el gobierno podría haber aplicado políticas para que los productores sean más eficientes y aumenten las tasas de producción de rodeo, parición y destete (que aún son relativamente bajas en la Argentina).

Tener un contexto de altos precios internacionales es una buena señal para el sector que, en lugar de haber sido capitalizada, terminó siendo otra oportunidad perdida. El cierre y las restricciones a las exportaciones, podría haberse reemplazado por una política de exportación con retenciones que no desalienten al sector, y subsidio de cortes al mercado interno. También se podría haber modificado el sistema de comercialización en media res, para aplicar políticas diferenciales para ciertos cortes.

Prohibir y trabar las exportaciones además tiene consecuencias a largo plazo, si uno tiene en cuenta todo el esfuerzo que nos llevó acceder a los mercados de alto valor (como la Unión Europea). El hecho de que no se hayan podido cumplir con los compromisos asumidos con el exterior (ni siquiera para las exportaciones mejor pagas), sin duda puede dañar la reputación de Argentina como proveedor de carne.

Las políticas desacertadas de la administración Kirchner, a las que se sumó la sequía, redundaron en la mayor reducción de la oferta de carne de la historia. En un contexto en el que las medidas para aumentar el consumo (a través de planes sociales, por ejemplo), aumentaron aún más la demanda de todos los bienes en general, y de carne en particular.

Es importante aplicar una política ganadera que sea sostenible en el largo plazo, para aumentar la producción de carne, y así evitar una situación de escasez como la que nos afecta hoy. Mientras tanto, y por unos años más, tendremos menos producción, menos exportaciones, menos consumo interno y carne cara para todos.